Arte y Arquitectura

22. jun., 2018

 

En 1922 el periódico Chicago Tribune convocó a un concurso para su nueva sede en la metrópoli norteamericana. Las pretensiones de la nueva construcción no eran precisamente modestas. Según las condiciones de la convocatoria debía ser uno de los más bellos edificios del mundo y, obviamente, tenía que ser un rascacielos.

 

Al concurso se presentaron 260 arquitectos de 32 paises. Sorprendentemente tomaron parte arquitectos europeos. En efecto, también en Europa, donde en muchos casos las estructuras urbanas de origen medieval impedían la construcción de rascacielos, tras la I Guerra Mundial se despertó el afán por los rascacielos. Fueron muchos los representantes de la nueva construcción que vieron en el concurso norteamericano una ocasión de aprovechar en la construcción de un rascacielos el lenguaje formal de la modernidad europea. El finlandés Eliel Saarinen, la sociedad de arquitectos de Walter Gropius y Adolf Meyer, Adolf Loos, Bruno y Max Taut y finalmente Hugo Häring fueron algunos de los arquitectos más conocidos que concibieron un proyecto para la sede del periódico. Sin embargo, aunque las aportaciones de los arquitectos europeos modernos hiciesen época, se discutieran en muchas publicaciones especializadas y sirvieran a otros arquitectos como propuestas para sus obras, los norteamericanos se decidieron por un proyecto absolutamente conservador.

 

La obra ganadora fue un diseño neo-gótico de los arquitectos de Nueva York John Mead Howells y Raymond Hood. John Mead Howells, era hijo del editor William Dean Howells, así como primo del propio editor de Tribune Robert R. McCormick.  Incapaz de dedicar tiempo suficiente al proyecto, Howells buscó un asociado para preparar el proyecto y encontró fortuitamente al joven arquitecto Raymond Hood, que necesitaba trabajo. Hood creó los dibujos y parece haber sido responsable de gran parte del diseño, inspirado en la medieval Butter Tower de la Catedral de Rouen. Los rascacielos de estilo gótico eran la moda en 1922, basado en el precedente fijado por el edificio de Woolworth de 1913 y contribuirían a crear el modelo de Chicago como la Gothham City de Batman´. Raymond Hood y John Mead Howells construyeron en 1925 un rascacielos con reminiscencias góticas cuya ornamentación de tracería lanzada hacia las alturas parecía un insulto a la evolución de la arquitectura europea.

 

Con todo, el segundo premio concebido al proyecto que muchos percibieron como el mejor: una torre radicalmente simplificada del arquitecto finlandés Eliel Saarinen significaba el reconocimiento de un representante de la arquitectura europea. La torre de Saarinen, que anticipaba el impacto de un modernismo totalmente despojado en la forma de edificio, fue la preferida por críticos como Louis Sullivan, y si hoy no llama tanto nuestra atención es por la fuerte influencia que tuvo en la siguiente generación de rascacielos. El Edificio de la petrolera Gulf de 1929 en Houston, Texas, diseñado por los arquitectos Alfred C. Finn, Kenneth Franzheim y J. E. Carpenter, es una construcción facsímil de ese diseño de Saarinen y el edificio 181 West Madison Street Building en Chicago de César Pelli también haber sido inspirado por la misma propuesta del arquitecto finlandés. En tercer lugar quedó el proyecto de Holabird and Roche de la propia ciudad de Chicago que también estaba en la linea más conservadora de los edificios neogóticos inaugurada por el Woolworth Building de Manhattan con una torre que aún evocaba a las catedrales góticas inglesas.  Otro de los proyectos emblemáticos fue el de Bruno Taut & Walter Gunther & Kurtz Schutz. Bruno Taut , como él mismo explicó, dió prioridad, como Loos, a las cualidades simbólicas del edificio ya que para el los rascacielos americanos tenían sobre todo una función de representación. Hoy probablemente sea el diseño más cercano a la actualidad arquitectónica.

 

Probablemente el de Gropius fue el proyecto más innovador de todos los que se presentaron, aunque hoy en día nos resulte menos llamativo porque ese sería el estilo que 30 o 40 años después se impondría como auténtico estilo internacional. En su momento se le criticó las innecesarias terrazas en un edificio de oficinas. Casi un cuarto de siglo después, en la película de 1949 The Fountainhead,  Gary Cooper en el papel del arquitecto Howard Roark ponía una cara llena de amargura al mirar unos planos muy  parecidos a los de Max Taut y Walter Gropius con la inscripción manuscrita “NON BUILT”. Muchos años después, en 1950, Gropius explicó en retrospectiva: “En 1922, cuando diseñé el Chicago Tribune de gran altura, quería erigir un edificio que evitara usar cualquier estilo histórico, pero que en cambio expresara la edad moderna con medios modernos; En este caso con un marco de hormigón armado que expresaría claramente la función del edificio “. Sin embargo, esto no es completamente exacto. En los años cincuenta Gropius ya no recordaba que en 1925 todavía presentaba el edificio en Internationale Architektur como planificado en “hierro, vidrio y terracota”. También el proyecto de Max Taut (Alemania) sería profundamente innovador con sus líneas puras, en este caso sin las criticadas terrazas volantes de Gropius, mostrando el rigor propio de la estructura de acero subyacente y cuya única concesión era la monumental entrada que alcanzaba la altura de cuatro pisos.

 

Entre todos los proyectos presentados el más llamativo fue el de Adolf Loos. Como ya enunció Loos en vida “La arquitectura sólo puede ser monumento o sepulcro”. Para el cualquier otro proyecto no era más que una solución a una necesidad concreta, sin embargo en los monumentos y en las tumbas era donde se podía ver la verdadera arquitectura. El edificio proyectado para la torre del Chicago Tribune es fiel ejemplo del enunciado de Loos quien lo llevó hasta el extremo al dibujar este proyecto. Loos quiso aparejar lo imposible y proyectar un edificio que rompiera con sus propio enunciado solucionando el programa funcional propuesto a la vez que fuese arquitectura en el estado más puro. Si la arquitectura sólo puede ser monumento o sepulcro mi edificio será las dos cosas, debió pensar Adolf Loos cuando se enfrentó al papel en blanco. La torre de la Chicago Tribune es de formas excepcionalmente simples ya que sitúa una inmensa columna dórica (monumento) sobre un gran zócalo con forma de paralelepípedo recto (sepulcro).

 

La visión de los bocetos es suficiente para ratificar estas observaciones. Y es que Loos quiso proyectar un edificio que una vez visto, aunque fuese por pocos instantes, no pudiese ser borrado de la memoria del espectador. Un edificio que transmitiese sentimiento, ese sentimiento de que hay algo que no funciona, algo que ha muerto, pero sobre el cual nos levantamos y nos elevamos hasta el cielo. El sentimiento también de estar observando formas que a todos nos son familiares y sin embargo sentir un escalofrió al darnos cuenta de que no identificamos la forma resultante. Se trata de un proyecto atemporal y como dijo el propio Loos: “La gran columna de estilo griego, dórico, será construida. Si no en Chicago, en cualquier otra ciudad. Si no para el Chicago Tribune, para cualquier otra entidad. Si no por mí, por cualquier otro arquitecto.”

 

En el inesperado interior de esta gran  columna (recordemos que las columnas acostumbran a ser elementos macizos, portantes) se desarrollan las actividades necesarias para la edición de un periódico de renombre. En el zócalo del edificio, en la parte baja, en la representación del sepulcro, suceden el acceso y las actividades más públicas como conferencias, reuniones, etc.
En el centro de la planta se sitúa un módulo de ascensores y hall de distribución que se repetirá en todas las plantas formando un eje vertical de comunicaciones a partir del cual surgen radialmente los cerramientos que irán conformando los distintos espacios de oficinas, todos ellos con ventanas al exterior. No se trata de una planta excesivamente amplia ya que exteriormente se busco la esbeltez de un elemento tan noble como la columna griega, la esbeltez de un monumento.

 

ÁLBUM DE FOTOS:

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Fuentes: https://es.wikiarquitectura.com/edificio/chicago-tribune/

http://rarasartes.com/concurso-para-el-chicago-tribune-building/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

7. jun., 2018

Oscar Ribeiro de Almeida Niemeyer Soares Filho, mejor conocido como "El que se alimenta de Sol" Seguidor y gran promotor de las ideas de Le Corbusier, es considerado uno de los personajes más influyentes de la arquitectura moderna internacional. Fue pionero en la exploración de las posibilidades constructivas y plásticas del hormigón armado. Oscar Niemeyer nació en la ciudad de Río de Janeiro en 1907, en el barrio de Laranjeiras, en una calle que después recibiría el nombre de su abuelo, Ribeiro de Almeida. Pasó su juventud como el típico carioca bohemio de la época, sin preocupaciones por su futuro. Concluyó la educación secundaria a los 21 años. Ese mismo año, se casó con Annita Baldo, hija de inmigrantes italianos de Padua. El matrimonio le dio sentido de responsabilidad, decidió trabajar e ingresar a la universidad.



Comenzó a trabajar en el taller de tipografía de su padre y entró en la Escuela de Bellas Artes (Brasil), de donde se graduó como ingeniero arquitecto en 1934. A pesar de las dificultades financieras por las que estaba atravesando, decidió trabajar gratis en el estudio del arquitecto Lúcio Costa y Carlos Leão.  Niemeyer se sentía insatisfecho con la arquitectura existente en la ciudad y decidió que podía encontrar una carrera en ese nicho. En 1945, ya como un arquitecto de cierta reputación, se unió al Partido Comunista de Brasil. Niemeyer era sólo un niño en la época de la Revolución Rusa de 1917, y por motivo de la Segunda Guerra Mundial se convirtió en un joven idealista. Fue un comunista muy entusiasta, actitud que le costaría caro más tarde en su vida. Fidel Castro una vez dijo: «Niemeyer y yo somos los últimos comunistas de este planeta». Niemeyer visitó la URSS, conoció varios líderes socialistas y se convirtió en amigo personal de algunos de ellos.

 

En 1940 conoció al alcalde de la ciudad de Belo Horizonte, Juscelino Kubitschek (1902-1976), quien le invitó a proyectar una iglesia y un casino a orillas del Lago de Pampulha. La novedad de las líneas de esa pequeña iglesia construida en homenaje a San Francisco le dio fama en todo el país. En su interior está decorada con azulejos y frescos pintados por Cándido Portinari. El casino fue transformado años después en el Museo de Pampulha, dedicado a la difusión del arte contemporáneo. Oscar Niemeyer participó también con Le Corbusier en la elaboración del proyecto del edificio principal de las Naciones Unidas en Nueva York en 1952.


En 1956 el urbanista Lúcio Costa vence el concurso de proyectos para escoger la nueva ciudad capital en el centro del país, que sería Brasilia, y por iniciativa del presidente Kubitschek, Oscar Niemeyer es convidado a trabajar en el proyecto de la nueva capital. Niemeyer queda a cargo de los proyectos de los edificios y Lúcio Costa del plan de la ciudad y toda la parte urbanística. En pocos meses, Niemeyer diseña decenas de edificios residenciales, comerciales y administrativos. Entre ellos la residencia del Presidente (Palácio da Alvorada); el Congreso Nacional (la Cámara de los Diputados y el Senado Federal); la Catedral de Brasilia; el Palacio de Itamaraty, sede de la cancillería; la sede del Supremo Tribunal Federal; los edificios de los ministerios, y la sede del gobierno, el Palacio del Planalto. La catedral es considerada especialmente bella, con diversos simbolismos modernos. Brasilia fue diseñada, construida e inaugurada durante el plazo de un mandato presidencial, cuatro años. La nueva capital fue oficialmente inaugurada el 21 de abril de 1960. En 1962, Niemeyer recibió el encargo de organizar la Facultad de Arquitectura en la recién creada Universidad de Brasilia (UnB). En 1963 es nombrado miembro honorario del Instituto Americano de Arquitectos de los Estados Unidos, y en el mismo año gana el premio soviético de paz, el Premio Lenin de la Paz.

 

Después del final de la dictadura en los años ochenta, Niemeyer vuelve a Brasil. Él mismo define esta época como el inicio de la última fase de su vida. En este período Niemeyer hizo el Memorial JK, en Brasilia (1980), el edificio-sede de la Red de Televisión Manchete (1983), los CIEPs (centros integrados de educación pública) y los sambódromos de las ciudades de Río de Janeiro (1984) y de São Paulo (1991), el Panteón de la Patria, en Brasília (1985) y el Memorial de América Latina (1987), en São Paulo. Este último tiene una bella escultura representando una mano herida como un Cristo, de cuya llaga sangra América Latina. En 1989 se le concedió el Premio Príncipe de Asturias de las Artes. Entre 1991 y 1996 realizó lo que muchos consideran su mejor obra, el Museo de Arte Contemporáneo de Niterói (MAC). Es un museo en un lugar improbable, con una forma bella y original, una escultura que se proyecta sobre la piedra, dando una linda visión de la Bahía de Guanabara y de la ciudad de Río de Janeiro.

 


El 22 de noviembre de 2002 fue inaugurado el complejo que abriga el Museo Oscar Niemeyer, en la ciudad de Curitiba (Paraná), en la región sur de Brasil. Esta obra es un anexo al museo original diseñado por el mismo Niemeyer. Ese mismo año recibió el Premio Konex Mercosur al mejor arquitecto de la región de la década. El 30 de marzo de 2006 vería la inauguración, en la región del sur de la ciudad de Goiânia, GO, (Brasil), el Centro Cultural Oscar Niemeyer (también conocido como CCON y NIE).  El 15 de diciembre de 2006, con casi 50 años de atraso, fue inaugurado el Museo Nacional Honestino Guimarães y la Biblioteca Nacional Leonel de Moura Brizola, que forman juntos, el mayor centro cultural de Brasil, denominado Complejo Cultural de la República, ubicado en la Explanada de los Ministerios en Brasilia. La inauguración fue programada para coincidir con el 99 aniversario de Oscar Niemeyer.


En el transcurso de ese año planificó un balneario para Potsdam, en Alemania, previsto para 2007, pero las obras fueron canceladas antes de su inicio debido a sus dimensiones faraónicas. Ya fue invitado a diseñar un estadio con motivo de la Copa Mundial de Fútbol de 2014 que será organizado por Brasil.  En abril de 2007 se inaugura el Teatro Popular Oscar Niemeyer de Niterói en Río de Janeiro, obra dedicada a Brasil simbolizado con los colores verde, amarillo, azul y blanco. Ese mismo año dona a España el diseño de su mayor proyecto en Europa, como su colaboración, en calidad de galardonado, en la celebración del 25 aniversario de los Premios Príncipe de Asturias. El Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer tiene una estética provocadora, resumen de la mejor aquitectura del brasileño. El propio arquitecto lo ha descrito como «una gran plaza abierta a todos los hombres y mujeres del mundo, un gran palco de teatro sobre la ría y la ciudad vieja. Un lugar para la educación, la cultura y la paz». Se encuentra en la ciudad de Avilés, en el Principado de Asturias y fue inaugurado en la primavera de 2011.



Niemeyer cumplió 100 años en 2007, todavía en activo, perfectamente lúcido, e involucrado en diversos proyectos, principalmente esculturas y ajustes de algunas de sus obras antiguas, que están protegidas como patrimonio nacional o internacional, y por lo tanto, sólo pueden ser modificadas con la autorización de Niemeyer. Como motivo de su centenario, Vladímir Putin, a nombre del gobierno ruso, le confirió la condecoración de la Orden de la Amistad.
En 2008, presentó el proyecto Puerto de la Música, que se realizará en Rosario (Argentina) en el parque Urquiza, cercano al Monumento a la Bandera. El 10 de enero de 2009 y con 101 años de edad, Oscar Niemeyer, presentó un nuevo proyecto, la Plaza de la Soberanía, que será realizada en la Explanada de los Ministerios, en Brasilia. Dicha plaza que hubiera sido inaugurada en abril de 2010, fue rechazada por la oposición suscitada por la población de Brasilia.  En 2009 se completa la construcción del Auditorio Oscar Niemeyer de Ravello, en Italia.  Muere el 5 de diciembre de 2012 a los 104 años de edad en el Hospital Samaritano, tras sufrir un agravamiento del cuadro de infección respiratoria.


Album de Fotos:

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Fuente:  http://dearkitectura.blogspot.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

4. jun., 2018

 

Carlos Arniches Moltó (Madrid, 24 de septiembre de 1895-Madrid, 12 de octubre de 1958). Arquitecto e intelectual español de la Generación del 25, autor del Hipódromo de La Zarzuela de Madrid junto con Martín Domínguez, obra en la que colaboró el ingeniero Eduardo Torroja. Era el mayor de los hijos del escritor Carlos Arniches.

 

Fue el mayor de los cinco hijos de Pilar Moltó y Carlos Arniches Barreda. De su padre, Carlos heredó el interés por el mundo intelectual madrileño que lo mantuvo toda su vida vinculado de manera natural al mundo creativo más intenso del momento, sin discriminar edad o ámbito. Así, formó parte de casi todas las tertulias relevantes de la pre-guerra y después, también de la post-guerra. Colaboró con profesionales y artistas de todas las disciplinas afines a la suya y se relacionó con las personalidades más creativas y punteras de la sociedad madrileña. Su proverbial sentido del humor, del que cualquiera que llegase a conocerle tiene anécdotas, le abría puertas en todos los ámbitos dada su cercanía, su llaneza y su arrolladora simpatía. Su estampa de dandy, que nadie pasaba por alto, contribuyó a hacer de él un personaje que no era fácil de olvidar.

 

Estudió en la Escuela de Arquitectura de Madrid (1911-1923), en la que ingresó en 1914. Obtuvo el título de arquitecto en 1923, tras haber recibido una enseñanza obsoleta, arcaica y academicista, cuyos efectos hubo de neutralizar gracias, entre otros factores, a su relación con Secundino Zuazo, con quien colaboró en varias obras y en cuyo estudio contactó y estrechó lazos con el que fue su socio y amigo, Martín Domínguez. Fue éste quien más tiempo permaneció vinculado al estudio de don Secundino, como el mismo Zuazo y otro de sus colaboradores, Pedro Bidagor, explicaron.

 

Ya en sus trabajos de estudiante asomaba el interés de Carlos Arniches por renovar algunos elementos vernáculos de la arquitectura española, interpretados “à la" moderna. Su proyecto para Elche realizado en la asignatura de César Cort, en el que trabajó con Fernando de la Cuadra y Fernando Salvador, lo pone claramente de manifiesto. Su primera obra, el estudio del pintor Daniel Vázquez Díaz(1923), daba una clara muestra de sus ideas. En él se combinaban la sencillez y la adaptación a las necesidades del cliente con la originalidad que destilaba la interpretación moderna de la arquitectura vernácula que empezaba desde la plaza. Aquella obra sentaba las bases de lo que él mismo daría a entender más adelante que era el "razonabilismo".​ Sin embargo, la relectura de la arquitectura vernácula no era ninguna novedad. Sus coetáneos modernos Pikionis, Kozma o Lino seguían líneas de investigación y práctica similares. Con ello Arniches conectaba sus inquietudes con las de las corrientes europeas y sentaba las bases del expresionismo español –véase su intervención en el café de tertulias Granja El Henar, en la calle de Alcalá nº 40–, que iría depurando durante el resto de su vida y en el que la plaza como centro de la vida española era el mito, en contraposición al germano de la montaña.

 

Los primeros tres lustros de su vida profesional bastaron para consolidar su prestigio. Tras aquellas primeras obras, en 1927 recibió el nombramiento de arquitecto de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, la JAE, cuando estaba veraneando en el sur de Francia, cerca de San Sebastián. La carta le pedía que nombrara algún contacto de confianza en Madrid para poder enviarle los documentos que debía firmar, y que se los hiciera llegar lo antes posible. Martín Domínguez se encontraba aún en Madrid por lo que era la persona más indicada para darle la documentación cuando llegase a San Sebastián, a pasar el verano en casa de sus padres.

 

Las primeras obras modernas de Arniches entre los años 1923 y 1927, algunas de ellas con Domínguez desde que éste se tituló en diciembre de 1924, consistieron en reformas de viviendas, locales comerciales y cafés. ​ En 1926 Carlos Arniches hizo una reforma que lo haría muy conocido entre los jóvenes madrileños de su edad, en el ático de Edgar Neville, que contaba con una gran terraza sobre El Retiro. El concurso para construir los Albergues de carretera para el Patronato Nacional de Turismo (1928) dio a conocer su manera de hacer en todo el país, confirmando la línea arquitectónica siempre defendida por Arniches, depurada y refinada a lo largo de su vida. El encargo fue el resultado del concurso que había convocado el Patronato Nacional de Turismo en 1928, y cuyo primer premio ganaron Arniches y Domínguez. Según la convocatoria, los doce albergues iniciales eran los de Almazán, Aranda de Duero, Benicarló, Medinaceli, Triste, Bailén, Antequera, Puerto Lumbreras, Quintanar de la Orden, Manzanares, La Bañeza y Puebla de Sanabria. De ellos, el de Triste no se llegó a construir y el de Almazán fue utilizado durante la Guerra Civil como cuartel de oficiales. Aunque éste todavía se conserva en estado aceptable, a excepción del de Medinaceli los demás fueron desfigurados casi por completo al convertirlos en paradores. Este fue el caso del de ManzanaresCiudad Real.5​ Con ello, los albergues perdieron su esencia moderna original, el "razonabilismo"​ característico de Arniches y Domínguez que los distinguía de sus colegas y amigos de la heterogénea «Generación del 25».

 

 

El refinamiento y la pureza de líneas marcaron el trabajo en solitario de Arniches para la Junta para Ampliación de Estudios (1927-1939), de la que fue arquitecto desde 1927 hasta que ésta se disolvió tras la Guerra: En ese puesto, además de ocuparse del mantenimiento y de las obras menores de todos los edificios, realizó el proyecto y la dirección de las obras de construcción de las instalaciones y varios de los edificios nuevos. Destacan entre ellos la Sección Preparatoria del Instituto Escuela (1930-1933), el Auditorium de la J.A.E. (1931, con salas de conferencias y biblioteca), el Pabellón de Párvulos del Instituto Escuela (1935) y la Fundación Nacional (1936). Todos ellos pertenecían a la J.A.E., como el Nuevo Pabellón de la Residencia de Señoritas Estudiantes (1934), que fue un encargo directo y personal que le hizo María de Maeztu, directora de la Residencia de Señoritas Estudiantes, que lo financió de su propio peculio. En estas obras, en ocasiones con medios muy escasos, la arquitectura de Carlos Arniches alcanzó la máxima expresividad por medio de una técnica y realización impecables.

 

 

Su consolidación como joven arquitecto moderno llegó al ganar, con su socio, el Concurso de Anteproyectos del Nuevo Hipódromo de Madrid, convocado en 1934, y como resultado del cual recibieron el encargo de realizar el Hipódromo de La Zarzuela, obra en la que colaboró Eduardo Torroja. El proyecto presentado conciliaba deporte con espectáculo, utilizando el viejo tema de la plaza como punto de partida.

 

 

Tras la Guerra Civil, Carlos Arniches se negó a exiliarse con el resto de su familia porque en España estaban sus raíces y el gran amor de su vida, Meni, con la que quería casarse. A cambio, se vio obligado a afrontar la dura depuración profesional a la que le llevaron sus propios compañeros. ​ Sólo el apoyo de algunos colegas y amigos le permitió rehacerse. Nunca le faltaron clientes gracias a su prestigio y su actividad continuó, aunque en los primeros años de la postguerra sus obras tenían que ir firmadas por otros. Sin embargo, ello no le impidió llevar a cabo obras de la envergadura del Centro de Estudios del Tabaco, en Sevilla (1944) o participar en la relanzada colonización agraria de la Dictadura, en cuyo marco realizó dos pueblos que figuran entre sus obras tardías: Gévora (Badajoz) y Algallarín (Córdoba). Todas ellas fueron obras de peso en el conjunto de su obra de posguerra, con las que hacía patente la coherencia del conjunto de su producción. A estas, reforzando la continuidad de principios arquitectónicos que mantuvo a lo largo de toda su vida, se sumaron un buen número de encargos privados de reformas, viviendas unifamiliares y casas de campo. Entre ellas se cuentan obras tan significativas como "El Pinarillo" (El Escorial, Madrid), proyectada por Pedro Muguruza que también inició las obras, a cuya muerte le fue encargada a Arniches en fase ya avanzada; "Valdepajares de Tajo" (Peraleda de la Mata, Cáceres); "El Huerto de Santa Isabel" (Meco, Madrid) o su propia casa de fin de semana en El Escorial, entre otras.

 

 

En esta última etapa de su vida se relacionó con numerosos arquitectos jóvenes que solían acercarse a él por su carácter afable, su proverbial simpatía y sentido del humor y su cercanía. Con algunos de ellos, como José Luis Fernández del Amo o Fernando Chueca Goitia, llegó a mantener una estrecha relación. Esto, y el peso de su obra, explica la transferencia de principios arquitectónicos entre ambas generaciones y el papel clave que tuvo Carlos Arniches como punto de partida y piedra angular del Movimiento Moderno español.

 

 

Entre las aportaciones más interesantes de Arniches están los artículos que, junto con su socio Domínguez, escribió en el periódico El Sol. Se trataba de una sección que se publicaba con periodicidad irregular en el diario vespertino español de mayor tirada. ​ A diferencia de las publicaciones profesionales, ésta pretendía poner la arquitectura al alcance general. Tal como la entendían sus autores, Arniches y Domínguez, su misión era mejorar la vida de los ciudadanos. Como arquitectos que estaban dispuestos a colaborar en la modernización del país, pretendían informar al público de lo que podían aportar para beneficio general. Su firma, «Arniches y Domínguez», se convirtió en el apodo de la sección y los popularizó. Su labor técnico-pedagógica, que primaba sobre la literaria, dirigida a lectores que pertenecían a los sectores modernos, explica el lenguaje llano que empleaban, conscientes de que se dirigían a su propia generación.

 

 

Sólo en los últimos momentos incluyeron algún artículo sobre temas candentes del mundo arquitectónico especializado. De estos textos se deduce el pensamiento arquitectónico de estos dos jóvenes vanguardistas de la «Generación del 25», precursores del Movimiento Moderno español. Los artículos son coherentes con las obras que realizaron hasta el estallido de la Guerra Civil y, en el caso de Carlos Arniches, hasta su muerte en 1958. Tanto las obras conjuntas de ambos como las que hicieron en solitario, aportan ejemplos y detalles suficientes para definir la personalidad arquitectónica de cada uno y su idea de la modernidad, e incluso para determinar la aportación de cada uno. Esto permite recomponer la línea arquitectónica personal y establecer el respeto de cada uno por sus propias ideas y la coherencia con la que cada cual mantuvo los presupuestos que decía defender. La relevancia de esta colaboración con el periódico El Sol reside, por un lado, en la aportación que su propio testimonio supone para la comprensión de la obra de estos arquitectos y en los datos que proporciona para ponerla en contexto y comprender cómo se desarrolló a lo largo de la vida de ambos. Y por otro lado, «La Arquitectura y la Vida» permite entender mejor no ya a estos dos personajes esenciales de nuestra arquitectura contemporánea, sino al conjunto de los arquitectos de la «Generación del 25» que, como afirmó el crítico británico William J. R. Curtis refiriéndose al savoir faire español, se ha caracterizado a lo largo de todo el siglo XX mucho más por hacer que por decir.

 

Álbum de fotos:

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Fuente:  https://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_Arniches_Moltó

 

 

 

 

 

 

 

 

1. jun., 2018

 

La Escuela Bauhaus es a Tel Aviv lo que el modernismo a Barcelona. Así explicaba recientemente un periodista israelí el significado de esta corriente arquitectónica para la segunda ciudad en importancia de Israel. Con, aproximadamente, 4.000 edificios repartidos entre sus no más de 50 kilómetros cuadrados, Tel Aviv ostenta orgullosa el título de la ciudad con mayor número de construcciones de estilo Bauhaus del mundo. No en vano en el año 2003 la Unesco reconocía este dato, declarando a la Ciudad Blanca lugar Patrimonio de la Humanidad “por integrar las tendencias arquitectónicas del Movimiento Moderno en el entorno local”.

 

La Unesco aceptó la recomendación de Mayo de 2003 de incluir a Tel Aviv en el listado “The World Heritage”. La llamada Ciudad Blanca -140 ha. del centro urbano de Tel Aviv- fue inscrita en la reunión 27 de la UNESCO, resolución 1096 del 3 de Julio del 2003. La Ciudad Blanca cuenta con más de 4.000 edificios construidos entre 1931 y 1956, de los que 2.087 están protegidos y 120 deben ser estrictamente preservados. 

Se puede ver el texto completo en:
http://whc.unesco.org/en/decisions/718.

Es así que desde julio de 2003, la “Ciudad Blanca de Tel Aviv” es Patrimonio de la Humanidad por la “síntesis de importancia excepcional de diversas tendencias del Movimiento Moderno en arquitectura y urbanismo de los inicios del siglo XX”. 

 

La estrecha relación entre la escuela Bauhaus y Tel Aviv se remonta a los años 30, cuando un destacado grupo de arquitectos judíos huyó de su Alemania natal ante el ascenso de los nazis al poder. Pertenecientes al grupo articulado en torno a Walter Gropius en 1929, Arieh Sharon, Shmuel Mestechkin, Munio Gitai-Weinraub y Shlomo Bernstein, entre otros, implantaron un novedoso y moderno plan de urbanismo. Respetando las directrices arquitectónicas básicas de la Bauhaus, diseñaron una ciudad que pudiera adaptarse a las singularidades de un clima desértico y mediterráneo. De este modo, las nuevas construcciones estarían caracterizadas por colores claros, como el blanco, ventanas traqueteadas para impedir la entrada del calor o los asentamientos sobre pilares al aire libre, permitiendo así que el viento pase por debajo de los apartamentos.

 

Sin embargo, el éxito de esta corriente en Israel no puede ser entendido exclusivamente en términos arquitectónicos. La filosofía de la escuela Bauhaus –que sería prohibida por los nazis al considerarla “degenerada”– entroncaba perfectamente con el ideario de la creación de un nuevo estado. De hecho, el movimiento sionista-socialista de principios de los años 30 adoptó esta corriente “de la manera más natural”. Aplicaron las teorías de la Bauhaus, que hablaban de la creación “desde la nada”, lo cual, para el caso israelí, supuso levantar casas y edificios a partir de la misma arena del desierto. La máxima de “edificios sin pasado, hacia un nuevo futuro, cumplió aquí sus mayores expectativas”, explican desde el Bauhaus Center de Tel Aviv.

 

Tel Aviv se fundó en 1909, y con motivo del 50 aniversario de la ciudad, en 1959 el pintor y escritor Nachum Gutman (1898-1978) realizo publicaciones buscando ésta declaración de la Unesco.  También en 1984 en el 75 aniversario de la ciudad, el historiador Michael Levin fue comisarió la exposición “A White City, International Style Architecture in Israel. Portrait of an Era”, en el Museo de Arte de Tel Aviv. La exposición viajó al Jewish Museum de Nueva York y se editaron dos catálogos: 

-     "A White City, International Style Architecture in Israel. Portrait of an Era” por M. Levin

-     “A White City, International Style Architecture in Israel” fotografía de Judith Turner

 

En 1994, durante el 75 aniversario de la fundación de la Bauhaus en Weimar (1919), con el auspicio de la UNESCO y el ayuntamiento se realizó la “World Conference on the International Style in Architecture” para llamar la atención sobre el invalorable patrimonio arquitectónico y su necesidad de conservación. Se celebró entre el 22 y 28 de mayo y fue dirigida por Michael Levin, Nitza Metzger–Szmuk y Catherine Weill–Rochand. Incluyó diecisiete exposiciones; entre ellas:
- una reposición de la de 1984.
- la fotografía en la Bauhaus,
- el Weissenhofsiedlung en Stuttgart.
y muestras de artistas locales como Dani Karavan, quien realizó la escultura Kikar Levana –Plaza Blanca– en Tel Aviv.

 

A pesar de que muchos de los 4.000 edificios se encuentran en un estado más que descuidado, el Ayuntamiento de la ciudad parece haber entendido la importancia cultural e histórica de los mismos y ha puesto en marcha un importante plan de mejora. De momento, ya se han rehabilitado algunos y se espera que en los próximos años se restauren alrededor de 1.500.

 

Debido al elevado número de lugares de interés, lo más oportuno es llevar a cabo un plan bien trazado, seleccionando de antemano qué es lo que más conviene ver. Una buena manera de empezar es el edificio del Bauhaus Center de Tel Aviv. Fundado en el año 2000, ofrece una gran cantidad de información a este respecto, además de vender libros sobre arquitectura, así como diferentes planos de la ciudad. Dentro de las diversas actividades que se realizan, están las visitas guiadas. Si bien es una buena opción, también se pueden tener en cuenta otras. El Tel Aviv-Bauhaus Walking Tour, gratuito y organizado por el Ayuntamiento, tiene lugar todos los sábados a las 11:00 y parte desde Rothschild número 46. Si se busca algo más concreto, solo hay que preguntar en cualquier oficina de turismo de la ciudad, donde informan de las muchas ofertas y precios.

 

El Museo Bauhaus, en el 21 de Bialik Street, es, a pesar de su reducido tamaño, otra de las mejores opciones para comprender y conocer la importancia de la escuela alemana en el urbanismo de la ciudad. Abierto solo dos días a la semana, miércoles y viernes, posee también una muestra con objetos diseñados por Mies Van Der Rohe, Marcel Breuer y otros arquitectos significativos del Movimiento Moderno.

 

Aunque, sin duda, la mejor manera de disfrutar de la arquitectura Bauhaus es perderse por Rothschild Boulevard, Shenkin, Dizengoff, Bialik, Mazeh o Kalisher Street, donde se encuentran algunos de los edificios más característicos y mejor conservados de la ciudad. La cercanía entre sí y la posibilidad de hacer la ruta a pie hacen que merezca la pena dedicar unas cuantas horas a este recorrido.

 

Álbum de fotos:

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Fuentes:   Rafael Aníbal.  https://elviajero.elpais.com/elviajero/2013/06/13/

https://hugoklico.blogspot.com

 

 

 

 

 

 

 

 

27. may., 2018

  

En el distrito financiero de Londres, la esquina de las calles Poultry y Queen Victoria está ocupada desde 1997 por un edificio posmoderno, compacto, que combina con descarada seguridad dos tonos de piedra caliza —amarilla y rosa, intercalada a rayas— con cristaleras en cuña. Diseñado por el arquitecto británico James Stirling (1926-1992), que murió antes de verlo terminado, el No 1 Poultry es ahora el edificio protegido más moderno de Inglaterra, una de las grandes obras maestras de la arquitectura posmoderna en Londres, pero su historia está marcada por la polémica y el rechazo.

 

El promotor inmobiliario Peter Palumbo, dueño del terreno y un profundo enamorado de la obra de Mies van der Rohe, había encargado antes (en los años sesenta) al eminente arquitecto de origen alemán, que diseñara un proyecto para ese mismo emplazamiento.  Mies van der Rohe, ya con 75 años, diseñó su propuesta para Mansion House Square al final de su carrera, entre 1962 y su muerte en 1969. La clásica torre de vidrio ambarino, forrada en bronce al estilo del Seagram neoyorquino, de 19 pisos, acompañada de una plaza y con un centro comercial subterráneo habría sido el primer y único proyecto de Mies en el Reino Unido.  Sin embargo, los planos detallados no se incluyeron en el archivo de Mies van der Rohe creado en el Museo de Arte Moderno (MoMA) a finales de los años 60, porque el proyecto todavía estaba en curso, por lo que tardaron años en conocerse.

 

El proyecto de la Mansion House Square se desarrolló durante más de 20 años, pero nunca se construyó. Fué objeto de una larga campaña del Príncipe Carlos, un conocido oponente de la arquitectura moderna y después de un prolongado proceso de planificación, el plan fue finalmente rechazado en 1985.

 

El arquitecto y músico londinense John Belcher era el autor del Edificio Mappin and Webb (1870), una construcción señorial rematada por una cúpula puntiaguda, sede de los venerados joyeros reales Mappin and Webb. Cuando Palumbo propuso arrasarlo para sustituirlo por el edificio de Mies van der Rohe, la osadía le costó incluso su buena relación con el Príncipe Carlos, del que era compañero de equipo de polo. El Príncipe de Gales criticó duramente el plan y describió el proyecto como "un bloque de cristal más adecuado para Chicago" y en los años ochenta quedó claro que aquella torre nunca vería la luz.

 

Lord Palumbo entonces se acercó a James Stirling, para concebir una visión alternativa para el sitio. El "No. 1 Poultry" de James Stirling, Michael Wilford & Associates se terminó en 1997, dos años después de la muerte prematura de Stirling. La rabia pública afloró de nuevo, pero esta vez Palumbo no se dejó amedrentar. La belleza neogótica fue eliminada para dar paso a la posmodernidad. "Después de una prolongada y amarga lucha, se ha salido con la suya", lamentaba en un artículo publicado en 1993 el periódico británico Independent, que cuenta la historia sin ocultar antipatía por Palumbo y describen al magnate como "un hombre rico con sueños demasiado grandes para la Pequeña Bretaña" empeñado en "volver a construir el mundo".  A menudo se cita al "No. 1 Poultry" como una obra maestra del estilo post-moderno y recientemente ha sido catalogada con el Grado II en la lista de protección de edificios de Londres.  

 

Opuestos en estética, función y espíritu, los diseños se pudieron comparar por primera vez en la exposición Mies van der Rohe + James Stirling:  Circling the Square, organizada en el Royal Institute of British Architects (RIBA), que se solaza en la condición de vacas sagradas de los autores y las "ideas arquitectónicas y ambiciones de ambos arquitectos y del promotor", pero no menciona que Palumbo demolió un edificio neogótico del siglo XIX para erigir aquella creación moderna. "Una prolongada y amarga lucha" . Las propuestas de Mies van de Rohe y James Stirling representan tres décadas decisivas en la arquitectura, ya que a mediados del siglo XX se vivió un periodo "altamente transicional" que hizo convivir y enfrentó influencias como el pop art, el modernismo y el posmodernismo".

 

Álbum de Fotos:

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Fuentes:   Inés Lauleta  https://www.metalocus.es/es/

https://www.20minutos.es