20. ene., 2016

BUENAVENTURA LUNA

 

 

Buenaventura Luna, fue un periodista, músico, compositor, poeta, libretista y conductor de radio, y político argentino, de gran influencia.  En la década de 1930 creó La Tropilla de Huachi Pampa, uno de los primeros grupos en tener éxito masivo, y condujo El fogón de los arrieros, el primer programa radial de música folklórica de alcance nacional.

 

 

 

Eusebio de Jesús Dojorti, tal su verdadero nombre, Nació el 19 de enero de 1906 en Huaco, una pequeña población del departamento de Jáchal, en la provincia de San Juan. Su padre, Ricardo Dojorti, fue el primer intendente de Jáchal, y un permanente luchador para que el ferrocarril llegase a esa localidad del norte sanjuanino. Realizó sus estudios en la escuela primaria Nº 26 de Huaco (hoy Dr. Federico Cantoni) y luego se muda a San José de Jáchal para concluir los estudios secundarios en la escuela Normal Fray Justo Santa María de Oro. Empezó a escribir muy joven adoptando el seudónimo de Buenaventura Luna, un hombre que trabajaba en los campos que su familia tenía en Huaco y que pasaba largas horas relatándole hechos de la vida del pueblo. Comenzó a militar en política en la Unión Cívica Radical Bloquista, liderada por los hermanos Cantoni, una de las expresiones políticas que impulsaban las conquistas sociales más avanzadas de la época.

 


Pero cuando Federico Cantoni reafirma su lazo con los conservadores para combatir al irigoyenismo, Dojorti plantea que es necesaria una reorganización partidaria. Como esto no ocurre, Eusebio se propone combatir al cantonismo desde el periódico La Montaña. Debido a la posición crítica hacia el gobierno provincial, Cantoni mandó cerrar el diario y encarcelar a Dojorti y sus principales editores en mayo de 1932. Fueron enviados a la cárcel cordillerana de Tamberías (Calingasta), y allí permanecieron engrillados, poco alimentados y mal abrigados durante 77 días. En agosto de ese mismo año, lograron fugarse gracias a los oficios del soldado Rodolfo Flores, quien había sido mozo de cuadra en la finca de su padre: luego de andar perseguidos por los caminos de montaña lograron llegar a la finca del Yaguaraz, en tierras mendocinas. Regresó a San Juan en 1933, y allí fundó la "Unión Regional Intransigente", una federación de partidos regionales que buscaba potenciar el federalismo y para el cual escribió un muy interesante Manifiesto inaugural. Cuando fracasó su intento de alcanzar un escaño como diputado por la "Unión Regional Intransigente", Dojorti abandonó la militancia política para dedicarse a la música y al periodismo. Luego de que Juan D. Perón fuera elegido Presidente de la Nación en 1946, se afilió al Partido Peronista.

  

 

Además de político y periodista, fue un cronista musical de su propia gente. En todas sus obras no solamente mostró a Huaco, a Jáchal, o a San Juan, sino a todo un país. Fue uno de los grandes de la música popular argentina. Alto, severo, de oscura tez curtida por el sol, fue un incansable creador, un innovador por naturaleza. Como a muchos provincianos se lo conoció después de triunfar en Buenos Aires. Hacia 1935 había organizado un programa en en radio Graffígna (hoy radio Colón) de San Juan, llamado Zafarrancho vocal, donde difundía poesías y las interpretaciones del dúo Tormo–Canale (Antonio Tormo y Diego Canales). Compuso gran cantidad de canciones folklóricas y dirigió varios grupos musicales folklóricos, entre ellos La Tropilla de Huachi Pampa, uno de los primeros en tener éxito masivo, intergrado entre otros por Antonio Tormo, Diego Canales, Remberto Narváez, Zarco Alejo, José Samuel Báez, Diego Canale, Eduardo Falú y las guitarras de Alfredo Alfonso y José Zabala, conjunto que conociera el éxito a fines de los años ´30 y durante la década del ´40.  A fines de la década de 1930 condujo El fogón de los arrieros, en Radio El Mundo de Buenos Aires, el primer programa radial de música folklórica de alcance nacional.

 

 

Escribió varias zambas y canciones célebres, compartiendo la autoría en: Este camino que va con Atahualpa Yupanqui, Por qué será que parece y Zamba de las Tolderias con Oscar Valles y Fernando Portal, Puentecito de mi río (vals), Tuna tunita (gato), De pago en pago (canción) con Tormo y Canales, El carrerito (tonada) con Fernando Portal, Copla de ausencia (zamba) con Eduardo Falú. De su exclusiva autoría son: Quiero Volver, Aquí, Canto Final, Vallecito, La última carreta, En el destierro, En la taberna, La noche, Romance del viento largo, y su obra cumbre: Las Sentencias del Tata Viejo.

  

 

En 1949 concibió el proyecto de realizar una “antología bárbara” musical que rescatara y difundiera “el canto perdido en las tradiciones argentinas”. Al reivindicar "lo bárbaro", Luna se oponía a la dualidad "civilización o barbarie" que estableció Domingo F. Sarmiento, aceptada como un principio básico de la cultura oficial argentina, incluyendo en la noción de "barbarie" a la cultura folklórica, en su sentido de "saber del pueblo", como la cultura gauchesca. Buenaventura Luna concretó su proyecto en un programa de radio llamado El canto perdido, que fue transmitido en 1949 por Radio Belgrano, en interpretado por el grupo Los Manseros de Tulum, que organizara para ello.

 


Entre las canciones de su autoría se encuentra "Vallecito", "Este camino que va" (con Atahualpa Yupanqui), "Zamba de las tolderías" (con Oscar Valles y Fernando Portal), "De pago en pago" (con Antonio Tormo y Diego Canale), "El carrerito" (con Fernando Portal), "Copla de ausencia" (con Eduardo Falú), "Quiero volver", "Canto final", "La última carreta", "Romance de los caballos", etc. Sentencias del Tata Viejo, está considerada como su obra cumbre, una serie de poemas musicalizados y llevados al disco en 1975 por Los Cantores de Quilla Huasi.

  

Condujo polémicos programas radiales en su provincia y en Buenos Aires. Conoció la persecución política y la cárcel. A pesar de sus éxitos, siempre retornaba a su fuente de inspiración: El viejo molino de Huaco. Sus últimos días fueron tristes. Fue operado de un cáncer de laringe en el Policlínico de San Martín, provincia de Buenos Aires, y como consecuencia de este mal quedó casi sin habla, pues se le efectuó una traqueotomía. Sus amigos más íntimos -Fernando Portal, Eduardo Falú, Fermín Alvarez, Carlos Vega Pereda y Carlos Lastra (integrantes de los Quilla Huasi)- lo acompañaron en sus últimos días. Cuando llegó su hora, el 29 de julio de 1955, a los 49 años, cubrieron su cuerpo con su poncho y en el panteón de SADAIC del cementerio de la Chacarita, Alfonso y Zabala tocaron una tonada.

 

Su último deseo fue que sus restos fueran enterrados en Huaco, su pueblo natal. Un año más tarde después de su muerte, su deseo pudo cumplirse: luego de que se le rindieran los honores en la capital sanjuanina y luego en Jáchal, llegó a Huaco; en Pampa del Chañar, al pie de un algarrobo, como marco de la tradición, un grupo de arrieros lo esperaba con canciones. Así llega Buenaventura a su tumba con forma de guitarra.  Todos los 29 de julio de cada año, los escolares forman una improvisada guardia, los arrieros llegan hasta el lugar entonando canciones y hasta se baila al son de las guitarras, al pie de la tumba del poeta. Y quizá por don Bunaventura Luna o porque siempre fue así, lo cierto es que en Huaco, el cementerio es alegre y nadie le teme a la muerte.

 

IMÁGENES:

https://www.facebook.com/carlos.bentocompany/media_set?set=a.1245672612114573.1073741885.100000155376360&type=1

 

 

FUENTES:       http://biografias-folklore.com.ar/buenaventura-luna.html 

                    http://buenaventuraluna.blogspot.com.es/

                    Fabián A. Núñez (Jáchal, San Juan).

 

 

VIDEO RECOMENDADO:   http://youtu.be/ldGOjkw1Q_I