23. feb., 2017

NIKI DE SAINT PHALLE

 

 

Una joven enfundada en un mono blanco dispara un rifle sobre un cuadro gigante en unos jardines de la ciudad californiana de Malibú. Apenas tiene 31 años, pero su perfil desafiante no ha pasado inadvertido en las mansiones de Hollywood, cuyas estrellas John Houseman o Jane Fonda están entre los invitados en esta sesión que se celebra el 4 de marzo de 1962. La tiradora se llama Niki de Saint Phalle, es una artista autodidacta y se ha criado entre París y Nueva York. En el punto de mira de su rifle, una obra apocalíptica de unos seis metros de ancho con un nombre cinéfilo: 'King Kong'.

 

Se podría decir que la obra es una especie de premonición macabra si no fuera porque nació medio siglo antes de los atentados del 11S. Dos aviones amenazan con traspasar sendos rascacielos, varios niños vuelan por los aires y un bocadillo grita '¡Boom!'. En el centro de la composición, los retratos en relieve de Charles de Gaulle, Santa Claus y Harold Macmillan y un sol grotesco que recuerda a la luna en la que se estrella el cohete de George Méliès. Sobre esa obra dispara la artista decenas de cartuchos de pintura negra en un gesto desafiante que sorprende a la sociedad puritana de su época y reconcilia la introspección del expresionismo abstracto y la demagogia del arte pop.

 

En torno a los disparos de Niki de Saint Phalle se había creado una atmósfera especial que tenía mucho que ver con el carisma de su protagonista, convertida en una artista tan famosa como Andy Warhol o Jasper Johns.

"Era un escándalo ver a una joven hermosa disparando con un fusil y exasperando a los hombres en las entrevistas", aseguró la artista en una entrevista. "Si hubiera sido fea, los hombres habrían dicho que sufría algún complejo y enseguida se habrían olvidado de mí".

Un periodista de la época llegó a llamar a Niki "la Calamity Jane de la pintura" y decenas de revistas incluyeron en sus páginas la imagen desafiante de aquella joven sinuosa vestida como una astronauta fuera de su nave espacial. Algunos expertos aún desprecian su serie de 'disparos' como una mera provocación sin valor artístico pero muchos subrayan su fondo político y testimonial.

 

Catherine Marie-Agnes Fal de Saint-Phalle nació a las afueras de París el 29 de octubre de 1930. Su padre era un banquero francés que lo perdió casi todo en crack bursátil del 29 y su madre, una americana refinada que apenas se implicó en su educación. Niki se crió primero con sus abuelos franceses y luego con las monjas de un sombrío internado de Nueva York. Su espíritu libre la llevó a leer a Shakespeare, a Dostoyevski y a Edgar Allan Poe. Pero también propició su expulsión de uno de sus colegios cuando pintó de rojo las hojas de parra que cubrían los genitales de una de las estatuas de la institución.

 

Se podría decir que aquella pintada fue su primera obra de arte si no fuera porque en cierto modo su carrera había arrancado unos años más atrás. Durante sus visitas furtivas al Metropolitan y durante los veranos europeos en que conoció varias catedrales góticas en los alrededores de París. El arte era una vía de escape que ayudaba a aquella adolescente a sobrellevar una existencia anodina, desarraigada y sin horizontes que describe en sus memorias:

"De niña no podía identificarme con mi madre ni con mi abuela ni con sus amigas. Eran un grupo de personas infelices y nuestra casa era muy asfixiante. Un espacio enfermo sin libertad ni intimidad. Yo no quería ser como ellas. Quería el mundo y el mundo entonces pertenecía a los hombres. Yo no acepté los límites y los crucé para entrar en ese mundo que me parecía misterioso, excitante y lleno de aventuras".

 

Así fue como Niki conoció a su primer esposo el poeta Harry Mathews y como empezó a posar como modelo para revistas como 'Vogue', 'Life' o 'Harper's Bazaar'. El matrimonio vivió durante un tiempo en los alrededores de la Universidad de Harvard. Pero se fue a París huyendo de la persecución comunista del senador McCarthy en 1952. El cambio no le sentó nada bien a Niki, que al año siguiente sufrió una crisis psicológica que la llevó a un hospital de Niza donde un médico le diagnosticó una esquizofrenia y la trató con 'electroshocks'.

 

Al principio, el arte fue una especie de ejercicio terapéutico, pero poco a poco se fue convirtiendo en una afición cada vez más profesional. "Pintar calmó el caos que agitaba mi alma y fue una forma de domar mis dragones", diría unos años después la artista, cuyas primeras obras reflejan la influencia de los maestros medievales italianos y de las obras materialistas de su paisano Jean Fautrier. Al igual que hicieran los artistas dadaístas, Niki enseguida empezó a explorar la tercera dimensión en obras construidas con objetos tan distintos como un alambre, un muñeco de trapo, un vagón de juguete, un frasco de mercromina o la tetilla de un biberón infantil. Al descubrir a Jackson Pollock, los fondos de sus cuadros se llenaron de un goteo de pintura similar al del maestro expresionista, cuya influencia está presente en el 'Autorretrato' (1958-1959). La artista se presenta como una especie de venus hierática con un cinturón formado por varios cantos rodados y una diadema bordada con granos de café.

 

Unos meses antes Niki había conocido a Jean Tinguely: el escultor suizo por el que abandonó a su primer marido en 1960 y con el que se fue a vivir a un apartamento en el barrio parisino de Montparnasse. Tinguely frecuentaba los cafés donde conversaban los intelectuales parisinos y pertenecía al grupo de los 'Nuevos Realistas': una especie de respuesta francófona al pop de Andy Warhol y Roy Lichtenstein. Sus conexiones permitieron a la joven Saint Phalle descubrir a personajes como Jean Genet o Jean-Paul Sartre y trabar relación con artistas como Alberto Giacometti, al que a menudo recordaba maldiciendo a Picasso en uno de los veladores del Café de Flore.

 

La lectura de 'El segundo sexo' de Simone de Beauvoir tuvo una influencia muy profunda en Niki de Saint Phalle, cuyas obras se empezaron a centrar en una representación desafiante de la feminidad. Así nacieron sus novias sin rostro, cuya languidez recuerda a la de 'La novia cadáver' de Tim Burton y cuyos vestidos están trufados de patucos, querubines y otros símbolos de la maternidad. "A todas las chicas de mi generación se nos educó para casarnos y para casarnos pronto", dijo entonces la artista francoamericana. "Los hombres hacen cohetes, lavadoras o rascacielos pero las mujeres hacemos niños y los hombres envidian ese poder creador".

 

Niki solía decir que le gustaría ser "un Napoleón con enaguas". Una frase revolucionaria en la Francia mojigata de los primeros años 60, donde todavía no había prendido la mecha de la revolución sexual. A menudo Saint Phalle se encontró más cómoda en Estados Unidos, donde trabó amistad con los grandes artistas de su tiempo y donde sus disparos la convirtieron en una especie de heroína de la cultura popular. Alojada en una de las habitaciones del Hotel Chelsea, la artista moldeó una serie sobre las prostitutas neoyorquinas de la que sólo sobrevive 'Leto o la Crucifixión' (1965): un retrato de una mujer cuyo vello púbico es un ovillo de lana negra y cuyo busto es un amasijo de lagartos, flores de plástico y muñecas de cartón.

 

Ni las novias ni las prostitutas agotaron los modelos femeninos de Saint Phalle, que en 1965 inaugura su serie más célebre con las 'nanas': mujeres orondas pintadas de colores chillones que recuerdan a las diosas de la fertilidad. "Con los disparos se fue la cólera y quedó el sufrimiento", escribió la artista sobre su hallazgo. "Pero el sufrimiento se fue y me encontré en el taller haciendo criaturas alegres que celebraban la gloria de la mujer". Las 'nanas' nacieron al calor del embarazo de la esposa de un amigo de Niki y son tan variopintas como su imaginación. Algunas son negras y otras son hinchables o tienen estampados extraños, elaborados con resina o cerámica o con la técnica mediterránea del trencadís. El objetivo de su autora era crear mujeres felices y liberadas de las ataduras de la sociedad patriarcal.

 

Ninguna 'nana' fue tan imponente como 'Hon': una escultura gigante que la artista diseñó con su esposo para un museo de Estocolmo y en cuyo cuerpo entraban los visitantes a través de su conducto vaginal. Dentro había un teléfono, un bar, una terraza, un tobogán y un cine donde se proyectaba en sesión continua la primera película de Greta Garbo. Niki la definió como "una especie de catedral moderna". Unas palabras que subrayan el interés que siempre sintió por el arte medieval.

 

El Jardín del Tarot es el parque de esculturas que Niki de Saint Phalle construyó en la Toscana al estilo del parque Güell de su ídolo Antonio Gaudí. Su primer encuentro con las obras del arquitecto catalán le hizo sentir "escalofríos y una gran inspiración" en 1955. Pero no empezó a trabajar en serio en el proyecto hasta 1978, cuando se hizo con unos terrenos en la Toscana y empezó a concebir un parque escultórico inspirado en los personajes del tarot. El proyecto no recibió una sola subvención. Niki lo financió durante dos décadas comercializando perfumes, joyería y varios artículos de decoración. Se inauguró cuatro años antes de la muerte de la artista, que falleció en la localidad californiana de La Jolla el 21 de mayo de 2002.

 

IMÁGENES:

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Fuente:  Eduardo Suárez.   http://www.elmundo.es/cultura/2014/10/01/