27. abr., 2021

LUIGI SNOZZI

 

Considerado un neo-racionalista y conocido por su uso característico del hormigón visto, mostraba un profundo interés por el análisis histórico y morfológico del sitio, como factor determinante del proyecto. Interesado en el significado ético y político de la profesión, con motivo de la concesión del Gran Premio Suizo de Arte / Prix Meret Oppenheim en 2018, comentó: «Un arquitecto sobre todo debe tener conciencia [moral] para poder trabajar. Sin esto, un arquitecto es un desastre, un peligro para el público».

 

Luigi Snozzi, arquitecto suizo de culto, nació en Mendrisio en 1932. Se graduó en el Instituto Federal de Tecnología de Zurich en 1957, y empezó a trabajar en las oficinas de Peppo Brivio (1923-2016) y Rino Tami (1908-1994). En 1958 abrió su propia oficina en Lucerna. Entre 1962 y 1968 trabajó asociado con Livio Vacchini (1933.2007). También se dedicó durante muchos años a la docencia. 

 

Snozzi fue el primero de los arquitectos de la nueva escuela de Tesino. Desde la década de 1960 fue uno de los miembros destacados del grupo ticinés de arquitectos formado por su amigo Livio Vacchini, Bruno Reichlin, Fabio Reinhart y Mario Botta, quien llamó a Snozzi “un compañero de viaje en la aventura de la arquitectura”. El grupo promovió la arquitectura racional y estuvo vinculado a Aldo Rossi y al movimiento del norte de Italia: “La Tendenza”.


Entre 1962 y 1971 trabajó asociado con el arquitecto Livio Vacchini, con quien desarrolló el edificio de oficinas Miesian Fabrizia en Bellinzona (1964-65), o la Casa Snider en Verscio (1964-65). Fue profesor de arquitectura en la Escuela Politécnica Federal de Lausana y de la Facultad de Arquitectura de Alghero - Universidad de Sassari, de la que recibió un título honorífico en Arquitectura el 24 de julio de 2007.

 

Sus viviendas unifamiliares son bien conocidas, como la casa Snider en Verscio (1965-66), la casa Kalmann en Brione sopra Minusio (1974-76) y la casa Bianchetti en Locarno (1975-77). Son también de destacar la intervención en monumentos, como el Santuario de la Madonna del Sasso o el área monumental de Monte Carasso con la remodelación completa del antiguo convento. En 1993 ganaría los premios “Beton”, “Wakker” y “Príncipe de Gales” por el proyecto Monte Carasso.

 

En una entrevista que le hicieron Daniela Arango y Rodrigo Orjuela, de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad de los Andes, Snozzi habló de la arquitectura y el tiempo o, más bien, la lentitud: La arquitectura vuelve el tiempo más lento. Es decir, fundamentalmente se hace una operación de anti-eficiencia. La arquitectura hace más lento el paso. Antes de hacer un trayecto, de andar de un punto a otro, la arquitectura te genera sensaciones, te abre nuevas visiones, por lo que el hombre disminuye el paso. En frente a la gran arquitectura, el hombre disminuye el paso.

 

Cuando le preguntaron sobre su manera de abordar la enseñanza de la arquitectura, contó que lo primero que hacía en el salón de clase era pedirle a quienes recién comenzaban a estudiar que imaginaran encontrarse en un bosque frente a un árbol magnífico: ¿Qué harían? “Si su respuesta inicial frente a un árbol no es cortarlo, nunca serán arquitectos, porque su reacción inicial debe ser: «¡Ah, maravilloso árbol! Puedo hacer un hermoso piso, una hermosa mesa, una hermosa silla, y así sucesivamente, un hermoso techo. Esa debe ser su reacción inmediata. Pero entonces después puedes decidir: ¿quiero mantener ese árbol o no quiero conservarlo? Mi reacción personal siembre ha sido no cortar el árbol, pero mi reacción instintiva debe ser que soy un arquitecto, necesito cortar ese árbol y usarlo.”

 

Esta posición de Snozzi se relaciona con lo que en otra entrevista le respondió a Eugenio Lintas sobre lo que pensaba de la arquitectura sostenible y la ética: Hoy, en un mundo dirigido fuertemente al consumo, el término arquitectura sostenible se usa y abusa frecuentemente, y según mi punto de vista es sólo una moda. De hecho, sostengo que toda la arquitectura, desde sus orígenes, siembre ha sido sostenible. Por lo que concierne a la ética en la arquitectura respondo con un viejo aforismo mío: «Toda intervención presupone una destrucción. Destruye con sabiduría”. Todo arquitecto cuando construye no puede hacer otra cosa que destruir.

 

Por ejemplo, cuando un arquitecto construye una casa en un prado, el primer acto que hace es destruir los primeros 30 o 40 centímetros de tierra, el humus, para plantar la cimentación. Esa porción de tierra es la más fecunda de la costra terrestre, de ahí colecta el hombre gran parte de sus alimentos. El problema no está en el hecho de su destrucción, sino en el hecho de tomar consciencia de ese acto: ahí está el problema ético. Entonces, si un arquitecto no puede compensar el bien destruido con un bien igualmente importante, como la arquitectura, es mejor que deje el lápiz. La ética, por tanto, interviene en cada decisión de proyecto, ya que en todo proyecto el arquitecto se ve obligado a relacionarse con el lugar de intervención, ya sea ciudad, campo o naturaleza.

 

La mañana del martes 29 de diciembre de 2020, Luigi Snozzi murió a los 88 años, en una residencia para ancianos de la comuna de Minusio, Suiza, a causa de Covid-19. Una figura más que no tenemos que olvidar y recuperar por su relevancia, influencia en la arquitectura de finales del siglo XX, asi como los valores de su obra construida.

 

Álbum de fotos:

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Fuentes: https://www.metalocus.es/es/noticias/adios-al-arquitecto-luigi-snozzi

https://www.arquine.com/luigi-snozzi-1932-2020/