8. abr., 2017

DORA MAAR

Dora Maar. 

Amante, musa y víctima de Picasso.

 

Henriette Theodora Markovitch, más conocida como Dora Maar (ToursFrancia22 de noviembre de 1907 - París16 de julio de 1997) fue una artista plásticapintorafotógrafa y escultora francesa. Su padre, Joseph Markovitch, era un arquitecto croata que hizo distintos proyectos en Sudamérica, y su madre, Julie Voisin, era una violinista francesa, originaria de Tours. Fueron muy cosmopolitas y las fotografías de su juventud muestran a Dora desde paisajes de los Alpes hasta zonas tropicales. Dora creció y fué educada en Buenos Aires desde los 3 hasta los 13 años.

 

 

 

 Amante durante diez años de Pablo Picasso, de quien fotografió la génesis del Guernica, antes de una ruptura que la precipitó en la locura y el misticismo, encerrándola en una inquietante soledad, rodeada de numerosas obras picassianas, cuya venta la hubiera hecho millonaria, pero que ella prefirió guardar, en una suerte de cripta que sólo fue descubierta a su muerte, rodeada, apenas, de sus propios y ya invisibles fantasmas... 

 

 Fotógrafa de profesión, al comienzo modelo del célebre Man Ray, estudió en la Academie Lothe donde conoció a Henri Cartier-Bresson un año más joven que ella y que aún no se había convertido en uno de los mejores fotógrafos del mundo.  Fue en 1994 cuando Cartier-Bresson la definió como una fotógrafa notable en que sus obras poseían un halo misterioso y espantoso. Cartier-Bresson creía que la fotografía es un oficio de solitarios, esa creencia podría aplicarse muy bien a Dora.  Dora participó de cuanta aventura artística, intelectual y sexual acaeció por entonces en París, identificada por su físico majestuoso, su mandíbula prominente, la nariz recta (rasgo que Picasso amaba, considerándolo un auténtico legado de la Grecia clásica), la abundante cabellera renegrida y sus extravagantes tocados.



Por entonces Dora Maar era una joven de una belleza elegante y exótica que cautivaba por igual con su mirada melancólica y su estilo exquisito, del que sobresalían sus manos de una perfección legendaria, acentuada por sus uñas afiladas y pintadas siempre de un rojo intenso. Todo ello acabó por rendir a sus pies al poeta G. Bataille con el que iniciaría una breve relación sentimental. Bataille además, la introdujo en el entorno político de la época, convirtiéndose en una activista de izquierdas, que a su vez la relacionó con otros grupos de intelectuales. Fue así como conoció a Buñuel y más adelante a André Breton que la introduciría en el grupo surrealista. En casi un millar de fotografías de Dora, tan sólo hay dos en las que sonríe. Era una persona callada, orgullosa, muy inteligente y de una ironía fina a veces teñida de cierta maldad a la que le gustaba disfrazarse con ropas de siglos anteriores. 

 

Fue en enero de 1936 cuando Dora, que por entonces tenía 29 años, se hallaba en el Café Deux Magots de París enfrente de una mesa en la que se encontraba Picasso, que ya tenía 55 años, junto a P. Eluard y Sabartés. Dora Maar empezó a juguetear con un navaja que salteaba entre sus dedos enguantados, produciéndose incluso pequeñas heridas que iban salpicando de sangre sus guantes. El juego incitó a Picasso que de inmediato se acercó a su mesa y fue presentado por Paul Eluard, quedando el pintor aún mas fascinado al descubrir que Dora hablaba español, iniciando así lo que sería una relación apasionada y que, a la larga, resultaría especialmente autodestructiva para Dora Maar.



Poco después de iniciar su relación con Dora, Picasso dejó bruscamente de pintar para dedicarse a la escritura poética. Durante todo un año escribió centenares de poemas de forma semiautomática, inspirado por los protocolos de creación surrealistas. Picasso dedica dos poemas a Dora Maar, describiéndola así: “Era un mediodía tan oscuro que podían verse las estrellas”.  Picasso volvió a la pintura al mismo tiempo que en España se declaraba la Guerra Civil. Apoyado por Dora, incitado por ella, su pintura se radicalizó y llegaron el Guernica y La mujer que llora. Dora participó activamente realizando con el Guernica el primer reportaje fotográfico de una obra en curso de ejecución e inspirando La mujer que llora. Las obras, realizadas entre 1936 y 1938, forman un ciclo excepcionalmente coherente en la obra de Picasso. Picasso la convirtió en su musa, amante y modelo favorita. Para el artista ella era emocionalmente compleja y la incorpora a su obra como un personaje con estas características. 



Dora aparecerá retratada atravesada por el desconsuelo, la angustia o la melancolía en su mirada. “La Mujer llorando (1937)”, es una imagen que la trascenderá y se convertirá en una imagen universal del dolor. “La Mujer llorando” es uno de los cuadros pintados por Picasso tras la Guerra Civil Española. El dolor y el sufrimiento se hace patente en el cuadro. No hay lugar para la serenidad y el equilibrio. Las líneas se quiebran y los colores se contraponen. Los colores nos evocan los tonos de la bandera republicana. Son a su vez, tonos intensos, amarillos y rojos frente al frío azul que capta nuestra atención hacia el punto más dramático, unas inmensas manos y esa boca que muerde un pañuelo arrugado. La pintura no representa, si no Presenta, el grito del dolor. El tiempo y el espacio se fragmentan, el caos, la inseguridad, la desesperación quedan sugeridos. 



Más tarde, en meses de pasión y fuego, siguieron los minotauros con Dora, la fusión de cuerpos en forma de combate, las criaturas mitológicas, las esfinges-Dora, las Dora-etruscas, las Dora-misterios. Y luego las Dora-lágrimas, las Dora-mirada-perdida, las Dora-que-sufre, cuando la pareja se fue deshaciendo. También ella se vio entonces favorecida, porque su creatividad alcanzaría su mejor momento y su relación con los surrealistas le permitiría innovar y experimentar en el campo de la fotografía. Realiza así obras tan conocidas como el Retrato de Ubú, un personaje inventado por Albert Jarry, que simbolizaba tradicionalmente la figura de un despiadado dictador, que terminaría convirtiéndose en un icono fotográfico del movimiento surrealista. Maar fue una surrealista que buscaba romper con lo convencional, revolucionar las formas y colores, y usando la asociación libre de imágenes buscar formas ocultas en los objetos y crear realidades diferentes a partir de imagenes captadas al azar. 



La preocupación política que surge en ambos en los tiempos que corren se plasma tanto en la obra de Picasso como en la de Dora. Es también en esos años cuando marcha a Barcelona e inicia allí una serie de fotografías donde capta con indudable talento la realidad costumbrista y el día a día de un país en vísperas de la guerra. La marginalidad, la desesperación, la pobreza y la rutina de los barrios trabajadores de Barcelona tomarán el lugar que ocupaba el glamour en sus fotografías.  Dora Maar utiliza una arquitectura "chiriquiana" para lograr una atmósfera onírica y enigmática. Experimenta con el collage, el fotomontaje y la sobre-impresión. En sus fotografías de calle demuestra una suerte de piedad laica hacia los niños, madres, los tullidos, los vendedores ambulantes y los marginados. Durante este periodo también fue testigo de la génesis del Guernica tomando fotografías, documentando al artista en el proceso creativo. 



Su familia se opuso fervientemente a su relación con Picasso. Un día, su madre Julie discutía violentamente con Dora por teléfono, cuando de pronto la voz de la primera se cortó. Había muerto. Fue durante la ocupación de Francia por los Nazis y era de noche, después del toque de queda. A la mañana siguiente, Dora la halló muerta con el teléfono en una mano. El pintor había empezado su relación con Dora al poco de abandonar a su mujer Olga Kokhlova y de haber tenido una hija, Maya a la que el pintor adoraba, con Marie Thérèse Walter, que entre tanto y a pesar de su relación con Dora Maar, que no le dio hijos porque era estéril, no había dejado de seguir siendo su amante. Dora convivió con Picasso unos diez años, si bien el pintor tuvo, en ese lapso, otras relaciones con varias mujeres, pero el golpe definitivo a la relación llegaría con la aparición en la vida de Picasso de François Gilot, cuarenta años más joven que el pintor, pero que se impone sobre todas sus amantes anteriores. 



Dora Maar, acuciada por los celos y el alejamiento definitivo de Picasso cae en una profunda depresión que la arrastrará al abismo de la locura. El mismo Picasso la ingresa en el sanatorio psiquiátrico de Sainte Anne, donde curiosamente sería atendida por Jacques Lacan por entonces todavía un joven psicoanalista. Fue Paul Éluard quien dijo a Picasso que la sacara de allí. Paul Éluard que era el mejor amigo de Dora en ese entonces, acusó a Picasso de hacerla sufrir demasiado. Con el tiempo Dora Maar irá recuperándose poco a poco, pero ya nunca más sería la misma, ni como mujer, ni mucho menos como artista. Sí que volverá a la pintura que prácticamente había dejado olvidada desde sus años de estudio, y a una religiosidad y un misticismo profundo que resultarían de sus pocos consuelos en los cuarenta años en los que vivió recluida.  Pero mientras la figura de Picasso se iba haciendo gigante con los años, la de ella se olvidaba por completo como artista y de ella sólo iba quedando el recuerdo de haber sido una más de las numerosas amantes del pintor. Lo cual constituye un caso más que significativo, porque resulta uno de los casos más ilustrativos de hasta dónde puede llegar la anulación de la personalidad y la autonomía artística de una mujer al sucumbir al poder artístico y personal de un hombre. Aunque en este caso se tratara ni más ni menos que de Picasso 



La leyenda definitiva de Dora Maar comenzó a crecer un año después de su muerte, abandonada de todo y de todos, cuando se subastó su fabulosa colección de más de 100 obras de Picasso, en octubre de 1998, en París.  Picasso realizó una treintena de retratos al óleo de Dora más un número impresionante de dibujos, esbozos y grabados, algunos de ellos de una calidad excepcional. Deja un rastro indeleble de la importancia y el misterio de una mujer fuera de lo común. Picasso la sedujo, amó y abandonó, como a tantas otras. ¿Hubiera sido Dora Maar conocida y apreciada si no hubiera sido la compañera de Picasso? ¿Si no hubiera fotografiado el Guernica?. Al cruzarse Picasso en su camino, primero se transformó en su modelo y luego en su víctima.  En mayo del 2006 el célebre cuadro de “Dora Maar con gato”, pintado por Picasso en 1941 durante la ocupación Nazi de París, fue vendido por Sotheby’s en noventa y cinco millones de dólares lo que constituyó por ese entonces en la venta del segundo cuadro más caro del mundo. 

 

Álbum de fotos:

https://www.facebook.com/carlos.bentocompany/media_set?set=a.1678550392160124.1073741997.100000155376360&type=1

 

Fuente: 

http://www.taringa.net/posts/femme/14356755/Amante-musa-y-victima-de-Picasso-Dora-Maar.html