20. feb., 2017

LYONEL FEININGER

Léonell Charles Feininger (1871, N.Y. - 1965, N.Y.) nació el 17 de julio de 1871 en Nueva York  de un matrimonio de músicos de origen alemán, emigrados a Estados Unidos en busca de mejores horizontes en un país donde la cultura, amplio sensu, estaba en pleno desarrollo. En 1887 los Feininger realizaron una gira por Alemania, y Lyonel, su segundo hijo, se quedó a estudiar violín en la Escuela de Artes y Oficios de Hamburgo, pero no tardó en cambiar de la música a las bellas artes, asistiendo a clases de dibujo y pintura en la Kunstgewerbeschule. En 1888 se fue a vivir a Berlín y se matriculó en la Königliche Akademie, formándose con Ernst Hancke.

 

Siguiendo la tradición familiar, Feininger compuso algunas piezas y admiraba profundamente a Bach, pero la música no era lo suyo. Le tiraba más lo visual. En 1892 Feininger se trasladó a París, donde conoció a los Delaunay o a Matisse, entre otras figuras relevantes de la modernidad precubista. Vivió durante algún tiempo en el número 9 de la rue Campagne Premier, ampliando estudios con el escultor Filippo Colarossi.

 

Cuando al cabo de un año regresó a Berlín, la revista norteamericana Harper's Round Table y la publicación satírica berlinesa Ulk comenzaron a publicar con regularidad sus dibujos. Por esa misma época, Feininger se dedicó también a ilustrar novelas. En 1906 el artista regresó a París en compañía de Julia Berg, con la que posteriormente se casaría (Londres, 1908). Durante los dos años que pasó en París, Feininger colaboró frecuentemente en la revista Le Témoin y creó cómics para el Chicago Tribune, aunque este periódico rescindió su contrato en 1907 al negarse el artista a trasladarse a Estados Unidos.

 

Las caricaturas para diversas revistas son muy buenas y están muy elaboradas, pero lo que sorprenden son las paginas para el diario norteamericano porque se sitúan en la década de finales del XIX y principios del XX, cuando nacieron Yellow Kid y el todo color en prensa periódica. Feininger no utiliza los globos de texto que separaron los ilustraciones de la antigua escuela de los nuevos cómics del siglo XX, pero su competencia en dibujo, colores, las posibilidades de lo impreso e incluso su puesta en página superaban con soltura lo que hacían la mayor parte de sus colegas.

 

El Wee Willie Winkie’s World pasaría a la historia, pero en tono algo menor, seguramente porque sus historias de objetos antropomorfos resultaban a veces un poco siniestras y no tuvo mucha continuidad. Pero son todo un descubrimiento y por sí mismas le harían un artista muy destacable en un terreno puramente gráfico.

 

El contacto con las vanguardias alemanas y francesas indujo a Feininger a ir abandonando la ilustración para dedicarse a la pintura. Su investigación personal, muy influenciada por el Fauvismo y el Cubismo, lo llevó a crear composiciones prismáticas construidas mediante formas quebradas y colores arbitrarios. Valga como ejemplo la Carrera de bicicletas de 1912 (Washington, D.C., National Gallery of Art). Su primera exposición individual tuvo lugar en 1917 en Berlín, en la galería Der Sturm de Herwarth Walden. La obra de Feininger empezó a ser conocida en Europa, en principio gracias al Salon des Indépendants (1911) y posteriormente en el contexto de las exposiciones que en Alemania organizaron los grupos vanguardistas como Brücke y Der Blaue Reiter (1913). El artista tuvo una gran amistad con Kandinsky, Jawlensky y Klee, con los que en 1924 fundó el grupo Der Blaue Vier (Los cuatro azules). La primera exposición del grupo se celebró en 1925 en Nueva York, en la galería de Charles Daniel.

 

Ya en 1919 con Payaso Rojo, por ejemplo, Feininger avanzaba hacia su estilo más definitivo. En él tomaba prestados elementos geométricos, quizá no tanto del cubismo sino de movimientos paralelos como en el Rayonismo Rojo (1913) de Mijaíl Larionov o las Torres Eiffel de Robert Delaunay, también por esas fechas. Cabe pensar que conociera también a futuristas italianos como Giacomo Balla,Umberto Boccioni o Gino Severini. En casi todos los casos la figura siempre está ahí, pero definitivamente más allá de las formas imitativas clásicas, empleando resueltamente la geometría y en el caso de Feininger sumada a esa relación con el expresionismo, tal vez más el cinematográfico que puramente pictórico. Algo que se aprecia también en su obra gráfica de estos años.

 

Mientras, iba pintando, fotografiando e introduciéndose en el grabado, sobre todo xilografías, en lo que llegaría a ser un verdadero maestro. Algo que fue oficial cuando En 1919 Walter Gropius invitó a Feininger a incorporarse a la Bauhaus en Weimar (que posteriormente se trasladaría a Dessau), para ser el primer maestro nombrado en la Bauhaus, encargado en principio de grabado.

 

En la Bauhaus había desde casi místicos como Kandinsky a zoroastristas vegetarianos como Itten, a elementos a veces casi punks como Breuer, estetas liberales como Mies van der Rohe o marxistas como Walter Gropius. Todos ellos con su séquito de alumnos/fans. Esto es lo que la hace de verdad interesante y permite entender que un artista figurativo, como su compañero en maestría Oskar Schlemmer, podía integrarse y desarrollar formas de trabajo que entendían el racionalismo subyacente en la Bauhaus de manera no monolítica. En este contexto Feininger parecía casi normal, un maestro de lo más efectivo.

 

Durante los años 20 y siguiendo su pasión por el mar, el Báltico de Rügen y Usedom, pintó una serie de cuadros de yates que son casi mágicos en su unión de técnica, concepto e inspiración. Aparte de unos extensos y delicados velados como no suelen verse en la modernidad, la elección de figuras ya de por sí tan geométricas como los barcos de vela le permite presentarlas prácticamente como abstracciones. Ese equilibrio de mucha parte de su obra llega aquí a algo parecido a la perfección. Hay otros buenos ejemplos de este estilo, como la iglesia de Gelmeroda de 1919 o las pinturas de la ciudad de Halle, aquí presentes y muy semejantes a otra serie de Erfurt, una ciudad muy cercana a Weimar.

 

En la Bauhaus permaneció hasta 1933, desarrollando una muy apreciada actividad lectiva al tiempo que iba realizando sus pinturas más conocidas e interesantes como Cristales rotos (1927) que es un producto Bauhaus casi paradigmático. También dibujos y grabados de paisajes, pueblos y ciudades, incluida la famosa Catedral del Socialismo (o de la Luz o Catedral a secas) que ilustraba el manifiesto y programa de la Bauhaus. Con la llegada del nazismo y su inclusión en la categoría de arte degenerado, Feininger, casado con una judía alemana, decidió que mejor era exiliarse-regresar a casa y volvió a Estados Unidos.

 

Tras su regreso a Estados Unidos, Feininger sigue trabajando y variando. Sus pinturas de esa época, aparte de esos títulos evocadores y casi melancólicos, se combina con elementos formales que parecen venir de Klee, manteniendo casi siempre la fidelidad a la línea recta. A finales de 1937 se instaló en Nueva York, donde viviría hasta su muerte, acaecida el 13 de enero de 1956. Durante sus últimos años diversas instituciones artísticas norteamericanas le concedieron numerosos premios.

 

IMÁGENES:

https://www.facebook.com/carlos.bentocompany/media_set?set=a.1625364624145368.1073741988.100000155376360&type=1

 

Fuentes:

http://www.museothyssen.org/

http://www.eldiario.es/cultura/arte/