Álbum de fotos

LA RECONSTRUCCIÓN DEL PABELLÓN DE BARCELONA

DE MIES VAN DER ROHE. 1928 - 1986 

Cuando vamos ilusionados a Barcelona, para conocer este hito de la arquitectura moderna, hay que tener presente que el edificio que actualmente se visita no es el que proyectó  Mies van der Rohe y se construyó bajo su dirección en 1929. 

Éste, dado que era una construcción provisional, se desmontó acabada la feria. Sus elementos materiales se vendieron o dispersaron, incluso los planos originales se perdieron en el traslado de Alemania a los Estados Unidos como declaraba el propio Mies, que pudo también dirigir las obras de reconstrucción, cosa que finalmente no sucedió.

 

El actual edificio procura ser fiel al original, y creo que lo consigue, al mostrarnos los espacios, la disposición y las texturas de los materiales que lo componen, tal y como eran en 1929. Sin embargo su carácter de construcción definitiva, con unos usos distintos al de mero pabellón para albergar la inauguración de la feria,   y su reconstrucción 50 años después, han obligado a los arquitectos que acometieron este arriesgado encargo a introducir cambios estructurales y constructivos, que desde luego pasan desapercibidos para la mayoría de sus visitantes.


Tras la clausura de la Exposición Internacional de Barcelona de 1929, el futuro del Pabellón Alemán de Mies van der Rohe quedó en el aire. Inicialmente se optó por una solución comercial, pero tras el fracaso de la negociación con un hostelero local interesado en abrir un restaurante, se decidió desmontar el edificio. El destino de sus restos sigue siendo incierto. Sabemos que el acero cromado volvió a Alemania, la estructura metálica se vendió a peso en Barcelona y los cimientos se quedaron en la parcela cubiertos por un jardín de palmeras. Mies reutilizó la estructura de uno de los taburetes en una mesa baja de su apartamento en Chicago, su colaborador, el Dr. Ruegenberg, convirtió uno de los paneles de ónix en el escritorio de su casa berlinesa y Philip Johnson se hizo con una de las sillas Barcelona que aún puede admirarse en la Glass House de New Canaan.

 

Quizá la escasez de restos aceleró la urgencia de su reconstrucción. Ya en 1957, Oriol Bohigas escribía a Mies para encargarle, de nuevo, el pabellón. El arquitecto alemán aceptó de inmediato, pero el proyecto nunca se llevó a cabo, inaugurando así una serie de intentos fallidos que se prolongaron después de su muerte: 1964, 1974, 1978, 1980, 1981…

 

Su desaparición material no era el único escollo. El pabellón existía como una serie de imágenes que circulaban en publicaciones de arquitectura, aunque la mayoría de los planos originales se perdieron en el apresurado traslado de Mies de Alemania a los Estados Unidos. Además, era imposible hablar de una documentación definitiva dado que el proceso de diseño y construcción había sufrido múltiples cambios de última hora. Resumiendo, los pocos documentos existentes no coincidían con las fotografías. La reconstrucción requería una doble operación: la reconstrucción de la materialidad del Repräsentationspavillon originalmente encargado a Mies, y la selección de los documentos que validaran las decisiones tomadas, es decir, la construcción de la historia del pabellón.

 

La réplica del pabellón alemán de Barcelona se abrió al público el 3 de junio de 1986, tras 56 años de ausencia, 19 meses de obras y un gasto bruto de 120 millones de pesetas. Los arquitectos Oriol Bohigas e Ignasi de Solà-Morales, gestores de la reconstrucción junto a Cristian Cirici y Fernando Ramos, refrendaron numerosas correcciones conceptuales, técnicas e históricas al original. La mayoría de estos cambios no son apreciables a simple vista y sólo se descubren gracias a la publicación del libro de Ignasi de Solà-Morales, Cristian Cirici y Fernando Ramos, "Mies van der Rohe: El pabellón de Barcelona" (Barcelona: Gustavo Gili, 1993)

 

El libro comienza con una descripción del edificio de 1929 que recopila toda la información original existente, incluyendo documentos inéditos hasta la fecha. Los autores, Solà-Morales, Cirici y Ramos, utilizaron esta información para detectar incongruencias y lagunas en el diseño original. De hecho, el resto del libro es una cuidadosa enumeración de las correcciones necesarias para devolver el pabellón a un estado que nunca existió, pero posible gracias a los medios de producción actuales y a su nueva condición no efímera.

En las cubiertas:

1. Se optó por una losa de hormigón en lugar de una estructura de perfiles metálicos. 2. La telas bituminosas se sustituyeron por poliéster gris impermeabilizante.

3. El diseño general de las pendientes se modificó.

4. Se añadieron seis drenajes, inexistentes en 1929.

 

En los muros:

5. Se empotraron seis bajantes en su interior.

6. Para el aplacado, se optó por un sistema de anclaje metálico de junta abierta que reemplazó el sistema anterior de junta sellada con mortero.

7. Las caras posteriores, de mortero pintado en el original, e aplacaron con travertino o mármol verde, según las zonas.

8. Se aprecian cambios menores pero consistentes en la dirección y el

grano del veteado de las planchas de travertino, ónice y mármol verde

(tanto el alpino como el griego).

9. El color de los aplacados pétreos, imposible de verificar, se inventó.

 

En el forjado:

10. El forjado sanitario de bóveda a la catalana quedó reemplazado por forjado reticular de bovedillas de bloque de hormigón.

11. La geometría irregular del pavimento se ajustó a una retícula de 1,09 x 1,09 m.

12. La pavimentación, tomada con mortero al forjado, se sustituyó por un sistema de cámara de drenaje en el exterior y por un suelo técnico en el interior.

13. La profundidad de las piscinas se redujo ostensiblemente.

 

En los cerramientos:

14. En las carpinterías, el acero cromado se sustituyó por acero inoxidable pulido.

15. Los vidrios variaron en su composición química.

 

En el interior:

16. Se añadió una nueva planta, un sótano.

17. Se modificó la distribución del edificio de servicio cambiando la posición del baño. 18. Del mobiliario, se prescindió de las dos mesas Barcelona diseñadas por Mies para el pabellón.

19. En las columnas, el acero cromado se sustituyó por acero inoxidable pulido.

20. La escultura de Kolbe se sustituyó por una copia.

21. Las bombillas de incandescencia de la caja de luz se sustituyeron por fluorescentes.

 

En el exterior:

22. Se colocó una verja de cerramiento en el jardín trasero.

23. Se instaló un sistema de seguridad consistente en un circuito cerrado de cámaras, una red de células fotoeléctricas y detectores de movimiento en la zona del jardín.

24. La bandera alemana se cambió por la europea.

25. No se construyeron las columnas dóricas frente a la fachada principal.

 La adecuación tecnológica y programática no responde únicamente a criterios pragmáticos. Según los autores, en la mente de Mies el pabellón fue concebido como una estructura permanente aunque las condiciones de la época no permitieron construirlo como se había concebido. Esta versión idealista de la modernidad del pabellón se corrige en los últimos párrafos del texto, donde la réplica queda ubicada entre aquellas obras propias de la época de la reproductibilidad técnica, alterando la lógica de las correcciones. Estas dejan de depender de la interpretación de la idea de Mies para acomodar la reproductibilidad del objeto a las condiciones actuales.

Así, las imágenes en color de la réplica del pabellón que sustituyeron a las antiguas imágenes en blanco y negro en la mayoría de los manuales de arquitectura, el estatus de monumento garantizado a la réplica y la constitución de una fundación para su gestión facilitaron la incorporación del edificio a los circuitos de consumo cultural. La cuidadosa reestructuración de la reproductibilidad del pabellón de Solà-Morales, Cirici y Ramos ha acabado convirtiéndolo en un original que rara vez se identifica como réplica.