20. ene., 2019

SIETE CASAS CON NOMBRE DE MUJER

De la mítica residencia de Ray y Charles Eames, en California, al famoso estudio de Alvar Aalto en Helsinki, del que fue coautora su mujer Aino Marsio

Hubo un tiempo en que la ortodoxia patriarcal lo tenía muy claro: las mujeres eran perfectas amas de casa, pero nunca las amas de sus casas. Seres encargados de velar por el sagrado hogar que los hombres, constructores, diseñaban generosamente para su comodidad. Y salvo escasas excepciones, así fue hasta bien entrado el siglo XIX, cuando en los países escandinavos las primeras arquitectas oficiales de la historia pasaron de tuteladas a tituladas. Desde entonces, y durante todo el siglo XX, por todo el mundo, muchas arquitectas le han dado varias vueltas de tuerca a la ñoña asociación de lo femenino y lo hogareño: no solo poseyendo casas o proyectándolas para otros, sino construyéndose las suyas, según sus ambiciones y necesidades. Algunas son ya míticas, pero la firma femenina de otras aún tiene que recordarse. Y quedan todavía muchas escondidas. De Brasil a Finlandia y de California a Londres, merece la pena viajar para visitar estas residencias y ver las muchas formas en que una arquitecta mide su talento haciéndose un lugar a su medida.

 

01 Casa Eames (Los Ángeles)

Los Eames son la pareja más paradigmática y reconocible de la arquitectura del siglo XX (y eso que los arquitectos suelen ir a pares). Ray y Charles diseñaron esta mítica casa-caso de estudio nº 8 en 1945, en Los Ángeles (EE UU), y vivieron y trabajaron en ella desde su construcción, en 1949, hasta su muerte (Charles muere en 1978 y Ray en 1988). Es una residencia vívida, luminosa, hospitalaria. El matrimonio la describió como una casa “espontánea”. Todo parece encontrar su sitio y su forma con naturalidad y desenvoltura: los altos techos y ventanales, el mobiliario y el jardín desahogado con el Pacífico a sus pies. Cada pequeño objeto son variaciones por la vía del ejemplo de esa relación entre el buen anfitrión y su huésped a la que, según ellos, debía aspirar todo arquitecto. Hoy es la sede de la Fundación Charles y Ray Eames, y parada obligada de cualquier tour de arquitectura por California.

 

02 Dorich House (Londres)

Desconocida incluso para londinenses avezados, uno de los secretos mejor guardados de la capital británica es la casa-museo de la escultora y pintora Dora Gordine, de ascendencia judía y nacida en 1895 en Letonia. Está a un salto de ciervo del parque Richmond, en el suroeste de Londres. Ella la proyectó como casa, estudio y galería de sus obras en 1936 y vivió allí con su marido, Richard Hare, un estudioso de la cultura rusa. Por fuera parece un extraño castillo de ladrillo rojo. Por dentro, sus amplias claraboyas, sus ventanas semicirculares y sus espacios diáfanos muestran la voluntad de una artista total que construyó su hogar sin concesiones a lo convencional y siendo muy consciente de sus prioritarias necesidades profesionales. Los dos primeros pisos sirvieron como estudio para el modelado, el trabajo en yeso y la exposición de obras ya terminadas. El tercero, al que se llega por unas estrechas escaleras, acogía la vivienda propiamente dicha, luminosa, no muy grande, con su colección y llena de arte ruso. Si hace buen tiempo, la azotea descubierta ofrece vistas fabulosas del jardín y del parque Richmond, con sus ciervos y los recuerdos de otra vecina ilustre, la escritora Virginia Woolf. Tras la muerte de Gordine en 1991, la Universidad de Kingston transformó la casa en un museo dedicado a su memoria y enfocado a promocionar y difundir el trabajo de otras creadoras.

 

03  Villa E-1027 (Roquebrune-Cap-Martin)

La diseñadora Eileen Gray (1878-1976) ideó junto a su compañero Jean Badovici esta mítica casa para sus vacaciones en la Costa Azul francesa, al lado del mar. Destila la joie de vivre de los felices años veinte: cubos blancos, entoldados frescos, mucho sol y espacio bien aprovechado. El mobiliario es funcional y encastrado, casi náutico, porque Gray creía que “todos en las casas deben vivir libres e independientes”. Libertad de la que abusó durante sus visitas entre 1937 y 1939 su invitado Le Corbusier, que tuvo la idea de pintar un fresco entero en uno de los muros níveos del salón en ausencia de la dueña y anfitriona: un desenfreno artístico que Gray no pidió ni necesitaba y que le costó perdonar.

 

04 A Casa de Vidro (São Paulo)

Durante el siglo XX, la casa transparente fue una prueba de maestría y ejercicio de estilo ensayado por casi todos los grandes arquitectos del movimiento moderno. La italo-brasileña Lina Bo Bardi no quiso ser menos: en Morumbí, entonces las afueras de São Paulo y hoy un ajardinado barrio de ricos, construyó en 1950 para ella y su marido, recién llegados de su Italia natal, su primera obra en Brasil. Desde entonces, su reputación escaló puestos hasta la cima de la arquitectura del XX, con obras como el fundamental Museo de Arte de São Paulo y el centro cultural SESC Pompéia. Visitada a menudo por artistas y arquitectos de todo el mundo, sus muros de vidrio sirvieron de escaparate de la deslumbrante modernidad brasileña. Sigue siendo parada obligatoria para los amantes de la arquitectura de paso por el país, por sus finísimos pilotis, los volúmenes aéreos, su juego de luces y sombras y espacios intermedios entre el gran jardín-bosque plantado por ella misma y los interiores abarrotados de libros, arte colonial y objetos de las culturas prehispánicas que reunió durante 40 años. Hoy es la sede del Instituto Bo Bardi.

 

05 Casa O’Keeffe (Abiquiú)

La casa y estudio de la pintora Georgia O’Keeffe (1887-1986) en el pueblo estadounidense de Abiquiú es uno de los hitos de cualquier visita a Santa Fe (Nuevo México) e indispensable para conocer bien su obra. Era un inmenso y semiderruido conjunto de casas de época colonial española, y a partir de 1945 fue restaurando y rediseñando su laberinto de patios, aljibes y cubos de adobe con la ayuda de su amiga Maria Chabot. El paisaje lunar, la casa y las pinturas se entreveran hasta formar una especie de obra de arte total.

 

06 Casa Samambaia (Petrópolis)

Obra maestra de la arquitectura brasileña del siglo XX, fue diseñada en la década de 1950 por la autodidacta Lota Macedo Soares (1910 -1967; ideó el gran parque do Flamengo de Río de Janeiro), aunque firmada por un joven Sérgio Bernardes. Colgada entre los peñascos y cascadas de la sierra dos Orgaos, a una hora de Río, fue escenario de la gran historia de amor que mantuvo durante 15 años con Elizabeth Bishop. Lota, mujer de vanguardismo inflexible, le construyó un estudio en el jardín. Y la poeta le devolvió el regalo escribiendo sobre la casa algunos de sus mejores versos.

Volúmenes rectos atemperados por la profusión de flores y árboles, espacios diáfanos abiertos al paisaje, techos inclinados de uralita, mesas y bancos de obra en el jardín. Aparte de una piscina moderna que sustituye al torrente represado con rocas que les servía de bañera natural, la casa se conserva bien, pero es privada y hay que empeñarse para poder visitarla.

 

07 Casa Aalto (Helsinki)

El estudio de Alvar Aalto ha ganado premios y justa fama, pero conviene recordar que Aino Marsio (1894-1949), su mujer y socia, fue la coautora de la casa que también les sirvió de oficina desde 1936. Compraron una parcela en lo que entonces eran las afueras de la capital finlandesa, Helsinki, y proyectaron a cuatro manos todos sus detalles, desde la planta general y los volúmenes que delimitan claramente las funciones domésticas y las profesionales hasta muebles que luego comercializarían bajo la marca Artek, emblema del diseño escandinavo. Líneas suaves, revestimientos de madera cálida y luminosidad interior contrastan con los ángulos rectos y la severidad aparente de las fachadas, que solo se suavizan con enredaderas y un sendero serpenteante de losas de piedra que conduce hasta la entrada. En su interior se respira un ambiente doméstico práctico y acogedor, pensado para facilitar el ocio y el trabajo cómplice de sus dueños.

Álbum de imágenes:

https://www.facebook.com/carlos.bentocompany/media_set?set=a.2581577748524046&type=3

 

Fuente: Javier Montes https://elviajero.elpais.com/elviajero/2018/10/15/