7. ene., 2020

La Nave, en San Vicente 200. Valencia.

Tres décadas después del gran experimento colectivo del diseño español, regreso a San Vicente 200 para escudriñar los motivos de una metodología tan propia que, pasadas casi cuatro décadas, sigue siendo un fenómeno aspiracional. Cada vez que aparece La Nave en mitad de una conversación surge como muestra paradigma de una experimentación multibanda; una especie de repentino prodigio que evidentemente se explica por sus causas y su contexto. También suscita, a modo de subtexto, una viscosa melancolía y la frustración de un caso que es posible que no tenga parangón, que por tanto no pueda imitarse y que, como algunos de los acontecimientos culturales de los ochenta, se toman desde la perspectiva infranqueable: no ya como una inspiración que permite usar su actitud para aplicar con nuevas formas, sino como un patrón para el calco.



Aquel puñado de diseñadores y no solo diseñadores que, tras un viaje a Milán, y por la fusión de Cap i Mans i Enebecé, más algunas incorporaciones, decidieron canalizar la explosión de diseño ochentero, esa suerte de expansión autonómica, aliándose bajo un mismo techo de 400m2 en la calle San Vicente 200 de València. Eduardo Albors, Paco Bascuñán, José Juan Belda, Carlos Bento, Lorenzo Company, Sandra Figuerola, Marisa Gallén, Luis González, Luis Lavernia, Nacho Lavernia y Daniel Nebot. Aunque en lugar de unirse, como podría imaginarse, se desintegraron, formando una comunidad de bienes donde los equipos previamente establecidos se atomizaban, convirtiendo a cada individuo en una pieza con la que poder configurar puzzles de trabajo a convenir.

 

Lo que allí sucedió, además de una profusión de buenos proyectos que sentaron las bases del buen diseño, fue la exploración de una metodología comunal que, por nueva, resultó irrepetible. Hizo posible las identidades corporativas de la Generalitat Valenciana, EMT Valencia (con Pepe Gimeno), Instituto Nacional de Estadística (con Pepe Gimeno), Sociedad General de Autores SGAE, Jardín Botánico, IMPIVA, CVT Consorci Valencià de Transport, Parc Tecnològic, Institutos tecnológicos, IVV Institut Valencià de la Vivenda, FGV Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana, Centro de Artesanía, ITVA Instituto Turístico Valenciano junto a Pepe Gimeno. Definió a empresas privadas como ABC Electrónica, Alessi, TRQ, TEMEL, Gandía Blasco, TOI, ACTV, Aumar, Industrias Saludes, Lamsar, Ronda Brasil, Tráfico de Modas, Gres de Valls, Mugarsi o los japoneses Tombow, Goldwin y Maruchu.



La Nave, llamada así por el cuerpo del edificio de aluvión que les acogió, adquiere con el paso de los años un renovado carácter de fenómeno aspiracional. Los mecanismos que la hicieron posible, sobre todo las coordenadas que fecundaron sus trabajos, generan muchas enseñanzas para articular nuevas maneras de trabajo. Al habla con uno de sus integrantes, el Premio Nacional de Diseño 1995 Daniel Nebot, habitualmente una torrentera de argumentos. “Muchos dicen que fuimos el primer coworking, pero qué coworking. Un coworking es para poder ahorrarte costes, nosotros buscábamos lo contrario. Lo dábamos todo porque así es como obtienes el máximo. Nosotros no hablábamos de clientes, sino de personas concretas porque hacíamos lo que queríamos hacer. La clave fue darle la vuelta a la tortilla”. Por ello cree que el verdadero gran proyecto de La Nave fue La Nave misma.

 

Así se hizo La Nave...

El contexto previo nos lo razonaron el propio Nebot y Nacho Lavernia en esta conversación del 2013.  Un proto-estado del diseño. "Había diseñadores pero no había conciencia de ello. Tú decías que eras diseñador y te decían, ¿qué? Luego se lo explicabas y contestaban: ah, sí, dibujante", recordaba Daniel Nebot. En los setenta se reunían “en lugares como la tienda de Luis Adelantado. Apagaban las luces, estábamos al fondo, con una lucecita tenue, salíamos de dos en dos. Era todo un poco cutre", según Nacho Lavernia, Premio Nacional de Diseño en 2012. "Teníamos una lechera de la policía en la puerta. No te podías reunir excepto que fueras fallero".



“Fue a la vuelta de un viaje a la feria de Milán cuando se nos ocurrió la idea de unirnos. El incipiente estado de las autonomías prometía ser un generador de nuevos proyectos y pensamos entonces que contar con un equipo grande y capaz podría ser conveniente, e incluso necesario para abordar proyectos de cierta complejidad, de modo que a la vuelta de Milán empezamos a poner manos a la obra”, contó Lavernia.

 

… y así se hacía en La Nave

Comienza la fiesta. Dani Nebot, sugiere: “Ensayamos una forma diferente de ejercer la profesión. No había una estructura rígida y nuestro mantra principal, en cada trabajo, era darle la vuelta a la tortilla. Una coincidencia de gente excepcional -retoma. Y quizá la clave estaba en que pusimos las cuestiones económicas a parte. No se pasaban cuentas. El objetivo era otro". Marisa Gallén Premio Nacional de Diseño 2019, matiza que “más que de método hablaría de espíritu del tiempo: vivíamos en un contexto de libertad desinhibida y nuestra generación tuvo el compromiso de modernizar el país, tarea que emprendimos con entusiasmo. Por otra parte, que un grupo de diseñadores inquietos y talentosos compartan un espacio genera sinergias positivas porque propicia el debate intelectual, la crítica y el apoyo mutuo”.



Otro de sus integrantes, Carlos Bento, rememora la charla que Nacho Lavernia ofreció en 2015, dentro de ciclo dirigido por Román de la Calle, para engarzar los principales aportes de La Nave:

1/ La energía y el afán innovador surgido tras alcanzar la democracia y el autogobierno.

2/ El espacio de trabajo que impresionaba por sus dimensiones y su singularidad.

3/ La propia organización y la inusual metodología del trabajo.

4/ Una actitud de puertas abiertas a cualquiera que viniera por La Nave. Y vino mucha gente. Capella y Larrea lo expresan claramente: “Daban además la irritante sensación de divertirse trabajando. Y nos dieron envidia”.

5/ Poder trabajar sin jefe ni horarios, pero con un control de todos sobre todos. De modo que la crítica sobre los trabajos era constante, rápida y a veces incluso cruel.

6/ Nos estimulaba el más difícil todavía y siempre buscábamos dar la vuelta a los proyectos, expresión que se hizo cotidiana entre nosotros y que nos dejó muchas noches y fines de semana trabajando.

7/ Identidad propia: Una altísima cultura de grupo, o de empresa, como se dice ahora. Todos sabíamos qué cosas eran propias de La Nave y cuáles no.

8/ Esa mezcla de anarquía y rigor, de diversión y trabajo, de individualidad y equipo, convertía a La Nave en el sueño de todo creativo.

9/ Talento. En La Nave había mucho talento, es la verdad. Y eso, desde luego, fue una clave fundamental de su éxito.

 

Daniel Nebot, prolonga: “Sin ninguna duda, el proyecto más destacable de La Nave es la propia Nave, un espacio singular donde crecer sumando las sinergias de los demás, una forma de entender el oficio como una cuestión vivencial, trabajando con pasión y sinceridad, a veces individualmente y otras en grupos formados de forma espontánea según las necesidades del propio proyecto, con el objetivo de optimizar los resultados del mismo, entendiendo cada uno de ellos como una oportunidad de expresar opinión, sin rehuir el compromiso del encargo, pero sin renunciar a aportar el testimonio de la cultura y del momento histórico.  

 

En La Nave no existían proyectos “marrones”, se daba la vuelta a la tortilla hasta descubrir en el encargo aquellos  perfiles a priori ocultos, que nos permitirán proponer soluciones bellas y funcionales en las que vernos proyectados y realizados en nuestros objetivos y, en la mayoría de las ocasiones, además hacían felices a nuestros clientes. La Nave tenía cosas que decir y clientes que querían y sabían escuchar… maravillosos tiempos.

 

Luego vendrían los muebles y los grandes montajes de José Juan Belda, las lámparas de Eduardo Albors, el ACTV de Quique Company, las clases de taller de Dani Nebot, las listas de Nacho Lavernia, los stands de Abstracta de Luis Lavernia, los hombres-marca de Luisito González, los hinchables de Sandra Figuerola y Marisa Gallén, las paradas del tranvía de Paco Bascuñán, la señalización turística de la A7, las cabinas de peaje para Dragados, los edificios de Carlos Bento, la marca de la Generalitat Valenciana, la del Impiva, la del Instituto Nacional de Estadística, la del Censo electoral, la del Jardín Botánico, la de Moratal, la de AUMAR, la de CTV… marcas y marcas de Paco, de Quique, de Dani, de Sandra y Marisa de Luisito y de todos. Programas de señalización y mobiliario urbano para Saludes, accesorios de Automóviles, juguetes Feber, aparatos de electromedicina, estufas para Punto Rojo, carrocerías de autobús para la EMT,  bolígrafos para la Tombow Pencil, bañadores para Goldwin, zapatillas para Maruchu, fuentes para la Expo de Sevilla…”.

 

Sandra Figuerola retoma su paso analizándolo así: “Funcionábamos de forma libre y apasionada. No existían jerarquías preestablecidas y lo que nos unía era una filosofía de vida común y una manera de entender el diseño muy parecida. Las colaboraciones entre nosotros se creaban por sintonía y afinidades personales. Había mucha comunicación entre nosotros. Mucha energía creativa, mucha pasión en todas nuestras propuestas y ganas de dar el do de pecho en cualquier de los proyectos en los que se participaba. No recuerdo competitividad entre nosotros o afán de protagonismo. Cada uno aportaba lo mejor de sí mismo para contribuir a consolidar el proyecto donde estábamos embarcados. Sin duda para mi fue un aprendizaje intenso y apasionado, estimulante, muy divertido”.

 

¡Y qué hicieron!

Ese visión común, previa a la afinidad profesionalidad, remarca una extraña generosidad gremial en pos de un proyecto: el desarrollo evolutivo de su entorno. Es difícil comprender su decisión como grupo sin contar con el eje territorial y la pretensión por formar parte de un cambio. O sin tomar en cuenta la conciencia de escalas y ese instante milanés en el que acaban por comprender que siendo pocos no lo podrán lograr. “Si metes pocos euros de gasolina no viajarás muy lejos, pero si metes muchos…”, significa ahora Daniel Nebot.

 

Algunas de estas voces seleccionan las aportaciones más interesantes:

Colección de hinchables Pop. Marisa Gallén: “A mediados de los 80 La empresa de hinchables Toi se encontraba con la dura competencia de las fábricas ubicadas en Taiwan y apostó por contratar diseño. El reto era innovar en la tipología de producto y hacerlo con el menor coste económico, conseguimos sacar adelante una colección resuelta con un solo golpe de soldadura y convertirla en un bestseller”.

EMT. Daniel Nebot. “La EMT nos llamó a Nacho (Lavernia) y a mí para recarrozar los autobuses. Nos dijeron que el problema fundamental es que cada vez que el autobús se daba un rascón con un coche no podía salir durante una jornada a la calle porque el chapista tenía que estar arreglándolo. Entonces se nos ocurrió que en la parte de abajo, donde se dan la mayoría de golpes, íbamos a hacer unos paneles de fibra de vidrio que se podían cambiar al acto. Con el tiempo, los que vinieron después ya no llamaron a ningún diseñador, pero como vieron que la parte de abajo era gris dijeron: ¡esto es identidad corporativa! Pasó de ser una solución, a una identidad corporativa”.

La señalización turística de la Autopista A-7. Carlos Bento: “Por su innovador enfoque de una señalización de carretera, por primera vez en gran tamaño y con vivos colores. Por su imagen vanguardista que después de 30 años sigue resultando impactante y moderna. Una obra maestra del diseño resuelta brillantemente por los tres diseñadores más prestigiosos y reconocidos del grupo: Paco Bascuñán, Nacho Lavernia y Dani Nebot, que recibieron el Premio LAUS 1986 de la ADG-FAD”.

Bandeja de horno, para Alessi. Sandra Figuerola: “Fue muy especial el proyecto que desarrollamos. Alessi es una empresa italiana, importante, emblemática y muy comprometida con el diseño. Fuimos seleccionadas para participar en un concurso internacional, dirigido a mujeres, y nuestra pieza, una bandeja para el horno, fue una de las seleccionadas. Nos resultó estimulante desarrollar el proyecto ya que trabajamos no solo con la forma sino también con el concepto, relacionado con la cultura y los rituales de la comida. Cuidamos mucho la presentación del proyecto, incluimos textos e ilustraciones… y finalmente al ser seleccionadas y recibir la llamada del propio Alberto Alessi, fue una de las mayores alegrías de mi vida profesional, iniciada en ese momento”. Gallén, recuerda: “ El tipo de proyecto buscado debía hacer referencia a la ofrenda de comida y a los rituales que la rodean. La inspiración debía nacer de la memoria y, escarbando en ella, nos topamos con la figura del diablo, un símbolo que muy bien podía funcionar como uno de nuestros iconos culturales. Lo vimos como un guiño cómplice e irónico de la gula a la vez que recuerda la frase de Teresa de Jesús: el diablo también anda entre los pucheros”.

Exposición de los Premios IMPIVA de diseño y moda de 1985. Carlos Bento: “El primer trabajo que se abordó de forma colectiva implicándose directamente, tanto en los distintos proyectos que se desarrollaron como en su puntual ejecución, todos los miembros del colectivo. Por edificarse en la Plaza del Ayuntamiento de València, el mejor solar de los que he dispuesto, en mis 40 años de arquitecto. Porque demostró nuestra profesionalidad, capacidad creativa, audacia y eficacia, para diseñar y ejecutar en un brevísmo plazo de tiempo (16 días) un encargo muy complejo con un resultado espectacular y novedoso”. 

Diseño de identidad, colecciones de alfombras y packaging para Gandía Blasco. Marisa Gallén: “La acertada introducción estratégica del diseño en todas las actividades de la empresa le valió a Gandía Blasco el premio IMPIVA a la Innovación 1991. En poco tiempo consiguió algo tan difícil como es tener una buena reputación internacional, con showrooms en Milán o en Nueva York”.

Marca ACTV. Fue la gran obra de Quique Company, aliado de Paco Bascuñán. Convirtió la imagen de una discoteca con aspiraciones identitarias en un boom visual que sirvió para fondo de pantalla mental de toda una generación, desenvolviendo infinidad de soportes que hicieron de ACTV un cosmos más allá del marco nocturno.


En la conferencia de 2005 de Nacho Lavernia explicando la metodología de La Nave, terminaba así, parafraseando a Juli Capella y Quim Larrea: “Si alguien quiere aprender algo del mejor diseño nacional, de la banda más sugestiva y polivalente del momento que se pase por la dársena San Vicente, muelle 200, del puerto de Valencia, donde está anclada La Nave. Nos han dicho que al fondo, en el camarote de popa, siempre hay cervezas frías y algún desconsolado navegante peleándose con los planos.” Aunque no siguen allí -en 1991 se desmanteló-, la actitud avanzada de La Nave se mantiene, pululando gaseosa entre las calles de la ciutat.

 

Álbum de imágenes:

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Fuente:  Artículo de Vicente Molins en ValenciaPlaza publicado el 04/01/2020

https://valenciaplaza.com/la-nave-en-san-vicente-200-tres-decadas-despues-el-gran-experimento-colectivo-del-diseno-espanol

 

 

 

 

 

 

 

16. sep., 2019

 

En esta convocatoria del 2012 fue galardonado con el Premio Nacional de Diseño en la categoría de profesional, el diseñador Nacho Lavernia, miembro del estudio Lavernia y Cienfuegos. En la categoría de empresa fue LÉKUÉ la galardonada. En cuanto la sección de Innovación, los premios recayeron en la empresa Royo Group, en la categoría Internacionalización y en Joaquín Moya-Angeler, en la de Trayectoria Innovadora. La entrega de los premios por parte de los Príncipes de Asturias tuvo lugar en Valencia, en el Edificio Veles e Vents de La Marina Real Juan Carlos I, el 13 de septiembre de 2013, a las 19.30 horas.

 

Nacho Lavernia (Valencia, 1950) ha sido galardonado en la categoría profesional de Diseño, dotada con 30.000 euros, por su "impresionante" trayectoria, iniciada en los años 80, en la que ha recorrido todos los sectores económicos y su versatilidad, abarcando todas las facetas del diseño tanto industrial como gráfico, dando respuestas a una enorme variedad de clientes y requerimiento siendo sus diseños parte del éxito empresarial de estos, demostrando la capacidad de competir internacionalmente del mejor diseño español. El diseñador valenciano afirma en un comunicado, colgado en su web, que cree que esta distinción "premia en parte una larga trayectoria profesional desarrollada en muy diferentes sectores y que tiene su inicio a mediados de los 70". "Pero es de justicia atribuírselo al trabajo realizado en mi actual estudio, en el que mi socio Alberto Cienfuegos y yo llevamos trabajando codo con codo desde hace más de 15 años", añade.

 

Este es un reconocimiento a su trabajo en equipo, agrega para señalar que quiere compartirlo también con los clientes, que les han dado la oportunidad de diseñar sus productos, sus marcas o su comunicación; así como con los colaboradores y proveedores. Nacho Lavernia ha sido presidente de la Asociación de Diseñadores de la Comunidad Valenciana(ADCV) y de FESAD, Federación Española de Asociaciones de Diseño.  Formó parte del histórico colectivo de diseño  “La Nave” entre los años 1984-1989, que aglutinó a Daniel Nebot (que obtuvo el Premio Nacional de Diseño en 1995), José Juan Belda,  Paco Bascuñán , Marisa Gallén, Luis González, Quique Company, Sandra Figuerola, Luis Lavernia, Eduardo Albors y Carlos Bento , antiguos compañeros que acudimos  a felicitarle

 

Los trabajos de Nacho Lavernia han recibido reconocimiento con premios nacionales, como el Laus, Delta y AEPD, e internacionales, como el Certificate of Typographic Excellence de Nueva York, el Design Plus ISH del German Design Council, los Dieline Awards y los Pentawards. Además, el estudio de Lavernia se incluyó en el icónico libro “Design Now”, de la editorial Taschen, en el que se destacan los 80 estudios de diseño de producto más destacados a nivel mundial.

 

DISCURSO DE NACHO LAVERNIA 

Mi generación empezó en el diseño en aquella época en la que se hizo célebre la pregunta ¿diseñas o trabajas? Fuimos pioneros en España en un momento en el que ni la sociedad, ni la Administración, ni las empresas, y para ser sinceros, ni nuestros padres, sabían exactamente a lo que nos dedicábamos y que era esto del diseño.  Fue en aquella época de los años 70 y 80 de un entusiasmo y de ilusión por un proyecto colectivo, que ahora echamos en falta, cuando se empezó a crear y a transmitir una imagen del diseño y de nuestra profesión quizás un tanto equivocada y que no ha ayudado mucho. Es una imagen que asocia el diseño a algo añadido, superfluo, caprichoso, elitista, incluso a veces algo que no funciona, pero nosotros sabemos que no es así. El diseño es mucho más que algo que se añade, hay mucho en él de análisis, de rigor, de innovación y de responsabilidad, porque el diseño configura nuestro entorno artificial.

 

Todas las imágenes y los objetos que nos rodean están diseñados, desde los coches o el móvil que llevamos, pasando por los electrodomésticos y los muebles que tenemos en casa, las herramientas de trabajo, los libros, los catálogos, las revistas y los periódicos que leemos, las marcas y los envases de los productos que compramos. La mayoría de los objetos que forman parte de nuestro día a día están diseñados por profesionales que son su trabajo, la mayor parte de ocasiones anónimo, mejoran la calidad de vida, la hacen más fácil y por qué no, embellecen nuestro entorno.  Este premio que recibimos hoy, creo que en gran medida responde a esta visión del diseño centrada en la solución de productos cercanos, de uso diario, relativamente humildes, pensados en el usuario final, en sus necesidades y en su uso limitado.

 

Es el caso de Lékué, esta joven empresa, a los que nos dedicamos al diseño, vamos desde hace unos años siguiendo y admirando, es un claro ejemplo de que una apuesta inteligente y valiente por el diseño es un camino hacia el éxito. En apenas 8 años, Lékué ha conseguido revolucionar las cocinas de todo el mundo con propuestas innovadoras que facilitan y promueven la alimentación saludable. Se trata de productos pensados para que las personas aprendan a comer mejor sin complicaciones , para quienes quieren comer sano, fácil y rápido. El diseño y en este caso una buena gestión del diseño hacen de Lékué una empresa ejemplar que sabe crecer y competir en todo el mundo y llegar donde el creciente prestigio de nuestra gastronomía más moderna e innovadora.  En un periodo de crisis, no solo económica, como el que estamos pasando, es más necesario que nunca que las empresas, al igual que Lékué, piensen e inviertan en diseño como un factor clave para mejorar su imagen y sus productos, para encontrar soluciones innovadoras que den respuesta a las necesidades y exigencias de un mundo en constante cambio, y en definitiva para mejorar su capacidad de competir en los mercados internacionales.

 

El futuro deseable de nuestro país pasa por la investigación, la innovación y el diseño, por el aprovechamiento de toda la inteligencia y el conocimiento que hemos sido capaces de crear y educar durante años. Creo que las Administraciones deben procurar las condiciones para que el diseño llegue a ser una actividad eficaz y común en las empresas y en las instituciones. No podemos desaprovechar todo el talento y las enormes posibilidades que el colectivo de diseñadores de este país es capaz de ofrecer y que ya hace años se está exportando por todo el mundo.

 

Hoy estamos aquí rodeamos de amigos y quiero terminar con los inevitables y más que merecidos agradecimientos. En nombre de Lékué, a todo el equipo que ha hecho posible la presentación de su candidatura y muy especialmente a Nomon Design.  Yo por mi parte, he procurado rodearme hoy de todos los que de una forma u otra me han acompañado durante toda mi trayectoria profesional. En primer lugar mi familia, mi mujer, mis hijos, mis hermanos, mis nietos Marc y Nicolás… [se oye una vocecita de fondo: «estoy aquí»]. En segundo lugar mis clientes y además amigos, ellos son los que en realidad hacen posible nuestro trabajo; ponen en nuestras manos sus productos, su imagen, su confianza y su dinero, por supuesto.

 

En tercer lugar, quiero agradecer a quienes han sido mis socios y compañeros durante estos casi 40 años en diferentes estudios de los que he formado parte. De ellos he aprendido casi todo lo que sé. Y entre ellos, tengo que dar las gracias a mis compañeros en la maravillosa aventura de La Nave y tener un recuerdo para Quique Company y de manera muy especial para el inolvidable Paco Bascuñán [la sala rompe en un gran aplauso].  Y por último quiero dar las gracias a todo el equipo de Lavernia&Cienfuegos con muchos de los cuales llevo ya 15 años trabajando y de manera muy profunda a mi socio que fue mi alumno Alberto Cienfuegos, con quien estoy viviendo el periodo más apasionante y viajero de mi periodo profesional y sin el cual posiblemente hoy no estaría aquí. En nombre de Lékué y el mío propio, gracias.

 

Album de Fotos: 

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17. abr., 2019

 

Fuimos singulares pero no únicos

 

Dos estudios del incipiente diseño valenciano: Caps i Mans (Eduardo Albors, José Juan Belda, Luis Lavernia y Nacho Lavernia) y NBC (Daniel Nebot, Paco Bascuñán y Quique Company) nos conocimos por aquella época. Principios de los 80. Hubo una especie de flechazo. Compartíamos una visión común sobre el diseño y, lo que es tan importante o más, conectamos personalmente de inmediato. Lo que nos puso en contacto fue que competimos en un proyecto, la señalización de la Devesa de El Saler, concurso que ganó NBC. Más tarde la Feria de Valencia, a través de su director entonces José Mª del Rivero, nos dio la oportunidad de hacer conjuntamente el proyecto de cambio de su identidad corporativa y de la señalización de sus instalaciones, junto a Xavier Bordils, que se salió pronto del equipo y se hizo cargo del diseño de la señalización mientras Caps i Mans y NBC diseñaban la imagen gráfica. Nos sentíamos muy a gusto trabajando juntos y, de hecho, colaboramos parcialmente en algunos proyectos de uno u otro equipo. Lo mismo estábamos en un estudio que en otro y compartíamos abiertamente todo lo que estábamos haciendo.

 

Fue a la vuelta de un viaje a la feria de Milán cuando se nos ocurrió la idea de unirnos. El incipiente estado de las autonomías prometía ser un generador de nuevos proyectos y pensamos entonces que contar con un equipo grande y capaz podría ser conveniente, e incluso necesario para abordar proyectos de cierta complejidad, de modo que a la vuelta de Milán empezamos a poner manos a la obra. Éramos entonces 7 entre NBC y Caps i Mans y acabamos siendo 11 porque invitamos a Marisa Gallén, Sandra Figuerola y Luis González, que ya habían colaborado con Caps i Mans, a que se unieran al proyecto. Luego Carlos Bento, que ejercía como arquitecto en Madrid, se subió a bordo.

 

Encontramos un local, una nave industrial de más de 400 m2 , que entre otras cosas nos proporcionó nombre para el grupo, La Nave, y tras el verano de 1984 ya estábamos allí. La idea fue disolver los grupos anteriores y funcionar individualmente con el objetivo de crear equipos de trabajo flexibles, capaces de adecuarse a la complejidad y temática de cada proyecto. Nos dotamos de una personalidad jurídica nueva entonces, que fue una comunidad de bienes, y encontramos una secretaria, Luz Martí, para que pusiera algo de orden en el galimatías de facturas, recibos, proveedores, clientes… Y que fuera capaz de hacerlo, además, para 11 jefes distintos sin perder el norte. Como así fue. Hasta 1991 en que se disolvió el grupo.

 

Tal y como habíamos previsto, la creación del estado de las autonomías y la necesidad de modernización de la administraciones públicas supuso una eclosión de oportunidades de trabajo. No sólo para nosotros, sino para todos los diseñadores que había entonces en Valencia. Había que crear y dotar de imagen a nuevas instituciones políticas y sociales y modernizar a otras teñidas del halo casposo y gris de la dictadura, desprestigiadas absolutamente en Europa.

 

La Nave renovó las Identidades Corporativas de Generalitat Valenciana, EMT Valencia (con Pepe Gimeno), Instituto Nacional de Estadística (también con Gimeno), Sociedad General de Autores SGAE, Jardín Botánico de Valencia… y diseñó ex novo las de IMPIVA, CVT Consorci Valenciá de Transport, Parc Tecnològic, Institutos tecnológicos, IVV Institut Valenciá de la Vivenda, FGV Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana, Centro de Artesanía, ITVA Instituto Turístico Valenciano junto a Pepe Gimeno…

 

Y trabajó mucho más de lo que habitualmente se piensa para el sector privado: ABC Electrónica, TRQ, TEMEL, Gandía Blasco, TOI, ACTV, Aumar, Industrias Saludes, Lamsar, Ronda Brasil, Tráfico de Modas, Gres de Valls, Mugarsi… Hasta que en los años finales llegaron los japoneses, a través de un agente ubicado en Tokyo que se dedicaba a poner en contacto a diseñadores europeos con empresas japonesas. Y se hicieron trabajos para Tombow, lápices y bolígrafos, Goldwin, bañadores de competición y Maruchu, sandalias de playa.

 

Creo que una de las características de La Nave fue traer a Valencia los aires nuevos que suponían una ruptura con el Movimiento Moderno. Enric Satué en su libro “El diseño gráfico en España” dice de La Nave: “…un equipo de jóvenes diseñadores que respondían al nombre colectivo y empresarial de La Nave… y que habían de hacerse justamente famosos cabalgando a caballo del posmodernismo galopante de los años 80.” La Nave lideró el paso de una concepción clásica, si es que se puede usar este término en el diseño, a otra nueva. Y lo cierto es que esta mentalidad posmoderna se adecuaba con mucha más perfección a la nueva realidad social y productiva en la que el valor comunicativo del objeto iba ganando terreno a los aspectos funcionales, entre otras cosas porque la tecnología empezaba a conseguir que la resolución de la función fuera casi inmaterial, con lo cual su incidencia en la estructura del objeto y, por lo tanto, en su forma es prácticamente nula; y en segundo lugar porque el mercado y su insaciable necesidad de novedad comenzaba a imponerse. Fue el paso intermedio entre el movimiento moderno y su lema “la forma sigue a la función” y la situación actual, en la que el lema podría cambiar por “la forma sigue al mercado”.

 

En La Nave esa pulsión posmoderna, de ruptura con las normas del Movimiento Moderno, de libertad creativa, aunque no es constante domina en muchos trabajos e impregna una manera de entender el diseño y la profesión. Se ve con especial claridad en el uso de las tipografías y en los textos que acompañan a algunos proyectos o artículos. José Miguel García Cortés nos invitó a exponer en el EAC, Espai d’Art Contemporani, en el Museo Benlliure y de hecho el texto publicado con motivo de esa exposición es un claro ejemplo y funcionó como manifiesto del grupo. Allí, con un inequívoco espíritu posmoderno decíamos: “Admiramos la precisión del políglota que conoce y mezcla distintos lenguajes para decir cosas nuevas o las de siempre de otra manera. Nos seduce más la ambigüedad inteligente que la fe ciega. No hacemos distinción entre styling o técnica, entre estética y función, entre moda o diseño, sólo entre buenos y malos resultados.”

 

Álbum de fotos:

https://www.facebook.com/carlos.bentocompany/media_set?set=a.1248676025147565&type=3

 

TEXTO EXTRAÍDO DE:
¿Qué representó el proyecto colectivo La Nave en el contexto del diseño valenciano de la transición? 
Charla de Nacho Lavernia del Ciclo “Arte y Cultura en la memoria de la Transición valenciana. 1975-2000” 01/12/2015

 

 

 

 

 

 

 

 

 

5. feb., 2019

 

La herencia única de Paco Bascuñán en el transporte de Valencia

 

Frente la asepsia del transporte cualquiera, la elección de mecanismos icónicos para informar de las paradas del tranvía de Valencia. Así fue el eje que motivó la creación de Paco Bascuñán con el ente valenciano del transporte. Bascuñán, fallecido en 2009, uno de los grandes emblemas de diseño valenciano, tuvo una relación especial con los sistemas de desplazamiento. En la autopista A7 su señalítica turística marcaba un camino especial y relevante.

 

Pero hablemos de sus cerca de veinte señales-cartel para el tranvía de la ciudad de Valencia. Una aportación de 1994 que, insólitamente, casi sin una mirada colectiva en torno a ellas desde hace años, sigue siendo una referencia visual constante cada vez que el usuario se apea en la parada. Además de su comportamiento gráfico, hay un mensaje identitario, una manera apurada de sintetizar universos geográficos del entorno, una personalización que colectiviza y sirve de imagen oficial para barrios y áreas que de otra forma no tienen a qué imagen abrazarse. Precisamente quizá era lo que buscaba Bascuñán -uno de los fundadores de La Nave, algo más que solo una información de paso.

 

En pleno calor para reivindicar esas señales, llamamos a consulta a dos diseñadores que conocen bien la obra. Nacho Lavernia, por cercanía, y Xavi Calvo, por su trabajo de divulgación y aproximación. Un charla desordenada en la que las ideas van a sucederse. Apunta Lavernia algunos de los éxitos de los carteles que estamos viendo… «Creo que acertó utilizando este lenguaje de grandes superficies en tinta plana porque así la cartelería se desmarca visualmente de todo el caos de imágenes, publicitarias o no, que hay por toda la ciudad. Acertó, además, porque este lenguaje gráfico es muy potente, muy visible y muy descriptivo». Xavi Calvo aporta el contexto en el que se circunscriben… «La influencia en general de Paco Bascuñán es innegable en el sector del diseño gráfico valenciano, en su trabajo y también en su carácter.

 

En el caso de esa serie de carteles para las paradas de tranvía, el propio Bascuñán recuperaba un lenguaje que ya utilizó desde La Nave a finales de los 80 junto a Lavernia y Nebot para señalizar la autopista AP-7, collages para ilustrar con tintas planas haciendo síntesis de lugares o destinos, que si echamos la vista más atrás, y abriendo un poco la perspectiva, es lo que en los años 30 y 40 buscaba la escuela de cartelistas valencianos con su estilo decó y diferentes técnicas, lo que supuso la ruptura con el clasicismo en diseño publicitario y los tiempos de pintura realista aplicada a carteles. Así que, los del tranvía son carteles que en sí narran parte de la historia del diseño valenciano, una síntesis hecha cartel que funciona muy bien en el formato ideado por Bascuñán que deja mucho aire como fondos para maquetar esos pequeños textos que por su jerarquía y tamaño son solo legibles, como un guiño, para el viajero que se encuentra en la estación».

 

¡Y qué colores! Nacho Lavernia revisita la elección cromática. «Acertó en la gama cromática escogida, con dominio de naranjas, azules y verdes. Saturados, vibrantes. No hay que olvidar que se trata de una señalización, pensada para ser vista, y comprendida, a cierta distancia y que esto es Valencia: sol, luz, color». Como señala Xavi Calvo, fueron carteles elaborados para geografías de corto alcance. Una de sus claves. «Tienen algo que no se ha vuelto a hacer en València y que creo es la base de su acierto, y es que son emblemáticos pero no de forma global para toda la ciudad, sino como algo muy identitario para ubicar zonas para los habitantes de determinados barrios o transeúntes habituales. Han hecho barrio, como hace Copenhague, y con lo que vecinas y vecinos de Marxalenes o Benimaclet identifican sus trayectos y punto de origen o llegada a su día a día».

 

Lavernia focaliza la importancia al establecer una relación con la gente. «Acertó también en la elección de los temas, más cercanos a la cultura popular y a lo que la gente conoce de esos barrios por los que pasa el tranvía, que a la historia o a la cultura con “mayúsculas”». Pero y qué hay de la institución contratante. Xavi Calvo se refiere a ello, a su apuesta decidida. «Con el tranvía y el metro, el transporte público en València supuso un fuerte empuje para la ciudad, y el primer mérito fue el del organismo FGV en contratar campañas de diseñadores e ilustradores locales para acercar los nuevos servicios a los ciudadanos. A partir de ahí, el papel del diseño fue clave tanto en las primeras campañas basadas en el cómic encargadas a los mejores autores valencianos del momento como las primeras promociones de “El Trensnochador” en las que participó también Bascuñán».

 

Y quizá también, sigue Calvo, ha llegado el momento de reivindicar sus obras para el tranvía y hacer que tengan peso más allá de las marquesinas. «No ha habido reconocimiento, no a gran escala. Hay que tener en cuenta que no se trata de una campaña con un gran despliegue, y su éxito en impactos se debe a su permanencia récord en cada marquesina que señaliza las paradas. Sobre esto del reconocimiento, en otra gran ciudad esas piezas habrían sido carne de merchandising e incluso elementos identitarios para reivindicar los barrios, y veinticinco años después siguen limitados a esas marquesinas, sobreviviendo en el mejor de los casos si no tapados por adhesivos u otros carteles. Son la viva imagen de la edad de oro del diseño valenciano que eclosionó en los ochenta. Tenemos que hacer más bandera de los grandes nombres del diseño valenciano, igual que el propio Bascuñán aprovechó en este encargo para reivindicar a Renau con su versión del cartel de Las Arenas».

 

Álbum de fotos:

https://www.facebook.com/carlos.bentocompany/media_set?set=a.2612831295398691&type=3

 

Fuente:  https://graffica.info/ Vicent Molins/04/02/2019/

 

 

 

 

 

 

 

 

15. jun., 2018

 

Durante el mes de diciembre de 1986 se programaron diversas actividades en la ciudad como: los premios IMPIVA, las Jornadas Diseño y Empresa, la exposición del diseñador Vicent Martínez en Luis Adelantado o la que se dedicó en el Espai D'Art Contemporani precisamente al colectivo La Nave. En este trabajo colectivo los diseñadores fueron también los protagonistas de los contenidos de la exposición a montar y en él se volvió a recurrir, como en las exposiciones anteriores, a la parcelación de tareas atendiendo a las especialidades de cada miembro.

 

José Miguel García Cortés les invitó a exponer en el EAC, Espai d’Art Contemporani, sala de exposiciones temporales de la Casa Museo Benlliure, en la calle Blanquerías frente a las Alameditas de Serranos. La sala de exposiciones temporales solía programar exposiciones de artes plásticas y no de diseño. Precisamente la exposición de La Nave se situaba en su programación después de otra referente a nueva escultura valenciana. Que se programaran exposiciones sobre diseño no era frecuente y menos que se hiciera dentro de un espacio de arte. Si la comparamos con la otra exposición de diseño programada en el mismo mes, la de Vicent Martínez en Luis Adelantado, podemos apreciar como ésta tiene lugar en un espacio híbrido entre tienda de muebles y galería de arte. Un enclave en el que convivían objetos de diseño y artes plásticas con más normalidad que en otras galerías de la ciudad.

 

En ella se mostraron los trabajos más interesantes que el grupo había realizado hasta la fecha. En el hueco de la escalera por la que se accedía a la exposición se colgó un hinchable enorme de más de dos metros de alto por 1,50 de ancho aproximadamente con la forma de la tarjeta de visita del grupo. La realización de este gran anuncio de la exposición corrió a cargo de sandra Figuerola, marisa Gallén y Luis González, que aprovecharon para su diseño las buenas realaciones consu cliente: la empresa Toi.

 

La exposición se montó en el local de exposiciones que resultó algo pequeño para los diseñadores. para colocar los objetos, marcas y fotografías, se dispuso una mesa central de mármol con el borde roto y de forma curvilínea y unas vitrinas en las paredes. En un extremo de la sala se hizo un habitáculo con las paredes y el suelo inclinados que falseaban la perspectiva y agrandaban así el espacio. En él se colocaron algunos muebles y lámparas.

 

También se prepararon unos pequeños folletos en color como pequeños "catecismos" que representaban la obra de cada uno de ellos: 22 páginas, dos para cada uno de los componentes en las que cada cual mostró una selección de sus propios trabajos. El número 2 de la revista del museo, a modo de tabloide en blanco y negro, sirvió de catálogo de la exposición. Ambos fueron maquetados completamente por el grupo. El coordinador del diseño gráfico de este número especial fué Lorenzo Company. la publicación en formato tabloide recogía algunos textos firmados por La Nave. De todos ellos cabe destacar el texto "De como 11 son muchos, y para ser exactos 14" en el que se exponía la filosofía de trabajo del grupo, que hacía referencia a aspectos como el día a día del grupo, el local y su planteamiento flexible a la hora de abordar los proyectos. El texto define la mecánica del grupo y da muestra de su actitud abierta ante la consideración del diseño y su actitud ante él. Una posición poco dogmática pero exigente.

 

De hecho el texto publicado con motivo de esa exposición es un claro ejemplo y funcionó como manifiesto del grupo. Allí, con un inequívoco espíritu posmoderno decíamos: “Admiramos la precisión del políglota que conoce y mezcla distintos lenguajes para decir cosas nuevas o las de siempre de otra manera. Nos seduce más la ambigüedad inteligente que la fe ciega. No hacemos distinción entre styling o técnica, entre estética y función, entre moda o diseño, sólo entre buenos y malos resultados.” El contenido siguió siendo válido a lo largo de su existencia a juzgar por la utilización del mismo texto en publicaciones de años posteriores.

 

Álbum de fotos:

https://www.facebook.com/carlos.bentocompany/media_set?set=a.2214025601945931.1073742095.100000155376360&type=3

 

Fuente: Javier Gimeno Martínez: La nave un colectivo de diseño. Colección Itineraris. Institució Alfons el Magnánim.