1. jul., 2019

FLORENCE KNOLL

 

Durante más de 20 años, Florence Knoll Basset (1917, Saginaw, Michigan), la arquitecta más influyente en el desarrollo del diseño de interiores de la segunda mitad del siglo XX, se negó a ser entrevistada por las revistas más prestigiosas del mundo. Dijo "no" a VanityFair a pesar de que le ofreció ser retratada por Annie Leibovitz. Dio portazo a House & Garden cuando la tentó con un posado para Tom Ford. Y así una tras otra. Excepto en una ocasión, con Paul Makovsky, antiguo editor de la revista Metropolis y la única persona que consiguió arrancarle una entrevista, publicada en 2001.

 

Florence Marguerite Schust nació en 1917 en Michigan. A los 12 años quedó huérfana, al cuidado de una amiga de su madre. A los 15, pudo elegir a qué internado entrar y escogió KingswoodSchool, la escuela para niñas en Cranbrook, cuyos edificios habían sido diseñados por Eliel Saarinen. Shu, como le llamaban cariñosamente, estableció una relación cercana con la familia Saarinen, en especial con Loja, la esposa de Eliel y quien llevaba el taller de textiles en la escuela, acompañándolos en sus viajes en verano a Finlandia. Tras graduarse, en 1934, pasó un tiempo más en Cranbrook, además de estudiar brevemente en el programa de Planeación Urbana de la Escuela de Arquitectura en la Universidad de Columbia. En 1938, viajó de nuevo con los Saarinen a Finlandia. Un día Alvar Aalto visitó a los Saarinen y contó que venía de estar en una gran escuela en Londres, la ArchitecturalAssociation. Shu se inscribió en la AA pero al estallar la Segunda Guerra debió regresar a los Estados Unidos, donde entró como aprendiz en la oficina que tenían juntos Gropius y Breuer. Este le recomendó que terminara sus estudios de arquitectura en el Instituto de Tecnología de Illinois, donde Mies van der Rohe era el director.

 

Tras graduarse del IIT en 1941, viajó a Nueva York y entró a trabajar como arquitecta en la oficina de Wallace K. Harrison, arquitecto formado en la escuela de Bellas Artes y que era muy cercano a Nelson Rockefeller.  Ahí estuvo a cargo del diseño de interiores y conoció a un fabricante de muebles nacido en Alemania en 1914 y que había llegado a Estados Unidos en 1937: Hans Knoll. Florence tenía 24 años en 1941 cuando entró a trabajar en la empresa de muebles del empresario alemán Hans G. Knoll, con quien se casaría cinco años después. "Antes de contraer matrimonio cambiaron el nombre de Hans Knoll a Knoll Associates", recalca Makosvsky para quitar la razón a aquellos que aseguran que lo tuvo todo hecho gracias a su matrimonio.Su llegada a la compañía fue crucial para convertirla en la firma de diseño más grande y prestigiosa de la postguerra de Estados Unidos, con más de 35 tiendas en todo el mundo. Pero la gran revolución de Florence Knoll se cocinó en el departamento de diseño de la firma. El mítico Knoll PlanningUnit, fundado y dirigido por ella desde 1945 hasta 1965.Lo convirtió en el mayor laboratorio del movimiento moderno de la época. "Fue la gran colaboradora de arquitectos, diseñadores y escultores", destaca su biógrafo. Allí puso a diseñar mobiliario a arquitectos como Eero Saarinen, Marcel Breuer y Ludwig Mies van der Rohe, o a escultores como Harry Bertoia o Isamu Noguchi, entre otros muchos. Logró juntarlos a todos con tan solo 32 años.

 

"Florence abrazó las ideas más radicales de la época, pero en realidad era una pragmática", explica Paul Makovsky. Este experimento dio lugar a un catálogo comercial repleto de piezas icónicas como la silla Womb (1948) y la mesa de comedor Oval Tulio (1957), de Saarinen, la silla Diamond (1955) de Bertoia, la mesa Cyclone (1957) de Noguchi o la silla Straight (1946) de George Nakashima.Cerca de 40 modelos de Knoll forman parte de la colección permanente del MoMA (Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York). Entre ellos, se encuentran algunas de las 150 piezas que diseñó ella misma, guiada siempre bajo la filosofía de la Bauhaus de que los muebles deben completar el espacio no competir con él.Esta reunión de talento sin precedentes fue posible gracias a la exquisita educación que recibió, a pesar de quedarse huérfana con 12 años. Por suerte y casualidad, su tutor la inscribió en un internado perteneciente a la CranbrookAcademyof Art (Michigan), presidida entonces por el arquitecto finés Eliel Saarinen, quien al notar su interés por la arquitectura, se convirtió en su principal mentor y en una especie de padre adoptivo.

 

Allí compartió aula con su hijo Eero Saarinen, con Bertoia y con la pareja de diseñadores Charles y Ray Eames. Con 18 años, conoció a Walter Gropius en la Universidad de Columbia, institución que abandonó por ser "poco moderna", cuenta Makovsky.De ahí saltó a Europa. En Londres, entró en la ArchitecturalAssociationSchool siguiendo la sugerencia de Alvar Aalto, donde fue una de las cuatro mujeres entre un total de 29 estudiantes. Al volver a EE.UU., por el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, acabó su formación con Mies van der Rohe en el Illinois InstituteofTechnology de Chicago. Según confesó ella misma, lo aprendió todo del padre del movimiento moderno alemán.Así que al llegar a Knoll, lo primero que hizo fue convencerle para que le cediera los derechos de producción de las míticas sillas Barcelona (1929) y de la silla Brno (1930). Otra de las piezas que consiguió en esta primera etapa fue el sillón 402 de Aalto (1933).

 

Florence Knoll reivindicaba siempre su figura de arquitecta porque su dedicación al diseño de interiores fue producto de un mundo dominado por hombres. "Como era una mujer, me dieron los interiores”, explicaba Knoll sin rencor, al recordar su primer trabajo en el estudio de Walter Gropius y Marcel Breuer en Boston.En las fotografías de la época, aparece siempre al frente de reuniones formadas solo por hombres. "Vendía muebles modernos a los señores más conservadores del país", comenta Makovsky. Una de sus armas fue el mítico showroom del 575 de la Avenida Madison, inaugurado en 1950, donde los ejecutivos de Midtown (Manhattan, Nueva York) podían ver cada día sus espacios total look.Así educó la vista y el gusto del público más selecto. Y provocó la segunda revolución de su carrera: cambiar para siempre el aspecto de las oficinas de Estados Unidos introduciendo nociones modernas de eficiencia, planificación de espacio y diseño integral de los interiores.Entre sus espacios más conocidos, están las oficinas de la sede de la CBS, en el rascacielos de la Sexta Avenida diseñado por Saarinen conocido como la Roca Negra, la sede de General Motors en Michigan, las oficinas de IBM en Rochester y la central de Heinz en Pittsburgh.

 

En 1955, Hans Knoll murió en un accidente de coche y ella se convirtió en la presidenta de la compañía. Dos años después, aceptó el proyecto de diseñar las oficinas del FirstNational Bank en Miami y allí conoció a su segundo marido, entonces presidente de la entidad financiera, fallecido en 1991.Con su legado ya escrito, Florence Knoll se retiró en 1965 con 48 años. Ya se había convertido en la primera mujer en recibir la Medalla de Oro de Diseño Industrial del Instituto Americano de Arquitectos y en aparecer en las páginas de business de The New York Times. En 2003, el presidente George W. Bush le otorgó el mayor reconocimiento del país a la excelencia artística, la Medalla Nacional de las Artes.

 

Desde su casa de Florida, Knoll siguió diseñando por su cuenta. Según revelan sus agendas personales, en casi todas las ciudades del mundo hay escondido un espacio suyo. Menos Karachi (Paquistán). El barco que transportaba los muebles para uno de sus ilustres clientes se hundió antes de llegar a su destino. En algún lugar del Océano Índico, duerme sumergido un total look de Knoll. Florence Knoll murió el 25 de enero de 2019 en su residencia de Coral Gables (Florida). Tenía 101 años. Desde hacía décadas se presentaba como Florence Hood Basset, el apellido de su segundo marido, el banquero Harry Hood, con quien se casó en 1958. No quería llamar la atención sobre su persona ni darse importancia, cuenta su biógrafo, por eso procuraba que no la relacionaran con Knoll Associates.

 

Àlbum de fotos:

https://www.facebook.com/carlos.bentocompany/media_set?set=a.2886529571362194&type=3

 

Fuente:  https://elpais.com/elpais/2019/04/18/icon_design/