20. abr., 2017

RICARDO BOFILL "LA MANZANERA"

 

En España en el año 1968, es sabido, se editaban muy pocas revistas. Algunas eran de información general. En número escaso, no superior a tres o cuatro, estaban especializadas en arquitectura. Por esta razón resulta más sorprendente el contenido del ejemplar del día 14 de diciembre de la revista Triunfo. Entre los artículos, hay una entrevista con Henri Lefebvre, realizada a la luz de la resaca social e intelectual del entonces reciente mayo francés.

 

También uno, bajo el título La “Ciudad en el espacio”, proyectada para la población madrileña de Moratalaz, que además tuvo el privilegio editorial de ocupar en exclusiva el espacio de la portada. Donde se leen los siguientes subtítulos “de la utopía a la realidad” y “una respuesta española a los problemas urbanos”. Versa su contenido acerca del trabajo del entonces recién creado despacho Taller de Arquitectura del joven Ricardo Bofill, por aquel tiempo instalado en el edificio de viviendas en la calle Nicaragua número 99, que había sido proyectado por el mismo Taller en el año 1962 y concluido tres años después.

 

La maqueta con la solución formal está presente en varias fotografías, las cuales permiten contemplar una sucesión de bloques, dispuestos siguiendo una malla geométrica, desarrollados en el espacio a distintas alturas, ofreciendo a su vez diversidad de recorridos en las tres direcciones, aunque no se ha perdido la organización mediante un amplio espacio lineal intermedio, recuerdo de cualquier disposición jerarquizada de índole académico. Soluciones de composición que responden a los esquemas de las viviendas que, por aquellos años, el Taller proyecta y construye en diferentes emplazamientos, ya se trate del barrio Gaudí en Reus, el castillo de Kafka en Sant Pere de Ribas o el Walden-7 en Barcelona. La Ciudad en el Espacio se antoja muy distante de las utopías vanguardistas desarrolladas entonces por el grupo Archigram, con la Plug-in-City, o el proyecto de ciudad residencial de Kenzo Tange, incluso las soluciones espaciales de Yona Friedman, o la metodología desarrollada por Cristopher Alexander. Pues, en efecto, la ciudad en el espacio de Bofill participa más de los esquemas de la ciudad amurallada medieval o de la casbah norteafricana, que de las radicales propuestas mecanicistas aludidas.

 

Si la Ciudad en el espacio solo se materializó mediante una audaz maqueta, o modelo que dirían los arquitectos en la Academia, por el contrario, la construcción de La Manzanera, en la localidad alicantina de Calpe, se convirtió en el auténtico banco de experimentación directa, palpable y real, en la cual se materializaron formalmente buena parte de los principios teóricos de aquel ideario. Esta actuación urbanizadora en La Manzanera, tiene su origen en la redacción preliminar de un Plan Parcial dado para una ciudad residencial de descanso, de connotaciones del racionalismo de los años treinta. Queda enclavada la nueva ciudad en un paisaje abrupto de acantilados, situado en un terreno abancalado y todavía, durante aquellos años, en aparente explotación agrícola. El proyecto es de contenido singular, pretendía dar respuesta al programa especial, solicitado por un cliente sin duda peculiar y debería proporcionar resultados ajenos a moldes preconcebidos, escribiría el arquitecto muy preocupado, algo insólito en el momento, por la articulación con el paisaje.

 

Los edificios ofrecen en su arquitectura una serie de elementos en los cuales se hace patente una clara negación o anteposición a las formas y soluciones procedentes del movimiento moderno. En las que la morfología general adoptada para las ventanas, con predominio de las dispuestas en vertical, agrupadas o autónomas, con remates que en ocasiones resultan forzadamente formalistas, ya sea mediante triángulos o arcos, cuando no realzadas con exageración mediante potentes marcos resaltados de los planos a los que se deben. Iconografía, por otra parte, ya expuesta en las soluciones ideales para la ciudad en el espacio. Con soluciones aportadas de las construcciones y la arquitectura específica de la zona -arquitectura vernacular que se decía entonces- como son los muros de piedra seca, espléndidamente tratados. Cuando no el valor plástico de las chimeneas.

 

Resultan las viviendas familiares a modo de una particular agrupación de edificaciones, acomodadas a las cotas impuestas por el terreno, donde quedan fragmentados los volúmenes para favorecer la orientación y adecuar la integración al propio paisaje. Plexus es una de las primeras construcciones colectivas Fue proyectada en año 1962 y realizada durante el siguiente. En parte esta realización recoge la experiencia de la morfología de las familiares. Aparece situada en la parte elevada de la parcela, adaptada en planta a la forma de los bancales, y dispuesta en pocas alturas superpuestas, a la vez retranqueadas entre sí, de manera que atenúa su impacto visual en el terreno.

 

La Muralla Roja data del año 1966 para la redacción del proyecto y dos años más tarde fue la realización de los trabajos o, quizás, su terminación. Es uno de los edificios emblemáticos de la urbanización. Las referencias a los presupuestos teorizados en la Ciudad en el espacio, resultan directas. La planta general se organiza a partir de una cuadrícula, o con mayor precisión diremos desde la cruz griega que, a su vez, genera el esquema de composición para el desarrollo espacial, con los llenos y vacíos. Dan como resultado una imagen por completo figurativa, acorde con el nombre otorgado a la construcción. Los volúmenes se leen a modo de una sucesión de cubos y prismas verticales, dispuestos en la malla tridimensional. El espacio y el desarrollo del tiempo son los protagonistas imprescindibles de esta construcción. Los huecos y los macizos, el interior y el exterior, siguiendo una disposición aleatoria, que confiere en el resultado un ritmo antiracional, en oposición a la rigidez de la cuadrícula, que en su origen genera la organización de la planta. En las terrazas se sitúan los servicios comunitarios de ocio, es el caso de la piscina. Para las terminaciones de las extensas superficies, el cromatismo desarrollado en una amplia gama cálida de rojos y de violetas, recuerdan las arquitecturas, las murallas rematadas por geométricas almenas, representadas en las pinturas bajo medievales de las escuelas de Siena o de Pisa.

 

Quizás es Xanadú, con la evocación de misterio que parece sugerir el nombre, la construcción más emblemática del complejo urbano. Situada junto al acantilado, su perfil se ha querido identificar a modo de una lectura semántica y parlante, a modo de una estructura que mantiene un coloquio con el peñón de Ifach, la gran mole montañosa que se adentra en el mar y constituye el símbolo iconográfico de ese tramo de la costa. Xanadú estaba terminado en el año 1968. El edificio arranca en la base de una planta organizada, también, mediante una cuadrícula. Con el núcleo de comunicación vertical centrado en la planta, donde se produce todo tipo de simetrías respecto a diferentes ejes que pasan por el centro geométrico. Sin embargo en el desarrollo vertical, los cubos se retuercen según una ley diabólica, posiblemente no determinada. Con los bloques de cada elemento truncados mediante las cubiertas de formas curvas, posiblemente parabólicas tan audaces en aquel momento, que muestra su contradicción constructiva por el empleo de tejas cerámicas en su ejecución. Las aberturas quedan situadas de conformidad a las orientaciones óptimas para el uso de cada habitación.

 

En su momento el edificio constituyó un importante revulsivo. Bruno Zevi escribió “Aquí explota el capricho anarcoide en su más plena vitalidad. El Xanadú parece encarnar un “slogan” de los sucesos de mayo: Olvidad todo lo que habéis aprendido, empezad a soñar”. Acaso entonces fuera así el significado que denotaba la casa, alejado de cualquier connotación del palacio, aunque situado en un paraje idílico. A su pie y en la misma orilla de la costa, integrado sobre las rocas planas, fue construido el centro social, asociado al mar como se especifica en la memoria del plan parcial. Sin duda se trata de una evocación, posiblemente inconsciente por desconocimiento no premeditado, de las instalaciones pesqueras y las villas que habían sido construidas por los patricios de la antigüedad romana, tal como evidencian los suntuosos restos arquitectónicos, conservados cerca del peñón.

 

Nada que ver la soberbia carga expresiva de aquellas construcciones iniciales en La Manzanera, con la última realización del Taller que supuso la construcción del edificio para viviendas, denominado El Anfiteatro (1980-83). Resuelto como el nombre indica, mediante una construcción en semicírculo y unos bloques lineales dispuestos a lo largo del diámetro. Se pretende supuestamente ahora el acceso al palacio, en versión populista y reaccionaria, al alcance de todos los estamentos sociales.  Interpretación de arquitectura con solución kitsch, acrecentada por una pobre aportación ornamental, cuyo resultado tan solo evoca de nombre aquellas construcciones lúdicas de la antigüedad. Ofrece por tanto resultados muy pobres con respecto a los planteamientos semánticos y a la riqueza de los significados que sugieren las edificaciones que se había realizado en los años sesenta.

 

ÁLBUM DE FOTOS de Luis Lavernia Company:

https://www.facebook.com/carlos.bentocompany/media_set?set=a.1694741963874300.100000155376360&type=3

 

 

 

Fuente:  La Manzanera, entre la utopía y la realidad (Santiago Varela Botella. Abril/2007)

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