CESARINA BENTO: POETISA

La obra poética de Cesarina Bento, citada en su conjunto con frecuencia por los estudiosos de la literatura canaria, permanece oculta. Gran parte de ella se ha perdido. El resto, ha sido injustamente olvidado. En realidad, tan sólo el largo poema “El asesino condenado a muerte”, publicado por Elías Mujica García en Poetas canarios. Colección de escogidas poesías de autores que han florecido en estas islas en el presente siglo. Santa Cruz de Tenerife 1878, se encuentra al alcance de los lectores interesados en nuestros poetas románticos.

 

Cesarina Bento nació en Agulo, La Gomera, el 29 de enero de 1844, hija de don José Ramón Bento y Peraza de Ayala y de su mujer, doña Josefa Montesino Carrillo, que habían casado en el mismo pueblo el 17 de noviembre de 1832. Ambos pertenecían a las clases dominantes de la isla. Los Bento descendían, según el cronista don Luis Fernández Pérez,  de Juan de Maya y de su esposa María de Espinal, de quienes fue hijo Francisco Hernández Maya, que contrajo matrimonio en San Sebastián de la Gomera, en 1623, con María Francisca Bento, hija del capitán Marcos Bento y de su mujer Ana Francisca. Este matrimonio se avecindó en Chipude, pueblo en el que nació  Gonzalo Hernández Bento, regidor de la isla y esposo, desde 1653, de María de Amas Vera, hija del capitán Manuel de Armas y de María de Vera y tuvieron por hijo a Francisco Bento que, en 1690, casó en el Valle de Hermigua con Cristina Manrique de Lara, hija de Juan de Mendoza Hurtado y de Bernarda Manrique de Lara.

 

Francisco y Cristina fueron padres de Juan Bento, vecino de Hermigua, casado en 1721 con Josefa de Mora, hija del ayudante de milicias Tomás de Mora Melián  y de Inés de Guía de la Trinidad. Un hijo de éstos, Antonio de Armas Bento, casó en Hermigua, en 1747, con Francisca Manrique de Lara y Salazar, hija del capitán Jacinto Rodríguez Salazar y de Dionisia Manrique de Lara y Morales y procrearon a Pedro Bento quien, con su mujer Antonia Peraza de Ayala y Manrique de Lara, nacida en Hermigua, fueron los abuelos paternos de Cesarina.

 

Esta genealogía fue publicada por don Luis Fernández Pérez en la Revista de Historia, en el número de abril-junio de 1930, pp. 21-23, dentro de la serie de artículos que, bajo el título general de “Bocetos genealógicos. Antecedentes sobre las familias gomeras”, dio a conocer su autor por aquellas fechas y que, lamentablemente, fueron interrumpidos y no alcanzaron a verse reunidos en un libro, como hubiera sido deseable.

 

La familia se trasladó a Cuba cuando Cesarina contaba diez años de edad. José Ramón Bento tenía la intención de tomar en San Andrés tres caballerías de tierra para hacer una finca. Una parte de ellas estaban ya desmontadas, le escribe Cesarina a su hermano Tomás, en carta enviada desde Llanadas, en 9 de noviembre de 1858. Habían partido de Santa Cruz de La Palma el 17 de junio de 1854 y llegaron a Cárdenas, un mes justo después, el 17 de julio. Cesarina Bento vivió en Cuba nueve años. En 1862, los Bento decidieron retornar a su isla natal, pero la marcha se retrasó un año, a causa de una dolencia que padecía doña Josefa Montesino y que desaconsejaba el viaje. Finalmente salieron de la isla en los últimos días de octubre y llegaron a Cádiz el 11 de noviembre de 1863.

 

En 1862, ante las expectativas del viaje de regreso, Cesarina, con dieciocho años de edad, inició un  cuaderno-diario que titularía Libro de Escanari Toben y Nontisemo, alternando cifradamente las sílabas de su propio nombre, a manera de acróstico. Fechado en Llanadas en 1862, el libro comienza con estos versos:

Lo que tengo en la cabeza - Aquí lo transcribiré, - Y con notable franqueza - Tenga fealdad o belleza - Sin vacilar lo pondré. - Ser supremo que riges el orbe - De los cielos y tierra señor, - Tú que alzaste del polvo al caído - Y humillaste a Luzbel por traidor.  [Plácido]

No sabemos si esta alusión a alguien llamado Plácido se referirá a José Plácido Sansón [1815-1875], poeta canario establecido en Madrid, cuya obra impresa circulaba por las islas y bien pudo ser conocida por Cesarina.   El libro no es tal. Se trata de un carnet de notas, que se usaba cambiando las hojas sostenidas por un cordón de seda, a medida que dejaban de ser útiles, por otras nuevas. Cesarina Bento anotó sin orden y sin numeración, poemas, fragmentos en prosa, noticias y recuerdos. La cubierta, en terciopelo, es un hermoso trabajo de encuadernación de terciopelo, estampado en pan de oro.

 


En 1862, Cesarina es una bella y culta joven, con el corazón dividido por el afecto hacia los dos lugares en que ha vivido, que intenta justificar el cambio reflexionando: 

“Porque te amo (Cuba) como a mi patria; sino por ver si mis ideas toman otro giro, si encuentro otro modo de vivir y no esta monotonía que consume mi juventud, sin placeres, sin gustos de ninguna especie. ¿Cuándo te daré el último adiós, Cuba querida? ¿Pasará aún mucho tiempo, o volveré a dártelo en balde, como te lo he dado ya dos veces? Dios quiera que no salga fallida esta vez mi esperanza que la idea de cruzar el océano vuelve a renacer.”

 


Siendo yo tan amiga de reír no sé por qué todos mis versos tienen cierta tendencia a la melancolía. Dice Gallegos el insigne cantor del 2 de mayo en el prólogo que escribió para las poesías de la Avellaneda que esta escritora mostraba un desaliento increíble en su edad y que ella no debía sentir; que eso es ficticio y sólo se hace porque imitas al mundo que se manifiesta fastidiado y deseoso de un cataclismo; y por otra parte la Sra. Avellaneda escribía regularmente de la una de la madrugada en adelante, hora nada a propósito para halagüeñas ideas.


Pero yo que no soy ni escritora, ni he visto el mundo más que en tres o cuatro novelas francesas que odia mi corazón español, ni escribo sino cuando el sol brillante de Cuba alumbra esta tierra de poesía y de poetas, no sé en qué consiste eso. Por más que me violente no puedo hacer versos alegres o risueños. ¿Será tal vez porque no conozco el mundo y no escribo más que de mí misma? No sé. Si escribo versos que no sean serios son satíricos y ésos no me atrevo a colocarlos en mis libros porque estoy mirando el original de ellos. Cuando me vaya tal vez los pondré. Yo no tengo más lectores que yo misma y no tengo la fama de la camagüeyana, ni quien me corrija mis muchos defectos, pues el único que podía no existe. En fin yo no soy poetisa por más que escriba versos, y me dejo guiar por la corriente que me inspira.

 

Este mentor, que ya no puede corregir sus versos, es su maestro, el ilustre pedagogo y pensador cubano don José de la Luz Caballero [1800-1862], al que debió conocer en el período final de su vida, y todo hace pensar que fuera su alumna en el Colegio de El Salvador que éste dirigió. Verdadero orientador de la vida intelectual de la isla, Luz Caballero ejerció una labor magistral a base de su método explicativo, de carácter positivo y práctico, contrario al memorístico en boga en aquella época. Cesarina Bento no escapó a la influencia del paisaje cubano, ni a la belleza romántica de los avatares más dramáticos de la naturaleza. En la mencionada carta a su hermano Tomás le cuenta:
“Hemos tenido aquí un temporal de agua y viento todo el día de ayer y parte de anoche que se creyó que se iba a concluir el mundo; felizmente aquí no fue tanto como en Las Palizadas donde hubo un remolino que arrancó las palmas y los plátanos de raíz; también dicen que tumbó una casa de medio para arriba y se la llevó dejándola un poco más lejos como un buque sin palos; los habitantes de ella estaban en el cuarto y el remolino se llevó la sala; también hundió una casa de tabaco; pero gracias a Dios no murió nadie. El río está crecido, y están arreglando la chalana para ir por las cartas...”

 

De vuelta ya en su Agulo natal, Cesarina casó, el 13 de marzo de 1870, con su primo hermano Leoncio Bento Casanova. Él tiene diecinueve años, ella, veintiséis. Es hijo de su tío, hermano de su padre, don Francisco Bento y Peraza de Ayala y de doña Julia Casanova Carrillo. Don Leoncio Bento ejerció la política y obtuvo un acta de diputado por su isla natal, alineado en las filas liberales de don Benito Pérez Armas. Con el tiempo llegó a convertirse en el cacique máximo de La Gomera. Pero en un cacique bueno y generoso que luchó denodadamente por el progreso de su isla.

 

En la construcción del pescante de Agulo jugó un papel destacado, Leoncio Bento Casanova, que entre otros cargos fue diputado nacional y consejero del Cabildo. A su labor política se le atribuye haber implantado el servicio de agua potable en el pueblo de Agulo, combatir la práctica indiscriminada del carboneo con el fin de proteger los montes y la fundación de la sociedad El Patriotismo que permitió la construcción del pescante en Piedra Rosa, del que aún quedan restos. Su inauguración supuso todo un hito social del que se hizo eco la prensa provincial. Igualmente, se llevó a cabo en este pueblo un transportador, obra de ingeniería complementaria al pescante a estilo de un teleférico, con el fin de salvar los tres kilómetros de distancia que había desde La Erita hasta el punto en el que se tenía que llevar la fruta y otras mercancías para su embarque. En Hermigua existió igualmente otro transportador acometido por la exportadora británica Fyffes Limited que también se había encargado de construir el de Agulo.

 

Su mujer compartía con él las obligaciones que su posición les exigía y así se instituyeron en anfitriones de cuanto viajero de renombre recalara por la isla. El doctor Verneau fue uno de ellos, y dejó constancia en su crónica pseudocientífica Cinco años de estancia en las Islas Canarias, de los agasajos de que fue objeto por parte de la familia Bento, en los pueblos de Hermigua y Agulo. Para variar, Verneau se mostró agradecido, y escribió unas líneas amables sobre sus anfitriones, cosa que no hizo con la totalidad de los habitantes del resto de la isla. De su matrimonio, le sobrevivieron a Cesarina cuatro hijas: Cesarina, Josefa, Julia y Mercedes,  todas ellas casadas y con amplia descendencia.           

 

En el Diario de Tenerife de fecha 13 de junio de 1910, una gacetilla necrológica comunicó que: D. E. P. En la Gomera ha fallecido la señora doña Cesarina Bento Montesino, esposa de don Leoncio Bento, a quien lo mismo que a la demás familia de la finada, enviamos nuestro pésame.

 

El primero que dio a conocer este cuaderno inédito de Cesarina Bento fue Sebastián Padrón Acosta [1900-1953] en su trabajo Musa isleña: Anchieta - La época romántica - Las poetisas isleñas - El mito del almendro, publicado en la Biblioteca Canaria [1940] que dirigía Leoncio Rodríguez.  Del resto de la producción literaria de Cesarina Bento nada se sabe. En su diario confiesa haber escrito varios libros en Cuba, que permanecían inéditos. Al menos conocemos el título de un trabajo que había comenzado “Las víctimas de un adulador”.  Queremos manifestar nuestro agradecimiento al doctor don José Luis López Carrillo, biznieto de Cesarina Bento, por habernos permitido consultar la documentación conservada en su archivo familiar.

 

Álbum de fotos:

https://www.facebook.com/media/set/?vanity=carlos.bentocompany&set=a.4241621482519656

 

Fuente:  http://lopedeclavijo.blogspot.com/2011/06/cesarina-bento-montesino-por-jose.html