18. ene., 2022

LUCÍA MOHOLY-NAGY

Lucía Schulz nace en Praga en 1894, en una familia acomodada, recibe una educación consecuente con su posición y crece en un mundo de ciertos privilegios para su género. A los 18 años se gradúa de maestra de inglés y filosofía y a continuación estudia filosofía e historia del arte en la Universidad de Praga. A los 21 años decide abandonar el núcleo familiar. Siendo este uno de los primeros pasos que la hace la mujer que trasciende en la historia. Este deseo de independencia, tanto familiar como económica, de tomar ella misma las riendas de su futuro, inscriben a Lucía Schulz plenamente dentro del concepto de la nueva mujer, fenómeno sociológico con el que se ha denominado a todo un grupo de mujeres, en su mayoría procedentes de una burguesía ilustrada, que tras la 1ra Guerra Mundial comienzan a cobrar presencia dentro del mundo laboral y artístico. 

 


Schulz se traslada a Alemania donde comienza a trabajar en una editorial. Durante estos años surgen en ella su interés por la fotografía y aunque intenta estudiar no logra su objetivo.
En 1920 se instala en Berlín, ese mismo año conoce a Lázló Moholy Nagy, un joven pintor húngaro recién emigrado y se casan el siguiente año. Para seguir rompiendo esquemas, la recién comenzada carrera del esposo no le permitía costear los gastos del matrimonio, por lo que el hogar de los Moholy se sostiene gracias a los ingresos de Lucía Schulz, lo que era atípico en su época. Su relación de pareja desborda el ámbito sentimental, ella le transmite y aporta a Moholy su intelecto y habilidades, siendo una activa colaboradora de los trabajos teóricos realizados por su esposo. Moholy Nagy también se introduce al mundo de la fotografía gracias a su esposa, juntos comienzan a desarrollar la teoría del fotograma. El texto Produktion-Reproduktion publicado en 1922 se le reconoce únicamente a Moholy, al igual que los fotogramas realizados durante los años en los que permanecieron en la Bauhaus.



Algunos años antes de que la pareja se conociera, en la República de Weimar, Walter Gropius estaba gestando un movimiento de vanguardia que daría nacimiento a la Staatliche Bauhaus, la escuela de arte más importante del siglo XX. La idea de la Bauhaus era fomentar las relaciones humanas entre maestros y alumnos en una nueva forma de educación en la que confluían los artistas con los artesanos, la funcionalidad con la estética, y todo aquello asequible a cualquiera que lo desease, inclusive las mujeres. Si bien la inclusión de las mujeres en la Escuela era inminente, la igualdad de la que se jactaban sus creadores y maestros no existía. Se abrieron puertas, pero algunas, como la de arquitectura, se mantuvieron cerradas hasta que las mujeres lograron traspasar barreras y se instalaron en la historia. Hoy a cien años de la creación de la Escuela de la Bauhaus, el papel de las mujeres es innegable.



En 1923 Walter Gropius llama a Lázló Moholy Nagy para que se haga cargo del taller de metal y junto a su esposa se mudan a Weimar. A pesar de que ella simplemente acompañaba a su marido, pone a disposición todo su conocimiento en fotografía y editorial. Finalmente sus deseos de estudiar fotografía se hacen realidad en la Bauhaus. Si bien Lucía Schulz logró a través de la escuela perfeccionarse, sin dudas hizo un aporte mayor que aún no se le reconoce como debiese. El mismo año que se mudaron a Weimar Gropius buscaba que la Escuela se financiara sin subsidios que recibía del Estado con la venta de patentes de los productos que se diseñaban en los talleres. Schulz comenzó a fotografiar los objetos con su propia impronta, despojándolos de subjetividades, consiguiendo que fuesen los indiscutidos protagonistas de las escenas, facilitando el objetivo de Gropius. Su trayectoria en diferentes editoriales también representa un gran aporte ya de los documentos que hacen que la Bauhaus se reconozca globalmente son editados principalmente por Lucía Schulz.



En 1926, época en la que la Escuela alcanza su mayor éxito, se traslada al famoso edificio de Dessau diseñado por Gropius, quien le encarga a Schulz las fotografías. Todas las imágenes que se imprimieron en los periódicos de la época son de ella, tanto de los edificios como de las viviendas de los maestros, interior y exteriormente. Lucía Schulz se convierte en la fotógrafa oficial de la destacada casa de estudios, documentando a su vez su vida a través de fotografías, su gente, sus maestros y sus obras. Realizó durante 5 años más de 500 tomas que nos enseñan la forma de pensar y vivir en la escuela.



Lucía Schulz es una de esas mujeres que sin querer ha escrito el avance del género en los ámbitos de la profesión plasmado en sus imágenes. Abriendo camino con su lente también se adentró en el mundo de la arquitectura, dando un pequeño gran paso hacia una profesión que hasta entonces era únicamente para hombres. Toma a la arquitectura como elemento de representación logrando ser parte de la historia de la vanguardia más trascendente del siglo XX. En 1928, por la presión del partido nacional socialista, Gropius abandona la dirección de la Bauhaus acompañado por Lucía Schulz y Moholy Nagy. Se instalan en Berlín y al poco tiempo la pareja se separa. Ella continúa trabajando para él pero comienza a independizarse y a ser reconocida.



En 1933, con la asunción de Hitler al poder del Reich alemán la situación se complejiza. Ante el inminente peligro Gropius y Moholy se exilian de Alemania. Un año después Lucía Schulz se instala en Londres donde logra influyentes contactos que la convierten en una importante retratista de la alta sociedad. Comienza a su vez a dar clases de fotografía en prestigiosas escuelas. En la 2da Guerra Mundial comienza a dedicarse a la microfilmación. En 1954 Lucía Schulz descubre que los negativos de sus emblemáticas fotografías, que entendía se habían quemado en un ataque en Berlín, estaban en manos de Gropius quien las había utilizado para promocionar la Bauhaus en Estados Unidos. Luego de 3 años de reclamaciones, logra recuperar sus negativos y el reconocimiento de la autoría de los mismos.



En 1959 se traslada a Suiza donde se dedica a la crítica artística y escribe libros sobre la época de la Bauhaus. Pocos años antes de su muerte, en 1985, se publica su primera monografía. Recién en 1995, con una exposición en su nombre “Lucía Moholy Bauhausfotografin” se reconoce oficialmente como miembro activo de la Bauhaus. Finalmente su lucha comienza a dar frutos y a ser reconocida tanto por los trabajos realizados con Moholy, como su aporte en la Bauhaus y su trabajo personal.



Lucía Schulz, sirve a la Bauhaus como parte de un engranaje fundamental del manifiesto mundial de la escuela, aunque su protagonismo haya sido disminuido. Todos los aficionados al arte tenemos guardados en la retina imágenes icónicas de edificios, mobiliario y personas de la escuela tomadas por ella, aunque pocas se le atribuyen a su autoría por mero desconocimiento. A diferencia de muchas mujeres su participación y trabajo es reconocido por los hombres que la rodean. Existen escritos que lo confirman como en el caso de un intercambio epistolar internacional de 1933 entre Walter Gropius y Josep Lluís Sert: Walter Gropius da a entender que considera a Lucia como una mujer singular, con independencia de que permaneciera o no casada con László Moholy-Nagy. 
A pesar de que la lucha por la igualdad de género recién ha comenzado a dar frutos en este siglo, y aunque queda mucho camino por recorrer, se confirma una vez más que, como Lucía Moholy Schulz, han existido a lo largo de la historia grandes mujeres que se han valido por sí mismas y tienen derecho, al igual que todas, a ser reconocidas por su propio nombre y trayectoria.

 

Álbum de fotos:

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Fuente: https://www.metalocus.es/es/noticias/lucia-schulz