28. nov., 2019

LAS MARIONETAS DE PAUL KLEE

 

En los primeros años del siglo XX una parte de las vanguardias artísticas promovió el acercamiento de la estética al mundo de los niños. Querían contribuir a un cambio social a través de la educación de las nuevas generaciones, y este  motivo llevó a muchos artistas a diseñar para niños, a ilustrar libros infantiles y a fabricar juguetes, mientras que otros lo hicieron solamente para complacer a sus hijos o por el placer que les proporcionaba dedicarse a esta actividad; uno de estos artistas fue el pintor suizo Paul Klee.

 

Con el deseo de satisfacer a su hijo Félix, realizó un total de cincuenta títeres y varios decorados de fondo para los pequeños teatros. Pasó de  utilizar primero la escayola a emplear gran variedad de materiales de poco valor que encontraba a su alrededor, y que le permitían dotar a su obra de gran plasticidad: huesos, cepillos, cáscaras de nuez, cartón piedra, cajas de cerillas o enchufes viejos, pintando las cabezas con colores delicados o sombríos, según el carácter del personaje y confeccionando las ropas con una vieja máquina de coser.  

 

Eran títeres muy sencillos, lejos del acabado perfecto, nada sofisticados y con expresiones esenciales, creados para poder ser manipulados por las manos infantiles de su hijo y en ningún caso se trató de trabajos profesionales de un artista. Resolvía las cabezas con elementos geométricos simples, pudiendo componer perfectamente y sólo con cuatro rectángulos un rostro con boca abierta que miraba con ojos enormes. Un sombrero podía ser una pequeña forma redondeada y un simple trozo de tela sin costuras servía de vestido mientras que unos rectángulos alargados sugerían los brazos.

 

Las piezas se realizaron en tres diferentes etapas. Las primeras están fechadas entre 1916 y 1918. A partir de su noveno cumpleaños, Félix comenzaría a recibir por esa fecha o por  Navidad nuevos “personajes” cada vez más insólitos y fantásticos: ‘Kasperl’, su esposa ‘Greti’, su amigo ‘Sepperl’, el ‘Sr. Muerte’, el ‘Policía’, a los que siguieron un ‘Cocodrilo’ capaz de tragarse realmente a los personajes malos mientras que vomitaba a los buenos, la ‘Señora Muerte’ o la ‘Abuela del Diablo’. Las figuras  se inspiraban en patrones clásicos del teatro de marionetas o surgían de la imaginación del artista y de este primer grupo sólo  sobrevivió el ‘Sr. Muerte’ ya que el resto fue destruido en 1945 en el incendio de la casa familiar durante un bombardeo aliado.

 

En 1919,  tras dos años en la Primera Guerra Mundial como soldado, el niño recibió de su padre un segundo grupo de títeres. Las figuras se habían transformado radicalmente: inventó a la ‘Campesina Rusa’, al ‘Sr. Drappe’, al ‘Poeta con Corona’ y al ‘Barbudo Francés’, que tenía su ropa manchada con pintura roja simulando sangre, -seguramente como una alusión política en el contexto de la guerra que estaban sufriendo-. Era un momento de efervescencia en la vida creativa del artista, y en su diseño jugó con diferentes estilos de la época; del contacto con los dadaístas, en particular con Jollos, Tristan Tzara y Haller, probablemente venga el aire tan imperfecto de los muñecos.  De conocer  las marionetas realizadas por Sophie Taeuber-Arp para la obra “Il Re Cervo» surgiría la llamada ‘White-Haidded Eskimo‘ (Esquimal de pelo blanco). En ocasiones, algunos de los elementos empleados servían para dar nombre al títere: el ‘Espíritu del Enchufe’ , el ‘Espíritu de la Caja de Cerillas’ y otras veces surgía como reflejo de tópicos relativos a políticos o a la sociedad de la época, como el ‘Deutschnationaler’, aludiendo al rápido incremento en el uso de la electricidad. No faltaban personajes divertidos -como el ‘Bandido’ o el ‘Barbero de Bagdad’- o aterradores -como el ‘Sr. Muerte’ y el ‘Demonio del Guante’.

 

Desde que en 1921 Paul Klee entró en la Bauhaus de Weimar para enseñar Pintura y Teoría de la Forma y hasta 1925 época en la que escribió lo fundamental de su teoría del arte, fabricaría la tercera y última partida de títeres. Son estos los más provocativos y complejos y es evidente la influencia del entorno académico y  visibles los parecidos con miembros de la Bahuaus, profesores y alumnos. En el ‘Payaso Orejas Grandes’ hay referencias al constructivismo y alusiones a las obras y máscaras de teatro de Oskar Schemmer. En el ‘Espectro Mágico’ se reconoce el impacto de las técnicas de “assamblage” dadaísta. Otras figuras son menos experimentales, el ’Big-Eared Clown’ o recuerdan la influencia del viejo teatro Kasperl, reinventando al ‘Barbero de Bagdad’ o al ‘Sultán’ y enriqueciéndolos con elementos de la ópera y la literatura.

 

De las cincuenta marionetas realizadas solamente se conservan hoy día treinta, en el Zentrum Paul Klee de Berna, ya que el resto desapareció a causa de los traslados de la familia y las consecuencias de la Guerra Mundial.  Todas ellas combinaron un agudo sentido del humor con lo grotesco, la sátira o la fantasía y constituyeron una importante vía para expresar las impresiones del artista acerca de las diferentes situaciones que se presentan en la vida humana. Los títeres permitían dotar a su obra de cierto distanciamiento y sentido del humor con respecto a la complejidad humana, e impresionaron, conmovieron y emocionaron por la inocencia de su realización y por la intuición de un artista que en la edad adulta se acercó a lo infantil atravesando ese mundo mágico, a veces alegre y a veces cruel, sin someterlo a un proceso de transformación, sin basarse en la idea de  lo que el adulto piensa que es el mundo de los pequeños.

 

No es fácil establecer conexiones entre los títeres de Klee y el resto de su obra, y más cuando esa obra estaba cerca de la abstracción, ni saber que ocurría en su cabeza cuando elaboraba determinado rectángulo, tonalidad o figura simbólica, pero el teatro de marionetas fue un modelo rico en sugerencias para la obra del artista, pues además de la confección de los títeres llevó a cabo diversas obras sobre esta idea y aumentó sus posibilidades de crear un mundo nuevo y hacer visible una nueva forma de entenderlo, interesándose por la luz, el movimiento, la relación con los colores y la música e incorporando un sentido primitivo a los personajes. 

 

Klee se negó a dar una dimensión pública a esos muñecos que pertenecían a la intimidad de padre e hijo, rechazando  una primera exposición en 1918 en el Kunsthalle Mannheimk, basándose en que eran figuras especiales de las que manaban mucha expresividad y personalidad y que se habían concebido para su uso doméstico. En 1921 sí autorizó una breve exhibición dentro del Museo de Artes y Artesanías de Frankfurt junto a otros títeres y marionetas, quizá influido por los aires de libertad en las artes aplicadas que se respiraba en la Bauhaus pero nunca exhibió los títeres junto con sus obras “serias” dejando bien claro este deseo en la catalogación de su obra que él mismo llevó a cabo. 

 

Álbum de fotos:

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Fuente:  ROMÁN GIL, DORA: «Las marionetas de Paul Klee». Publicado el 18 de abril de 2017 en Mito | Revista Cultural, nº.42 – URL: http://revistamito.com/las-marionetas-paul-klee/