26. jun., 2017

MANUEL SÁNCHEZ ARCAS

En ocasiones la mala memoria de la historia o las sombras que ciertos acontecimientos extienden sobre los hombres, no nos han permitido conocer como merecieran algunas figuras de nuestro tiempo. Uno de los casos más flagrantes es el de Manuel Sánchez Arcas, un nombre fundamental dentro de la arquitectura del siglo XX, especialmente en lo que se refiere a la introducción en la España de los años treinta de la arquitectura del Movimiento Moderno, impulsada por le Corbusier y la Bauhaus. Su militancia politíca, con importantes cargos de responsabilidad en los gobiernos de la Segunda República, le condujo primero al exilio y después casi al olvido en el contexto de la posguerra española.

 

Manuel Sánchez Arcas, aunque nacido en Madrid en 1897 pertenecía a una conocida familia bejarana de las llamadas de abolengo. Su bisabuelo Nicolás Rodríguez Vidal fué senador del reino, alcalde y descendiente de Julián Yagüe tesorero del rey Fernando VII a comienzos del s.XIX.

 

Obtuvo el título en la Escuela de Arquitectura de Madrid en 1921, amplió estudios en Londres y trabajó con Secundino Zuazo. Ganó el concurso para erigir el Hospital Provincial de Toledo (1926-1931), y el concurso para construir el Instituto Nacional de Física y Química de la Junta de Ampliación de Estudios (JAE), financiado por la Fundación Rockefeller (el llamado Edificio Rockefeller, 1927-1932), ambos junto a Luis Lacasa. Entre 1932 y 1936 proyectó y realizó el Pabellón de Gobierno, la Central Térmica y el Hospital Clínico Universitario San Carlos de la Ciudad Universitaria de Madrid, éstas en colaboración con el ingeniero Eduardo Torroja, con el que también colaboró en Mercado de Algeciras (1933-35). Hoy declarado BIC entre otros méritos por la formidable cúpula de casi 50 m. de diámetro que lo cubre.

 

 Entre los dos, fundaron el Instituto Técnico de la Construcción y Edificación (actualmente Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja). Ambos recibieron el Premio Nacional de Arquitectura de 1932 por el proyecto de la Central Térmica de la Ciudad Universitaria.

 

Su pensamiento formal respecto a la arquitectura y el urbanismo quedó reflejado en numerosas colaboraciones en revistas especializadas de la época, o fundadas por él, donde pone de manifiesto el enfoque de superación, que junto con otros arquitectos como Luis Lacasa, aborda para despojar a la arquitectura de la época de todo esteticismo y encaminarla a la funcionalidad. Este pensamiento parece hermanarse de alguna manera con la moderna arquitectura norteamericana y europea del momento que él había estudiado en profundidad, pero también, y aunque parezca paradoja, con su militancia política dentro del Partido Comunista.

 

Próximo intelectualmente a la generación del 27 firmó junto a Rafael Alberti, Antonio Machado y Miguel Hernández el Manifiesto de los Intelectuales Antifascistas en noviembre de 1936, en el que se denunciaba el grave peligro del patrimonio artístico albergado en Madrid debido a los bombardeos. La filiación marxista de Manuel Sánchez Arcas determinó su futuro a partir del final de la guerra civil. Su puesto de Consejero Nacional de Cultura y de Instrucción Pública durante los años de la República, así como de Director General de Propaganda que ocupó en el Madrid de la contienda, le situaron como a muchos otros en el ojo del huracán. Para cuando fue llamado a declarar ante el Juzgado Militar de Madrid en juicio sumarísimo el 12 de agosto de 1939 ya había tomado el camino del exilio. Años después en 1942 sería inhabilitado de manera perpetua para el ejercicio de su profesión en España por el Colegio de Arquitectos de Madrid.

 

El exilio, al margen del colapso vital y personal, truncó uno de sus trabajos de mayor proyección internacional pues en octubre de 1938 se le había encargado organizar el Pabellón Español de la Exposicion Internacional de Nueva York. El evento contaría con la presencia del Guernica de Picasso y pretendería mostrar al mundo la cara más vanguardista de España. El final de la guerra y el consiguiente cambio de gobierno truncarían el proyecto. Solo unos meses después a principios de marzo de 1939 Sánchez Arcas forma parte de la reducida comitiva gubernamental y de miempros del PCE junto con Alberti, Líster y Dolores Ibarruri que acompañaba al último Presidente de la República Juan Negrín en su huída de Madrid a Elda con el fin último de organizar su evasión de España.

 

Tal y como cuenta Henry Vicente nuestro protagonista residió primeramente en Versalles en casa de Wolklovich, un intelectual judío asesinado luego por los nazis durante la ocupacion de Francia, para marchar después a la URSS donde viviría desde mayo de 1939 hasta finales de 1945. Cabe destacar que mientras la mayor parte de los exiliados españoles se establecieron en París o huyeron hasta México, Sánchez Arcas eligió desde el primer momento residir en la Unión Soviética tal vez en busca de su personal experiencia en los postulados comunistas o intuyendo la fragilidad de Francia ante el avance de Hitler. En cualquier caso el clima bélico no dejaría de acompañarlo durante estos año. Trabaja en la Academia de Arquitectura de Moscú desarrollando multitud de proyectos de hospitales de campaña, refugios y búnkers.

 

Tras el final de la Segunda Guerra Mundial es designado por el gobierno en el exilio de la Segunda República como Ministro Plenipotenciario y Embajador en Polonia, uno de los paises que reconocía a aquel gobierno. Ésta etapa fué de las más fructíferas de Sánchez Arcas en lo profesional. Lleva a cabo con eficacia y entusiasmo parte de la reconstrucción de Varsovia, literalmente devastada por la guerra, labor que le fue ampliamente reconocida por las instituciones polacas a través de diversos homenajes. En el mismo contexto reconstructivo de la histórica capital trabaja en la Oficina de Proyectos del Ministerio de Sanidad realizando los hospitales de Polen Warszava y Saska Kepa. Por otra parte su carrera diplomática le permitió seguir en relación con las máximas autoridades de la España del exilio así como con los mandatarios de los países de allende el telón de acero. Al mismo tiempo logra poner en contacto a la vanguardia de la intelectualidad de izquierdas con el remoto pais polaco organizando diversas reuniones en las que entra en contacto con Pablo Neruda, José Bergamín e Ilya Ehrenburg. Sin duda uno de los acontecimientos más importantes en los que intervino personalmente fué el Congreso Mundial de Intelectuales por la Paz celebrado entre el 25 y el 28 de agosto de 1948 en Wroclaw en el que ejerció de anfitrión de Pablo Picasso y del poeta francés Paul Eluard. Fué en aquel congreso donde Picasso abocetó su celebérrima Paloma de la Paz y dio por primera vez en su vida un discurso en público. La relación entre Sánchez Arcas y Picaso debió ser estrecha a partir de entonces pues meses después realizó un retrato de una de sus hijas Mercedes Sánchez Cruz-López.

 

La disparidad ideológica que siguió caracterizando a la II República en el exilio es el trasfondo de las causas por las que Sánchez Arcas renunció a su cargo de Ministro Plenipotenciario en Polonia en el año 1950 tras haberlo ejercido durante 4 años. El final de la actividad politica le permite regresar a su trabajo en la Oficina de Proyectos de Sanidad de Varsovia, comenzando una serie de trabajos teóricos publicados en revistas especializadas. Así durante 1950 publica una serie de artículos en la revista parisina Cultura y Democracia compartiendo plana con Jorge Semprún y Rafael Alberti en los que frente a los planteamientos culturales y científicos oficializados en la españa franquista desarrollaba sus propias tesis respecto al urbanismo, la arquitectura  o la medicina.

 

En 1958 Manuel Sánchez Arcas se traslada a vivir a la Republica Democrática Alemana debido fundamentalmente a que sus dos hijas encontraron acomodo en Berlín oriental. Alli trabaja en el Instituto de Teoria e Historia de la Arquitectura donde desarollará proyectos relacionados con el urbanismo de la ciudad contemporánea, publicando durante los años sesenta una serie de libros al respecto.

 

Las hijas de arquitecto gestionaban el regreso de su padre a España cuando éste falleció en berlin en 1970. Durante tres decadas de exilio había seguido desde lejos la suerte y los avatares de muchos de sus proyectos y trabajos más significativos en España como la construccion de la Ciudad Universitaria. Ésta aunque regida por el régimen franquista siguió fielmente las pautas diseñadas por Sánchez Arcas antes de la guerra, debido sobre todo a la mediación de Eduardo Torroja ingeniero con el que había trabajado codo con codo y que procuró que no se perdiera la memoria de nuestro arquitecto.

 

Álbum de fotos:

https://www.facebook.com/carlos.bentocompany/media_set?set=a.1775261792488983.1073742013.100000155376360&type=1

 

Fuente: Oscar Rivadeneyra Prieto: Un arquitecto bejarano en vanguardia http://ccasconm.blogspot.com.es/