28. mar., 2019

AYER Y HOY DE VILLA SABOYA

 

La historia de la villa comienza en 1928, cuando Pierre Savoye, director de una compañía de seguros, y su mujer Eugènie encargan a Le Corbusier una casa donde poder disfrutar los fines de semana lejos del ajetreo de la ciudad, en un amplio terreno a 30 km de París. Con la villa recién construida en 1931, Le Corbusier describe la casa recorriéndola, plasmando esa preferencia por la arquitectura árabe en cuanto a que se aprecia en movimiento .

 

 “La casa es una caja en el aire (...) debajo de la caja, pasando a través de los pilotes llega un camino de coches (...) del interior del vestíbulo arranca una rampa suave, que conduce casi sin darse cuenta, al primer piso, en donde transcurre la vida del habitante (...)” ... De esta descripción se obtienen dos claves de la villa original: la caja y el recorrido.

 

“Arriba en el lado norte de este cuadrado, se perciben cuerpos cilíndricos, paredes con curvas libres...Estas partes superiores son de colores muy claros: azul, rosa y amarillo”. En este texto escrito por Julius Posener tras una visita a la villa en los años 30, se encuentra otro aspecto esencial de la villa original; los colores de la envolvente.

 

La vivienda es utilizada hasta 1938 en que los Sres. Savoye abandonan Paris. Se inicia entonces un  un periodo muy largo de degradación cuyo comienzo está marcado por la Segunda Guerra Mundial. En este momento la villa pierde su función como vivienda que ya nunca será recuperada. Durante la guerra fue ocupada por las tropas alemanas aprovechando su posición estratégica como punto de observación aéreo. Cuando finalizó la guerra la villa fue alquilada como casa de labranza para la explotación agrícola de los campos circundantes y en los últimos años de este periodo llegó a utilizarse como club de jóvenes antes de su clasificación como Monumento Histórico en el año 1962.

 

A finales de los años 50, Poissy se convierte en una ciudad industrial motorizada por la industria del automóvil, con el consiguiente aumento demográfico. Esto significa que el vasto terreno que ocupa la parcela de la villa se convierte en un punto de mira para el Ayuntamiento de Poissy, que busca terreno donde construir los nuevos equipamientos. Tras un periodo de litigios entre los Savoye, el Ayuntamiento, Le Corbusier y grandes personalidades de la arquitectura, se expropian 6 hectáreas salvándose solo 1 hectárea en la que se encuentra la villa y la casa del jardinero. El resultado de este acontecimiento es la pérdida del entorno original de la villa, que a partir de este momento tendrá un liceo como vecino en lugar de amplias praderas y bosque.

 

En los años 60 ante el deterioro de la villa, Le Corbusier insiste en la intervención inmediata para proteger a la villa de un empeoramiento material. Propone un nuevo uso como Museo Corbu, precisamente para protegerla y conservarla. Aunque este proyecto nunca se realizó por motivos burocráticos y económicos, es de gran interés porque supone conocer lo que Le Corbusier hubiera hecho sobre su propia obra. Josep Quetglas dedica un capítulo en “Les Heures Claires” a este proyecto, en el que describe de forma detallada los cambios propuestos por Le Corbusier. Quizás el mas relevante es la nueva puerta de acceso pivotante y esmaltada que hubiera supuesto un gran resalte en fachada, adecuado para el nuevo programa de museo. Además, asumiendo que iban a construir un liceo a pocos metros de la villa, propone que los visitantes accedan a pie y en sentido contrario al original para dejar así el liceo a la espalda y tener como fondo de perspectiva la villa. Propone una nueva paleta de colores para el interior,  la sustitución de las carpinterías por otras metálicas más sencillas y la eliminación del mobiliario. En definitiva, Le Corbusier introduce cambios en la villa que la actualizan y adaptan a las nuevas circunstancias, aunque conservando siempre la esencia del edificio. Le Corbusier muere en 1965 sin ver siquiera el comienzo de la primera restauración.

 

El arquitecto encargado de la primera intervención en la villa es Jean Dubuisson, arquitecto jefe de Edificios Civiles y Palacios Nacionales en Francia. Aunque fue designado para la realización de este trabajo en 1963, el dossier con los trabajos pertinentes no se entregan hasta 1965, ejecutándose la obra entre 1965 y 1967. El resultado de la intervención es una villa con aspecto de nueva, en la que destacan dos elementos: el color blanco del solárium y la caja, y el color rojo de la puerta de acceso. Este último quizás represente la intención de hacer un guiño al proyecto de Museo Corbu, en que Le Corbusier resaltaba la puerta de acceso haciéndola pivotante y esmaltada.  Se picó completamente el enlucido del solarium, se pintó de blanco el exterior y con tonos similares a la Fundación Le Corbusier  el interior. Se incorporaron nuevas carpinterías metálicas. Se repararon puertas y armarios de madera. Se cambiaron las instalaciones de agua y calefacción y se renovó la impermeabilización.

 

La falta de mantenimiento hizo necesaria una segunda intervención global. Algunos autores como T. Prudon afirman que ya desde 1977 se habían realizado algunos trabajos de mantenimiento, pero no es hasta 1983 cuando se plantea un trabajo de restauración global. En este caso, también el Arquitecto de Edificios Civiles y Palacios Nacionales del momento se encargó de la intervención. Los objetivos eran dos: recuperar el esquema de color de la villa y resolver los problemas de impermeabilización. Para recuperar los colores se recurre a los tonos de la Fundación Le Corbusier sin reproducir los originales perdidos. En el comienzo de este periodo el solárium se pinta de tonos similares a los que describía Posener, aunque se acaba pintando de blanco. El mismo criterio se aplica a otros elementos desaparecidos como las luminarias; se escogen otras nuevas y distintas a las originales y se colocan en la misma posición que ocupaban en 1930. En líneas generales, el resultado de esta actuación es la recuperación de la esencia de la villa; sus recorridos, transparencias y opacidades, sin hacer réplica de lo que falta. “Así, la Villa Savoye se ha convertido en un cuidado monumento histórico, inhabitado y por lo tanto no amueblado. Por tanto, está bien protegido y accesible a los visitantes” . Estas palabras de Alfred Roth publicadas en 1987, es una de las primeras impresiones de la villa recién abierta al público, en la que se intuye el olor a nuevo que debía tener la villa en ese momento. En 1993, la villa es asignada a la Dirección de Patrimonio y queda abierta al público en su totalidad.

 

A finales de los 90 se propone una nueva intervención global con el objetivo de recuperar la atmósfera original de la villa y actualizarla en su uso como museo. Bruno Chauffert-Yvart y Laurence Razy son los encargados de esta actuación. Para recuperar la atmósfera se recuperan los colores originales por medio de distintos estudios y catas con un criterio: solo se reproducen los colores de los que se tiene constancia, el resto se queda en blanco. Además, se reproducen los elementos originales perdidos en la etapa de degradación, como lámparas o interruptores, imitando los originales. Para adaptarla a su uso como museo, se sacrificaron algunas estancias quedando cerradas al público para uso de oficina o almacén. Se instalan también dispositivos de seguridad.

 

En el origen, la villa y la casa del jardinero estaban solas, sin edificaciones alrededor, una cerca limitaba las 7 hectáreas de parcela. Ahora una valla y unos metros de cerca en el lado sureste limitan la propiedad de 1 hectárea. Así mismo cambia la extensión de prado y bosque y con ello las vistas desde la villa. En el origen, estaba colocada dominando todo el terreno en todo su perímetro y hasta un horizonte lejano, libre de obstáculos. Actualmente ese radio se ha reducido de forma considerable, por lo que las vistas tienen un horizonte más cercano que puntualmente deja pasar el cordón de árboles llegando a ver el edificio vecino.

 

Aunque el contexto quedó definitivamente modificado con la expropiación del terreno, con la segunda intervención se consigue recuperar en cierto modo la sensación original de estar en un gran prado limitado por un bosque, mediante mecanismos de replantación de árboles a modo pantalla. De este modo, en cota 0 parece que la villa está implantada en un frondoso jardín sin rastro de edificios vecinos. Por otra parte, el original acceso para los coches en forma de horquilla, se perdió como tal al perderse la función de vivienda. En la última intervención este camino de grava se ha recuperado, replantando incluso el tipo de jardinería que le acompañaba en el origen, y aunque su uso ya no es rodado, el visitante actual puede hacer el recorrido original a pie.

 

Desde el punto de vista material, el interior de la villa ha evolucionado de forma similar al entorno; poco a poco se han borrado las huellas del tiempo. Durante la segunda intervención de principios de los 90 se actuó en la villa sin recurrir a la restauración en estilo; se utilizaron nuevos elementos para sustituir lo que se había perdido. Por ejemplo, en la sala, las paredes inicialmente rosa se pintan de color azul, la chimenea originalmente blanca se pinta de color terracota, se sustituyen las luminarias downlight de la entrada por uplight, etc.  Sin embargo, en la última intervención global hay un cambio de criterio; las paredes se han repintado con los tonos originales, las lámparas perdidas se han reproducido, etc. Se recurre, otra vez, a la restauración en estilo iniciada en el s.XIX con Violet-le-Duc, devolviendo la villa a lo que debió de ser.

 

Hoy pocos materiales originales quedan. La villa ya no es una vivienda habitada, sino una vivienda-museo, inhabitada desnuda y abierta al público. A los problemas propios del abandono se suman las patologías originales de la obra. Le Corbusier investigó y experimentó en su obra. Esto explica la existencia de algunas “irregularidades” como goteras y otros problemas de humedad que tardaron en resolverse, haciéndose precisa la sustitución de algunos materiales originales y prácticamente todas sus instalaciones. Además, las soluciones perecederas propias de la industrialización duran una serie de años, no una eternidad. A pesar de esta realidad, la Villa Savoye permanece hoy como modelo de una Nueva Arquitectura, como hito del Estilo Internacional.

 

Álbum de Fotos: 

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Fuente: La Villa Savoye. Permanencias y transformaciones  T. Carrau Carbonell ocs.editorial.upv.es/index.php/LC2015/LC2015/paper/viewFile/523/1225