Arte y Arquitectura

23. jun., 2022

Para el ruso Melnikov, su vivienda se convirtió en su cárcel. Philip Johnson exhibió su día a día en la Glass House y Le Corbusier eligió para él la cabaña más pequeña que jamás había diseñado. Así son las casas que los arquitectos más famosos crearon para sí mismos y sus familias.

 

El edificio de viviendas sociales de El Ruedo (Madrid, 1986-1990) junto a la M-30 es una de las obras más importantes de Francisco Javier Sáenz de Oiza. También una de las más polémicas. Las formas curvas de algunas de las viviendas y el tamaño de las habitaciones prendieron la mecha del descontento de sus residentes, 346 familias de vecinos realojados del poblado chabolista del Pozo del Huevo de Vallecas. Lejos de amilanarse, Sáenz de Oiza decidió ir a escuchar sus críticas en persona. Lo que comenzó como un encuentro casi divertido, en el que el arquitecto sonreía y bromeaba mientras resistía con estoicismo una lluvia de quejas, fue tensándose hasta que el maestro perdió la paciencia e interpeló a uno de los vecinos: “Deja la casa y hazte arquitecto, a ver si las haces mejor”.

 

Independientemente de lo acertado o no del proyecto de Sáenz de Oiza, la historia de El Ruedo sirve para recordarnos que al público en general le cuesta mucho conectar con un diseño que se aleje de los cánones convencionales. En el negocio de la vivienda, los arquitectos se ven obligados en demasiadas ocasiones a sacrificar sus ideas para satisfacer a un cliente al que se le ha hecho creer que siempre tiene la razón. Pero, ¿qué pasa si el cliente desaparece? O mejor aún: ¿qué pasa si el cliente es el propio arquitecto? ¿Cómo es la vivienda ideal cuando la diseña para sí mismo? A continuación, recordamos 17 casas en las que grandes maestros de la arquitectura tuvieron que lidiar con su cliente más exigente: ellos mismos.

 

William Morris. Red House (Bexleyheath, Inglaterra, 1859-1860)

William Morris (1834-1896) era un espíritu contrario al progreso desbocado de la Inglaterra victoriana. Diseñador, pero también pintor, escritor y activista político, su firme rechazo hacia los métodos de producción industriales del siglo XIX y la reivindicación de la labor del artesano medieval apuntalaron los cimientos del movimiento Arts and Crafts. Su propia casa a las afueras de Londres, la Red House (Bexleyheath, Inglaterra, 1859-1860), constituye un claro manifiesto de su filosofía creativa.

Concebida como un esfuerzo cooperativo con el arquitecto Philip Webb, Morris se centró en el diseño de un interior acogedor y flexible que permitió a la Red House servir tanto de residencia familiar para los Morris como de taller de trabajo. Artistas y artesanos enriquecían la casa con murales y vidrieras con historias de mitos artúricos, muebles pintados a mano y telas estampadas con motivos florales, haciendo realidad el sueño de Morris de habitar un lugar idílico alejado del ruido de la gran ciudad donde poder “transformar el mundo en belleza”.

 

Konstantin Melnikov. Casa Melnikov (Moscú, 1929)

La Casa Melnikov (Moscú, 1927-1929) fue proyectada por Konstantin Melnikov (1890-1974) como un modelo experimental de vivienda cuya producción debía resultar económica y sencilla. Su imagen radical, fiel reflejo de la vanguardia constructivista soviética, esconde un edificio humilde hecho de simple ladrillo cuyos métodos constructivos se basaban en los sistemas tradicionales rusos. El resultado es una vivienda eficiente y creativa, de aspecto contemporáneo, producida con recursos limitados, y para todos los públicos. “La escasez de medios nos hace buscar nuevas soluciones”, dijo Melnikov.

Desafortunadamente, la casa nunca llegó a producirse en masa. La deriva totalitaria de Stalin y su cruzada contra la arquitectura moderna apartó a Melnikov del ejercicio profesional en 1937 y lo condenó a vivir bajo arresto domiciliario. El arquitecto, reconvertido en pintor de retratos, vivió recluido en aquella casa hasta su muerte en 1974.

 

Frank Lloyd Wright. Taliesin West (Scottsdale, Arizona, 1937-1959)

Frank Lloyd Wright (1867-1959) llegó a Arizona escapando del frío y las tragedias de Taliesin, su casa estudio en Wisconsin. En pleno desierto de Sonora adquirió un terreno ideal para su nuevo cuartel general, Taliesin West (Scottsdale, Arizona, 1937-1959). La construcción evoca la de los pueblos nativos americanos para adaptarse al lugar climática y simbólicamente.

Mucho antes de que estos temas estuvieran de moda, Wright concibió sistemas de refrigeración pasiva y natural que mantuvieran su casa confortable frente a un entorno hostil. Muros gruesos de mampostería de piedra como aislante, grandes aleros y pérgolas para crear sombras, techos de vigas de secuoya cubiertos con lonas blancas para permitir la circulación de aire y la implantación de un estanque adosado al edificio para combatir la sequedad ambiental, establecen un diálogo fluido de la arquitectura con el lugar. “Nuestro nuevo campamento del desierto pertenece al desierto de Arizona como si hubiera estado allí desde su creación”, escribió el arquitecto.

 

Ralph Erskine. The Box (Lissma, Suecia, 1940-1942)

El estallido de la Segunda Guerra Mundial forzó a Ralph Erskine (1914-2005), su esposa y su hija pequeña a abandonar Estocolmo para comenzar una nueva vida en los bosques suecos. En un terreno cedido por un granjero local, los Erskine recogieron piedras del lugar, ladrillos de un antiguo horno abandonado y demás materiales de desecho para construir con sus propias manos una modestísima cabaña de 6 x 3,6 metros (21,6 metros cuadrados) y dos metros de altura, que bautizaron como The Box (Lissma, Suecia, 1941-1942).

Constaba de cocina y una única habitación, que hacía de sala de estar, dormitorio y despacho de trabajo. La cama, que también servía como sofá, podía ocultarse en el techo mediante un sistema de poleas. No había cuarto de baño ni agua corriente, y la tienda más cercana estaba a tres kilómetros. The Box funcionó como vivienda familiar durante cuatro gélidos inviernos bálticos, hasta 1946. Aquella experiencia marcó la dilatada trayectoria profesional posterior de Erskine, caracterizada por un firme posicionamiento ético y una búsqueda constante de lo mínimo y esencial.

 

Ray y Charles Eames. Casa Eames (Pacific Palisades, California, 1945-1949)

Ray y Charles Eames (1912-1988 y 1907-1978) demostraron que los nuevos materiales y procesos de fabricación desarrollados durante la guerra podían llenar de felicidad los hogares de la clase media en tiempos de paz. Cuando la Segunda Guerra Mundial terminó, los Eames eligieron una preciosa parcela repleta de eucaliptos y con unas vistas impresionantes sobre el océano Pacífico para establecer su lugar de residencia, trabajo y ocio, tres conceptos que, en su caso, se fundían en un mismo modo de vida.

Icono del diseño moderno y hedonista de la California cool de mitad del siglo XX, la Casa Eames (Pacific Palisades, California, 1945-1949) está construida con materiales prefabricados y componentes estándar. Su armazón estructural fue erigido por cinco operarios en 16 horas, un prodigio técnico que marcó un hito en la época.

Al exterior, la casa se muestra como dos cajas de vidrio y acero negro, con paneles de madera contrachapada de colores que componen un juego abstracto de inspiración neoplasticista. En el interior, un bodegón de muebles de formas sexis diseñados por los propios Eames, alfombras estampadas, plantas, cuencos con fruta, faroles japoneses suspendidos del techo y piezas de arte étnico demuestran que, como dijo Charles Eames, “al final, todo se conecta: personas, ideas, objetos”.

 

Philip Johnson. Glass House (New Canaan, Connecticut, 1949)

Excéntrico. Provocador. Culto hasta la erudición. Inmensamente rico y poderoso. Gay. Patológicamente promiscuo. Con un pasado filonazi. Valiente. Una contradicción en sí mismo, Philip Johnson (1906-2005) fue un personaje fundamental en la historia de la arquitectura contemporánea, aun cuando solamente firmó unas pocas obras verdaderamente destacables. Su vivienda particular, la Glass House (New Canaan, Connecticut, 1949), que ICON DESIGN visitó junto a su última pareja, fue una de ellas. En su extrema sencillez reside un acierto radical: la casa no es más que una cajita de 32 x 56 pies (9,8 x 17 metros; 166 metros cuadrados) de vidrio y acero negro.

En su interior no hay prácticamente nada: un cilindro de ladrillo que aloja el cuarto de baño y una chimenea, y unos pocos muebles que ayudan a cualificar el espacio sin compartimentarlo. Más elegante que cómoda, su total transparencia conecta la casa con un entorno natural delicioso y cuidadosamente diseñado por Johnson. “La gente dice que era fría, indiscreta y ruidosa”, contaba en nuestra visita Robert Melik Finkle, uno de los muchos amantes de su autor, “pero un día de lluvia en su interior era una absoluta belleza”.

 

Lina Bo Bardi. Casa de Vidrio (Morumbí, Brasil, 1949-1951)

La Casa de Vidrio (São Paulo, 1949-1951) fue la residencia familiar y primera obra construida de Lina Bo Bardi (1914-1992). Ubicada en plena selva tropical de la periferia paulista, el proyecto surgió del respeto al entorno existente y del deseo de su dueña y diseñadora de “vivir en extrema aproximación con la naturaleza”. Como si fuera un árbol, se separa del suelo sobre unos esbeltos pilares cilíndricos pintados de gris, que se camuflan en la sombra para crear la sensación de que la vivienda flota en el denso follaje selvático de la finca. Una fina escalera de acero y hormigón guía al visitante en un recorrido ascendente hasta el espacio principal que da nombre a la casa: una enorme sala de estar con un acristalamiento continuo de suelo a techo que regala unas vistas panorámicas de infarto. Interior y exterior se diluyen, permitiendo que el paisaje fluya dentro de la casa.

 

Le Corbusier. Cabanon de Vacances (Roquebrune-Cap Martin, Francia, 1951-1952)

Aunque Le Corbusier (1886-1965) adquirió fama y prestigio internacional durante el periodo de entreguerras gracias a las opulentas villas de estética mecanicista construidas para acaudalados empresarios, cuando llegó el momento de diseñar una vivienda para sí mismo, optó por una solución radicalmente distinta. El Cabanon de Vacances (Roquebrune-Cap Martin, Francia, 1951-1952) es una minúscula casita hecha con paneles prefabricados de madera y recubierta con corteza de árbol de aspecto rústico. La puerta, las dos ventanas o el escaso mobiliario en su interior se adaptan cuidadosamente a un espacio mínimo diseñado de acuerdo al Modulor, un sistema de medidas relacionadas con el cuerpo humano ideado por el maestro suizo. “Tengo un castillo en la Costa Azul que tiene 3,66 metros por 3,66 metros”, dijo Le Corbusier. “Lo hice para mi mujer y es un lugar extravagante de confort y gentileza. Está ubicado sobre un sendero que llega casi al mar, incrustado debajo de los viñedos. Solamente el sitio es grandioso, un golfo soberbio con acantilados abruptos”.

 

Alvar Aalto. Casa Experimental Muuratsalo (Isla Muuratsalo, Finlandia 1952-1953)

Abatido después de la muerte de su primera esposa, Alvar Aalto (1898-1976) decidió construirse un lugar de retiro en una pequeña isla deshabitada del lago Päijänne. Lo que comenzó como un plan de evasión, pronto se tornó en un concienzudo proyecto de investigación aplicada sobre materiales de construcción. La Casa Experimental Muuratsalo (Isla Muuratsalo, Finlandia, 1952-1953) es una construcción sencilla en forma de L que se abre a un patio central con un fogón en el centro.

Desde los bosques de pinos que rodean la casa, la tapia que delimita la propiedad se ve de un blanco uniforme. Una vez dentro, sin embargo, el suelo y los muros del patio se despiezan en más de 50 combinaciones de ladrillos en todas las formas, colores y texturas imaginables. Perforados, refractarios, macizos, cuadrados, rectangulares, crudos o a medio cocer. De terracota y esmaltados. Bloques de barro dispuestos en un espectro cromático que abarca desde un rosa pálido a un rojo profundo, aparejados de todas las maneras posibles con un completo catálogo de juntas y morteros.

Como si fuera el laboratorio de un científico, cada verano Aalto regresaba a su casita para tomar nota del comportamiento de todas estas soluciones ante un clima extremadamente duro, así como para analizar su resistencia a plantas y musgos. “Cuando se utilizan adecuadamente los ladrillos se convierten en oro”, escribió en su diario.

 

Josep Lluís Sert. Casa Sert (Cambridge, Massachussets, 1955-1957)

Josep Lluís Sert (1902-1983) huyó de la dictadura franquista y se exilió en Estados Unidos, donde desarrolló una carrera profesional y académica extraordinaria que le llevó al decanato de la Escuela de Diseño de la Universidad de Harvard. La universidad le cedió un solar para que erigiera su Casa Sert (Cambridge, Massachussets, 1955-1957), una construcción que aunaba la modernidad americana con la tradición mediterránea.

En una clara apuesta por la privacidad del arquitecto y su familia, la vivienda se esconde detrás de unos muros ciegos de ladrillo que delimitan la parcela y la protegen de los curiosos y de los gélidos vientos de Nueva Inglaterra. En el interior, sin embargo, se descubre que más de la mitad de la superficie del terreno se dedica a tres grandes patios, que sirven como elementos de conexión con los espacios interiores y como estancias al aire libre de derecho propio. Para Sert, su vivienda era “como un queso gruyer: con más agujeros que queso, más patios que casa”.

 

Jørn Utzon. Can Lis (Porto Petro, Mallorca, 1971-1972)

La ópera de Sídney fue un quebradero de cabeza para el autor de su diseño, Jørn Utzon (1918-2008). Incapaz de soportar el conflicto y la presión a los que estaba sometido, el arquitecto decidió abandonar Australia y aislarse del mundo en la cima de un acantilado en la costa sur de Mallorca. De aquel retiro surgió Can Lis (Porto Petro, Mallorca, 1971-1972), un conjunto de cuatro pabellones independientes unidos por patios y galerías abiertas que prolongan los espacios interiores hacia unas vistas del Mediterráneo que parecen postales.

Para su construcción, Utzon colaboró estrechamente con operarios y contratistas de la zona, lo que resultó en una reinterpretación de los sistemas constructivos y el empleo de materiales locales, entre los que destaca la arenisca amarillenta del marés, la misma que se utilizó en la Catedral de Santa María de Palma de Mallorca o en el Palacio de la Almudaina, presente en toda la vivienda, mobiliario incluido. La casa, cuyo nombre se debe a la esposa de Utzon, constituye un bello homenaje a la arquitectura popular de una isla que, para el arquitecto, fue una verdadera tabla de salvación.

 

Fernando Higueras. El Rascainfiernos (Madrid, 1972)

“Me he pasado la vida diseñando casas para mis amigos artistas y yo, sin embargo, tengo que vivir en una cueva bajo tierra”, le gustaba a decir en broma a Fernando Higueras (1930-2008). El Rascainfiernos (Madrid, 1972) es una reinterpretación de las arquitecturas populares subterráneas del sur de España trasladada al jardín trasero de la residencia familiar de Higueras en el barrio de Chamartín. La vivienda se excava en un patio cuadrado de nueve metros de lado y ocho de profundidad y se organiza a su alrededor.

Al estar enterrada, el aislamiento acústico y climático son magníficos, lo cual mantiene una temperatura casi constante a lo largo de todo el año que permite superar el tórrido verano madrileño sin necesidad de aire acondicionado. Cuatro lucernarios permiten la entrada de una hermosa luz cenital en un gran vacío central ocupado por una hamaca y multitud de plantas.

La imagen es extrañamente placentera, como si se tratara de las ruinas de un templo de hormigón olvidado en un lejano paraíso tropical. Atestada de cuadros, libros, esculturas y otros objetos personales de Higueras, la casa revela la personalidad de un arquitecto moderno, culto y polifacético, desafortunadamente en demasiadas ocasiones más conocido por los excesos de su propio personaje de enfant terrible que por su fantástico legado arquitectónico.

 

Ricardo Bofill. La Fábrica (Sant Just Desvern, Barcelona, 1973-1975)

“Encontramos enormes silos, una chimenea, cuatro kilómetros de galerías subterráneas y salas de máquinas en buen estado”, cuenta Ricardo Bofill (1939) sobre su primer encuentro con la antigua fábrica de cemento que convertiría en su hogar y oficina de trabajo. Literalmente envuelta en un exuberante jardín de palmeras, eucaliptos, olivos y cipreses, La Fábrica (Sant Just Desvern, Barcelona, 1973-1975) encarna el brutalismo más crudo y desnudo que, a su vez, se deja hechizar por una fantasía surrealista de formas extrañas, escaleras que no conducen a ningún sitio y grandes espacios vacíos llenos de magia.

Más allá de sus cualidades escultóricas, el proyecto es una sabia lección de arquitectura que desmonta el principio de que “la forma sigue a la función”. Bofill demuestra en su propia casa que un espacio con unas cualidades ambientales, materiales y dimensionales adecuadas, puede adaptarse al uso que se desee con una intervención mínima. “Actualmente aquí vivo y trabajo mejor que en cualquier otro lugar”, afirma el arquitecto. “Tengo la impresión de vivir en un universo cerrado que me protege del mundo exterior y el día a día”.

 

Frank Gehry. Casa Gehry (Santa Mónica, California, 1977-1979)

Cuando Berta se quedó embarazada de Sam, los Gehry comprendieron que necesitaban una casa más grande, por lo que se compraron un viejo bungaló de estilo colonial en un barrio residencial de Santa Mónica (California, EE UU). “Podríamos haber vivido en lo que era. La parte de arriba era lo suficientemente grande para nuestro dormitorio y un cuarto para el bebé”, recuerda Frank Gehry (1929). “Pero se necesitaba una cocina nueva y el comedor era tan pequeño como un armario”.

Gehry aprovechó la excusa de la ampliación para dar comienzo a un proceso de investigación formal con materiales industriales de bajo coste que acabaría por cristalizar en todo un símbolo de la arquitectura deconstructivista. La Casa Gehry (Santa Mónica, California, 1977-1979) se compone de un amasijo de placas de chapa ondulada, madera contrachapada y enrejado metálico que envuelve, perfora y secciona la construcción antigua para generar nuevos espacios interiores. Los vecinos odiaban aquella casa que parecía estar permanentemente en obras, pero los Gehry se salieron con la suya: la cocina nueva les quedó preciosa.

 

Ryue Nishizawa. The Weekend House (Gunna, Japón, 1997-1998)

Apartada en un bosque a unas dos horas de Tokio, la Weekend House (Gunna, Japón, 1997-1998) es un pequeño refugio que Ryue Nishizawa (1966) diseñó para sus escapadas de fin de semana. En consonancia con el sobrio minimalismo nipón, la casa se reduce a una cajita negra modulada de acuerdo con las medidas del tatami tradicional. Estructura, paredes, suelos y techos de la casa fueron concebidos para su montaje a base de piezas estandarizadas con unas dimensiones y peso mínimos, lo que facilitó las tareas de prefabricación, transporte y manipulación para una puesta en obra rápida y eficaz. Por dentro, y con la única excepción del cuarto de baño, la vivienda no cuenta con ninguna pared o elemento de compartimentación. Tres patios ajardinados de distintas dimensiones establecen conexiones visuales con la naturaleza exterior, a la vez que sirven para organizar un espacio interior totalmente flexible que permite que la vivienda también pueda utilizarse como sala de exposiciones para la hija del arquitecto.

 

David Chipperfield. Casa de Vacaciones (Corrubedo, Galicia, 1996-2002)

Cada verano, David Chipperfield (1953) y su familia se trasladan a un pequeño pueblo de pescadores en la costa gallega donde el arquitecto pasa ochos semanas ocupándose de recibir visitas de amigos, trabajar por el día y navegar por la tarde. El amor incondicional de la familia hacia el lugar condicionó el diseño de su casa de vacaciones (Corrubedo, Galicia, 1996-2002), que paradójicamente funciona justo al revés que el resto de los edificios del pueblo. A diferencia de sus vecinos, que dan la espalda al puerto para resguardarse de las inclemencias marítimas y abren sus ventanas al frente urbano, Chipperfield ofrece una fachada prácticamente ciega hacia la calle y explota al máximo su ubicación disponiendo todos sus espacios interiores orientados directamente al mar. Elegante y sensible, la casa se diseñó teniendo en cuenta las costumbres y rutinas de la familia, como tomar el desayuno, leer un libro o prepararse una taza de té, lo que convierte esta obra en una celebración de la intimidad doméstica.

 

Álbum de fotos:

https://www.facebook.com/media/set/?set=a.6068417316506721&type=3

 

Fuente: DANIEL DIEZ MARTINEZ

https://elpais.com/icon-design/arquitectura/2020-12-26/casas-arquitectos-familias.

 

 

 

 

 

18. jun., 2022

 

Walter Dexel (Munich 7 de febrero de 1890 - Braunschweig 8 de junio de 1973) fue un pintor y diseñador gráfico alemán, que está considerado uno de los principales exponentes de las “vanguardias históricas” europeas del siglo XX y representante del constructivismo y la Bauhaus. Su trabajo también estuvo asociado a otros movimientos como el Novembergruppe, originado en 1918 y que se autodefinía como radical y revolucionario, y posteriormente con el De Stijl.

 

Como pintor, Dexel fue autodidacta. Estudió historia del arte con Heinrich Wölfflin y Fritz Burger en la Universidad de Múnich entre 1910 y 1914. Al mismo tiempo, recibió clases privadas de dibujo de H. Gröber.  En 1912/13 realizó sus primeros cuadros durante un viaje de estudios a Italia. Sus primeros cuadros estuvieron influenciados por los paisajes de Cézanne, y su obra posterior estuvo influenciada por el cubismo y el expresionismo.

 

En septiembre de 1914, contrajo matrimonio con Grete Dexel, hija del pedagogo Jenaer Karl Brauckmann. Ese mismo año, realizó su primera exposición personal, de orientación cubista, en la Galerie Dietzel de Múnich y colaboró con László Moholy-Nagy. En 1916, Walter Dexel se graduó de la universidad con un doctorado con Botho Gräf. En 1918, Walter Dexel se convirtió en jefe de exposiciones del Kunstverein de Jena, donde organizó las primeras exposiciones con Campendonk y más tarde con artistas de la Bauhaus como Moholy-Nagy. A principios de la década de 1920, el trabajo de Dexel pasa al constructivismo, al que aborda de manera integral.

 

Hacia 1921 comenzó una profunda amistad con el pintor holandés Theo van Doesburg, sobre quien ejerció una fuerte influencia. A partir de ese momento, el arte de Dexel dio un importante giro hacia una imaginería abstracta-constructivista. Durante el mismo año, Dexel tuvo varias exposiciones en la galería de Berlín "Der Sturm" de Herwarth Walden. En 1923, organizó junto con Willi Baumeister la exposición constructiva Erich Buchholz en Jena.

 

Walter Dexel no se limitó a las pinturas sobre paneles, sino que también trabajó como tipógrafo, diseñador publicitario y diseñó interiores y escenografías. En 1928 escribió un libro titulado "Das Wohnhaus von Heute" junto con su esposa Grete Dexel, que refleja el interés del artista por los temas de la vida moderna, que el artista mostró desde temprana edad.

 

De 1928 a 1935, Walter Dexel trabajó como profesor de diseño gráfico en la "Kunstgewerbeschule" de Magdeburgo. Fue destituido de su cargo en 1935 por los nazis. Ese mismo año Walter Dexel abandonó la pintura. En la exposición abierta en el Instituto de Arqueología de Múnich en 1937 organizada por el régimen nazi como muestra del denominado arte degenerado, en la que se presentaron cerca de 600 obras, se incluyeron dos Dexel que fueron posteriormente retiradas a raíz de su protesta.

 

Después de la guerra, el artista estudió la historia de la forma de los electrodomésticos. Entre 1942 y 1955, Walter Dexel reunió la "Historische Formensammlung" en Braunschweig y publicó numerosos libros sobre la forma. Bajo la influencia de una exposición retrospectiva en la galería de Berlín "Der Sturm", Walter Dexel comenzó a trabajar de nuevo en el arte en 1961, utilizando elementos de forma de 1920 para sus diseños.

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Tras años de grandes dificultades, fue celebrado como uno de los más grandes artistas alemanes y retomó su actividad artística, que continuaría hasta su muerte en 1973. Además de pintor fue también un destacado diseñador gráfico, tipógrafo, escenógrafo y fotógrafo. Algunas de sus publicaciones son considerados fundamentales para comprender la cultura de las vanguardias entre las dos guerras mundiales. En 1973, Dexel murió en Braunschweig a la edad de 83 años.

 

Su obra en Museos

Museum of Modern Art Nueva York

Harvard University Art Museums Massachusetts

Los Angeles County Museum of Art Los Ángeles

Minneapolis Institute of Arts Minnesota

Museum für Kunst und Gewerbe Hamburgo

Neue Galerie Museum for German and Austrian Art Nueva York

Museum Wiesbaden.

 

Álbum de fotos:

https://www.facebook.com/media/set/?set=a.6052112028137250&type=3

 

Fuentes: http://www.walter-dexel.com/  

https://es.wikipedia.org/wiki/Walter_Dexel

 

 

 

 

18. jun., 2022

 

Saltó a la fama en 1962, cuando, con 27 años, encargó a Mies van der Rohe un rascacielos para Londres. Promotor inmobiliario, ecléctico, coleccionista —de esculturas de Henry Moore a casas de Frank Lloyd Wright— y antiguo compañero de polo del príncipe Carlos, su historia materializa el sueño americano en el corazón de Reino Unido. Nieto de un inmigrante siciliano, su padre pasó de dormir en la calle a hacer dinero reconstruyendo la City londinense.

 

El diminuto inmueble que aloja el Walbrook Club entre los rascacielos de la City de Londres parece un edificio protegido, pero es una obra doblemente falsa. Esta vivienda de ladrillo rojo de estilo Queen Anne no fue levantada en la época de Ana Estuardo (siglo XVIII), ni siquiera cuando ese estilo fue revisado a finales del XIX: la hizo construir Rudolph Palumbo en 1953 para que acogiera las oficinas de su empresa inmobiliaria. “Durante 40 años papa y yo nos sentábamos juntos en este despacho”, cuenta Peter Palumbo (Londres, 1935). Lord Palumbo pronuncia 'papa' como si fuera una palabra llana. Él forma parte de la nobleza vitalicia (no hereditaria) británica y su padre está enterrado en el minúsculo jardín de la vecina iglesia de Saint Stephen, una de las 51 que sir Christopher Wren —el arquitecto de la catedral de San Pablo— erigió en Londres. La tumba se ve desde el comedor del club.

 

Educado en Eaton y en Oxford, padrino de la primera hija de Sarah Ferguson y el príncipe Andrés y compañero de polo del príncipe heredero hasta que las opiniones arquitectónicas los distanciaron, lord Palumbo acumula más doctorados honoris causa y presidencias de patronatos de los que es capaz de recordar. Experto en arquitectura, ha poseído algunas de las casas más famosas del mundo —la Farnsworth, de Mies van der Rohe, o la Maison Jaoul, de Le Corbusier— y se define como “un coleccionista ecléctico”, por eso un sombrero de Winston Churchill, adquirido en una subasta, convive con el retrato paterno pintado por Oskar Kokoschka que preside el comedor del Walbrook.

 

¿A quién le encargará el suyo? A Velázquez [carcajada]. No sabría a quién. Mi padre se negó a posar durante años. Decía que nunca había oído hablar de Kokoschka, pero al final me dio tres días. Se fue a Suiza, y un mes después seguía allí. No sé lo que pasó. Imagino que mucha risa y mucho alcohol. Se hicieron amigos. Como el propio edificio, la actitud de los socios y el poso del lugar hacen que el club parezca del siglo XIX, pero fue inaugurado en el año 2000. “Vinieron los de patrimonio para registrarlo como bien protegido y les dije que mi padre construía muy bien, pero que era de 1953”. ¿Viene a menudo? Poco. Mi esposa es la presidenta del club y yo organizo un desayuno al mes. Solo para socios, a las 7.30. Recluto conferenciantes interesantes.

 

¿A quién ha invitado? A F. W. de Klerk [expresidente de Sudáfrica], por ejemplo. Lo que se dice no sale de aquí. Algunos de los que vienen a hablar tienen 90 años. También soy presidente de la Royal Fine Art Commission [órgano independiente cuya misión es asesorar al Gobierno en cuestiones relacionadas con infraestructuras públicas y estética en Inglaterra y Gales]. Nuestro patrón, lord Carrington, cumplirá 99 en junio y es el mejor tipo de inglés: honorable, inteligente y divertido. Tras la Segunda Guerra Mundial formó parte del Gobierno de Winston Churchill y luego del de Margaret Thatcher.

 

¿A qué se dedica esa comisión? Hace bien en preguntar. Buscamos una visión. La comisión la fundó el príncipe Alberto, el marido de la reina Victoria. Por entonces organizaba concursos. El más famoso fue el de la cabina telefónica roja. Tony Blair la consideró demasiado elitista, pero hace seis años pusieron los fondos en mis manos. Cuando Thatcher me ofreció dirigir el Arts Council [agencia gubernamental encargada de promocionar, desarrollar y financiar proyectos artísticos. Palumbo la dirigió de 1988 a 1994] me preguntó si necesitaba pensarlo. “Ni un minuto”, respondí. “Cómo me gusta la gente que tiene las cosas claras”, dijo ella. ¿Es un trabajo o un honor? Más trabajo que honor. Debemos invertir 300 millones de libras de dinero público en arte. Es mucho, pero siempre haría falta más. Parte de ese dinero proviene de la lotería. En la época de Thatcher eso hubiera sido impensable. “La gente debe ganar el dinero que quiera gastar”, hubiera dicho. Tenía una filosofía muy puritana.

 

¿Cómo se invierte bien el dinero público en las artes? Royal Shakespeare, National Theatre, Opera y Ballet en Covent Garden… Siempre dedico un 10% del presupuesto a arte experimental. No es fácil porque en la naturaleza de un experimento está la posibilidad de fallar, y eso no se interpreta como una buena gestión. La ventaja de que exista una institución como la nuestra es que si se carga contra las artes —“¿por qué le dan dinero a un artista conceptual para que camine por un bosque de Norfolk?”— nos atacan a nosotros y no al ministro. Políticamente, sirve para desviar golpes. Pero ningún Gobierno, ni el de Thatcher ni el de John Major, nos impuso cómo gastar el dinero.

 

¿Qué aprendió? Que no se puede hablar del arte en singular. Las artes son interdependientes y se influyen mutuamente. Goethe dijo que la arquitectura era música congelada. Qué frase tan maravillosa. Los arquitectos no paran de repetirla. Cuando ejerzo de jurado y debo decidir qué edificio se construirá, tras comprobar que a los arquitectos les interesa la música pido que asocien su propuesta con una pieza musical. Nadie sabe contestar. ¿Usted sabría? Los edificios son criaturas vivas. Mi madre tocaba el violín. Pero Stravinski, Shostakóvich y Schönberg me vacunaron contra el impacto de lo nuevo. Ensancharon mi mente. A mi padre no le gustaba la música en absoluto. Por eso se divorciaron. ¿Toca algún instrumento? No. Carezco de cualquier tipo de talento. Tiene que dejar eso muy claro.

 

Uno de los episodios más singulares de su biografía fue el intento de construir el primer rascacielos de Mies van der Rohe en Londres. Sí, el príncipe de Gales no me lo puso fácil. ¿Por qué le interesó Mies van der Rohe? En Eaton tuve un tutor excepcional. Los domingos, tras la misa, nos invitaba a sus habitaciones para que relacionáramos imágenes: Van Eyck y Jackson Pollock o Mies y Schinkel. Nos preguntaba: “¿Qué conversación hubieran tenido estas dos personas?”. Cuando mi padre compró un terreno a dos pasos de nuestra oficina le hablé de Mies: el único superviviente de la época dorada de la arquitectura. Pensé que le gustaría Londres y sus cielos grises. No era tan feliz con el sol.

 

¿Cómo convenció a Mies van der Rohe? Lo fui a ver a Chicago. Nos llevamos bien porque conocía sus edificios y se dio cuenta de que podíamos tener una conversación. Le advertí de que no podría construirse el rascacielos en 25 años (por los acuerdos con los inquilinos). Tenía 75 y le impresionó que le estuviera haciendo un encargo póstumo. Sin embargo, le convenció que lo quisiera todo: desde los tiradores hasta los ceniceros. No firmamos contrato, pero al cabo de seis meses me envió una caja grande con planos detallados, muebles dibujados, un cenicero de mármol, que todavía conservo, y una nota: “¿Es esto lo que tiene en la cabeza?”.

 

Cuando Mies llegó a Londres fue portada del diario Evening Standard. Vino con su nieto Dirk Lohan. Hice que redecoraran su habitación del Claridge’s con artistas que le gustaban, como Kurt Schwitters. Lo trataron como si fuera de la realeza. El director del banco Lloyds, que había alquilado ya el futuro edificio, puso a todos los empleados en pie para recibirlo cuando nos invitó a comer. Pero el rascacielos nunca llegó a construirse. En 1968 Mies murió. Y el fervor se apagó con él. Tras 13 años de negociaciones, cuando obtuvimos todos los permisos, dijeron que el edificio carecía de conexión con su contexto y no tenía modales. Se puede decir cualquier cosa de un edificio de Mies, pero ¿malos modales? Tapaba una de las vistas a la catedral de San Pablo y el príncipe de Gales lo criticó. Ahí se acabó. “No he vuelto a hablar con el príncipe de Gales desde la disputa por el rascacielos de Mies van der Rohe en Londres. Su juicio arquitectónico es ridículo”.

 

No pudo construir un rascacielos de Mies van der Rohe pero sí comprar su famosa Casa Farnsworth por 120.000 dólares. Quise ver a Edith Farnsworth en cuanto supe que estaba en venta. Me invitó a la casa. No le dije que ya la había visto porque estaba tan harta de los mirones que los asustaba con una escopeta. El proyecto no era ideal: vidrio y metal al lado de un río… Y estaba en ruinas: era el escenario de una batalla. Ella había denunciado a Mies y había perdido el juicio. Quería el dinero para irse a Italia. Se dice que esa casa es una historia de amor —el encargo— y de desamor —la denuncia y la degradación arquitectónica—. Si era amor, se convirtió en odio. La doctora Farnsworth se fue a vivir a Florencia. Fui a visitarla y aproveché para hacerle un encargo a Henry Moore, que tenía una retrospectiva. Esa escultura está en Hyde Park, pero fue mía durante 20 años.

 

También vendió Farnsworth y la Maison Jaoul, de Le Corbusier. ¿Qué le hace vender su colección? Un cáncer de próstata en 1990. Me planteé qué necesitaba de verdad. Y decidí aligerar mi vida. Me quedé la casa usoniana de Frank Lloyd Wright, cerca de Baltimore, porque allí está el hospital donde me trataron. Farnsworth no había sido asaltada en 30 años. En Plano (Illinois) no la entendían, pero la respetaban. Y de repente la destrozaron sin robar nada. En 1996 hubo una inundación de escala bíblica. Y de nuevo tuve que arreglarla. La vendí al Fondo Nacional para la Preservación Histórica de América. Christie’s multiplicó su valor. No perdí dinero. Compré casas y se convirtieron en monumentos. Llegaban cartas de todo el mundo para verlas y al final no era posible vivir en ellas.

 

Tiene esculturas, coches deportivos… ¿Su padre hizo una fortuna y usted se ha dedicado a invertirla? Mi abuelo llegó a Londres para tratar de sobrevivir. Mi padre quiso integrarse. Nunca hablaba en italiano en Inglaterra. Pero sí en Italia. Y en los últimos años he sentido que es ese país a donde pertenezco. Tengo la sensación de haber encontrado mis raíces. ¿Ha tenido que cumplir 80 años para darse cuenta de eso? Me ha faltado tiempo para pararme a pensar. Y ahora es demasiado tarde. Se lo digo a mis hijos: tomaos tiempo para plantearos si lo que hacéis es lo que realmente queréis hacer. Es fundamental saber lo que es importante. Mi padre solo descansaba 12 días al año.

 

Pasó de vivir en la calle a convertirse en el padre de un lord. Fue un fuera de serie. Tuvo todas las desventajas de ser hijo de inmigrantes sin dinero y sin hablar buen inglés. Era tan pobre que no pudieron permitirse tenerlo en casa y lo dejaron solo en las calles del East End cuando tenía 12 años. Pero tenía una mente brillante. Se educó en bibliotecas públicas en las que no tenía que pagar para entrar. Recordaba todo lo que leía. Habla de las ventajas de lo público desde un club privado. La iniciativa es fundamental para los negocios. Este edificio lo construyó él, un niño que había dormido en la calle. Resulta inverosímil que un joven que pasa años en la calle se autoeduque y se convierta en millonario. Mi padre siempre supo lo que cuestan las cosas. Tenía tal fuerza de voluntad que si decía que haría algo, lo cumplía. La gente confiaba en él. Era muy carismático.

 

Al final, ¿es eso lo que mueve el mundo? En parte. Y es esperanzador. Mi padre conoció a unos abogados de Newcastle que sabían menos de Londres que él y tenían clientes americanos que les daban dinero para invertir en grandes ocasiones. Mi padre encontraba esas ocasiones. ¿Cómo puede alguien pasar de dormir en la calle a generar confianza en inversores? Es una buena pregunta y no conozco la respuesta, pero sé que sucedió así. Mi padre era muy reservado. Sabía que no tenía los atributos sociales que se precisaban, por lo menos entonces, para integrarse. Por eso fue un hombre socialmente prudente, aislado. Pero a mí me educó para que fuera lord mayor de Londres [la máxima autoridad en la City]. Eso es lo que él hubiera querido: enviar ese mensaje a la sociedad.

 

Sadiq Khan, el alcalde de Londres, es hijo de inmigrantes paquistaníes. Mi padre anticipó eso. Khan se crio en la escuela pública y en un piso de protección oficial. Usted fue educado en Eaton, con la oligarquía británica. ¿Sintió el clasismo? Mi padre mucho, pero adoraba este país. Jamás mencionó ni a Italia ni a su familia. Estaba decidido a tener éxito. Tenía un nombre raro, Palumbo, y 23 años. En 1924 construyó su primer edificio, eso lo convirtió en un perfeccionista y en alguien con fe. Lo sabía todo de solares, materiales y pactos. Conectaba a la gente. Los abogados se llevaban un tercio de las ganancias; los constructores, otro, y él, el tercero. Y lo convirtió a usted en británico, en noble y en una enorme figura pública. Cumplí con todo lo que ideó para mí. Pero cuando supe que quería que fuera lord mayor de Londres puse el freno. En términos británicos es lo más alto a lo que se puede llegar. Pero yo no quise solo obedecer.

 

¿Qué quería usted? Durante 40 años aprendí y cultivé lealtades. Pero también soy hijo de mi madre. Me tuvo con 40 años. Se separaron cuando cumplí 12. No estaban hechos el uno para el otro: él era adicto al trabajo, y ella, una artista. ¿Usted es el resultado de esa unión? Bueno, por lo visto mi parto fue complicado y trastornó a mi madre. Tenía delirios: un día era la reina Victoria y, al siguiente, Isabel I. Todo fue lento, doloroso e incomprensible. Vivió hasta los 101 años. Murió en mi casa.

 

¿Qué es más difícil: hacer una fortuna, mantenerla o darle sentido? Es mucho más difícil mantener tu fortuna que ganarla. Para conseguirla se precisa energía y obsesión. Para darle sentido, intuición o experiencia. Para mantenerla, suerte. Entre sus muchos cargos, presidió el jurado del Premio Pritzker, el Nobel de la Arquitectura. ¿Qué aprendió? Que la arquitectura siempre ha sido una excepción. Y debe dejar de serlo. Forma parte de la cultura, pero debe contribuir a reformar la sociedad. Jay Pritzker comparte esa idea. Quiere que la arquitectura no sea solo el 5% de lo que se construye. Que llegue a más lugares, que se abra el mundo. Que tenga en cuenta a la gente. Que sirva a la sociedad. Eso sería transformador. ¿Pero tal vez económicamente poco rentable? Los avances sociales son siempre rentables.

 

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Fuente: ANATXU ZABALBEASCOA  https://elpais.com/elpais/2018/07/23/eps/

 

 

 

 

13. jun., 2022

Julia Bolles-Wilson es una arquitecta contemporánea de origen alemán, quien desde el principio de su carrera trabaja tanto en el ámbito de la práctica profesional desde su estudio Bolles+Wilson, como en el teórico a través de la docencia. Su apuesta es a una arquitectura que apunte a modificar el espacio respetando el contexto en el que se desarrolla. Sus más importantes trabajos, que van desde la planificación urbana de sectores de ciudades a edificios de carácter institucional, fueron obtenidos a partir de concursos internacionales de arquitectura.

 

Julia Bolles-Wilson nació en 1948 en Münster. Entre 1968 y 1976 estudió arquitectura en el Instituto Tecnológico de Karlsruhe, Alemania. Ya en Londres y cursando estudios de posgrado en la Architectural Association conoció a Peter Wilson, oriundo de Melbourne, Australia, con el que se asocia en 1980 bajo el nombre de Wilson Partherships, y quien posteriormente será su esposo y padre de sus hijos.

 

Sus orígenes diferentes junto con las características propias de cada uno, el creativo y rápido con el lápiz y ella detallista y concreta, les permitió formar una pareja productiva y de complemento mutuo, que lleva años compartiendo trabajo y vida en común.

 

Luego de obtener en 1987 el Primer Premio de la Biblioteca de Münster, Alemania y a causa de los viajes frecuentes que debían realizar entre las dos ciudades con sus pequeños hijos para concretar ese proyecto, decidieron establecerse en esa ciudad. En una conferencia que realiza en la Maastricht University, en abril de 2011, como parte del ciclo El futuro de la Arquitectura, relata: “La mudanza significó un paso muy importante para nuestra familia y como oficina. Por un lado era inobjetable que en Londres estaba todo a nivel cultura, y que Münster era una ciudad más pequeña, pero nosotros en particular, instalarnos allí, nos permitió desarrollar nuestro estudio de arquitectura a nivel nacional, y luego internacional, y resultó un buen lugar para criar a nuestros hijos”.

 

A partir de 1989, y ya instalados en Alemania constituyeron la firma Bolles+Wilson, actualmente uno de los estudios de arquitectura más renombrados en el mundo. Como parte de una generación que aprendió contextualismo a la manera de O.M. Ungers y Collin Rowe, Bolles define su arquitectura como una simbiosis entre lo conceptual y lo pragmático, lo cotidiano y lo excepcional. En cada proyecto buscan equilibrar las diferentes escalas que surgen del planeamiento urbano con los edificios en su contexto inmediato, a la par del equilibrio espacial en los interiores que generan en sus edificios.

 

Además de las obras construidas en Münster tienen proyectos en Japón, Holanda, Albania, Dinamarca e Italia. Muchos encargos se deben a la participación en concursos. Tal es el caso de la Bibilioteca de la Ciudad de Helmond, el Jardín de Infantes San Sebastián y la Biblioteca Nacional de Luxemburgo. Sus obras ha sido reconocidas por sus colegas como el Ayuntamiento Raakspoort Haarlem, con el Premio Ladrillo 2012 y la Nueva sede para la Planta de Hormigón en Erwitte con el Premio internacional de Arquitectura.

 

Paralelamente a su desarrollo como profesional en el ámbito privado, Bolles ha desarrollado una importante labor docente y académica en diferentes lugares del mundo. Entre 1981 y 1986 fue profesora de arquitectura en la Escuela de Arte de Chelsea, Londres, y desde 1996 ha impartido clases de diseño arquitectónico en la msa|Escuela de arquitectura de Münster, donde actualmente también es Decana. Para Bolles, enseñar es un acto de generosidad.
Habitualmente es jurado en concursos de arquitectura, y a su vez la mayoría de los trabajos que realiza en el estudio son obtenidos a partir de participar en competencias arquitectónicas de distintas ciudades del mundo. Es en este espacio donde amalgama su amplia experiencia en la práctica arquitectónica con sus años en la docencia.

 

En sus charlas, Bolles se presenta como “una profesora de diseño arquitectónico en msa|Escuela de Arquitectura de Münster, Decana de la institución, ama de casa y madre de hijos ya adultos”. Y aclara que lo hace porque quiere dar una visión completa de su persona por el mucho trabajo que significa ejercer todos estos roles paralelamente. Enfatiza de esta forma el esfuerzo que significa integrar el desarrollo profesional de la mujer con la vida privada, como esposa y madre de familia.

 

Álbum de fotos: 

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Fuente: https://undiaunaarquitecta.wordpress.com/2015/08/07/julia-bolles-wilson-1948/

 

 

 

 

22. may., 2022

 

Angiolo Mazzoni del Grande, arquitecto e ingeniero nacido en Bolonia el 21 de mayo de 1894 y fallecido en Roma el 28 de septiembre 1979. Además de ser uno de los grandes proyectistas de edificios públicos, estaciones y edificios ferroviarios y postales de la primera mitad del siglo XX, se distinguió por su constancia: en 1926 se afilió al PNF, el Partido Nacional Fascista, y nunca renunció a este elección, sobre todo no después del final de la Segunda Guerra Mundial cuando muchísimos fueron los que, agarrando cualquier trapo rojo, se lo ataron al cuello proclamándose antifascistas.

 

De hecho, en 1945 fue denunciado por su colega Giovanni di Raimondo, ingeniero, que fue subsecretario de Comunicaciones en el primer y segundo gobierno Badoglio, director general de los Ferrocarriles del Sur después del armisticio del 8 de septiembre de 1943, y posteriormente director general de la Ferrocarriles del Estado y brazo derecho del Ministro de Transporte Guido Corbellini. Uno se pregunta dónde estuvo el caballero en cuestión, qué hizo y qué maestros sirvieron antes del 8 de septiembre pero, ya sabes, estas son solo especulaciones filosóficas.

 

Queda el hecho de que Mazzoni fue citado por la Comisión de Purga a la Dirección General de la FS, y suspendido de sus funciones el 12 de septiembre de 1945. El 27 de mayo de 1946 fue absuelto de todos los cargos y presentó una denuncia contra once de sus acusadores por falso testimonio y calumnia. Sin embargo, decidió exiliarse en Colombia, donde permaneció hasta 1963, y mientras tanto los críticos de arquitectura -que creo que eran los que nunca habían diseñado ni siquiera una cama para perros y que en esos años estudiaban para ser críticos y polivalentes del 68 y años posteriores- no le dieron el pleno reconocimiento técnico y artístico que hubiera merecido por la excepcional abundancia de su producción y por su extraordinaria calidad, atestiguada por el hecho de que numerosos edificios públicos construidos por Angiolo Mazzoni todavía están en funcionamiento hoy en día, satisfaciendo la mayoría de las necesidades para las que fueron diseñados originalmente.

 

Su cursus honorum profesional comienza con su contratación, en 1921, en la Sección de Obras Especiales de los Ferrocarriles del Estado de Milán con el título de "Ingeniero Provisional", y en noviembre del mismo año es trasladado -a petición suya- para poder asiste a la Academia de Bellas Artes - en Bolonia, su ciudad natal, en la División de Obras. colaboró ​​en la redacción de un proyecto para la estación de tren de Borgo San Donnino y en la construcción de viviendas públicas para los trabajadores ferroviarios del Compartimento local.

 

A finales de 1922 fue nombrado Inspector y en 1923 participó en un concurso para la construcción en Génova de un arco conmemorativo de los caídos de la Primera Guerra Mundial, obteniendo el segundo puesto. Fue trasladado a Roma en marzo de 1924, en el Servicio de Obras y Construcción, donde, habiendo obtenido el ascenso a Inspector de Primera Clase, inició su labor como arquitecto que le llevó a dar forma y construir una larga y significativa serie de importantes edificios públicos, ferrocarril y servicios postales en todo el país.

 

En 1925 contribuyó a la construcción del Dopolavoro Ferroviario en Roma, en el bienio 1925-26 construyó la Colonia Rosa Maltoni Mussolini (llamada así por la madre del Duce) de Calambrone cerca de Pisa; el 24 de mayo de 1926 recibió el honor de Caballero de la Corona de Italia y en 1927 comenzó a trabajar en el proyecto de la nueva estación de Bolzano. En el sector no ferroviario, destacan las oficinas de correos de Grosseto, Sabaudia, Littoria, Nuoro, Ostia, Palermo, La Spezia, Trento y Pola. Entre sus obras más conocidas se encuentran la central térmica y la cabina de aparatos de la estación de Florencia, construidas entre 1927 y 1929.

 

Entre 1929 y 1934 se hizo cargo de una estación particularmente significativa para el Régimen: la de Littoria, y en 1932 participó en el concurso para la estación de Santa Maria Novella. En 1936 trabajó en la nueva estación de Siena y entre 1935 y 1937 trabajó en un proyecto para la estación de tren de Verona. En mayo de 1938 fue designado responsable del diseño y construcción de las estaciones de Trento, Venezia Santa Lucia, Villa San Giovanni, Messina y Reggio Calabria, y en septiembre del mismo año se le encomendó la tarea de desarrollar un urbanismo y funcionalidad. proyecto para el transporte integrado por carretera y ferrocarril en la capital.

 

En 1942 contribuyó con sus colegas Giuseppe Terragni y Roberto Narducci al proyecto de una construcción temporal para la exposición E42, y esa experiencia le valió su último encargo público importante en 1943: el proyecto de la nueva estación ferroviaria de Venezia Santa Lucia, que, sin embargo, fue construido después de la guerra con otro proyecto. Y aquí estamos en la estación Termini, quizás el encargo más importante y significativo que dejé para el final a pesar de que el proyecto, definido en 1938, se presentó en la Exposición Universal de Nueva York de 1939, junto a otros símbolos de prestigio y destreza técnica. incluyendo ETR.

 

En 1943, cuando los sistemas técnicos, los abrigos y las alas laterales estaban muy avanzados (excluyendo el pabellón real que da a via Marsala), la construcción de la estación de Termini se interrumpió debido a la guerra, al final de la cual Mazzoni reelaboró ​​el proyecto proponiendo, en lugar del grandioso pórtico previsto por la versión de 1938, una fachada absolutamente tosca. Pero, por razones de filiación política expuestas al principio, la realización de la obra se encomendó a otros profesionales y la estación se completó en 1950 según un concepto muy diferente al del proyecto original.

 

En 1947 aceptó la cátedra de Historia de la Arquitectura y Urbanismo en Bogotá, en la Universidad Nacional de Colombia, y en el país latinoamericano contribuyó a la construcción de la línea férrea Ibagué-Armenia. Regresó a Italia el 28 de mayo de 1963, instalándose en Roma, donde falleció el 28 de septiembre de 1979. Su archivo se conserva en el Archivo '900 del MART de Rovereto.

 

Álbum de fotos:

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Fuente: https://archeologieferroviaire.wordpress.com/2018/02/18/