22. feb., 2016

OCHO ESCALERAS, ONCE ARQUITECTOS.

Del Palacio Itamaraty en Brasilia al Centro Georges Pompidou de París, nos detenemos en ocho importantes edificios de la arquitectura del S. XX con ejemplos de escaleras muy especiales y en sus autores.

 

 

En 1960. Ocar Niemeyer diseñó para el Palacio Itamaraty, Sede del Ministerio de Asuntos Exteriores en Brasilia, una escalera helicoidal que es casi, solamente y simplemente, el  espíritu de la escalera. En su pureza constructiva y geométrica prescinde de la imprescidible barandilla, confiando la seguridad de los que por ella transitan, únicamente a su anchura algo excesiva

 

Niemeyer, en su dilatadísima carrera, repitió este modelo helicoidal de amplio desarrollo tanto en escaleras como en rampas para coser espacialmente sus volúmenes donde la curva siempre gozó de protagonismo tal como él mismo aseguraba:  "No es el ángulo oblicuo que me atrae, ni la línea recta, dura, inflexible, creada por el hombre. Lo que me atrae es la curva libre y sensual, la curva que encuentro en las montañas de mi país, en el curso sinuoso de sus ríos, en las olas del mar, en el cuerpo de la mujer preferida. De curvas es hecho todo el universo, el universo curvo de Einstein."

 

Adolf Meyer fue un arquitecto alemán básicamente conocido por haber colaborado con Walter Gropius en la ampliación de La Fábrica Fagus en Altfeld, (1911-1913) obra pionera de la arquitectura moderna. También fue durante seis años profesor en la Bauhaus de Weimar. Cuando ésta se trasladó a Dessau, Meyer permaneció en Weimar y luego ejerció de arquitecto municipal en Frankfurt.

 

En 1914 realizaron juntos, para la exposición de la  Werbund  en Colonia, una fábrica modelo representativa de la idea de que las fábricas debían ser concebidas como palacios del trabajo. La fachada estaba flanqueada por dos cajas de escalera de caracol de dos pisos envueltos en paredes de cristal, aplicando el mismo concepto que en la Fábrica Fagus, de muro cortina. Esta pared de vidrio de las torres de las escaleras es sostenida por un entramado de acero muy ligero, la obra adquiere así una ligereza desacostumbrada.

 

Con las cajas de escalera cilíndricas de vidrio, se introduce un motivo arquitectónico que resultará ser un elemento importante en la arquitectura moderna.  Erich Mendelsohn, por ejemplo, utilizó mucho esos elementos semicilíndricos que contenían el núcleo de escaleras. No así en su afamada torre de Einstein de 1924, un reconocido icono de la arquitectura expresionista, sino en otras obras posteriores, más ligadas al racionalismo del Movimiento Moderno.

 

 

Mendelsohn, de origen judío, abandona Alemania en 1933 y su considerable fortuna es confiscada por los nazis. Se refugia en Inglaterra, donde colabora durante tres años con otro gran arquitecto nacido en Grozny (Chechenia) y perteneciente a una acaudalada familia judía:  Serge Chermayeff . Fruto de su colaboración es el magnífico edificio De La Warr Pavilion en Bexhill que se inaugura en 1935. Aquí el elemento semicilíndrico y acristalado que contiene la escalera adquiere gran protagonismo en la fachada. La escalera es amplia y helicoidal como las de Niemeyer y el cilindro acristalado se completa horizontalmente en cada piso con terrazas visitables.

 

Otro maestro del Bauhaus,  el húngaro Marcel Breuer,  fue tan buen arquitecto como diseñador de mobiliario. Suyo es el sillón Wassily de 1925 que, próximo a cumplir cien años, sigue otorgando un aire de modernidad a cualquier ambiente en que se ubique.

 

Breuer, en 1949 fue invitado por el MOMA de Nueva york a proyectar y construir una casa unifamiliar en un jardín próximo al museo como parte de una exposición. En esta casa emplea una solución de escalera que es una constante en muchas de sus viviendas construídas en Estados Unidos, y a mi modo de ver un prodigio de sencillez. La barandilla con su pasamanos en pletina de acero, es a la vez elemento de protección y estructura portante de la escalera,  cuyos peldaños apoyan simplemente sobre los elementos horizontales de dicha barandilla.

 

Otra escalera perteneciente a una casa unifamiliar figura en esta selección por su singularidad. La casa Kaufmann fue diseñada por Frank Lloyd Wrigth en 1935 y construída en 1937 sobre una cascada del río Bear Run, en Pensilvania. La casa se desarrolla en varias plantas con enormes voladizos sobre el agua según la idea del arquitecto «Quiero que viváis con la cascada, no sólo que la miréis sino que se convierta en parte integral de vuestras vidas.»

 

Al entrar, frente por frente, está el llamado “rincón de la música”,  y detrás del “rincón de la música” está la “escalera del agua”, llamada así porque baja a una pequeña plataforma que está junto al arroyo. Para bajar por ésta es necesario abrir unas mamparas correderas de vidrio. Los escalones de la “escalera del agua” están colgados de unos cables en tracción unidos al primer forjado. Uno puede escuchar la caída del agua desde la casa y, gracias a esta escalera, puede bajar a tocarla.

 

El veneciano Carlo Scarpa,  diplomado en la Academia de Bellas Artes en 1926, se convirtió ese mismo año en profesor en la Escuela de Arquitectura de Venecia. En 1956 ganó el Premio Nacional Olivetti de Arquitectura y dicha empresa le encarga el diseño de una sala de exposición de Olivetti en la Plaza de San Marcos de Venecia, pero en ese mismo año es acusado por el Colegio de Arquitectos de ejercer la profesión ilegalmente y llevado a los tribunales.

 

Su escalera de este showroom de Olivetti, sale siempre a colación cuando se habla del tema. Se desarrolla en un espacio de doble altura, que conecta espacialmente la planta baja con la primera,  invitando al visitante a subir por ella. Tiene carácter escultórico. Sus gruesos peldaños de piedra apoyados en cilindros de latón son de distintas dimensiones. No existe barandilla como tal, sino unos volúmenes de piedra, que en su parte inferior se transforman en altar profano donde se exhibe una máquina calculadora, Olivetti, por supuesto.

 

Si hoy preguntáramos a alumnos de arquitectura, quién fué Hannes Meyer, pocos nos sabrían decir que fué el director de la Bauhaus entre los años 1928,   en que Walter Gropius dejó la dirección, hasta 1930  en que fué sustituído, por motívos políticos, por Ludwig Mies van der Rohe.  Lamentablemente nos dejó poca obra construída,  pero su labor fué muy importante como urbanista y como profesor, tanto en la Rusia soviética, como posteriormente en México.

 

El proyecto presentado al concurso para el diseño de la Petersschule (Escuela de San Pedro) en Basilea de 1926 es un ejemplo de su concepto social de la arquitectura. Para Hannes Meyer, el diseño del entorno humano, estaba "basado en la sociedad".  Consideraba que la Bauhaus había abandonado su idea de diseñar "para el pueblo": la mayoría de los productos de la Bauhaus ya eran caros y por lo tanto reservados para un grupo exclusivo de los compradores. Como resultado, el nuevo lema de Meyer fue: "Las necesidades de la gente, en vez de la necesidad del lujo. "

 

Pero volvamos a nuestras escaleras. La fachada posterior de la Petersshule está recorrida por dos escaleras superpuestas, de modo que la superior al aire libre, sirve de cubierta de la inferior cerrada y acristalada. Desde ambas se puede acceder a todas las plantas, tanto a la intemperie como a cubierto. Es una solución cuando menos innovadora.

 

Donde realmente la escalera se convierte en absoluta y total protagonista, es en el edificio del Centro Pompidou en París. Construído en 1977, tras ganar un concurso internacional,  por los entonces jóvenes y desconocidos arquitectos Renzo Piano y Richard Rogers, el singular edificio establece una nueva manera de resolver un programa cultural multifuncional, e inaugura el movimiento High-Tech, en arquitectura.

 

La maqueta con la que ganan el concurso desvela, más que el propio edificio construido,  la influencia que tuvo en su concepción el proyecto de Fun Palace de Cedric Price y Joan Littlewood, desarrollado de 1961 a 1974, así como las utopías dibujadas del grupo Archigram.  Realmente estamos ante un No-edificio donde la estructura portante se muestra de forma evidente y constituye la imagen principal del nuevo centro cultural que carece de fachadas propiamente dichas.

 

En su frente principal las escaleras mecánicas encerradas en un tubo son las protagonistas, y recorren de arriba abajo y de lado a lado la fachada, trasladando los fluídos humanos de visitantes. Por el contrario, la fachada trasera se nutre de toda una serie de tubos de diferentes colores, que trasladan los fluídos necesarios para la vida del edificio.

 

IMÁGENES:  

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