23. oct., 2018

FÉLIX CANDELA

En 1970, siendo yo un estudiante de Arquitectura tuve ocasión de conocer a Félix Candela, que vino a darnos una conferencia sobre su obra. Había venido por invitación de  Víctor D´Ors,  antiguo compañero de clase y por aquel entonces, nuestro profesor de Estética y Composición. Se habían celebrado recientemente las Olimpíadas de México de 1968 y nos impresionaba que un arquitecto español , que apenas conocíamos, hubiera construído el impresionante Palacio de los Deportes.  Además nos maravillamos de esas estructuras de 5 cm de espesor de hormigón, capaces de salvar grandes luces, baratas y fáciles de construir por personal poco especializado. Un verdadero hallazgo.

 

Félix Candela Outeriño nació en Madrid el 27 de enero de 1910, estudió en la Escuela de Arquitectura de Madrid entre 1927 y 1935 en el que obtuvo el título. Durante aquel periodo fue profesor asistente de Resistencia de Materiales además de destacado deportista, ganando el campeonato de esquí en 1932 y de rugby en 1934. Continuó sus estudios en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.  Por entonces conoció a Eduardo Torroja y sus técnicas de uso de cubiertas laminares de hormigón que se construían en Europa desde los años veinte. Por su tesis doctoral recibió la beca Conde de Cartagena de la Academia en 1936 para ir a ampliar estudios en Alemania. Sin embargo, sus planes se vieron truncados por el estallido de la Guerra Civil. Se alistó en el Ejército Popular Republicano, fue capitán de ingenieros en varios frentes y, seguro de la derrota inminente, pasó a Francia en 1939, donde se le recluyó en el campo de concentración de Perpignan algunos meses. Posteriormente Félix Candela fue uno de los 25 arquitectos, entre miles de exiliados republicanos, que viajaron a México entre 1939 y 1942, gracias a la solidaridad del presidente Lázaro Cárdenas.  

 

 

Candela heredó de su maestro Eduardo Torroja algunos de los fundamentos de su obra: la idea de que el ingeniero ha de ser un poeta, la convicción de que la estructura depende de la forma más que del material empleado, y la línea de investigación sobre cubiertas ligeras de hormigón armado. Su mayor aportación en el terreno estructural han sido las estructuras en forma de cascarón generadas a partir de paraboloides hiperbólicos, una forma geométrica de una eficacia extraordinaria que se han convertido en el sello distintivo de su arquitectura. Las cubiertas ligeras de hormigón armado en forma de angulosos paraguas o de sinuosos mantos que Félix Candela construyó en los años cincuenta y sesenta lo convirtieron en un hito de la arquitectura mexicana del siglo XX. Como diría su admirado Frei Otto, "sólo Candela logró convertir las estructuras laminares en una obra maestra".

 


En México encontró las condiciones idóneas para hacer realidad las cubiertas ligeras que había estudiado años antes.  En esos años también recibieron acogida otros renombrados arquitectos como Max Cetto y Hannes Meyer. Cetto había abandonado su Alemania natal y su formación expresionista para buscar en la costa californiana primero, y en México después, la síntesis entre modernidad y tradición, entre lo racional y lo vernáculo. En Los Ángeles trabajó con Rudolph Schindler y en la otra nación fue buen amigo y aún mejor estudioso de Luis Barragán. Hannes Meyer, después de dirigir la Bauhaus en un periodo entre Walter Gropius y Mies van der Rohe, erró por varios países hasta establecerse en México más de un decenio. Si bien no llegó a construir ningún proyecto propio, la influencia de su paso fue decisiva tanto por sus propuestas urbanas como por su influencia pedagógica. Meyer fue uno de los fundadores del Instituto Politécnico Nacional, del que surgieron los mejores ingenieros del país, y Max Cetto fue profesor en la Universidad Nacional hasta su jubilación. Éste formó a las mejores generaciones de arquitectos mexicanos de la segunda mitad del siglo pasado y legó un prestigiado taller con su nombre. La residencia de ambos en aquel país coincidió con una época de crecimiento económico y con el auge de la construcción en gran escala.

 


 Al igual que aquéllos, Félix Candela también se dedicó activamente a la enseñanza. En 1953 recibió una cátedra en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) desde la que  transmitió sus conocimientos a través de diversas publicaciones. Después de diez años inciertos en el ámbito profesional, construyó su primer cascarón experimental. Se trataba de una bóveda funicular que se caracterizaba por recibir únicamente tensiones de compresión, lo cual permitía mantener el mismo grosor en todos sus puntos. Las ventajas constructivas y económicas eran evidentes. Animado por el éxito de esta primera iniciativa, Félix Candela fundó con sus hermanos Antonio y Julia, y con los arquitectos mexicanos Fernando y Raúl Fernández, la empresa Cubiertas Ala, dispuestos a introducir los cascarones de hormigón en el campo de la arquitectura industrial. Con su empresa, Félix Candela, arquitecto, ingeniero, asesor, contratista, constructor y prestidigitador, convertía los caprichosos esquemas de sus colegas en estructuras sencillas y ligeras. Casi siempre subordinado a otros que lo invitaron a calcular o a construir las cubiertas de sus proyectos, sus méritos permanecieron en la oscuridad varios años.


     

Los "paraguas"  fueron sus mayores aportaciones: elementos formados por cuatro segmentos o tímpanos con forma de paraboloide hiperbólico, sostenidos por una columna central. Por la facilidad de construcción del encofrado, al ser una superficie reglada, fue recurso común en las cubiertas industriales de las gasolineras y mercados de la época.  Entre las numerosas colaboraciones con lo más destacado de la intelectualidad arquitectónica mexicana destacan los mercados que realizó con Ramírez Vázquez en 1955 y 1956, el restaurante Los Manantiales de Xochimilco con Joaquín Álvarez Ordóñez en 1958, y la capilla abierta de Palmira en Cuernavaca, en 1959, con Rosell y Larrosa.  Los paraboloides hiperbólicos, que caracterizaron una época de esa arquitectura americana, sólo pudieron realizarse gracias al visionario rigor de Félix Candela, a la mano de obra mexicana, intensiva y barata, que hacía posible encofrar con gran prontitud las superficies alabeadas definidas por tablones rectos de madera y a las normas de construcción, apenas exigentes, que toleraban los tenues grosores de los mantos de hormigón. El invento decayó cuando las condiciones y las normativas cambiaron.

 


En 1958 la compañía Bacardí le encomendó la construcción de su planta embotelladora y compartió lugar y cliente con Mies van der Rohe, que proyectó el pabellón de las oficinas después del frustrado proyecto para la sede en Santiago de Cuba. Félix Candela se sentía próximo a otros ingenieros y arquitectos de su tiempo tan originales como Ove Arup, Pier Luigi Nervi o Frei Otto, y como ellos era muy severo con las propuestas del maestro alemán de Chicago y sus estructuras adinteladas, "que no habían evolucionado desde los griegos", mucho menos eficaces y más caras que las suyas. La planta embotelladora que propuso estaba compuesta por seis cascarones de borde libre dispuestos en pares, los cuales abarcan una área mayor a cinco mil metros. Las bóvedas de planta cuadrada y de treinta metros por lado tienen un espesor constante de cuatro centímetros. Son los mayores cascarones que Félix Candela construyera y una de sus obras más hermosas por la fluidez y transparencia del espacio, lo cual permite el paso de la luz entre las uniones, y por las fachadas perimetrales vidriadas.

 


Su última obra importante, el Palacio de los Deportes para los Juegos Olímpicos de México celebrados en 1968, un impresionante edificio proyectado junto con Enrique Castañeda y Antonio Peyrí, , constituyó en su momento el mayor hito de la modernidad en México. Es la obra más ambiciosa de Félix Candela en el país norteamericano.  Las luces de sus estructuras laminares de hormigón armado no iban más allá de 30 metros, distancia insuficiente para cubrir un recinto deportivo de estas características,  pero no para dejar de lado los paraboloides hiperbólicos. Una estructura espacial de barras de acero sustentan una red de "paraguas", colocados en posición invertida, y forrados con chapas de cobre que dan un aspecto final a la obra como de caparazón de tortuga biomecanoide.  En esta inteligente solución estructural, los paraguas que habitualmente estaban apoyados y resistían sólo compresiones, ahora están colgados y solo sufren esfuerzos de tracción

 


Después de casi veinte años de docencia en la Universidad Nacional Autónoma de México decidió emigrar a los Estados Unidos.  Influyeron en tal decisión las desavenencias con la dirección de la Facultad de Arquitectura, una esposa estadounidense y la decadencia de su empresa, aunque su nuevo éxodo no dio fruto alguno, pues ya no existían las condiciones idóneas mano de obra barata, normas flexibles y creatividad de los años previos. En 1971 pasa a residir en Estados Unidos, ocupando una cátedra en la Universidad de Illinois en Chicago, hasta 1978, año en que adquiere la ciudadanía. Desde 1979 fue también asesor técnico en la empresa de arquitectura IDEA Center, con base en Toronto.

 

 

Su obra construída en España es muy escasa. En 1964 colabora con Enrique de la Mora y José R. Azpiazu para construir la iglesia de Ntra Sra. de Guadalupe en Madrid. Con Emilio Pérez Piñero, otro genio de las estructuras espaciales plegables, proyectó unos invernaderos en Almería,  la cúpula de unas pistas deportivas (1970) y una propuesta para la cubierta del velódromo de Anoeta en San Sebastián. En 1973 proyectó un nuevo estadio para el Real Madrid y un Centro Cultural Islámico con Fernando Higueras y su esposa Dorothy Candela. Con Fernando Higueras colaboró también en varios proyectos que tampoco llegaron a construírse como una torre de oficinas en Riad (1980), el aeropuerto de Murcia (1982), un hotel en Cancún, la feria muestras de Marbella y la procuraduría de Xalapa, Veracruz (1984). Sí que llegó a construir la nueva estación de Metro de Sol, en Madrid con TYPSA (1984). Otros proyectos fallidos de los últimos años fueron  el  master plan para Universidad Islámica de Riad con  Vázquez de Castro e Iñiguez de Onzoño y el conjunto residencial interplaya con Juan de Haro Piñar.

 

Félix Candela ganó importantes premios y fue miembro de numerosas asociaciones internacionales de arquitectura.  Fue designado presidente de la Academia Internacional de Arquitectura en 1992 y, dos años después, investido doctor honoris causa por la Universidad Politécnica de Madrid.  Con motivo de la construcción de varios facsímiles de antiguas obras suyas,  en el Parque Oceanográfico de Valencia, visita nuestra ciudad. En dicha ocasión tengo el placer de volverle a saludar y me dedica el catálogo de la exposición que muestra su obra en el IVAM de Valencia.  En dicho parque podemos contemplar  su última obra,  donde recrea un edificio casi idéntico al Restaurante Los Manantiales, en Xochimilco, México, pero con 40 años de diferencia, lo que prueba la vigencia de su obra y el carácter innovador con que Candela irrumpió en la arquitectura.  Mientras se construyen estos edificios, recae de una vieja dolencia cardíaca por lo que deja Valencia para volver a Raleigh, Estados Unidos. Fallece en el Hospital de Duke, Durham (Carolina del Norte), el 7 de diciembre de 1997.

 

ÁLBUM DE FOTOS:

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Fuente:  Miquel Adrià.  https://www.letraslibres.com/mexico/el-visionario-rigor-felix-candela