14. ene., 2015

FÉLIX CANDELA

En 1970, siendo yo un estudiante de Arquitectura tuve ocasión de conocer a Félix Candela, que vino a darnos una conferencia sobre su obra. Había venido por invitación de  Víctor D´Ors,  antiguo compañero de clase y por aquel entonces, nuestro profesor de Estética y Composición.

 

Se habían celebrado recientemente las Olimpíadas de México de 1968 y nos impresionaba que un arquitecto español hubiera construído el Palacio de los Deportes.

 

 

 

Además nos maravillamos de esas estructuras de 5 cm de espesor de hormigón, capaces de salvar grandes luces, baratas y fáciles de construir por personal poco especializado. Un verdadero hallazgo.

 

Félix Candela nació en Madrid el 27 de enero de 1910. En 1927 ingresó en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, terminando la carrera en 1935. Mientras dura su carrera es un destacado deportista, ganando el campeonato de esquí en 1932 y de rugby en 1934.  Continuó sus estudios en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.  

 

 

Por entonces conoció a Eduardo Torroja y sus técnicas de uso de cubiertas de hormigón. Por su tesis doctoral recibió la beca Conde de Cartagena de la Academia en 1936 para ir a ampliar estudios en Alemania, pero el estallido de la Guerra Civil se lo impide. Formó parte del Ejército Popular Republicano como capitán de ingenieros y  tras pasar por el campo de Perpiñán, decidió exiliarse en México.

 

 

En 1941 adquirió la ciudadanía mexicana. En Acapulco comenzó su verdadera carrera como arquitecto con el diseño de algunas casas y hoteles. En 1949 construyó en México su primer cascarón experimental (Bóveda Ctesiphon) y un año después, con su empresa Cubiertas Alas, se lanzó de lleno a construir cubiertas laminares para todo tipo de edificios.

 

 

Los cascarones, o paraboloides hiperbólicos, constituyeron un elemento de modernidad frente a las arquitecturas históricas, pero también un modo económico de levantar estructuras poderosas. Candela propició la función estructural de las formas geométricas de doble curvatura y las dotó de esbeltez. Así consiguió imágenes rotundas, desnudas y fieles al dibujo geométrico.

 

 

Candela destaca también por su uso de los paraguas, elementos laminares que combinó permitiendo el paso de la luz natural, como en la fábrica textil High Life de Coyoacán, México. Otros hitos constructivos fueron la Iglesia de San Antonio de Huertas (1956), la Embotelladora Bacardí (1958), o la Iglesia de la Milagrosa.

 

Los cascarones, esta vez con estructura metálica, convirtieron el Palacio de los Deportes de México (1968) en una de las últimas obras emblemáticas de Candela, y también en una de las más espectaculares.

 

 

En Madrid, su diseño se puede observar en el techo con formas geométricas de la estación de metro de la Puerta del Sol o en la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe.

 

En 1953 recibió una cátedra en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) desde la que  transmitió sus conocimientos a través de diversas publicaciones.

 

 

En 1971 pasa a residir en Estados Unidos, ocupando una cátedra en la Universidad de Illinois en Chicago, hasta 1978, año en que adquiere la ciudadanía. Desde 1979 fue también asesor técnico en la empresa de arquitectura IDEA Center, con base en Toronto.

 

Candela gana importantes premios y es miembro de numerosas asociaciones internacionales de arquitectura.  Fue designado presidente de la Academia Internacional de Arquitectura en 1992 y, dos años después, investido doctor honoris causa por la Universidad Politécnica de Madrid.

  

 

En los años noventa tengo el placer de volverle a saludar y me dedica el catálogo de la exposición que muestra su obra en el IVAM de Valencia.

 

 

Aquí podemos contemplar  su última obra  L'Oceanogràfic donde recrea un edificio casi idéntico al Restaurante Los Manantiales, en Xochimilco, México, pero con 40 años de diferencia, lo que prueba la vigencia de su obra y el carácter innovador con que Candela irrumpió en la arquitectura.  

 

 

Mientras se construyen estos edificios, recae de una vieja dolencia cardíaca por lo que deja Valencia para volver a Raleigh, Estados Unidos. Fallece en el Hospital de Duke, Durham (Carolina del Norte), el 7 de diciembre de 1997.

 

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