Álbum de fotos

La primera edición de los Premios IMPIVA de Diseño y Moda (1985) fue acompañada de una exposición de los productos premiados. Con el fin de conseguir el efecto promocional más intenso se eligió un emplazamiento excepcional:  La Plaza del Ayuntamiento de Valencia.

 

La decisión se tomó dieciséis días antes de la inauguración, encargando el trabajo a La Nave.

 

Para un montaje tan ambicioso, el escaso tiempo disponible pudo haber hecho fracasar el proyecto.  En cambio, esta circunstancia sirvió de acicate, para que el grupo trabajara unido por primera vez en un mismo proyecto.

 

Las soluciones constructivas a las que se tenía que recurrir no podían ser las habituales, así que se emplearon otras más atípicas para poder llevar a cabo el encargo en el tiempo fijado. El corto tiempo que la exposición iba a estar en pié (15 días), sugería construcciones de arquitectura efímera, aunque el hecho de estar a la intemperie requería que  el montaje fuera más seguro y por tanto más afín a obras de arquitectura duradera.

 

El recinto se montó con una estructura prefabricada de tubos de acero galvanizado que se utilizaba normalmente para la construcción de invernaderos. Este recurso permitió que se acabara de montar en el tiempo previsto y contribuyó a darle un aspecto excepcional al contenedor. En los lados menores se construyeron dos muros de bloque visto de hormigón para dar estabilidad al conjunto.

 

La cubierta estaba constituída por una lámina de plástico negro brillante tensado sobre la estructura de acero galvanizado. El recinto constaba de dos naves abovedadas que delimitaban un rectángulo de 60 x 12 m. Hacia la mitad de los lados mayores se colocaron los accesos, marcados por una enorme rampa trasversal de 30 m. de largo por 11 m. de ancho.

 

La rampa partía del suelo y pasaba por encima del recinto de la exposición para ir a descansar sobre un grueso muro de color rojo y once metros de altura que enfrentaba con la fachada del edificio del Ayuntamiento. Además de marcar los accesos, este plano inclinado desempeñaba la función de reclamo publicitario de la exposición por su fuerte presencia física y por servir de soporte para un gran letrero en el que se podía leer el nombre del organizador IMPIVA, con unas grandes letras “de autopista”,  como llamábamos a estas letras estiradas verticalmente.

 

Por las mismas razones de urgencia, en la realización y construcción de la rampa, pedimos la colaboración del artista fallero Manolo Martín. La rampa estaba construída con una estructura de listones de madera de chopo que formaba cerchas trianguladas, al modo habitual en las estructuras internas de las fallas, sobre la que se atornillaron las chapas grecadas de aluminio anodizado. Una vez montada a nivel de suelo, una enorme grúa automóvil la elevó por su extremo a once metros de altura para hacerla descansar sobre el muro vertical.

 

El espacio interior se dividió en dos naves longitudinales separadas por una hilera de pilares. En el centro se disponían dos largas mesas de 56 m. casi de extremo a extremo, donde se exhibían los productos de menor formato. En el perímetro del espacio se colocaban los objetos más grandes. Todos ellos estaban iluminados con un marcado punto de luz que procedía de unas lámparas diseñadas y realizadas para la ocasión. La iluminación creada se mantenía inalterada por la luz exterior gracias a la cubierta de plástico negro opaca. Este material brillante multiplicaba estos puntos de luz, potenciando el efecto luminoso.

 

El tiempo tan apurado con el que contábamos obligó a contar con todos los miembros del colectivo, haciendo un reparto lógico de tareas atendiendo a las diferentes especialidades de cada uno. Paco Bascuñán llevó a cabo el logotipo de los premios, Carlos Bento diseñó el edificio,  José Juan Belda se encargó del interiorismo, Nacho Lavernia y Daniel Nebot diseñaron la iluminación, los diplomas y el trofeo, colaborando el resto del equipo en  todas las tareas de diseño y montaje de la exposición. La Nave también diseñó las tarjetas de invitación para la cena y entrega de premios y la maquetación del catálogo de la exposición.

 

La escasa duración del montaje, su irrupción en medio del paisaje urbano en sólo pocos días, su gran tamaño y los métodos utilizados para su construcción, parecen suficientes para explicar la utilización, por algún periodista, del calificativo de “Falla postmoderna” para designar este montaje.

 

Texto extraído del libro: “ La Nave un colectivo de diseño” de Javier Gimeno Martínez.

Editado por la Institució Alfons El Magnànim. Colección Itineraris dirigida por Román de la Calle