28. sep., 2017

MARK ROTHKO

 

En una superficie de 6 x 8 pulgadas de sangre coagulada yacía el cuerpo de Mark Rothko, célebre y celebrado artista de la Escuela de Nueva York. Su cuerpo fue descubierto por su ayudante, Oliver Steindecker, el lunes 25 de febrero de 1970 a las 9 de la mañana. Su cadáver: en ropa interior –camiseta blanca, calzoncillos azules y calcetines negros–, boca arriba y los brazos ligeramente abiertos.

 

La causa de la muerte fue por desangramiento aunque también se había procurado una dosis considerable de barbitúricos, la suficiente como para provocarse una intoxicación aguda y atenuar el dolor de la agonía. De la misma forma meticulosa y cuidadosa, perfeccionista y controladora que lo caracterizaba, y al modo de un ritual preparativo, envolvió una hoja de afeitar con un pañuelo de papel y se seccionó las venas del antebrazo. El veredicto médico era claro: an open-and-shut suicide (Breslin, 1993: 522). A la mañana siguiente, la noticia del trágico suceso apareció publicada en el New York Times.

 

Dorothy Reiter compartió una foto de su tío Mark Rothko abrazándola en 1968 en una de sus últimas visitas a Oregon. Dijo que en sus últimos años, su tío visitó a la familia en Oregon con bastante regularidad. Mientras que el hermano de Rothko Albert también se alejó de Oregon, su hermano Maurice o Morris (el padre de Reiter) y su hermana Sonia  habían pasado la mayor parte de su vida en Portland. Si usted quería saber lo que significaba Portland a Rothko, eso es todo. Ambos miran radientes y felices.  La foto es muy diferente a cualquier foto comparable de Rothko tomada en Nueva York durante la década de 1960. Portland siguió siendo una fuente para él hasta el final de su vida. Dorothy Reiter dijo que cuando ella y su esposo, el Dr. Philip Reiter, fueron a Nueva York poco antes de la muerte de Rothko, su tío emitió una invitación rara para visitar su estudio y ver las obras que pintaba para la Capilla Rothko en Houston. A ella y a su marido les pareció muy oscuro y meditativo y sólo pudo responder “interesante” cuando Rothko pidió su opinión. Y la meditación es aparentemente lo que los filántropos que encargaron las obras estaban buscando.   

 

En sus episodios depresivos, Rothko ya había advertido que si alguna vez decidía suicidarse, lo haría de manera que no se pudiera dudar de ello. Familiares y amigos tendrían un cuadro claro de los motivos de su muerte y así evitaría la angustia innecesaria que ocasionó la muerte de Pollock y Smith. A pesar de la claridad de los hechos, el suicidio de Rothko se ha interpretado como una manifestación violenta y trágica del espíritu del más ferviente romanticismo.

 

De acuerdo al homenaje de Motherwell, se ha concebido su muerte como la celebración ritual de un sacrificio, a la vez reafirmación y aniquilación de sí mismo como momento más nítido de su individuación, seguido de un desmembramiento fulminante del artista sacrificado. Su legado radica, según Motherwell, en haber creado “un lenguaje del sentimiento” que el arte todavía no había explorado. Sin embargo, más allá del significado simbólico de su muerte y de la escenificación de un sacrificio prometeico, más allá incluso del duelo por la pérdida de uno de los pioneros del expresionismo abstracto consagrado como uno de los grandes artistas de su generación, el caso de Rothko fue archivado como el #1867.

 

Mark Rothko fue uno de los máximos representantes de la abstracción americana. A través de su personal lenguaje pictórico, que enlazaba con la tradición europea de lo sublime, el artista quería expresar las más básicas emociones universales, como la tragedia o el éxtasis.

 

Markus Rothkovitz nació en Rusia en el seno de una familia judía que emigró a Oregón en 1910; a partir de 1940 firmó sus obras como Mark Rothko. Aunque estudió con Max Weber en la Art Students League de Nueva York en 1924, siempre se consideró un pintor autodidacta. En 1932, conoció a Edith Sachar, una diseñadora de joyas que se convertiría en su esposa el 12 de noviembre del mismo año. De 1929 hasta 1952 ejerció como profesor de arte en algunos centros de Nueva York, para lo cual desarrolló un particular programa de enseñanza. En los años treinta su pintura estaba dominada por un tipo de figuración expresionista. En 1935 fue fundador, junto a Adolph Gottlieb, Ilya Bolotovsky y Louis Harris, del grupo The Ten, cuya principal finalidad iba dirigida a la organización de exposiciones de sus miembros. Las muestras Cubism and Abstract Art y Fantastic Art Dada, Surrealism, organizadas en 1936 por Alfred J. Barr en el Museum of Modern Art, ejercieron una enorme influencia sobre él y su obra derivó hacia planteamientos surrealistas.

 

Tras la Segunda Guerra Mundial, conoció a Clyfford Still y ambos comenzaron a investigar las posibilidades de la color field painting (pintura de campos de color). Hacia 1950, Rothko ya había abandonado las referencias figurativas y había comenzado a desarrollar la personal abstracción que definiría desde entonces su pintura. En sus grandes lienzos, amplios campos de color rectangulares de perfiles indefinidos flotan suspendidos sobre fondos monocromáticos.

 

Rothko se vinculó a la galería de Peggy Guggenheim, Art of This Century, y pronto se le reconocería como uno de los principales componentes de la emergente Escuela de Nueva York. En 1961 el Museum of Modern Art de Nueva York organizó una exposición retrospectiva de su pintura. A lo largo de su vida Rothko recibió varios encargos de pintura mural: para la Harvard University, Cambridge, en 1961, y para una capilla en Houston, en 1964, que tras la muerte del artista se convertiría en la Rothko Chapel.

 

Sus grandes lienzos basan su composición en la sensualidad del color distribuido, sugiriendo una gran nube cromática suspendida. Estas composiciones siempre aparecen contenidas en formatos enormes destinados a llenar totalmente la pared donde se exhiben, a manera de pintura arquitectónica que, quizá, podría tener su paralelo en los murales del barroco. Por lo mismo, las composiciones de Rothko emanan una espiritualidad intensa, exigiendo al espectador, más allá de la observación, un estado casi de contemplación.

 

A finales de los años sesenta, en medio de una crisis depresiva, pintó una serie de obras con pintura acrílica negra que evocaban su profunda melancolía. Después de separarse de su mujer y de la muerte de su madre, incapaz de superar este estado de ánimo, terminaría suicidándose en 1970.

 

Album de fotos:

https://www.facebook.com/carlos.bentocompany/media_set?set=a.1883473061667855.1073742026.100000155376360&type=3

 

Fuente:  https://circarq.wordpress.com/2015/01/20.