29. nov., 2017

LA CASA FARNSWORTH

 

 

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, y ya radicado en EEUU, Mies construye su obra más famosa: la casa de la doctora Edith Farnsworth en Chicago, una casa de campo para una mujer de clase alta, soltera y de edad madura. El arquitecto y su cliente se conocieron en un evento social en Chicago en el año 1946.  Él ya era entonces un profesional reconocido por los críticos como “uno de los máximos representantes del Estilo Internacional junto con Gropius y Le Corbusier”, a su vez era decano de la Escuela de Arquitectura del Instituto de Tecnología de Illinois (IIT) y estaba diseñando importantes edificios en los EEUU. 

 

 


Edith Farnsworth era una prestigiosa doctora de Medicina especializada en el sistema nervioso y nominada al Premio Nobel en varias ocasiones por sus investigaciones con esteroides. La doctora poseía un terreno a orillas del río Fox, en la localidad de Plano (a unos 80 kilómetros al sureste de Chicago) y convoca a Mies para que le construya allí un retiro donde pasar los fines de semana, un refugio o guarida que le permitiera privacidad y descanso, un lugar donde pudiera relajarse en sus tiempos libres. 

 


Desoyendo las peticiones de su cliente Mies diseñó un contenedor transparente, indiscreto y exhibicionista, con el que comienza una tortuosa relación entre arquitecto y cliente que llegó a ser una polémica en los medios de comunicación norteamericanos. La propuesta de Mies es tan revolucionaria en su concepción que abre un debate público en EEUU sobre el derecho del modernismo europeo a conquistar la casa de campo americana. Tan es así que en abril de 1951, la revista de arquitectura House Beautiful inicia una campaña contra el arquitecto alemán y contra el International Style tomando la casa Farnsworth como ejemplo paradigmático de la “mala arquitectura moderna”:
“Me he decidido a romper el silencio, el modernismo considerado como un nuevo régimen visual y como una transformación de los límites de la privacidad, … es una “dictadura cultural” que intenta decirnos lo que nos debe gustar y cómo debemos vivir”.

 

 

Para esta publicación el estrecho margen entre modernismo aceptable e inaceptable parece depender del paso de: “la eliminación de los tabiques separadores de manera que la casa tiende a ser una gran habitación pública con áreas abiertas para dormir, comer, jugar, etcétera” y el “uso masivo de cristal sin mecanismos correctivos para la sombra o la privacidad”.  La estrategia proyectual de Mies apela a una poética que recurre a una especial relación entre el hombre y la naturaleza; desplaza el interés del espacio arquitectónico hacia el paisaje, poniendo al espectador dentro de la casa, en una posición dominante, ante un entorno “feroz” (según llamó Philip Johnson al bosque que rodea la casa), omnipresente que es a la vez distante, ajeno, que deviene en un espectáculo, en un recurso estético. El discurso de Mies habla de una nueva manera en las relaciones entre la naturaleza y las personas haciéndola llegar al lugar más íntimo del individuo como es el interior de su propia vivienda. 
Define al espacio habitable solamente por la sombra de los planos superpuestos; un volumen forrado de madera que alberga los servicios es el único recurso arquitectónico que discrimina los usos. La insistencia en la fluidez espacial y desmaterialización de los límites son mantenidos aún a costa del confort doméstico.

 


Edith quería una casa, Mies un manifiesto arquitectónico, una formalización del lema que le mantiene vivo: Less is more. El creciente autoritarismo del arquitecto desencadenó varios problemas que se volverían un dolor de cabeza para su clienta durante los años posteriores. Entre ellos, quizás el más importante fue la ausencia total de intimidad. No es de extrañar que la doctora solicitara la instalación de cortinas para protegerse de las visuales externas ya que una creciente cantidad de vecinos y fotógrafos se acercaban a la casa para ver los movimientos de la doctora en esa extraña caja de cristal. Mies se negó rotundamente alegando que el objetivo central de la vivienda era la transparencia total y la continuidad entre interior y exterior. 

 


El recurso más potente de la arquitectura de la casa Farnsworth (ya iniciada en la casa Tugendhat en Brno, Checoslovaquia, 1930) habría sido el transferir el cristal desde la construcción de edificios públicos o de oficinas, al espacio hogareño. Con estos gestos, Mies desplaza la “domesticidad” misma, hacia una concepción abstracta y casi institucional de la vivienda. “La casa no se parecía a nada concebido antes. Era una caja rectangular totalmente acristalada, con una placa por tejado y una placa por piso, este último suspendido 1,25 metros sobre el nivel del suelo... Los espacios entre las placas y las columnas —las paredes— se han convertido en paneles gruesos de cristal... El interior es un espacio único, una sola habitación cuya subdivisión principal está creada por un centro flotante, longitudinal y asimétrico que contiene la cocina en el norte, baños hacia el este y el oeste —separados por un espacio funcional— y una chimenea hacia el sur, un armario flotante cercano a la esquina sudeste y una pared paralela al este que rodea el dormitorio sin encerrarlo”(Schulze, F. Mies van der Rohe: A Critical Biography.)

 


Mies, que había proyectado la casa como un espacio privilegiado para el encuentro trascendente entre el hombre y la naturaleza va a situar a Edith Farnsworth, en un espacio “post-doméstico” que requiere de un habitante que asuma y exprese su modernidad y utilice todo su bagaje cultural para el disfrute de esta nueva arquitectura. Una visión utópica que choca completamente con lo que la propia Sra. Farnsworth expresa en sus memorias cuando menciona su experiencia en la casa: "No tengo cubo de basura, ¿saben ustedes por qué? Porque toda la cocina se puede ver desde la calle y el cubo estropearía la vista de toda la casa... Mies habla de espacio libre, pero este espacio es algo muy fijo.”

 


Edith Farnsworth, encerrada en su casa hecha de envolventes invisibles, añadió a su lista de preocupaciones la imposibilidad de poder tener objetos personales. Mies se negó en un primer momento a realizar espacios de guardado argumentando que esos lugares romperían la tan deseada continuidad visual y la sensación de vivir en plena naturaleza. No obstante la propietaria, que utilizó la casa durante varios años, fue modificando varios aspectos del diseño original: colocando mosquiteros por toda la terraza cubierta para protegerse de los insectos, colgando cortinas tras las ventanas para resguardar su privacidad e instalando un gran armario de madera donde colgar sus vestidos. 

 


La historia de la casa Farnsworth no se puede entender sin detallar la batalla legal que acompañó su edificación. A medida que las obras se retrasaban y que el presupuesto aumentaba considerablemente, Edith dejó de pagarle al arquitecto motivada por su creciente desilusión y consciente de que Mies le estaba entregando un producto que ella no quería y lo demanda alegando que era una vivienda invivible. Mies contestó demandando por incumplimiento de contrato en la Corte del Estado de Illinois y presentando a la doctora como una mujer “despechada por su rechazo”. En el pleito, Farnsworth se defendió con una contrademanda en la que acusaba a Mies por ignorar sus deseos y excederse del presupuesto contractual. La doctora compareció ante los jueces para decir: Lessisnothing, según reflejan los periódicos de la época.

 

 

En medio del proceso, saltó el personaje que faltaba: Frank Lloyd Wright, afirmando que desconfiaba de Mies y del Estilo Internacional porque ambos buscaban la destrucción de los valores americanos y la imposición de totalitarismos:
“la arquitectura de Mies Van der Rohe está desprovista de sentimiento y degrada al ser humano”. “Less is more when more is no good”.  Finalmente, la justicia falló a favor de Mies y Edith Farnsworth se vio obligada a pagar las facturas restantes de la casa. Luego fue becada para que estudiara en Italia, donde pasó el resto de su vida, puede que para relajarse del estrés que le había causado su retiro de campo. Con el tiempo la casa y su terreno fueron adquiridos por un grupo conservacionista de Illinois que la gestiona en la actualidad como monumento y atracción turística.

 

ÁLBUM DE FOTOS:

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FUENTE: http://www.cosasdearquitectos.com