11. feb., 2015

CARLOS CARABAJAL

 

Carlos Carabajal nació el 12 de setiembre de 1929 en La Banda (Santiago del Estero) Fué el quinto de los 12 hermanos varones, hijos de María Luisa Paz y Francisco Rosario Carabajal. Una familia de la que cuatro  generaciones, ocuparon y ocupan un lugar preferente en el folclore de los siglos XX y XXI. Durante 55 años compartió su vida con Zita Correa y de este matrimonio nacieron 4 hijos: Graciela, Carlos Peteco, Enriqueta y Raúl Demi. También crecieron a su lado Roxana y Valeria, dos de sus nietas, quienes simplemente le llamaban “papi”, y vio nacer a sus 17 nietos y 3 bisnietos. Las primeras notas de su guitarra se las enseñó su hermano Héctor, y desde chico sintió un gran amor por el folclore.

 

El inauguró una escuela “chacarerera” a partir de su perfecto rasguido, su canto ajado y su acento bien santiagueño... pero mucho antes, quizá, su historia comienza con un padre que no quería el destino de guitarrero y cantor para su hijo. ”En Santiago, los músicos tenían fama de borrachos por ello mi papá, cada vez que se iba a trabajar, desafinaba las cuerdas de la guitarra para que yo no pudiera tocarla. Y yo, como no sabía afinarla, encontré el sonido naturalmente. Descubrí que el sonido del tren, el Central Argentino que iba a Tucumán, estaba en mí. A partir de esa nota y de ese sonido empecé a afinar la guitarra.”

  

Sus primeras grabaciones de disco fue acompañando a los Hermanos Simón, El Chañarcito, Los Hermanos Ríos, Los Hermanos Toledo y Hugo Díaz, entre otros. Carlos, un muchacho inquieto, conformó conjuntos como Los Changos Bandeños, o los míticos Manseros Santiagueños (junto a Onofre Paz y Leocadio del Carmen Torres). Luego, en 1960 formó, con su hermano Agustín, Los Carabajal con quienes estuvo hasta 1969, momento en que elige su carrera de solista, realizando giras por Bolivia, España y Brasil. Tan famosa como sus conjuntos, fue su unión artística con el eximio bailarín y amigo Carlos Saavedra, quien decía en algún espectáculo “tenemos orden de no morir”, quizá predestinando su trascendencia en la memoria del pueblo (posiblemente la única forma de ser inmortal, sin tener que ser Dios).

  

Tuvo varios oficios durante su vida, en especial en su estadía en el gran Buenos Aires: albañil, hombreador de reses en frigoríficos y de bolsas en el puerto, entre otros; aunque nunca abandonó su amor por la guitarra y las coplas... “Me sentaba y tenía tiempo de sobra para pensar. Así me salían las canciones. Venía recorriendo los barrios y yo pensaba solo en Santiago del Estero. Toda la nostalgia la traducía en canciones” solía contar.  El músico Carlos Podazza, gran guitarrista y docente musical de Tucumán, aconsejaba a sus alumnos “te puedo enseñar la zamba, la tonada, la cueca, pero si querés aprender bien la chacarera, sólo te la tiene que enseñar un santiagueño”, cuán acertadas palabras, y fue precisamente Carlos Carabajal el “señor” de este rasguido. Cuando comenzaba a rasguear la guitarra se podía diferenciar sin lugar a dudas si se trataba de una chacarera, un gato o un escondido (que desde el punto de vista musical son casi idénticos).

  

Carlos Carabajal escribió más de 100 canciones que fueron interpretadas por la mayoría de los folcloristas del país, y sin ningún lugar a dudas esas letras serán guardadas en el corazón de cada uno de los amantes del folclore. Fueron muchas, muchísimas sus composiciones exitosas: La Pockoi pacha y Chacarera del patio con letra de Cristóforo Juárez, Entre a mi pago sin golpear con Pablo Raúl Trullenque, El campo te está esperando y Mi abuelo tenía un violín con su hijo Peteco, la Sacha Pera con Oscar Valles, Viejo Río Dulce con Marcelo “Cola e’ gallo” Ferreyra o temas como La del olvido o Alma challuera que compuso en letra y música.

 

En el último trabajo discográfico de Carlos Carabajal, denominado “Y mis sueños”, el músico dedicó un espacio para hacer referencia a su vida, contó sus logros, sueños y anhelos, seguramente lo hizo en la calma de su casa, en el quincho que tanto amaba, en donde surgieron los mejores temas del cancionero popular santiagueño. “Me sorprendo cuando golpean la puerta de la casa y al salir a atender la gente me dice que viajó muchos kilómetros sólo para conocerme. Yo le digo pasen, tomando mate han de ir”. ”Tuve muchas oportunidades de ir a tocar a otros países y de quedarme a vivir en grandes ciudades pero siempre quise volver a La Banda. Cuando mi mama vivía, iba todas las tardes a verla y eso me llenaba el alma y los bolsillos de satisfacción”. 

 

Luego de muchos años de vagar por los escenarios, el 5 de enero de 2006 actuó por última vez en el Festival de la Chacarera, encuentro del cual fue gran impulsor.  El 24 de agosto del 2006, a las 9 menos veinte de la noche, Carlos Carabajal iniciaba su gira por la vida eterna. Su voz pausada, el rasguido de la guitarra y sus pasos lentos quedaron para siempre en el corazón de quienes lo amaron, idolatraron y reconocieron su legado. Se fue con 76 años si pedir más que “tener un campo en el cielo y sembrando estrellas vivir”. Carlos Carabajal quedará en el corazón de quienes lo conocieron y respetaron en vida.

  

IMÁGENES:

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