Álbum de fotos

Para la segunda edición de los Premios IMPIVA de Diseño y Moda, el local venía ya prefijado por la organización. Se trataba del edificio del Ateneo Mercantil situado también en la Plaza del Ayuntamiento de la ciudad. La afluencia de público del año anterior hizo que se conservara el centro de la ciudad para celebrar la segunda edición del certamen.

 

A diferencia del encargo anterior, la exposición no se celebró en plena calle sino dentro de un edificio. El Ateneo Mercantil es un edificio de los años treinta, clasificado como “casticista”, un conjunto difícil de apreciar por los diseñadores de los ochenta. Ya el acceso se consideró un aspecto que podía disminuir la afluencia de público y la atmósfera del interior del edificio resultaba algo pasada de moda. Poco indicada para una exposición en la que se premiaba la modernidad. Para solucionar estos dos problemas se recurrió, como en el caso anterior, a soluciones atípicas y efectivas a partes iguales.

 

En la entrada del Ateneo se situaba un portero uniformado que preguntaba al visitante donde quería ir para darle así la información pertinente. Este aspecto se consideró por José Juan Belda y Carlos Bento, principales artífices de este encargo, un detalle perjudicial para la muestra. Sobre todo, si se comparaba con la inmediatez con la que el público se encontraba con la exposición en la edición anterior: en una carpa exenta en medio de la plaza y con la entrada a nivel de calle pública y gratuita. Para solucionarlo decidieron trasladar el acceso a una de las ventanas del primer piso en el que se encontraba la exposición.

 

La sala que se programó en un principio para albergar la exposición tampoco les pareció adecuada por lo que se creó un contenedor que aislaba de aquélla. Se creó un habitáculo dentro de otro para disfrazar el espacio interior preexistente y crear otro más apropiado al evento. Se proyectó un interior de paredes negras lisas, muy sencillo que actuaba como fondo uniforme para una exposición en que los objetos que se iban a mostrar se caracterizaban precisamente por su diversidad.

 

La fachada del Ateneo Mercantil que da a la Plaza del Ayuntamiento se divide en siete tramos verticales. Los cinco centrales tienen grandes ventanales a la altura del primer piso. Las entradas a la exposición se situaron en dos de éstos, a los que se accedía por dos escaleras metálicas dispuestas de forma paralela a la fachada del edificio y que convergían a la altura de las dos ventanas formando así un gran triángulo que servía de reclamo  de la exposición. A este objetivo contribuían también dos grandes bandas verticales de lona con el logotipo de la exposición y de la entidad organizadora que colgaban a lo largo de dos tramos de fachada.

 

El interior repetía la forma triangular que se podía ver en el exterior. El espacio estaba cubierto por una gran estructura a dos vertientes configurada con elementos  metálicos  sobre los que se atornillaban los paneles negros de tablero de madera. La distribución de la circulación y de los objetos recordaba a la del año anterior:  Los de menor formato se disponían longitudinalmente en medio del recinto y los más voluminosos en el perímetro de la sala. Así resultaban dos grandes pasillos laterales que se correspondían con cada una de las puertas y cuyo pavimento estaba señalado con bandas transversales  blancas al modo de los pasos de cebra.

 

En medio de estos pasillos en el extremo más cercano a la entrada, se exponía el trofeo de los premios, diseñado el año anterior por el grupo. El trofeo se encontraba protegió por una gran plancha transparente, a la vista del público pero fuera de su alcance.

Toso lo objetos expuestos estaban colocados sobre unas planchas rectangulares de vidrio que colgaban del techo por sus vértices con lo que parecía que los producto flotasen. También estaban fuertemente iluminados como en el año anterio por unas lámparas halógenas. Además de esta iluminación se ipusieron multitud de pequeñas bombillas enroscadas en las cubiertas inclinadas.

 

La exposición volvió a tener gran afluencia de público, más de 100.000 visitantes en quince días que permaneció abierta. Este éxito se debió en parte a que estaba inscrita dentro de un programa más amplio de actividades de promoción del Diseño organizado por el IMPIVA y la ADCV denominado Valencia-Diciembre-Diseño

 

Texto extraído del libro: “ La Nave un colectivo de diseño” de Javier Gimeno Martínez.

Editado por la Institució Alfons El Magnànim. Colección Itineraris dirigida por Román de la Calle