10. may., 2016

HUGO DÍAZ

Víctor Hugo Díaz nació el 10 de agosto de 1927 en Santiago del Estero. Se crió escuchando la música folklórica de su pueblo. Era todavía un niño, cuando confesó que su mayor placer era ver tocar a toda una orquesta junta, con el sonido de todos los instrumentos. Así, los fue conociendo uno a uno, a tal punto que se atrevía con varios de ellos. Pero su inclinación fue con la armónica. A los nueve años de edad debutó como solista en una radio de su provincia.



Con el paso del tiempo, se convirtió en un artista extraordinario que revalorizó, con talento mayúsculo, el instrumento elegido. Fue el creador de un modo argentino de tocar la armónica, realizando notables trabajos tanto como ejecutante como compositor Fue un músico con rasgos de genialidad justamente, con un instrumento considerado menor como era la armónica, un pequeño aparato musical que el público no comprendía o que le resultaba difícil de aceptar. Estaba visto como un juguete para niños colado en música para mayores. Y fue más rara avis aún, cuando se metió con el tango.




Partió hacia Buenos Aires en el año 1944, junto a su amigo Domingo Cura (1929-2004) considerado el más importante percusionista (bombisto) de la historia del folklore nacional, luego cuñado suyo, pues se casó con su hermana Victoria Cura, una cantora de bella voz. En la Capital, lo contrató un músico de jazz y director de orquestas características, Juan Carlos Barbará, que lo presentó como solista durante una temporada en la Confitería Hurlingham.



En 1946, se destaca su presencia en el conjunto folklórico Chacay Manta, que tuvo buena recepción, aunque este género aún no había tenido más que un regular acceso en la Capital, hasta explotar una década más tarde. El notable arpista paraguayo Félix Pérez Cardozo, con quien trabó amistad, le abrió varias puertas que le permitieron llegar a los estudios de grabación, tras el trajín en numerosas peñas.



A comienzos de los años cincuenta formó un trío junto a su colega de instrumento Luis Saltos, y el guitarrista Norberto Pereyra, a los que se sumó en el canto a su esposa Victoria. Hacen la rutina habitual presentándose en radios, locales nocturnos y haciendo giras por ciudades cercanas, hasta proyectarse a países de Latinoamérica y llegar a los Estados Unidos, donde hacen varias presentaciones que lo llevaran a compartir escenario con Louis Armstrong y Oscar Peterson. No se detuvieron allí, viajaron a Europa y, en Alemania, arribaron a la ciudad de Leverkusen, donde se encuentra la sede central de la fábrica de instrumentos Hohner, la marca de armónicas utilizadas por Hugo.



En ese lugar fue tan grande el entusiasmo que causó con su talento, que pusieron su fotografía en la sala donde ya estaban las de los consagrados, Thielemans y Larry Adler, máximos exponentes, hasta aquel momento, del instrumento. A raíz de este reconocimiento surgieron muchas oportunidades, la más importante, un contrato para grabar con la orquesta de Waldo de los Ríos en España. A continuación se sucedieron sus actuaciones en Japón, en países de Medio Oriente, en las ciudades de Roma y de Milán, en esta última ciudad nada menos que en el Teatro de La Scala, junto a personalidades de la lírica.



Su mayor dedicación fue el folklore, género en el que registró alrededor de setenta títulos repartidos en cinco discos de larga duración. También, grabó jazz e incursionó en temas clásicos. Cuando regresó al país, ya no fue lo mismo. Los ecos de su éxito no habían llegado a nuestras tierras. Salvo para sus seguidores, lo suyo resultaba una curiosidad. Evidentemente el público no estaba preparado para reconocer los valores de su música, en parte, por el prejuicio que despertaba la armónica. No obstante, Hugo continuó su trabajo como el más humilde de los intérpretes. Durante ese período, grabó para los sellos Odeon, TK y Disc Jockey.



El tango tuvo un lugar en su trayectoria y sus discos, con más de 80 versiones, entre éstos se destaca su producción con temas de Carlos Gardel y, en especial, sus recreaciones de “Soledad”, “Volver”, “Cuesta abajo” y “Amores de estudiante”, realmente soberbias. En esa oportunidad contó con la colaboración de los maestros,Roberto GrelaJosé Colángelo y Omar Murtagh.

 

 

Murió en Buenos Aires el 23 de octubre de 1977, con apenas cincuenta años, a raíz de una cirrosis, pero su indiscutible talento todavía nos hace vibrar de emoción cuando lo escuchamos en sus discos. En el año 2007, con la dirección de Alberto Larrán, se realizó en su homenaje, un film documental titulado A los cuatro vientos. La película tiene, como no podía ser de otro modo, el fondo musical de su repertorio —entre la que se destaca su siempre requerida “Zamba del ángel”—, muestra fotografías inéditas y brinda los testimonios de amigos y familiares, en especial, el de su hija, Mavi Díaz, quien es la depositaria de su obra y su memoria.

 

IMÁGENES:

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FUENTE:   Néstor Pinsón: www.todotango.com.