6. oct., 2015

QUIQUE COMPANY (Lorenzo Company Sanfélix, Valencia, 1954 - Fuentes de Ayódar 2005) fué un artista y diseñador valenciano. Integró junto a Paco Bascuñán el Equip Escapulari y luego Enebecé junto a Bascuñán y Nebot. Los tres fueron fundadores del grupo LA NAVE REFERENTE DEL DISEÑO VALENCIANO Y ESPAÑOL DE LOS 80 

 

 

EL NIÑO. Texto de Paco Bascuñán

 

“EL NIÑO SUBLIMINAL” llegó y tomó bares, cafés y máquinas de discos de las ciudades del mundo e instaló transmisores de radio y micrófonos en cada bar para que música y conversaciones de cualquier bar pudieran ser oídas en todos sus bares y en cada bar había magnetófonos que grababan o reproducían a intervalos arbitrarios y sus gentes yendo y viniendo con magnetófonos portátiles y traían ruidos de la calle y conversaciones y música que vertían en su circuito magnetofónico provocando así olas y remolinos y tornados de sonido por todas vuestras calles y junto al rio de todas las lenguas -Polvo de palabras flotaba por las calles de música rota de bocinas de coches y martillos neumáticos- La Palabra rota golpeada retorcida explotó en humo.

(William Burroughs 1973 - Nova Expres - Ediciones Júcar versión española de Martín Lendínez) 

 

Cuando en el año 1982, estando de viaje en Berlín, Quique Company y yo compramos el disco doble de vinilo 2X45 de Cabaret Voltaire (bello nombre de connotaciones dadaístas), no imaginábamos que en el interior de aquella carpeta completamente negra íbamos a descubrir el trabajo de la que sería una de las figuras más influyentes en el mundo del diseño gráfico en los años 80 y 90.

 

“La portada original de 2X45 estaba doblada hacia afuera en plata y negro, incluyendo dos discos de 45 rpm. Cada uno tenía su galleta en un color pastel. Al utilizar una portada negra lisa, quería crear un interior que no siguiese las convenciones de las portadas de discos. A Rough Trade le gustó porque gusto mucho en las tiendas de discos y la propia portada sirvió de cartel. El texto en el exterior era deliberadamente neutro con un mínimo de información y contrastaba con las imágenes del interior que eran, originalmente, tridimensionales, construidas en arcilla y forradas con vendas. No era necesario que se reconociesen inmediatamente como caras.” Así describe la carpeta del disco el propio Neville Brody en su libro The Grafic Language of Neville Brody.

 

Unos años antes en el 1979 cuando escuchamos aquel disco (publicado en 1971) y vimos aquella carpeta blanca con un cono a franjas verdes de señalización vial en el que estaba escrita con letras de trepa la palabra KRAFTWERK, diseño de Rallh Hütter + Florian Schneider-Esleben (los propios Kraftwerk) no éramos conscientes, ni creo que casi nadie, que estábamos ante uno de los grupos que más iba a influir en el panorama musical de las próximas décadas, prueba de ello su multitudinario concierto en el Sonar de 1998, veinte años después.

 

Su influencia no solo ha generado todo un movimiento musical sino que, coincidiendo con la implantación de la informática y la generalización de las redes como canales de comunicación, ha desarrollado un estilo gráfico propio, únicamente comparable a los promovidos en tiempos recientes por la Psicodelia o el Punk.

 

El Punk y sus fronteras era, hasta ese momento, la música que más nos interesaba, la Velvet Underground, New York Dolls, Patty Smit primero, luego los Sex Pistols, Dead Kennedys o The Cars y como no los Clash o Iggy Pop de quienes Quique se convirtió en auténtico fan.

 

El propio Quique define su trabajo en el catálogo publicado por el IVAM (Instituto Valenciano de Arte Moderno) con motivo de la exposición 20 diseñadores valencianos: “ Para empezar, no soy diseñador, no lo siento ni lo he sentido nunca, el diseño es una actividad a la cual he llegado de una manera casual sin proponérmelo, un punto de desarrollo de todo un proceso, es mi trabajo y una derivación que se superpone a otras. Es una manera de expresarme, de liberar la sucesión de tempestades y calmas que se forman en mí. Es un trabajo muy efímero, que nunca traspasa la vigencia de uno o dos meses. No sé muy bien que propongo, pero para mí no se trata de símbolos vacíos, sino de signos que tienen su propia historia y en su momento sus consecuencias. En definitiva me apropio de imágenes hechas y las reciclo, y me gusta Iggy Pop.”

 

“La palabra punk resumía todo lo que nos gustaba. Las borracheras, las cosas desagradables, la inteligencia sin pretensiones, el absurdo, las cosas divertidas, irónicas y todo lo que hiciera referencia a la parte más oscura del individuo.” dice Legs McNeil en un artículo de El País hablando sobre su libro Mátame por favor. Caos y la parte más oscura del individuo han definido siempre la personalidad de Quique Company. Él asume rápidamente la gráfica del punk como propia, la falta de medios, el collage, la acumulación, la utilización de imágenes y tipografías recicladas, la falta de reglas y un gran afán de provocar, unidos en este caso a un conocimiento de las vanguardias históricas que más relación han tenido que ver con el diseño gráfico, se convierten en el estilo de la casa.

 

“Mis concepciones se encuentran cerca de la Bauhaus, el constructivismo ruso, beben en el Dadá y el expresionismo alemán, sin olvidarse claro esta del pop-art”.

 

En los principios de los ochenta y ya dentro del colectivo La Nave, nos subscribimos a dos revistas que sin duda fueron las referencias gráficas de la época, The Face e I-D. La primera diseñada, cómo no, por Neville Brody, nos sedujo desde el primer momento. El tratamiento del texto y las imágenes como dos elementos independientes pero complementarios, el descubrimiento de las primeras tipografías diseñadas o manipuladas digitalmente, como al FIVE, la THREE o la SIX, digna descendiente de la Futura, la utilización que Neville Brody hacía de la fotografía, utilizando encuadres sorprendentes como en el artículo dedicado a New Order en el numero 39 o colocadas en la página de forma absolutamente inhabitual como las  del artículo “Out Comes The Freak” o “Culture Junction” de los números 58 y 65 , y la concepción dinámica de todas y cada una de sus páginas consiguiendo auténticos hitos gráficos, como podrían ser las dedicadas a las fotos de Jean-Paul Goude sobre Grace Jones del nº 28 o a Carmel en el nº 41, o también las dedicadas a Warhol o Phillip Glass en los números 58 y 75 y sobre todo nos interesaba la reelectura de la tradición y del racionalismo suizo desde una rabiosa modernidad.

 

La segunda I-D, directa competidora de la anterior, en aquella época editada  por Terry Jones que figuraba también como director de arte, editor artístico Moira Bogue y diseño Corinna Farrow,  mantenía muchas más raíces de la época punk, una estructura general mas caótica, fotografías menos cuidadas, concediendo más importancia al reportaje, lo que le daba un aspecto más callejero. La utilización de tipografías caligráficas, deformadas por fotocopiadora o las tipografías de ordenador de baja resolución, acentuando los efectos del pixelado, le daban a algunos números un cierto aspecto de fancine. Era sin embargo en las portadas donde más frescura e irreverencia se mostraba, acercándose alguna de ellas al trabajo que en ese momento estaba desarrollando Quique Company, sobre todo las de los números, 32 Jet set, 34 Madnes o la 40 Back to School.

 

Respecto a los contenidos hay que decir que posiblemente fueron las dos primeras revistas de distribución comercial e incluso internacional, pensadas para una cultura juvenil, The Face, más sofisticada, más rigurosa en sus artículos, más generalista, I-D más fresca, más comprometida con esa cultura. La música y el arte de vanguardia, la moda, las fiestas, la street fashion llenaban el sumario de esas avanzadillas de lo que más tarde se convertiría en la cultura de club de los 90. Hay que decir que con el paso del tiempo ambas publicaciones se han convertido en una especie de Vogue de la moda juvenil y no tan juvenil.

 

A principio de los años 80 un empresario emprendedor monta en los bajos de un antiguo balneario a orillas del Mediterráneo, en la playa de la Malvarrosa de Valencia, un club de música electrónica de baile y video-arte y nos encarga la imagen global del local a Quique Company y a mí. Decidimos llamarle ACTV (de AC corriente alterna y TV de televisión, que además en inglés sonaba a actividad). Se inaugura con una video instalación del artista catalán Mercader.

 

Para diseñar la imagen gráfica del local, tal vez recordando el disco de Kraftwerk, recurrimos a la iconografía que teniamos mas próxima. En ese momento trabajábamos en el departamento de diseño de una empresa de señalización,y utilizamos todo un repertorio de pictogramas estandard de la señalización de seguridad laboral, obligatorio el uso de auriculares, de gafas protectoras, peligro alta tensión etc. naciendo así una de las marcas que más raigambre popular ha conseguido en el ámbito de los movimientos juveniles de los últimos años.

 

A partir de entonces es Quique Company quien se encargaría en solitario de la imagen gráfica del local, diseñando una cantidad enorme de soportes, sobre todo carteles, pero también postales, camisetas, merchardising en general, instalaciones o fancines, el local poco a poco por imperativos del mercado va perdiendo el inicial carácter vanguardista, para acabar siendo el templo del denostado “bacalao”, no así la imagen gráfica que mantiene hasta el final su carácter personal y rompedor sin caer en las amaneradas estéticas tecno-horteras que aún hoy se siguen utilizando en los locales de la ruta.

 

Así, desde el año 1985 al 1998 Quique desarrolla un voluminoso  trabajo que desde el punto de vista gráfico podemos dividir en cuatro bloques:

LíNEA NARCISISTA:

En esta línea la imagen del autor es el elemento principal. A partir de retratos en blanco y negro del propio Quique, realizados en los años 70 por la fotógrafa Ana Torralva, donde éste aparece con el torso desnudo y con expresiones violentas o dramáticas.

A partir de ese material Quique manipula por medio del collage, busca texturas ampliando fotocopias, utiliza fragmentos, lo emborrona con trazos de pincel o rascaduras, desarrollando un amplio trabajo sobre el propio rostro o el propio cuerpo.

LÍNEA NEO-POP:

Aquí el material de base es la manipulación de imágenes ajenas, pero en lugar de manipular imágenes pertenecientes a la cultura popular, utiliza la iconografía de culto de las minorías o marginales: el cartel de la película Cabezas borradoras, el rostro del protagonista de La Naranja Mecánica o La Cabeza mecánica de Raoul Hausmann.

LÍNEA PSEUDO-TECNO:

Sin utilizar para nada el ordenador, herramienta cuyo funcionamiento desconoce, atrapa todo un repertorio de signos y símbolos, casi siempre extraidos del libro, Sistemas de signos en la comunicación visual, de Otl Aicher y Martin Krampen, símbolos eléctricos, fragmentos de notaciones de Cage etc, con los que consigue crear un universo tecnológico-analógico seductor y mucho más rico que el producido posteriormente por otros diseñadores mediante la descontextualizacion acrítica de pictogramas y símbolos industriales.

LINEA PORNO:

A patir de fotografías de amigas posando desnudas o de material de revistas pornográficas, Quique deconstruye, manipula el color, tacha con pintura, recordando a veces al trabajo de Arnulf Rainer, o selecciona fragmentos como una serie de rostros de mujeres en el momento del orgasmo, o incidiendo en escenas especialmente sado.

 

Coincidiendo con el final de la colaboración de Quique Company con la discoteca ACTV, su manera de trabajar trasciende las dos dimensiones del papel para convertirse en una especie de apoteosis final y síntesis del trabajo de todos esos años cuando en 1996,  junto al artista aleman Torsten Baumbach, con el que “okupa” un piso en la calle Martínez Cubells de Valencia y del que esperan ser inminentemente desalojados, crean un gigantesco Merzbau a base de basuras, obras artísticas y música trans que el propio Quique definiría como: “un paseo  por Beirut, Las Vegas, Sarajevo y el Amazonas”.

Hasta aquí, un paseo por una parte del trabajo de Quique Company, esa cara oscura del diseño, que se ve poco en los circuitos oficiales pero que con motivo de la exposición en el IVAM, 20 diseñadores valencianos, fue definido por Vicent Todoli entonces conservador de museo y hoy director del museo Serralbes en Oporto, como el Groz de los 80.

 

 

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8. sep., 2015

Montaje audiovisual sobre La Nave a partir de imágenes del programa de Televisión Española de la década de los 80 "Metrópolis" y música de "Does it offend you, yeah?"

8. sep., 2015

Entrevistas a colaboradores de La Nave y nuevos diseñadores emergentes, parte del acto de homenaje a La Nave por parte del FAD en "Maestros. La cadena del FAD" (3/11/2008).
Con los testimonios de Lina Vila, Carlos Tíscar, Belén Payá, Dídac Ballester, Ibán Ramón, Juanico y CuldeSac.
El colectivo La Nave (1984 - 1991) es el referente ineludible para entender la evolución del diseño en Valencia, desde los años setenta hasta nuestros días. La Nave aglutina experiencias anteriores y proyecta su influencia hasta nuestros días, tanto por el legado de su trabajo como por la trayectoria posterior de sus integrantes.
La Nave fue un grupo de once profesionales trabajando juntos y, a la vez, por separado que surgió en en pleno "boom del diseño" español. Entre sus componentes hay diseñadores gráficos, de producto, interioristas y arquitectos. No es sólo una reunión de talentos sorprendente e irrepetible, sino la materialización de una idea romántica de convivencia y colaboración de las distintas culturas de proyecto. Por otro lado, se trata de un fenómeno que no se puede explicar fuera del contexto histórico en el que se produce, un momento de grandes cambios políticos y efervescencia cultural.
El homenaje tuvo lugar el lunes 3 de noviembre de 2008 en la sede del FAD en Barcelona.

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9. abr., 2014

 

NO VAMOS A HABLAR DE "LA NAVE"

 

Juli Capella y Quim Larrea. Diciembre 1986.

 

 

No vamos a hablar de "La Nave". No vamos a hablar de "E la nave va" de Fellini porque sería un truco literario demasiado fácil, tampoco hablaremos de "La Nave" de Tomás Salvador aunque nos apetezcan los viajes galácticos interestelares.

 

  

Tampoco hablaremos de "La nave luminosa" de Buhigas, porque el tema no va de invenciones apocalípticas y metafísica de baratillo.

 

No hablaremos de las naves del descubridor, aunque se acerquen fechas conmemorativas.

 

No hablaremos de naves industriales, ni de navegación, ni de navetas, ni de navieros...

 

  

Sólo hablaremos (y poco) de los "tripulantes". Verdaderos protagonistas de que el barco salga a flote. Porque nos va la gente y no las cosas. o mucho mejor. la gente que hace cosas. 

 

Tripulación sin capitanes, ni almirantes, ni siquiera grumetes.

 

Tripulación con mitad de piratas y la otra de truhanes, aventureros y bucaneros. Mezcla de razas, sexos y ambiciones.

 

Donde cada uno rema en una dirección y todos en la de uno. Pero donde misteriosamente siempre se arriva a puerto. Como si algún viento alisio bondadoso soplase siempre a su favor.

 

En realidad a todos nos gustaría abordar esa nave, unirnos a la tripulación y surcar todo tipo de mares. porque da la impresión que diversión y labor es todo uno. porque siempre habíamos soñado con la utopía de viajar acompañados y solos a la vez.

 

 

No hemos hablado de diseño industrial y teníamos que haberlo hecho.

 

No hemos hablado de grafismo y lo hacen muy bien.

 

No hemos hablado de arquitectura y merecía la pena.

 

Tampoco hemos hablado de decoración, ni de señalización ni de packaging.

 

 

 

Ha sido una lástima desaprovechar esta ocasión para hablar de buen diseño diciendo tonterías, pero es que esta gente es así.

 

De todas formas, si alguien quiere aprender algo del mejor diseño nacional, de la banda más sugestiva, fresca y polivalente del momento, que se pase por la Dársena San Vicente, muelle 200 del Puerto de Valencia donde está anclada "La Nave".

 

Nos han dicho que al fondo, en el camarote de popa, siempre hay cervezas frías y algún desconsolado navegante peleándose con los planos.

 

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9. abr., 2014

Rebollones y DYC

 

Texto: José Vicente Paredes

 

No era el más inteligente, ni el más listo, ni el mejor. Ni si quiera se si lo merecía, pero a mediados de los 80 pasó una de esas cosas que difícilmente puedes imaginar y el paso del tiempo se ha encargado de poner en su sitio.

 

 

 

 

Por entonces trabajaba de 12 a 14 horas diarias cobrando un sueldo que no me permitía irme de casa, para lo que tenía que aplicar una terapia de choque, que consistía en ir a jugar al futbolín día sí, día también. Aquello era como salir a estirar las piernas, de esto se acordarán bien Ferrán, Manolo o Paco.

  

 

 

Y entonces ocurrió. Sin “comerlo ni beberlo” me encontré en un espacio totalmente diferente a cualquier cosa que hubiera visto hasta entonces. Era como un enorme escenario (al lado de los quince m2 de donde venía), con gente moviéndose todo el día arriba y abajo, con Luz en la entrada, con un taller al fondo, estanterías de Mecalux y el suelo blanco.

 

 

 

Al principio pensaba - Dios, ¿qué hago yo aquí?, ¿de que va todo esto?, ¿estaré a la altura?, aquí no puedo esconderme - no sólo porque era un espacio diáfano-, sino porque allí parecía que a todos les habían dado cuerda. Espero - pensé - que mi capacidad de trabajo me salve los muebles. Así que me dije -  no será mucho peor que lo que tenía, ¡he de coger este toro por los cuernos!-.

 

  

 

Aquellos primeros pensamientos que no sabía muy bien como podrían acabar, se convirtieron en 5 años maravillosos, de los que uno se siente orgulloso, por haber estado allí y haber participado de todo aquello, en un tiempo de cambios y descubrimientos, un tiempo donde la palabra diseño no se utilizaba habitualmente. “Tiempos nuevos, tiempos salvajes”, como decían los Ilegales.

 

 

 

Allí aprendí a amar esta profesión. Allí supe que no hay un horario de trabajo y que no se puede tener una actitud funcionarial, vi que no hay vacaciones, qué tu cabeza no para de dar vueltas y de todo lo que miras, tocas, oyes, hueles o degustas siempre te haces preguntas. Allí la palabra diseño se escribía en caja alta y se discutía, se debatía, se consensuaba.

 

 

 

 

Allí aprendí del criterio y las genialidades de Nacho y Dani, vi la capacidad creativa de Paco, allí estaba Quique con su inconformismo e irreverencia y vi la frescura que respiraban Sandra y Marisa. Allí observe la capacidad de resolución de José Juan, allí vi la tranquilidad y saber hacer de Eduardo, la integridad de Carlos, allí aprendí como hacer negocios de Luis, me empapé de la actitud siempre positiva pero transgresora de Luisito, vi la paciencia de Luz y a gente que, desde dentro y desde fuera, aportaban cosas increíbles: gente como Belén, Lino, Fernando, Javier, Toni, Esperanza, Lina, Pepe, varios Juanes, etc.

 

 

 

 

 

Allí llegaba gente de Holanda, nos comprábamos ropa con garriris, se escuchaba a la Velvet Underground y a Cabaret Voltaire, allí se hablaba del arte de Matisse, Renau o Jean Arp, se leía a Tristán Tzara o Boris Vian, se estudiaba la personalidad de una tipografía antes de utilizarla.

 

 

 

Allí se creaban muebles futuristas, se maquetaba de forma creativa y el marketing no encorsetaba el diseño. A los clientes se les presentaba una sola opción y estaban encantados, allí había gente de día, gente de noche y se hicieron innombrables fiestas.

 

 

 

 

Allí se comía paella en la arena de la Malvarrosa, íbamos a ACTV, se diseñaron y construyeron edificios y espacios alucinantes y aprendí que el diseño hay que vivirlo. Allí se hicieron marcas y escudos que hoy nadie se atreve a tocar, se diseñaba en papel, plástico, hierro o madera y se investigaban nuevos materiales. Allí venían biólogos, había una escalera muy alta y no existían los fines de semana. Allí el diseño no estaba domesticado y cada día pasaban cosas sorprendentes, venían a hacernos fotos, había mucho tabaco, escuchábamos Tris Tras Tres y Rosa de sanatorio y se hacía una recolecta todos los días.

 

 

 

Allí se creó un espacio-tiempo increíble, supe lo que era una imagen corporativa, se hicieron lámparas maravillosas y sillas de tres patas. Allí pasaron muchas cosas… pero, de entre todas las cosas que allí pasaron, lo que nunca olvidaré, son aquellos suculentos rebollones a la plancha y aquel elixir llamado DYC de los que pude “comer” y “beber”.

 

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