Arte y Arquitectura

19. feb., 2019

Arquitecto, diseñador y artista, Alessandro Mendini nace en Milán en 1931. Mendini comenzó su carrera en la oficina del artista y diseñador Marcello Nizzoli, después de completar su licenciatura en arquitectura en el Politecnico di Milano en 1959. En 1970 abandona el diseño arquitectónico y se dedica al periodismo especializado en arquitectura y diseño.

 

Es director de la revista Casabella de 1970 a 1976 y el año siguiente funda Modo, que dirige hasta 1979. Ese mismo año, Giò Ponti le asigna la dirección de Domus, encargo que conserva hasta 1985. A distancia de 25 años, a partir de marzo de 2010, retomó la actividad de dirección de la revista durante un cierto período.


En los años setenta Mendini participa en la mayor parte de las experiencias de Radical Design que surgen en este período. Es uno de los fundadores en 1973 de Global Tools, un grupo que hace parte del contradiseño y se opone intensamente a la tradición. En 1979 se unió a Studio Alchimia, un colectivo experimental que ofrecía una alternativa a las reglas estrictas del modernismo, en lugar de eso, favorecía los colores vivos y la decoración. Su trabajo allanó el camino para el grupo Memphis, creado por el miembro del estudio Ettore Sottsass.

 

Durante este tiempo completó el sillón Proust, una de las sillas más emblemáticas y revolucionarias del siglo XX. Combinaba una forma barroca con un patrón de superficie puntillista, lo que significa que su marco de madera y tapicería estaban cubiertos por cientos de diminutos puntos pintados a mano. En una entrevista con Dezeen en 2015, Mendini describió a Proust como "un ejercicio intelectual". "Esta silla es muy cara. No tiene ninguna función. Es sólo para divertirse", dijo. "Pero el puntillismo es una teoría real. Porque si cada punto es bueno, todo el objeto es bueno".


Mendini estableció su práctica arquitectónica en 1989 con su hermano Francesco, llamado Atelier Mendini, en Milán, donde trabajó hasta su muerte en 2019. Los proyectos clave incluyeron el Museo Groninger en los Países Bajos, un edificio con una torre amarilla vibrante; Museo di Omegna, un edificio posmoderno sin vergüenza en el norte de Italia, el complejo teatral Teatrino della Bicchieraia en el centro de Italia, la nueva piscina olímpica en Trieste, un edificio torre en Hiroshima (Japón) y otros edificios situados en Europa y los Estados Unidos. En Corea del Sur, el Atelier Mendini diseñó la sede de la Triennale de Milán en Incheon, y en Seúl desarrolló distintas obras de arquitectura, interiorismo y diseño.

  

También colaboró ​​con las principales marcas de diseño industrial, incluida Alessi, para la cual diseñó los utensilios de cocina Anna y una versión de la cafetera Moka Espresso. Crea objetos, mobiliario, ambientes, pinturas, instalaciones y arquitecturas. Colabora con empresas internacionales como Magis, Philips, Cartier, Bisazza, Swatch, Hermès, Venini y es consultor de distintas industrias, incluso en el Lejano Oriente, con el objetivo de estudiar y delinear los problemas de imagen y diseño.

  

Fue profesor de diseño en la Hochschule für Angewandte Kunst de Viena y es profesor honorario en la Academic Council de la Academia de Bellas Artes de Guangzhou (China). Organizó varias exposiciones y seminarios en Italia y en el extranjero y sus trabajos están expuestos en numerosos museos del mundo. Mendini comenzó a trabajar en el periodismo en 1970, cuando el diseño radical estaba en su apogeo. Editó la revista Casabella de 1970 a 1976, luego cambió a la revista Modo en 1977. Su dirección en Domus, desde 1979 hasta 1985, proporcionó una ideología crítica a los diseños posmodernos que él y sus contemporáneos estaban produciendo. El arquitecto también cofundó la Academia Domus, que hoy es una de las escuelas de diseño de posgrado más importantes de Italia. 

 

Durante su carrera fue una figura clave en el movimiento de diseño radical de la década de 1960, así como en el movimiento posmoderno que siguió, Mendini produjo obras influyentes de arquitectura, diseño de interiores, muebles e iluminación. Pero también fue un importante teórico, que se desempeñó como editor de las revistas de diseño italiano Casabella, Modo y Domus.  El diseñador y experto en posmodernidad Adam Nathaniel Furman,  describió a Mendini como "una figura de importancia asombrosa y una mente hermosa que ayudó a abrir horizontes". "Él nos dejó un legado a todos nosotros que, por un lado, habla por sí solo a quienes están dispuestos a escuchar, y por el otro requiere una defensa sólida contra aquellos fundamentalistas estéticos que lo descartarían de sus manos puritanas". La crítica italiana

 

Francesca Oddo describió a Mendini como "el protagonista de una verdadera revolución en el diseño". Escribiendo para Abitare, dijo: "Brillante, visionario, siempre interesado en explorar diferentes disciplinas, en sus 87 años de vida nunca dejó de pensar en el hombre, entendido como 'cuerpo, psique y espíritu', como centro del proyecto. . " La silla Proust es un icono del siglo XX.

  

Galerie Kreo, que organizó una muestra del trabajo de Mendini en 2001, dijo que fue un honor trabajar con Mendini "en los últimos 20 años". "Su sensibilidad, generosidad, vitalidad e integridad son y seguirán siendo un ejemplo para todos", dijo. En 2014 fue galardonado con su tercer Compasso d’Oro a la carrera, el European Prize for Architecture 2014 en Chicago y el grado Honoris Causa de la Academia de Bellas Artes de Wroclaw en Polonia. Falleció en Milán a la edad de 87 años el 18 de febrero de 2019.

 

Álbum de fotos:

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Fuentes:  www.magisdesign.com/es/elenco_designers/alessandro-mendini/

 https://www.dezeen.com/2019/02/18/alessandro-mendini-dies/

 

 

 

 

 

 

 

 

12. feb., 2019

 

Andrew Warhola -conocido por todos como Andy Warhol- nace en Pittsburg en agosto de 1928 y fallece en la ciudad de Nueva York en febrero de 1987 tras una larga vida de trabajo intenso. Procedente de una familia de inmigrantes eslovacos, sus padres viajan al país americano antes del nacimiento de Andrew. Desde muy pequeño mostró grandes dotes artísticas. De este modo sobresale en sus primeras clases de arte en el Carnegie Institute hasta que consigue graduarse.  

 

Tras terminar sus estudios, Warhol se traslada a Nueva York donde desarrollará la mayor parte de su obra artística como creador publicitario en grandes revistas como Glamour, Vogue o The New Yorker o para marcas conocidas de zapatos. Gracias a la popularidad que poco a poco va adquiriendo el autor funda su estudio The Factory, que finalmente se convertirá no sólo en un lugar de creación sino también de reunión de los artistas más underground del Nueva York del momento.

 

Tras ser conocido en todo el país por sus colaboraciones, Warhol comenzó a realizar sus obras más famosas especialmente tras un viaje alrededor del mundo, acto que marcó su vida y que le dio el impulso necesario para comenzar su etapa plenamente Pop, abreviatura de la expresión popular art - término inventado en 1955 por Leslie Fiedler y Reyner Banham - que en castellano traduciríamos por arte popular o cultura de masas en la que no pretendía hacer un arte para el pueblo sino utilizar en sus obras (pictóricas, literarias, escultóricas, etc.) elementos cotidianos de la vida de las personas.

 

El pop art encuentra sus raíces en Dadá de quien se extrae la idea de unir arte y vida es decir, de anular la separación abismal que existía entre la vida cotidiana de las personas y el arte, exclusivo por entonces de unos pocos. Además de él aprendieron las posibilidades de la fotografía, del collage y el assemblage. El segundo pilar del Pop es Duchamp quien es conocido por aislar la esencia artística o utilitaria de cualquier elemento del entorno. Así, para Duchamp y más tarde para Warhol, lo importante no es la realización manual de la obra de arte sino la elección del objeto, que lo es por su propio valor artístico.

 

Bajo una crítica a la cultura de masas, a la impersonalidad cada vez mayor de la sociedad americana y a la sociedad de consumo, Warhol elige o presenta dos elementos de ese capitalismo que repite de una forma casi obsesiva multiplicando en hileras con ligeras diferencias de impresión por lo que el ojo tiene que seguir la línea de repetición y captar la distorsión que puede llegar hasta la manipulación y la destrucción. Las dos imágenes elegidas fueron la lata de sopa Campbell (1964) y los botellines de Coca-Cola, símbolos ambos de la modernidad y los nuevos tiempos. Aparecieron por primera vez en una exposición en el Paul Bianchinni titulada "El supermercado estadounidense" en la que el producto se convierte en arte. Warhol fue asimismo escultor de lo común y crítico de lo superficial. Sus obras Cajas de Brillo o Silver Clouds son buen ejemplo de ello, expuestas ambas en una exposición en el año 1964. Así su obra se reduce a una simple elección aparentemente banal pero que encierra un sentido irónico y crítico hacia el materialismo, la popularidad, el dinero y la fama.

 

Gran amante del cine Warhol realizó, con la misma técnica, una serie de retratos de estrellas de Hollywood como Marilyn Monroe, Elvis Presley y Elizabeth Taylor. Las imágenes elegidas por Andy no eran novedosas sino que eligió fotos bien conocidas por el gran público y lo único que con ellas hizo fue recortarlas, enmarcarlas, elegir los colores y repetirla por medios gráficos.  Warhol también pintó otros aspectos de la vida como accidentes de tráfico o desastres. Ese es el caso de su colección "Muerte y Desastres" en la que se incluyen obras como Accidente en coche o Desastre naranja, la reproducción de la silla eléctrica o como elementos de la naturaleza tal como flores o animales que reproduce con la misma obsesión que los objetos.

 

Los últimos tiempos de Andy transcurren algo más tranquilos que los vertiginosos 60 y 70 - especialmente tras el intento de asesinato contra su persona- pero no deja de pintar y codearse con los nuevos artistas que surgen en el panorama americano como Mick Jagger, Liza Minelli, Elizabeth Taylor, Grace Kelly, Jacqueline Kennedy o Mao Tse Tung a los que retratará.

 

Además de por la pintura y la escultura, Warhol es conocido por sus colaboraciones junto con en el grupo musical The Velvet Underground y por una serie de películas de alto contenido erótico como Eat (1963), The Chelsea Girls (1965) o Blue Movie (1969). Además de la temática erótica, Warhol rodó producciones de larga duración donde el espectador, si no dormía de aburrimiento, podía observar la misma imagen en distintos momentos del día. Así ocurre con Empire, cinta de ocho horas de duración que tiene como escenario el Empire State y sus cambios de luz. En 1967 fundó junto a Paul Morrisei la Film Makers Cooperative que produjo entre otras películas Flesh y Trash, sus films más conocidos.

 

Tan importante como su obra es la imagen pública que él mismo proyecta como artista y como intelectual. Andy Warhol sabe esto y juega con su imagen andrógina. Como muestra de su excentricidad dejó su vida bien documentada en la obra La filosofía de Andy Warhol del año 1975. Warhol murió en Nueva York a las 6:32 de la mañana del 22 de febrero de 1987. Según los noticiarios, se estaba recuperando sin dificultades de una operación de vesícula en el New York Hospital cuando falleció dormido debido a una repentina arritmia post-operatoria.

 

Álbum de fotos:

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Fuente:  https://www.arteespana.com/andywarhol.htm

 

 

 

 

 

 

 

 

 

12. feb., 2019

 

Walter Gropius, Mies van der Rohe, Josef Albers, Paul Klee y Marcel Breuer son nombres que recuerdan el excepcional talento artístico de la escuela Bauhaus. Pero un aspecto excepcional pero menos conocido de la Bauhaus es que la escuela experimental alemana de arte de principios del siglo XX fue una de las primeras instituciones educativas que aceptaría abiertamente a mujeres calificadas en el programa.

Una vez que ingresaron al programa, las mujeres no fueron tratadas exactamente como iguales a sus pares masculinos, pero en 1919 la aceptación de estas apasionadas fue el comienzo de una ola de artistas y artesanas modernas que hicieron contribuciones significativas, pero no tan reconocidas en el movimiento Bauhaus. Conócelas a continuación:

 

1. Anni Albers

Albers comenzó su educación en la Escuela de Artes y Oficios en Hamburgo, Alemania. En 1922, llegó a la Bauhaus con interés en tejer. Ella era conocida por sus patrones de abstracción geométrica. A lo largo de su carrera, experimentaría con las funciones de los textiles y las propiedades físicas de ciertos materiales de tejido. Después de emigrar a los Estados Unidos en 1933, cuando los nazis tomaron el poder, continuó su trabajo, abriendo un estudio en donde colaboró con compañías internacionales de diseño y muebles como Knoll. En 1949, obtuvo un gran reconocimiento del MoMA en Nueva York en una exposición individual.

 

2. Gunta Stolzl

Gunta Stolzl, uno de los primeros miembros de la Bauhaus, llegó a la escuela en 1919. Stolzl tenía un gran interés en las artes, pero a su llegada, se inclinó hacia el tejido. A pesar de la misión de la escuela de incluir mujeres, la arquitectura, el diseño industrial y la escultura estaban reservados para los hombres. El tejido y la cerámica se convirtieron en las principales formas de arte exclusivamente para mujeres. Ella ayudaría a Marcel Breuer a tapizar muchas de sus piezas de muebles. Su matrimonio con un compañero de clase judío eventualmente causaría que Stolzl dejara la Bauhaus a medida que el nazismo seguía creciendo. La pareja se mudó a Suiza, donde Stolzl abrió su propia práctica como diseñadora textil.

 

3. Marianne Brandt

Marianne Brandt continuó empujando los límites para las mujeres en la Bauhaus. Laszlo Maholy-Nagy, director de la Bauhaus, quedó impresionado con la joven Brandt y le permitió al artista usar el taller de metal, una primicia para mujeres en la Bauhaus. Ella también trabajó en el taller textil bajo Gunta Stolzl. En 1928, Brandt reemplazaría a Maholy-Nagy como jefe del taller de metal, continuando su trabajo de creación de productos innovadores y convirtiéndose en uno de los diseñadores industriales más famosos. A lo largo de su vida, perseguiría y destacaría en muchas disciplinas artísticas: pintura, escultura y fotografía.

 

4. Margarete Heymann

Margarete Heymann ingresó a la escuela Bauhaus con un gran interés por la cerámica. Gropius le permitió entrar al taller, pero se fue después de un año debido a las frustraciones con la administración Bauhaus y las limitaciones que se le impusieron. Heymann continuó experimentando con la cerámica después de su tiempo en la Bauhaus y organizó, con su esposo, un taller durante un par de años antes de su trágica muerte.

 

5. Gertrud Arndt

Gertrud Arnt era una mujer apasionada por la arquitectura. Después de ganar una beca para estudiar en la Bauhaus, pensó que la escuela le daría la oportunidad de perseguir su pasión, pero la administración no le permitió tomar el curso de arquitectura. En cambio, Arnt se dirigió hacia los talleres textiles, que estudiaría mientras estuviera allí. Después de graduarse, Arnt nunca volvería a practicar diseño textil. En cambio, enfocó sus esfuerzos creativos en la fotografía.

 

6. Benita Koch-Otte

Benita Koch-Otte fue una de las artistas textiles más destacadas de la Bauhaus. Utilizó su experiencia previa como maestra de dibujo, textiles y educación física como una base para su interés en las artes. Después de su tiempo en la Bauhaus, Koch-Otte enseñaría en el laboratorio de tejidos creando nuevas técnicas para enseñar a los estudiantes de Bauhaus. Continuaría enseñando a lo largo de su carrera y en el retiro. Sin embargo, es mejor conocida por su investigación en técnicas innovadoras de tejido.

 

7. Lou Scheper-Berkenkamp

Nacida en 1901, Lou Scheper-Berkenkamp, formalmente conocida como Hermine Louise, se inscribió en la Bauhaus en 1920. Completó los cursos preliminares y comenzó a enfocar su esfuerzo artístico en la pintura mural. Después de su tiempo en la Bauhaus, Scheper-Berkenkamp permaneció involucrada en la escuela, particularmente en el teatro y las exposiciones. Tras la muerte de su esposo, también ex alumno de Bauhaus, Lou asumió muchos de sus deberes en el diseño de colores en la arquitectura. Más adelante en su vida, publicaría una serie de libros infantiles y desempeñaría un papel activo en representación de las mujeres en la Asociación Profesional de Bellas Artes.

 

Álbum de Fotos:

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Fuente:  Lindsay Duddy para Plataforma Arquitectura. Traducido por Mónica Arellano

<https://www.plataformaarquitectura.cl/cl/906608/siete-mujeres-influyentes-e-innovadoras-de-la-bauhaus> ISSN 0719-8914

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

12. feb., 2019

Cuando Rafael Guastavino puso rumbo a Nueva York, es difícil que pudiera imaginarse el éxito que allí le esperaba. En Estados Unidos, llegaría a colaborar con algunos de los más conocidos arquitectos de la época en la construcción de no menos de 1.000 edificios, desde capitolios, pasando por bibliotecas, catedrales o estaciones de metro. Todos ellos incorporarían alguna de sus bóvedas o cúpulas tabicadas. Una técnica popular en España, pero totalmente desconocida en Estados Unidos hasta su llegada.

 

Rafael Guastavino Moreno nació en Valencia en 1842. Hasta los 16 años es educado en las artes, pero a esa edad comienza a interesarse por la arquitectura y en 1861 se muda a Barcelona para inscribirse en su Escuela Especial de Maestro de Obras. En 1868, tres años después de haber finalizado sus estudios, plantea el primero de sus grandes proyectos, la Fábrica Textil Batlló, en Barcelona. Una vez construida, la espectacularidad de la sala de telares con sus bóvedas tabicadas,  apoyadas sobre columnas metálicas causa gran sensación. Esas bóvedas acabarán convirtiéndose en la base de lo que más tarde sería conocido como la “construcción cohesiva” de Guastavino. Un tipo de construcción que al requerir menos material y no necesitar encofrados durante su construcción resultaba económico y, además, era resistente al fuego, por lo que resulta muy adecuado para una Cataluña que se encuentra inmersa en una vorágine constructora de fábricas.



Tras el éxito de la Fábrica Batlló, son varios los empresarios que se interesaran por el arquitecto valenciano y le encargaran otras construcciones. Aunque no menos importante es el impacto que tiene entre sus compañeros de profesión, siendo muchos los que, a raíz de la construcción de la Fábrica Batlló, cambian la visión que tenían sobre la bóveda tabicada.
Se trata de una técnica centenaria para la construcción bóvedas mediante la colocación sucesiva de varias capas de ladrillos, unas encima de las otras. Los ladrillos de las diferentes capas se colocan por la cara de mayor superficie orientada hacia el espacio a cubrir y cuando se concluye una capa, mediante mortero se coloca la siguiente con un cierto esviaje respecto de la anterior, de manera que sus juntas no coincidan y así la estructura tenga una mayor resistencia. Una sola capa no aguantaría el peso, pero es la unión de varias de ellas, 2 o 3 en función de la envergadura de la bóveda o cúpula, lo que confiere a la estructura la resistencia necesaria, aun manteniendo su ligereza.

 

Durante la construcción, en función de la amplitud del espacio a cubrir, era necesaria una cimbra deslizable de madera sobre la que colocar la primera capa de la bóveda y que, a su vez, servía para controlar la geometría, pero, en ocasiones, debido al rápido fraguado del mortero de cal o yeso, y la ligereza de los ladrillos, ni tan siquiera eso, lo que aún permitía construir con mayor rapidez, siempre que la habilidad de los albañiles lo permitiera. La técnica parece haber llegado a la Península desde Italia durante el Renacimiento, y llegó a alcanzar gran popularidad en Madrid, donde durante el siglo XVIII comenzó a caer en desuso porque su delgadez hizo que comenzaran a ser vistas como inseguras. En Cataluña y Valencia, sin embargo, donde la técnica se había utilizado para cubrir los techos de las plantas bajas de masías, alquerías y también en algunos tipos de casa más urbanos, su popularidad se había mantenido.


En 1876, el éxito alcanzado en Barcelona, empuja a Guastavino a presentar un estudio sobre la “Mejora de la salubridad de las ciudades industriales” en la Exposición del Centenario de Filadelfia en el que destaca ampliamente las bondades de su sistema resistente al fuego para los procesos de rápido crecimiento propios de las ciudades industriales. El estudio de Guastavino recibe una cálida acogida y recibe la “Medalla al Mérito”.  Muy probablemente, este éxito es el que le anima a que cinco años más tarde, con 39 años de edad a arriesgarlo todo, abandonando su acomodada y prestigiosa posición en Barcelona y se muda a Nueva York. Ese mismo año, se inaugura otra de sus grandes obras, el Teatro La Massa en Vilassar de Dalt (Barcelona), que destaca por su impresionante bóveda de 17 metros de diámetro, 3.5 metros de flecha y un óculo central de 4 metros de diámetro.



Aunque el éxito en la Exposición de Filadelfia parece que no fue la única motivación. La posibilidad de tener acceso a materiales de mayor calidad que podrían contribuir al perfeccionamiento de su técnica, como el cemento Portland parece que tuvo un peso importante. Si bien, una vez llegado a Estados Unidos, descubrirá que allí lo que le resulta difícil de encontrar son ladrillos adecuados para sus bóvedas por lo que se verá obligado a importarlos de España hasta que él mismo los comienza a producir en su propia fábrica en Massachusetts. Por último, tampoco se pueden descartar motivaciones personales ya que su mujer y sus hijos hacía unos años que habían emigrado a Argentina, por lo que Rafael se muda a Nueva York con su hijo, de 9 años, y su ama de llaves.



La situación que vive la ciudad de Nueva York es ideal para su método constructivo. Una ciudad que está inmersa en un proceso de sustitución de antiguas técnicas de construcción basadas en la combustible madera por otras que emplean nuevos materiales. También resulta decisivo la creciente aceptación del corriente “Beaux Arts” impulsado por la Escuela de Chicago, un estilo arquitectónico que encajaba a la perfección con sus bóvedas tabicadas.
Sin embargo, los comienzos para Guastavino no resultan fáciles. Llega con poco dinero, carece de contactos y su dominio del inglés no es el suficiente, por lo que su primera idea de forjarse una carrera como arquitecto se complica. Pese a todo, gana algunos concursos arquitectónicos y construye algunos edificios de viviendas en los que ya aplica la técnica de la bóveda tabicada.

 


Pero, pese a todo, Guastavino comienza a proteger con las primeras patentes de su sistema constructivo en las que remarca su “resistencia al fuego”, en un claro intento de capitalizar la preocupación existente en el país por los incendios en las grandes ciudades, no en vano el del Gran Incendio de Chicago de 1871 estaba aún demasiado presente en la memoria colectiva. En 1885, patenta su método para la “Construcción de edificios resistentes al fuego” y más tarde, ese mismo año, el “Sistema de arco de azulejo”, una técnica para construir arcos y bóvedas mediante el uso de azulejos y ladrillos entrelazados. Un año más tarde, patenta una escalera “a prueba de incendios” basada en la tradicional escalera sobre bóveda tabicada. A estas primeras patentes le seguirán muchas otras y con el tiempo entre él y su hijo llegarán a acumular más de 24 patentes distintas, sobre materiales, morteros, refuerzos metálicos y los propios procesos constructivos que van desde la construcción de bóvedas tabicadas a las bovedillas para forjados.



Pero, ¿era realmente un método propio de los Guastavino o, simplemente, se limitaron a patentar en Estados Unidos un método constructivo que era de sobras conocido en España?
El propio Guastavino en su manual sobre construcción cohesiva trata de responder a esta cuestión y, si bien reconocía que el arco tabicado “no es totalmente nuevo”, lamentaba que su uso se había ido desvaneciendo gradualmente durante el siglo XIX y ya no era usado habitualmente en España. Sin embargo, parece que esta afirmación no es del todo cierta, y las bóvedas tabicadas eran bastante conocidas en España, más de lo que el propio Guastavino gustaba reconocer. Por un lado, los términos “bóveda catalana” o “bóveda tabicada” aparecen habitualmente en los periódicos barceloneses de la época, por lo cual parece fácil creer que se trataba de un concepto ampliamente conocido. Por otro, Ramon Gumà en su tesis doctoral sobre fábricas textiles en Cataluña, demuestra que en la década de 1840, mucho antes de la construcción de la Fábrica Batlló, algunas de ellas ya incorporan bóvedas tabicadas.



Sin embargo, parece fuera de toda duda que Guastavino, padre e hijo, llevaron la bóveda tabicada hasta un nivel de desarrollo al que no había llegado antes, y esto fue posible, en parte gracias a las mejoras que ellos mismos habían incluido. Mejoras que pasaban por la incorporación de nuevos materiales, innovaciones estructurales y nuevas técnicas de construcción. Entre las innovaciones estructurales destaca la incorporación de refuerzos metálicos entre las diferentes capas de ladrillo. La bóveda así construida es más resistente que la tradicional, pero mantiene aún la ventaja de no requerir de encofrados para su construcción, como sí sucede con las de hormigón armado. En cuanto a los nuevos materiales, muchos expertos consideran crítico para el éxito de Guastavino la sustitución del tradicional mortero de cal por el cemento Portland, mucho más resistente. Con las escaleras sucede algo parecido a lo que ocurre con las bóvedas. Desde hace bastante tiempo la mayoría de escaleras de los edificios que se construyen en España siguen el modelo de escalera tabicada, en la que se basa la escalera “a prueba de incendios” de Guastavino, pero el arquitecto valenciano particulariza esta técnica incorporando varias piezas metálicas en su construcción para reforzar el arco y detalla cómo deben der ser las uniones de los ladrillos para mejorar la cohesión de la estructura.

 


Por lo demás, la técnica de construcción de los Guastavino no difería en exceso de la tradicional a excepción de estas particularidades y mejoras. Guastavino empleaba ladrillos de terracota de tamaño estándar con un grosor de algo menos de una pulgada (2.54cm) y una base de 15cm por 30cm. Los ladrillos eran moldeados en grupos de 6, de acuerdo con un método patentado por los Guastavino que facilitaba su separación después de la cocción. En función del proyecto, podían o no tener un acabado vidriado. Los no vidriados eran ásperos, lo que les confería un aspecto más basto, pero esa aspereza también les permitía ofrecer una mayor adherencia.



En el caso de las cúpulas, los ladrillos se colocaban formando círculos concéntricos. El número de capas venía determinado por su envergadura, pero rara vez superaba las seis en los tramos más exteriores y las tres en su corona. El proceso Guastavino era sencillo; pero los resultados, espectaculares. En la bóvedas, el primer tramo de ladrillo se colocaba con ayuda de una guía de madera y mortero. Después de colocar la primera capa se colocaban las siguientes sobre la anterior poniendo una capa de cemento Portland, formando sus juntas un ángulo de 45 grados con las de la capa inferior.



Pero Guastavino era consciente que aparte de patentes, para triunfar, tenía que ganarse la confianza de los arquitectos y para ello era necesario demostrar la seguridad de aquellas bóvedas y arcos extremadamente delgados. La primera oportunidad le llegó en 1885, cuando participó en el concurso para la construcción del edificio del Arion Club. Guastavino no ganó, pero el ganador utilizó el sistema bóvedas tabicadas que el arquitecto español había propuesto. Lo mismo sucede con la construcción de la Biblioteca Pública de Boston en 1889.
La intención del arquitecto que ganó el concurso, Charles McKim, era emplear perfiles de hierro. De hecho, los perfiles ya estaban comprados, cuando Guastavino le ofreció construir los techos del edificio empleando su sistema y sin coste alguno. El arquitecto valenciano convirtió la biblioteca en un privilegiado escaparate para su obra y decidió usar siete modelos diferentes de bóveda en su construcción.

 


La Biblioteca de Boston supuso el definitivo despegue de Guastavino y de la bóveda tabicada en los Estados Unidos. Como prueba de ello y a raíz de su construcción, Guastavino ofreció dos conferencias en las Sociedad de las Artes del Massachusetts Institute of Technology (MIT). Un par de años antes, un profesor del mismo instituto había llevado a cabo una prueba de carga y hecho una tabla de cálculos de la misma. También, resultó decisivo el apoyo que Guastavino recibe de McKim, el arquitecto de la biblioteca, en el que muestra su “entera confianza en el sistema Guastavino”. En 1889, no habían pasado todavía 10 años de su llegada a Estados Unidos, aprovechando que el sistema de bóveda tabicada ya se encuentra totalmente asentado, Guastavino funda la Guastavino Fireproof Construction Company. Guastavino tuvo la suerte de encontrar el socio ideal, William E. Blodgett, que se encargaría de la gestión de la empresa mientras Guastavino se centraría en los aspectos técnicos y de marketing. A partir de ese momento, Guastavino abandona su faceta como arquitecto y pasa a centrarse en la contratista de obras, especialmente de bóvedas y cúpulas. Su hijo, Rafael, comienza a trabajar en la empresa y va adquiriendo poco a poco los conocimientos de su padre con el que colaborará activamente en la introducción de nuevas mejoras del sistema. 

 

En Nueva York, los Guastavino llegarán a participar en la construcción de unos 360 edificios. Entre los que destacan la estación Grand Central o la espectacular cúpula de la Catedral de Saint John the Divine. Sus 30 metros de diámetro y 40 metros de altura la convertirían en la mayor de todas las cúpulas que los Guastavino habían construido y construirían, por lo que, sin duda, esta obra supuso todo un desafío para su sistema. Para hacerse con el proyecto resultó decisivo el precio que la Guastavino Company ofertó. Al no necesitar de encofrados durante la construcción, su precio fue muy inferior al del resto de ofertas. Sin olvidar, la elegante estación de metro de City Hall construida en 1900 y que tenía que convertirse en la joya de la red de metro de la ciudad.


Los Guastavino utilizaban como tarjeta de presentación sus obras ya construidas y los estudios académicos, pero también acostumbraban a publicitar su sistema de construcción con numerosos artículos y anuncios en la prensa. Con el tiempo, los Guastavino también exploraron las posibilidades que las bóvedas podían ofrecer en cuanto a ornamentación, como los acabados policromos o la cerámica vidriada, y sus propiedades acústicas. En este sentido, en 1911 idearon un nuevo tipo de ladrillo “Akoustolith”  que presentaba una gran capacidad de absorción del sonido. Más tarde, Guastavino hijo patentó varios tipos de yeso y consiguió otras 7 patentes relacionadas con la mejora acústica de sus construcciones.


Guastavino padre murió en 1908, pero la sociedad continuó de la mano de su hijo y del hijo de Blodgett, que parece que se entendían tan bien como los padres, de hecho, es durante esta época que la compañía construirá algunas de sus obras más espectaculares.  Finalmente, en 1943, Guastavino hijo vende su parte de la empresa al hijo de Blodgett y se desvincula de ella. La empresa continuará casi 20 años más, hasta la muerte de Blodgett hijo en 1962, 12 años después de la de Guastavino hijo. La Guastavino Fireproof Construction Company, que había conseguido resistir la Gran Depresión, no pudo resistir el cambio de gustos estéticos ni la llegada de los nuevos materiales. Y el hormigón y el acero se acabaron imponiendo a la centenaria bóveda tabicada. Entre Rafael padre y Rafael hijo, habían construido bóvedas tabicadas en más de un millar de edificios de Estados Unidos entre 1880 y 1940.

 

Álbum de fotos:

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Fuente:

http://www.cabovolo.com/2010/12/rafael-guastavino-el-arquitecto.html

 

 

 

 

 

 

 

 

20. ene., 2019

De la mítica residencia de Ray y Charles Eames, en California, al famoso estudio de Alvar Aalto en Helsinki, del que fue coautora su mujer Aino Marsio

Hubo un tiempo en que la ortodoxia patriarcal lo tenía muy claro: las mujeres eran perfectas amas de casa, pero nunca las amas de sus casas. Seres encargados de velar por el sagrado hogar que los hombres, constructores, diseñaban generosamente para su comodidad. Y salvo escasas excepciones, así fue hasta bien entrado el siglo XIX, cuando en los países escandinavos las primeras arquitectas oficiales de la historia pasaron de tuteladas a tituladas. Desde entonces, y durante todo el siglo XX, por todo el mundo, muchas arquitectas le han dado varias vueltas de tuerca a la ñoña asociación de lo femenino y lo hogareño: no solo poseyendo casas o proyectándolas para otros, sino construyéndose las suyas, según sus ambiciones y necesidades. Algunas son ya míticas, pero la firma femenina de otras aún tiene que recordarse. Y quedan todavía muchas escondidas. De Brasil a Finlandia y de California a Londres, merece la pena viajar para visitar estas residencias y ver las muchas formas en que una arquitecta mide su talento haciéndose un lugar a su medida.

 

01 Casa Eames (Los Ángeles)

Los Eames son la pareja más paradigmática y reconocible de la arquitectura del siglo XX (y eso que los arquitectos suelen ir a pares). Ray y Charles diseñaron esta mítica casa-caso de estudio nº 8 en 1945, en Los Ángeles (EE UU), y vivieron y trabajaron en ella desde su construcción, en 1949, hasta su muerte (Charles muere en 1978 y Ray en 1988). Es una residencia vívida, luminosa, hospitalaria. El matrimonio la describió como una casa “espontánea”. Todo parece encontrar su sitio y su forma con naturalidad y desenvoltura: los altos techos y ventanales, el mobiliario y el jardín desahogado con el Pacífico a sus pies. Cada pequeño objeto son variaciones por la vía del ejemplo de esa relación entre el buen anfitrión y su huésped a la que, según ellos, debía aspirar todo arquitecto. Hoy es la sede de la Fundación Charles y Ray Eames, y parada obligada de cualquier tour de arquitectura por California.

 

02 Dorich House (Londres)

Desconocida incluso para londinenses avezados, uno de los secretos mejor guardados de la capital británica es la casa-museo de la escultora y pintora Dora Gordine, de ascendencia judía y nacida en 1895 en Letonia. Está a un salto de ciervo del parque Richmond, en el suroeste de Londres. Ella la proyectó como casa, estudio y galería de sus obras en 1936 y vivió allí con su marido, Richard Hare, un estudioso de la cultura rusa. Por fuera parece un extraño castillo de ladrillo rojo. Por dentro, sus amplias claraboyas, sus ventanas semicirculares y sus espacios diáfanos muestran la voluntad de una artista total que construyó su hogar sin concesiones a lo convencional y siendo muy consciente de sus prioritarias necesidades profesionales. Los dos primeros pisos sirvieron como estudio para el modelado, el trabajo en yeso y la exposición de obras ya terminadas. El tercero, al que se llega por unas estrechas escaleras, acogía la vivienda propiamente dicha, luminosa, no muy grande, con su colección y llena de arte ruso. Si hace buen tiempo, la azotea descubierta ofrece vistas fabulosas del jardín y del parque Richmond, con sus ciervos y los recuerdos de otra vecina ilustre, la escritora Virginia Woolf. Tras la muerte de Gordine en 1991, la Universidad de Kingston transformó la casa en un museo dedicado a su memoria y enfocado a promocionar y difundir el trabajo de otras creadoras.

 

03  Villa E-1027 (Roquebrune-Cap-Martin)

La diseñadora Eileen Gray (1878-1976) ideó junto a su compañero Jean Badovici esta mítica casa para sus vacaciones en la Costa Azul francesa, al lado del mar. Destila la joie de vivre de los felices años veinte: cubos blancos, entoldados frescos, mucho sol y espacio bien aprovechado. El mobiliario es funcional y encastrado, casi náutico, porque Gray creía que “todos en las casas deben vivir libres e independientes”. Libertad de la que abusó durante sus visitas entre 1937 y 1939 su invitado Le Corbusier, que tuvo la idea de pintar un fresco entero en uno de los muros níveos del salón en ausencia de la dueña y anfitriona: un desenfreno artístico que Gray no pidió ni necesitaba y que le costó perdonar.

 

04 A Casa de Vidro (São Paulo)

Durante el siglo XX, la casa transparente fue una prueba de maestría y ejercicio de estilo ensayado por casi todos los grandes arquitectos del movimiento moderno. La italo-brasileña Lina Bo Bardi no quiso ser menos: en Morumbí, entonces las afueras de São Paulo y hoy un ajardinado barrio de ricos, construyó en 1950 para ella y su marido, recién llegados de su Italia natal, su primera obra en Brasil. Desde entonces, su reputación escaló puestos hasta la cima de la arquitectura del XX, con obras como el fundamental Museo de Arte de São Paulo y el centro cultural SESC Pompéia. Visitada a menudo por artistas y arquitectos de todo el mundo, sus muros de vidrio sirvieron de escaparate de la deslumbrante modernidad brasileña. Sigue siendo parada obligatoria para los amantes de la arquitectura de paso por el país, por sus finísimos pilotis, los volúmenes aéreos, su juego de luces y sombras y espacios intermedios entre el gran jardín-bosque plantado por ella misma y los interiores abarrotados de libros, arte colonial y objetos de las culturas prehispánicas que reunió durante 40 años. Hoy es la sede del Instituto Bo Bardi.

 

05 Casa O’Keeffe (Abiquiú)

La casa y estudio de la pintora Georgia O’Keeffe (1887-1986) en el pueblo estadounidense de Abiquiú es uno de los hitos de cualquier visita a Santa Fe (Nuevo México) e indispensable para conocer bien su obra. Era un inmenso y semiderruido conjunto de casas de época colonial española, y a partir de 1945 fue restaurando y rediseñando su laberinto de patios, aljibes y cubos de adobe con la ayuda de su amiga Maria Chabot. El paisaje lunar, la casa y las pinturas se entreveran hasta formar una especie de obra de arte total.

 

06 Casa Samambaia (Petrópolis)

Obra maestra de la arquitectura brasileña del siglo XX, fue diseñada en la década de 1950 por la autodidacta Lota Macedo Soares (1910 -1967; ideó el gran parque do Flamengo de Río de Janeiro), aunque firmada por un joven Sérgio Bernardes. Colgada entre los peñascos y cascadas de la sierra dos Orgaos, a una hora de Río, fue escenario de la gran historia de amor que mantuvo durante 15 años con Elizabeth Bishop. Lota, mujer de vanguardismo inflexible, le construyó un estudio en el jardín. Y la poeta le devolvió el regalo escribiendo sobre la casa algunos de sus mejores versos.

Volúmenes rectos atemperados por la profusión de flores y árboles, espacios diáfanos abiertos al paisaje, techos inclinados de uralita, mesas y bancos de obra en el jardín. Aparte de una piscina moderna que sustituye al torrente represado con rocas que les servía de bañera natural, la casa se conserva bien, pero es privada y hay que empeñarse para poder visitarla.

 

07 Casa Aalto (Helsinki)

El estudio de Alvar Aalto ha ganado premios y justa fama, pero conviene recordar que Aino Marsio (1894-1949), su mujer y socia, fue la coautora de la casa que también les sirvió de oficina desde 1936. Compraron una parcela en lo que entonces eran las afueras de la capital finlandesa, Helsinki, y proyectaron a cuatro manos todos sus detalles, desde la planta general y los volúmenes que delimitan claramente las funciones domésticas y las profesionales hasta muebles que luego comercializarían bajo la marca Artek, emblema del diseño escandinavo. Líneas suaves, revestimientos de madera cálida y luminosidad interior contrastan con los ángulos rectos y la severidad aparente de las fachadas, que solo se suavizan con enredaderas y un sendero serpenteante de losas de piedra que conduce hasta la entrada. En su interior se respira un ambiente doméstico práctico y acogedor, pensado para facilitar el ocio y el trabajo cómplice de sus dueños.

Álbum de imágenes:

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Fuente: Javier Montes https://elviajero.elpais.com/elviajero/2018/10/15/