21. ene., 2017

HERBERT BAYER

HERBERT BAYER.  

25 dólares en el bolsillo

 

 

 

Se puede ser diseñador gráfico, pintor, escultor, arquitecto, diseñador de interiores, editor de arte en prestigiosas publicaciones, urbanista, fotógrafo y director de colecciones de arte privadas que harían palidecer de envidia a muchos museos.

Se puede ser todo eso a la vez. Pero sólo si te llamas Herbert Bayer.

 

 

 

Herbert Bayer (1900-1985) nació en Salzburgo (Austria) y comenzó su formación como arquitecto en Linz hasta que las nuevas corrientes del diseño que florecían en la Europa de principios del siglo XX le atrajeron hasta la colonia de artistas de Darmstadt, fundada por el duque de Hesse, que reunió a los arquitectos y diseñadores más importantes de la época. Allí entró en contacto con figuras como Joseph María Olbrich, Peter Behrens o Henry van de Velde, pioneros del diseño contemporáneo. Y durante su estancia en Darmstadt  leyó el manifiesto que un arquitecto alemán (discípulo de Peter Behrens, por cierto) había publicado en la prensa como anuncio del nuevo proyecto de escuela de diseño que se iba a poner en marcha en Weimar con él como director. Una escuela que fusionaría la enseñanza más académica de las Bellas Artes con la de las artes aplicadas más artesanales en un intento de formar, por primera vez en la historia, a un diseñador integral. El arquitecto en cuestión se llamaba Walter Gropius. Y la nueva escuela de diseño que iba a inaugurarse en Weimar sería la Staatliches Bauhaus.

 

Herbert Bayer decidió ingresar en la Bauhaus, aunque la entrada en la escuela no era fácil. Su entusiasmo (y su formación previa) convencieron a Gropius de que podía ser un alumno que aprovechara todas y cada una de las posibilidades que ofrecía la escuela. Y las aprovechó…¡vaya si lo hizo! Siendo estudiante fue elegido por el profesor de Diseño Gráfico, Laszlo Moholy-Nagy, para que diseñara la portada del catálogo de la exposición de los trabajos de la escuela desde su apertura hasta 1923 (fecha en la que la Bauhaus se trasladó a la ciudad de Dessau). Herbert Bayer estudió en la Bauhaus durante cuatro años, tras los cuales fue nombrado profesor del taller de impresión y publicidad, dependiente del departamento de Diseño Gráfico.

 

Además de editar la revista de la escuela y de supervisar las publicaciones de monográficos sobre diferentes diseñadores y arquitectos de vanguardia, Bayer investigó sobre tipografía siguiendo la línea abierta por Jan Tschichold y diseñó un alfabeto de formas geométricas depuradas y en minúsculas exclusivamente al que denominó Universal. En 1928 Bayer abandonó la Bauhaus (coincidiendo su marcha con la de otros profesores como Laszlo Moholy-Nagy, Marcel Breuer y el propio Walter Gropius) y se trasladó a Berlín, donde trabajó como director de arte para la edición alemana de Vogue. A partir de ese momento su situación, como la de muchos artistas en la Alemania gobernada por el Partido Nazi, no fue fácil. Siguió trabajando como diseñador gráfico y realizando investigaciones sobre fotografía y fotomontaje.

  

Cuando en agosto de 1938 Herbert Bayer consiguió por fin salir de Alemania y poner rumbo a Estados Unidos, hacía ya algunos años que todos sus amigos –la mayoría artistas como él–, se habían visto obligados a buscar refugio en otros países para escapar de la temible e implacable persecución nazi. Sin embargo, había una diferencia entre Bayer y sus colegas. Mientras éstos habían sido objetivo de los nacionalsocialistas desde su ascenso al poder, el artista austríaco había trabajado durante diez años para quienes acabaron convirtiéndose en sus perseguidores. En aquellos tiempos el principal interés de Bayer se centraba en la tipografía y el diseño gráfico, pero puesto que no existía entonces ninguna asignatura en la escuela sobre dichas disciplinas, decidió matricularse en pintura mural, materia que impartía el mismísimo Vasily Kandinsky. 

  

Mientras el éxito y la fama de Bayer no dejaban de aumentar, Alemania se había convertido ya en un lugar demasiado peligroso para la mayor parte de sus amigos y conocidos. El partido nazi de Adolf Hitler se había alzado en el poder, y la Bauhaus, la escuela en la que había desarrollado gran parte de su talento, fue obligada por la Gestapo a cerrar sus puertas, al ser considerada anti-alemana y vinculada con comunistas y liberales. Curiosamente, mientras muchos de sus amigos dejaban el país temiendo la persecución –entre ellos Gropius y su esposa–, Bayer decidió quedarse en Berlín, a pesar de que su esposa Irene era judía. De hecho, el artista comenzó a recibir encargos de instituciones nazis, para quienes realizó numerosos carteles, folletos y pinturas de cariz propagandístico.

 

Entre varios trabajos destaca un folleto que realizó en 1936 y que estaba destinado a los turistas que recibió Berlín con motivo de la celebración de los Juegos Olímpicos, y en el que se reflejaban las supuestas bondades de vivir en el régimen nazi y se glorificaba la figura de Hitler. A partir de ese momento comenzó a ser visto con malos ojos y en 1937 su situación en Alemania se hizo insostenible. Sus obras fueron incluidas en la exposición Entartete Kunst (Arte Degenerado) organizada por el gobierno nazi para mostrar más de un millar de obras confiscadas y cuyo objetivo era fomentar el rechazo del público al “espíritu judío perverso”. Los artistas que trabajaban en las corrientes artísticas de vanguardia fueron considerados “enemigos del régimen”.y fue entonces cuando decidió escapar de Alemania.

  

Tras varios intentos sin éxito, lo logró gracias a la ayuda de su amigo Walter Gropius, quien consiguió que el Museo de Arte Moderno de Nueva York organizara una exposición sobre la Bauhaus, nombrándolo a él como comisario de la misma. De este modo, Bayer consiguió la excusa perfecta para salir del país. Tras un breve paso por Italia, Herbert Bayer llegó a Nueva York en agosto de 1938. Llevaba 25 dólares en el bolsillo como única fortuna, aunque pudo contar con el apoyo de aquellos antiguos compañeros de la Bauhaus que ya se habían instalado en Estados Unidos. Unos meses más tarde le seguirían su esposa Irene y su hija Julia. Pronto estuvo trabajando para las publicaciones periódicas más importantes, sobre todo para Harper´s Bazaar, en donde realizó trabajos espectaculares bajo la dirección de ese genio del diseño y la maquetación que fue Alexei Brodovitch.

 

La vida de Bayer dio un giro radical tras conocer al empresario millonario y mecenas de las artes Walter Paepcke. Empeñado en hacer de un remoto lugar en las montañas de Colorado, llamado Aspen, el nuevo destino turístico de moda, Paepcke se rodeo de artistas e intelectuales (influenciado por su mujer, que era artista) y contribuyó a crear una atmósfera creativa en su propia empresa, la Container Corporation of America (CCA). Bayer se trasladó con su familia a Aspen y desde allí dirigió la colección de arte privada de Paepcke, además de realizar una serie de trabajos para la publicidad de la CCA que se convirtieron en hitos del diseño gráfico.

  

Las campañas publicitarias de la empresa de Paepcke se basaban en series de carteles que homenajeaban determinados aspectos de la vida americana (cada uno de los estados de la unión, por ejemplo) o de la cultura occidental y, para ello, recurría a artistas y diseñadores de vanguardia, como el propio Bayer, o incluso a otros que estaban despuntando y que con el tiempo se convertirían en figuras punteras del arte (como el artista holandés Willem de Koonig, que se convertiría en el precursor del action painting norteamericano). Bayer realizó algunos trabajos realmente espectaculares para las campañas de la CCA. Utilizó de nuevo el fotomontaje y la técnica del collage que habían inaugurado los artistas dadaístas y les dio un nuevo vigor.

 

Además de para Walter Paepcke, Bayer trabajó para el magnate del petróleo Robert O. Anderson, quien le encargó el rediseño de la imagen de su empresa (ARCO) y le ofreció dirigir su colección de arte. Bayer introdujo la vanguardia del diseño europeo en Norteamérica, pero no sólo a través de su trabajo para la CCA y ARCO. Convenció a Paepcke para financiar el proyecto de abrir la Nueva Bauhaus en Estados Unidos, bajo la dirección de su antiguo profesor Laszlo Moholy-Nagy. El resultado fue la creación del Illinois Institute of Design en Chicago y el comienzo de la formación de los nuevos diseñadores americanos.

  

Resulta muy difícil resumir la aportación de Herber Bayer al mundo del diseño porque desde su estapa de estudiante en la Bauhaus estuvo sentando las bases de la creación gráfica contemporánea. Lo que sí resulta más fácil es admirar su trabajo. El de aquel alumno aventajado que huyó de la persecución nazi y abrió la ventana de la modernidad en los Estados Unidos, adonde había llegado con 25 dólares en el bolsillo y una mente llena de arte. Cuando se le preguntaba acerca de su pasada relación con el régimen nazi, Bayer –que murió en 1985 y fue el último profesor de la Bauhaus en fallecer– siempre admitía estar desolado por haber “estado ciego” ante las barbaries cometidas durante el Tercer Reich, aunque negó rotundamente cualquier tipo de simpatía hacia los nazis, y afirmó que aceptó aquellos trabajos de propaganda porque no tuvo elección.

 

 

 

 

IMÁGENES: 

https://www.facebook.com/carlos.bentocompany/media_set?set=a.1591271960887968.1073741983.100000155376360&type=3

 

 

FUENTE:   Catalina Solano Lozano  http://herbertbayer.blogspot.com.es/