7. mar., 2021

GERMÁN RODRÍGUEZ ARIAS

Germán Rodríguez Arias (1939-1957) fue un arquitecto español nacido en 1902 en Barcelona. Se tituló en la Escuela de Barcelona en 1926, y desde el año siguiente comenzó a practicar una arquitectura declaradamente vanguardista. Socio fundador del GATCPAC y miembro activo, es autor de dos de las obras más relevantes de la vanguardia arquitectónica catalana del momento de efervescencia política, social y cultural previo a la guerra: los edificios de viviendas en la Vía Augusta (1931) y los de la calle París (1931 hasta 1934).


Seducido desde su primera visita en 1929 por la belleza intemporal del paisaje ibicenco, Rodríguez Arias utilizó las fotografías de las iglesias de Ibiza y Formentera que tomó, tanto para ilustrar los artículos de A. C. como para acompañarlo en el exilio, y las guardó hasta sus últimos días. Es a través de estas imágenes que reflejan la mirada moderna sobre un paraíso cercano, que la cultura mediterránea traducida de diversas formas para arquitectos como Sert, Torres Clavé, Antonio Bonet o el propio Rodríguez Arias logra uno de los discursos más poderosos de la arquitectura moderna catalana. La casa que construyó en Ibiza en 1935 o la que diseñó para él mismo en la isla a la vuelta del exilio son modelos ejemplares.


Cuando estalló la guerra, Rodríguez Arias formó parte del grupo impulsor del Sindicato de Arquitectos de Cataluña. En 1938, fue nombrado oficial del ejército y tuvo la misión de destruir los puentes para frenar el avance del ejército franquista. En julio de 1940 la dictadura del general Franco publicaba una ficha a través del COAC con una lista de los nombres de los colegiados "susceptibles de ser sancionados por responsabilidades durante la guerra". Entre ellos, encontramos a Germán Rodríguez Arias en el número cincuenta y uno: "Rodriguez Arias, German - Antecedentes izquierdistas - Huida al extranjero - Pertenencia al GATPAC [sic] ". Y dos años después, el Boletín Oficial del Estado le depuraba junto a muchos amigos y colegas a través de la "Orden de 9 de julio de 1942, por la que se imponen las sanciones que se indican a los arquitectos que se mencionan: A los arquitectos ... Germán Rodríguez Arias, suspensión total en el Ejercicio público y privado de la profesión en todo el territorio Nacional, posesiones y Protectorado ".


Después de estar en un campo de refugiados francés, Rodríguez Arias consiguió subir a bordo de un barco, indeterminado hasta ahora -no el Formosa como se pensaba-, camino hacia Chile, donde Rodríguez Arias llegó justamente el día 25 de diciembre de 1939, día de Navidad, sólo con una tetera y las estimadas fotografías ibicencas. En Santiago de Chile enseguida estableció contactos con la comunidad catalana: el grupo de Sabadell -los escritores Joan Oliver y Francisco Trabal-, Cristian Aguadé y Roser Bru, o Xavier Benguerel. Sin demostrar un bagaje bastante importante y destacado de obra construida en Barcelona, ​​vio con perplejidad que no podía revalidar el título de arquitecto en Chile, lo que le impidió desarrollar la profesión de forma independiente, y se vio forzado a presentar los planos "oficiales" con la firma de arquitectos locales. Se asoció y compartió estudio con Fernando Etcheverría Barrio, arquitecto madrileño también exiliado, una figura antagónica a él en todos los sentidos pero alianza estratégica, al fin y al cabo, para recoger los encargos provenientes de la comunidad española refugiada.


La producción de Rodríguez Arias en Chile está constituida mayoritariamente por casas que presentan un lenguaje en las antípodas de la primera arquitectura moderna desarrollada en Barcelona. Se trata, casi en todos los casos, de un estilo con vagas referencias vernáculas o neocoloniales descafeinadas que hacen difícil averiguar la distinción de la autoría, bien del arquitecto catalán, bien del madrileño. Dejando de lado la colaboración en los diseños de las casas para Neruda, los proyectos de Rodríguez Arias más exitosos son los encargos que realizó en solitario. Del máximo interés resulta el edificio de los Laboratorios Benguerel (1950), con una fachada compuesta por una gran apertura resuelta a base de una celosía de lamas o brisoleils; también merecen atención ciertos diseños de refugios de montaña en Farellones (1950-1954), o el Gran Teatro Central de Chillán (1945).


El talento de Rodríguez Arias sobresalió en el diseño de mobiliario, síntesis de inspiración popular -destilado de las lecciones del arte y la arquitectura ibicenca- y gusto moderno. Desde 1942 trabajó con Cristian Aguadé y Claudio Tarragó en la fundación de Muebles Sur, empresa que se consolidó pronto en torno a los diseños del arquitecto y que consiguió un éxito que continua aún hoy, gracias a la brillante gestión de Aguadé y que se considera el principal legado que el arquitecto dejó en Chile.


Durante el exilio, el arquitecto no se relacionó con sus colegas chilenos que podían mantener posturas o intenciones similares, arquitectos introductores de la modernidad arquitectónica en Chile como por ejemplo Sergio Larraín, Juan Martínez, Jorge Aguirre Silva, Enrique Gebhard , Juan Borchers o Emilio Duhart. Tal actitud seguramente nos habla de la posición de Rodríguez Arias hacia el exilio como el de una estación de paso, una experiencia efímera con un principio y un final claros, a la espera de poder volver a casa lo antes posible.


En la actualidad Rodríguez Arias es un arquitecto desconocido en Chile y yo diría que destinado al olvido si no se realizan acciones inmediatas. La sensibilidad para la protección del patrimonio en este país es incipiente y ha conducido, como todo, a la destrucción sistemática de obras valiosas en pro, como siempre, de la especulación del suelo. De los 54 expedientes chilenos que se conservan en el archivo del arquitecto -exceptuando los 5 relativos a Neruda-, 13 quedaron en proyecto. De las 36 obras ejecutadas, pues, 10 han desaparecido o son irreconocibles. En resumen: se conserva poco más de la tercera parte de su trabajo, pero hay que subrayar que esta es de interés para la historia de la arquitectura. El análisis crítico, que aquí no tenemos espacio para exponer, lo justifica al menos para el Teatro Central de Chillán (1945) -única obra fuera del área de Santiago de Chile-, la casa para Francisco Zabala (1946) -conservada milagrosamente por un propietario sensible entre altas torres de viviendas-, los Laboratorios Benguerel (1950), el refugio para Pere Pruna en Farellones (1954) y, de manera especial, los diseños de mobiliario para muebles Sur que, confiamos , se seguirán fabricante y perpetuarán entras los chilenos, lo sepan o no, su memoria.

 

En 1957 regresa a su país natal y se instala en Portinatx (Ibiza), donde se reencuentra con Sert, Prats e Illescas. En Ibiza compaginará el cargo de arquitecto municipal con la actividad privada, proyectando principalmente hoteles, urbanizaciones y viviendas unifamiliares. De esta etapa, es de destacar su propia casa (1964-1965), y las casas que realizó en la urbanización de Punta Martinet (1966-1971). Pasará los últimos años de su vida en la isla balear hasta su muerte en 1987.

 

Álbum de fotos:  ​

https://www.facebook.com/media/set/?set=a.4523895257625609&type=3

 

Fuente:  David Caralt  http://www.revistadiagonal.com/articles/analisi-critica/una-arquitectura-de-l%e2%80%99exili-german-rodriguez-arias-a-xile-1939-1957/