Álbum de fotos

 

 

La primera mujer que obtuvo el título de arquitecta en España, fué Matilde Ucelay en 1936.

 

Matilde Ucelay Maórtua, la primera mujer titulada en arquitectura en España, en 1936, y también la primera en ejercer una carrera profesional plena: más de 120 proyectos realizados íntegramente por ella misma, en más de 40 años de ejercicio profesional.. En sus obras destaca la sensibilidad por el uso y el cuidado en los detalles constructivos Una trayectoria excepcional reconocida por el Premio Nacional de Arquitectura 2004.

 

Nacida en 1912, Ucelay pertenece a esa generación de mujeres de la burguesía ilustrada española que, educadas en ambientes liberales, artísticos y profesionales, empiezan a acceder a las universidades en las primeras décadas del siglo XX. En 1931, ingresa en la Escuela de Arquitectura de Madrid. Allí coincide con Félix Candela, a quien unirá una amistad de por vida, y con Fernando Chueca Goitia.

 

Se  casa  en Valencia en 1937 con José Ruiz Castillo, editor de los más importantes autores de las generaciones del 98 y del 27, y tiene dos hijos. En 1940 es depurada por la Dirección General de Arquitectura y condenada en Consejo de Guerra a inhabilitación perpetua para cargos públicos, directivos y de confianza, y, durante cinco años, para el ejercicio privado de la profesión. Como consecuencia de ello nunca recibió encargos públicos y sus primeros proyectos no pudieron llevar su  firma .

 

Las mujeres de la generación de Ucelay abrieron en España caminos en las distintas ramas del arte, la ciencia y las profesiones, aunque muchas de ellas abandonaron o simplemente no llegaron a ejercer sus profesiones en el ambiente hostil del franquismo.

 

No fue el caso de Ucelay. Más bien al contrario, en una época en la que las mujeres carecían de derechos legales, Ucelay, con gran inteligencia, dedicación y carácter, ejerció plenamente una profesión liberal de importantes responsabilidades hasta su jubilación en 1981. Sirva la integridad de su trayectoria ejemplar de modelo y referente a las  nuevas  generaciones de arquitectos, y sobre todo, de arquitectas, que desde este año son más de la mitad del alumnado en nuestras escuelas.

 

Artículo de Inés Sánchez de Madariaga,   Doctora  Arquitecta

 

He hecho un urgente repaso y no encuentro arquitectas relevantes en la historia hasta el S. XX.

 

Nuestro oficio, ha sido hasta hace poco cosa de hombres. Y mucho más en su faceta como constructores de edificios. En toda mi carrera de 40 años, sólo he conocido a una Jefa de Obra, y nunca a una mujer como encargada, capataz, albañil o peón. Solamente en fases finales como el interiorismo o el mobiliario, a las que en muchos casos no se llega hasta después del certificado final de obra, y sin nuestra intervención.

  

No sé si será por la escasez, o por el atractivo que para cualquier hombre heterosexual supone el sexo opuesto, siempre me han interesado de una forma especial las arquitectas.

 

Creo que no se pueden atribuir de forma generalizada diferencias en la forma de proyectar y construir entre hombres y mujeres. En esto como en tantas facetas de la vida somos totalmente iguales. De arquitectos y arquitectas hay para todos los gustos, igual que entre cocineros y cocineras, oficio tan de moda hoy día del que me declaro fan.  

 

¿Qué puedes esperar de una arquitecta?

 

Reproduzco aquí el post de María Arce en la revista CQ, que me parece muy acertado.

 

Hubo un tiempo en que era fácil distinguirlas entre la multitud porque llevaban  un carpetón bajo el brazo más grande que su bolso , también enorme, o un tubo de plástico colgado del hombro cual carcaj de amazona que viaja en Metro. Además lucían, no sin cierto orgullo de profesión, unas ojeras que tenían un no-sé-qué de “No he pegado ojo en toda la noche dibujando contrarreloj y terminando una maqueta que aún no me ha dado tiempo a fotografiar, no llego a la entrega, no llego, pero es que ME ENCANTA lo que hago” que tenía su punto sexy. De hecho, a pesar de ese cabello alborotado y esos ojos enrojecidos por los efluvios del pegamento y las horas sin dormir eran  las mujeres más piropeadas en las obras que pisaban . Aunque también, en cuanto se ponían el casco de dirigir, las más aborrecidas. 



Como es obvio, estamos hablando de  un tiempo en el que en España se construían cosas  y claro, las arquitectas tenían  trabajo . No como ahora, que para encontrar una hay que emigrar, y bien lejos, como han hecho ellas. Aun así, entre nosotros quedan algunas inasequibles al desaliento. Aquí te contamos cómo son y qué puedes esperar si una de ellas decide incorporarte a la obra de su vida:



1. Conoce de qué están hechas las cosas , su esencia y su composición, y se lo contará a todo aquel que quiera escucharla. Más te vale tener muchas ganas de querer escucharla.



2. Te servirá de guía cuando vayáis de viaje , siempre que sea a una ciudad. Si te propone una excursión por el campo, sospecha: será para ir a visitar un edificio de remota ubicación.



3.  También es posible que se empeñe en  llevarte a visitar obras , estés jubilado o no.



4. Sabrá dónde comprar cosas  que a ti te parece que no sirven para nada o que están obsoletas, (“¿De verdad necesitas este... lo que sea? ¿Qué es? Pero si está oxidado”). Se entristecerá mucho por el cierre de tiendas que sólo otros arquitectos sabían que existían.



5. Su ropa es una colección de básicos de fondo de   armario , pero raros: asimetrías, prendas que sirven  para  más de un cometido, texturas que no habías visto nunca y colores indescriptibles para el común de los mortales. 



6. Sus zapatos son raros también.  Y sus gafas. Todos sus complementos lo son. Incluso es probable que se los haya hecho ella misma.



7.   Cada   corte de pelo que se haga será un happening.  Como decía Le Corbusier, “Un juego de volúmenes bajo la luz”.



8. En su casa encontrarás muebles   que :
-Son de  IKEA , pero no lo parecen. 
-Fueron encontrados en la calle junto a un contenedor, pero salen en un libro de diseño editado a mediados del siglo XX.
-Puede que no sean cómodos, pero ella los mira con arrobamiento. Como a sus zapatos.



9. Sus cosas son tesoros de valor estético e histórico incalculable , no elementos decorativos ni souvenires ni basurillas compradas en grandes almacenes. Sí, ese folleto amarillento de una pequeña exposición de hace quince años también es un tesoro. 



10.  Tú, que nunca te habías fijado ni en el suelo que pisas, de pronto te verás andando por la calle  levantando la cabeza   para   comentar fachadas . Pero, un momento... No pensarás salir con ella así vestido. Anda, cámbiate.



11. Será capaz de construir algo que merezca la pena a partir de cualquier cosa , como por ejemplo tú, que estás hecho una ruina. (¿No ibas a cambiarte?)



12. Llenará tus vacíos y reorganizará tus espacios.  Los de tu interior con sus ideales y los de tus estanterías con libros y revistas antiguas de arquitectura. 



13. Empleará símiles arquitectónicos o constructivos   para definir cualquier cosa. O cualquier persona. Por ejemplo, cuando se fije en otras mujeres enseguida encontrará referencias y hará la clasificación oportuna. 



14. La podrás acompañar a inauguraciones de exposiciones  a las que no habrías ido nunca (¿Quién te iba a invitar a ti, así vestido? ¿Cómo? ¿Que te has cambiado, dices? Pff...), en las que ella se encontrará como pez en el agua y tú encontrarás, qué curioso, a otras como ella.



15. Si tienes suerte  (y ella más todavía)  tendrá   trabajo  y por lo tanto, compañeros con los que hablar de sus cosas de arquitectos y hacer chistes que sólo entienden ellos. Ten en  cuenta  que se trata de gente que utiliza palabras como “paradigma” y “complejidad” en la misma frase, aunque estén hablando de algo hecho de ladrillo. 



16. En caso de que tengas dinero y tierras, te podrá   hacer   una casa.  No una casa cualquiera, no, LA CASA. Abstente de participar en el proyecto si no es para admirar y alabar el resultado. Ah, ¿que no te gusta? Ya. ¿Pero quién te manda salir con una arquitecta teniendo dinero y tierras?

*Una sola advertencia: si dice ser arquitecta y que le gusta Calatrava, una de las dos cosas es mentira.

 

Así que simplemente y como personal reconocimiento voy ha nombrar a todas las arquitectas cuya obra conozco en alguna medida y me gusta. Es posible que me deje alguna en el tintero, pero en principio, si no están es que, o no las conozco, o no son santo de mi devoción. La lista es absolutamente subjetiva.

 

Carme Pigem

 

Denise Scott Brown

 

Aino Aalto

 

Gae Aulenti

 

Lina Bo Bardi

 

Eleni Gigantes

 

Carme Pinós

 

Roser Amadó

 

Lola Alonso

 

Benedetta Tagliabue

 

Pispa López Sardá

 

Eileen Gray

 

Ray Eames

 

Charlotte Perriand

 

Lucía Ferrater

 

Anette Gigon

 

Angela García de Paredes

 

Fuensanta Nieto

 

Blanca Lleó

 

Lucía Cano

 

Lina Toro

 

Alison Smithson

 

Sol Madridejos

 

María José Aranguren

 

Beatriz Matos

 

Margarete Schütte-Lihotzky

 

 

 

 

ENLACES: 

http://www.arquitecturacivil.com/noticia/162/las-5-arquitectas-mas-ignoradas-de-la-historia/

 

http://www.lifeofanarchitect.com/women-in-architecture/