Mi Música

23. may., 2019

Violeta Parra es un icono para la cultura chilena, pero su legado tiene gran influencia y trascendencia en toda Latinoamérica. Además de su faceta como compositora y cantautora, la artista chilena destacó como pintora, bordadora, escultora, ceramista y también ejerció de activista social. En 2017 al cumplirse el centenario del nacimiento de la polifacética artista los actos de homenaje y recuerdo se multiplicaron en su país natal, Chile. En todo el continente americano se celebraron múltiples actos, programados y espontáneos, para rendir tributo a quien tanto se dedicó en su vida al folclore popular y que promovió la Nueva Canción Chilena. La conmemoración de su nacimiento, el 4 de octubre, también fue elegido hace algunos años como Día Nacional de la Música en Chile.

 

Violeta del Carmen Parra Sandoval nació el 4 de octubre de 1917 en la provincia de Ñuble, al sur de Chile. Creció en el seno de una familia de artistas y creadores, de hecho es hija de una modista y de un profesor de música. A todos los hermanos les inculcaron desde pequeños el amor por las artes, y en especial por el canto y la música. Uno de ellos, Roberto, también destacó como cantante popular, y el más reconocido, Nicanor Parra, como poeta, recibió el Premio Nacional de Literatura (1969) y el Premio Miguel de Cervantes(2011), entre otras distinciones, además de haber sido candidato al Premio Nobel de Literatura en diversas ocasiones.

 

Violeta Parra, de salud frágil desde niña, pasó su niñez en el campo, aprendió a tocar la guitarra a los nueve años y a los 12 compuso sus primeras canciones. Su familia se trasladó a la localidad de Chillán por problemas económicos en 1927 y cuatro años más tarde murió su padre. Violeta viaja entonces a Santiago de Chile invitada por su hermano Nicanor, pero está menos de un año en la escuela porque ya tiene clara su vocación: la canción. Tras abandonar los estudios, la joven Violeta Parra lideró un dúo musical con su hermana Hilda: las Hermanas Parra. Sus hermanos Clara, Roberto y Eduardo se unirían más tarde a la formación, que pasó a llamarse Los Parra. Todos ellos cantaban en boliches del barrio Mapocho, interpretaban boleros, rancheras, corridos mexicanos y otros estilos musicales a la vez que trabajan en circos, bares y quintas de recreo.

 

En esa etapa Violeta Parra conoció a Luis Cereceda, ferroviario de la estación de Yungay, con quien se casó en 1938 y tuvo dos hijos: Isabel y Ángel. El matrimonio pronto presentó dificultades por el carácter intrépido y creador de Violeta, que en esos años se unió a una compañía de teatro que realizaba giras por todo el país y con la que ella cantaba canciones españolas haciéndose llamar Violeta de Mayo. El matrimonio, sin embargo, marcó su ideología, ya que su marido era un militante comunista que la introdujo en ambientes políticos de izquierda hasta apoyar la campaña presidencial de Videla. Violeta Parra volvió a casarse, esta vez con un carpintero, Luis Arce. Con él tuvo dos hijas, Carmen Luisa y Rosita Clara, que murió a los dos años. Tras su muerte, el matrimonio volvió a fracasar.

 

Desde 1952 Violeta Parra trabajó en circos populares y junto a sus hijos realizó giras por el país y por los alrededores de Santiago. Animada por su hermano Nicanor, comienza a rescatar, recopilar e investigar la auténtica música folclórica chilena y a realizar recitales en las universidades. Esta investigación hace que descubra la poesía y el canto popular de los lugares más diversos de Chile. Violeta Parra termina convirtiéndose en una recuperadora de la cultura popular, un hecho que determina su trayectoria artística. A partir de ese momento se producen sus primeras intervenciones en la radio chilena y conoce a intelectuales chilenos como Pablo Neruda.

 

En 1954 Violeta Parra recibió el premio Caupolicán, y a mediados de los años cincuenta su carrera resulta imparable. Viaja por primera vez a Europa invitada al V Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes de Varsovia. Desde allí se trasladó a París, ciudad en la que vivió dos años, llevando a cabo presentaciones y realizando contactos para difundir su trabajo. Violeta Parra graba en la Fonoteca Nacional del Musée de l’Homme de La Sorbonne. Allí deja un guitarrón y cintas de sus recopilaciones de folclore chileno. En 1956, ya de regreso a Chile, grabó el primer álbum de la colección El folclore de Chile, serie que garantizaría la conservación de multitud de temas populares anónimos. Fue nombrada directora del Museo de Arte Popular de la Universidad de Concepción y retomó sus actuaciones en la Radio Chilena.

 

Violeta Parra pasó los primeros años de la década de 1960 en Europa, donde realizó actuaciones en diversos países y cultivó más aún sus aficiones artísticas. En 1964 tuvo la oportunidad de organizar una exposición individual de su obra plástica en el Museo del Louvre de París, la primera realizada por un artista latinoamericano. Estudiosa del folclore chileno y de las costumbres de su pueblo, reunió a lo largo de su vida alrededor de 3.000 canciones populares y gestó el libro Cantos Folklóricos Chilenos, origen de lo que posteriormente se denominaría Nueva Canción Chilena.

 

Cuando regresó a Chile en 1965 decidió establecer una carpa con la intención de convertirla en un importante centro de cultura folclórica, ahora se conoce como Centro Cultural La Carpa de La Reina. A pesar de contar con una carrera exitosa y de ser una referente musical para propios y extraños, Parra comenzó a sufrir una fuerte depresión que desembocaría en su suicidio. En esa carpa, Violeta Parra se quitó la vida a los 49 años con un disparo. Algunos atribuyen esa dramática decisión al fracaso que resultó la instalación de la carpa cultural en la comuna de la Reina. Otros sostienen que fue el desengaño amoroso que sufrió con el antropólogo suizo Gilbert Favre el que marcó su estado depresivo, unido al fallecimiento de su hija y a su frágil salud.

Violeta Parra había estrenado su famosa canción Gracias a la vida hacía poco más de un año, considerada por muchos un himno humanista, pero hay quien asegura que eligió despedirse a tiempo con aquella bella y profunda pieza. 

LETRA DE ‘GRACIAS A LA VIDA’

Gracias a la vida, que me ha dado tanto

Me dio dos luceros, que cuando los abro

Perfecto distingo, lo negro de lo blanco

Y en el alto cielo su fondo estrellado

Y en las multitudes el hombre que yo amo

Gracias a la vida que me ha dado tanto

Me ha dado el oído que en todo su ancho

Graba noche y día, grillos y canarios

Martillos, turbinas, ladridos, chubascos

Y la voz tan tierna de mi bien amado

Gracias a la vida, que me ha dado tanto

Me ha dado el sonido del abecedario

Con él las palabras que pienso y declaro

Madre amigo hermano y luz alumbrando

La ruta del alma del que estoy amando

Gracias a la vida que me ha dado tanto

Me ha dado la marcha de mis pies cansados

Con ellos anduve ciudades y charcos

Playas y desiertos, montañas y llanos

Y la casa tuya, tu calle y tu patio

Gracias a la vida que me ha dado tanto

Me dio el corazón que agita su marco

Cuando miro el fruto del cerebro humano

Cuando miro al bueno tan lejos del malo

Cuando miro al fondo de tus ojos claros

Gracias a la vida que me ha dado tanto

Me ha dado la risa y me ha dado el llanto

Así yo distingo dicha de quebranto

Los do materiales que forman mi canto

Y el canto de ustedes que es mi mismo canto

Y el canto de todos que es mi propio canto

Gracias a la vida que me ha dado tanto

 

Álbum de fotos:

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Fuente: ALBERTO LÓPEZ https://elpais.com/cultura/2017/10/04/actualidad/1507130847_797931.html

 

 

 

 

 

 

26. feb., 2019

Originarios de la provincia de Santiago del Estero, considerado como uno de los dúos folklóricos más antiguos del país y uno de los mas sobresalientes que haya dado vuestra provincia. Vicente "Morenito" Suarez y Pedro Leandro Palomo fueron integrantes del conjunto Los Tobas en Santiago del Estero.  Los Tobas hicieron historia con éxitos como la "Alma mula", "Corría y corría", "El pintao", "Me llaman el fiestero", etc. Los Tobas iniciaron su carrera artística a fines del 58, en ese entonces ya integraba el conjunto "Morenito" Suarez que tenía 21 años de edad. Pedro Palomo se inicio en el ambiente folklorico en la decada de los 60's , integró Los Tobas a los 17 años de edad. Palomo fue primera guitarra y segunda o tercera voz del conjunto. "Morenito" Suarez fue la primera voz y bombisto de Los Tobas.

 

Vicente "Morenito Suárez, nació en 1936 en el campo santiagueño, en la localidad de Yacu Nioj que significa "Aqui hay agua" en el idioma quechua, Brea Pozo en el Departamento San Martin. Hijo de padres ganaderos, descendiente de ancestros con firmes inclinaciones musicales folklóricas tradicionales, las cuales a posteriori influirían en su vida personal y desarrollo musical autóctono. Su abuelo materno tocaba el arpa y la guitarra, al igual que sus tías abuelas. Allí se germinarían sus deseos por las artes musicales tradicionales.

 

Integró el conjunto Los Tobas a la edad de 21 años. En aquel entonces sus integrantes eran: "Meneco" Taboada, César Baez, Mario Ledesma y Morenito Suarez. Posteriormente se integraria Pedro Palomo como quinto integrante.  Mas tarde Lolo Barrionuevo reemplazaría a Cesar Báez.  Sin formación académica, ni estudios musicales llego a elaborar la esencia de la música folklórica tradicional de Santiago del Estero.  Sus creaciones musicales nacieron en forma intuitiva en pos de la defensa de los valores naturales del santiagueño. Su música y sus letras presentan un mensaje simple y austero, de fácil interpretación literaria, se puede decir que en su mensaje lirico no hay metáforas. 

 

La vidala, serenata ancestral, nació en el, como un don natural heredado de las bondades divinas de un Dios que le dio un timbre de voz que a la "legua" se lo identifica y le da ese sello natural al Dúo "Suarez-Palomo". No hay arte escénico, ni tampoco ningún tipo de montaje artístico, solo hay talento, deseos de hacer las cosas bien, amor y corazón para expresar lo que siente un santiagueño por su tierra.  Así nació y se hizo este ''Grande'' de la música Folklórica, nacido en un hogar humilde, hoy es reconocido a nivel provincial, nacional e internacional. Vicente Suarez es hoy en día un ''icono'' de la música Santiagueña.

 

Pedro Leandro Palomo nació en el seno de una familia humilde, hijo de don Arturo Palomo y doña Bernarda Garnica de Palomo, en la localidad de Sauce Bajada, Departamento Robles en  la provincia de Santiago del Estero. Aprendió a tocar la guitarra de ''puro travieso'', su papá no le quería enseñar a tocar por la ''Mala fama'' que tenían los músicos de ese entonces. Pero Pedro se dio mañas para aprender y así llego a ser quien fue en la vida.

 

Sus raíces musicales se fueron forjando con el tiempo, dedicación y sacrificio. El se impuso normas de vida para llegar a superarse y demostrarle a sus padres que podía llegar a ser alguien en la vida. Integró "Los Tobas" a la temprana edad de 17 años con su inconfundible tercera voz. Luego recorrería en la TV y los diales de las diferentes emisoras radiales de la provincia, el país y también otros países como Chile, Paraguay, Uruguay y Bolivia. Aprendió a amar la vidala al escuchar a su padre tocar y cantar con don Jovino Chávez en las tierras de Sauce Bajada. Su inconfundible voz le da forma y esencia, y a la misma vez pone un sello distintivo de originalidad al ''Dúo Suarez-Palomo".  Así de esta forma nace en Santiago del Estero un hijo prodigo en la cuna de los mistoles, las algarrobas y el chañar y llega a recorrer los senderos de la Patria y naciones vecinas.

 

Trayectoria del Dúo Suárez Palomo.

. 1980: Se presentan en el Festival Nacional de Cosquin.
· 1981: Actúan en diversos puntos del país con su nuevo material discográfico. Se presentan en la TV Nacional, en el programa televisivo "Argentinísima", como así también en diversas Radios del país.
· 1982: Actúan en Asunción del Paraguay a través de la Misión Naval Argentina. Hacen su presentación en diversos programas de Radio y TV en Asunción del Paraguay.
· 2002: Se presentan en Festivales y Peñas en la ciudad de Tarija en Bolivia.
· 2003: Actúan en la Radio, Festivales y Peñas en la ciudad de Maldonado en la Republica del Uruguay.
· 2005: Hacen su segunda  presentación en el Festival Nacional de Cosquin.
· 2005: Actúan en el Festival de Doma y Folklore de Jesús María en Córdoba.
· 2005: Son galardonados por el Congreso de la Nación Argentina y son homenajeados en la Plaza del Congreso de la Nación, en Capital Federal, Buenos Aires, Argentina.

Pedro Leandro Palomo falleció el 28 de julio de 2011 y Vicente Morenito Suárez falleció el 1 de octubre de 2014.

 

Álbum de fotos:

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Fuentes:  duo-suarez-palomo.tripod.com/id4.html 

folkloresantiago.blogspot.com/2014/12/duo-suarez-palomo.html

 

 

 

 

 

 

 

 

 

23. feb., 2019

 

 

Noviembre tenía 53 años en el siglo XX cuando Buenaventura Luna, éste selenita, enamorado del satélite, le sugirió que se llamaran Los Cantores de los Quilla Huasi, dado que en quichua significa: Los cantores de la casa de la luna. La historia de los Quilla Huasi, se inicia entre un “Caballero” y un noble. Arturo Federico Caballero y Carlos Lastra, compañeros de trabajo, necesitan conformar un grupo folklórico, para tocar en la confitería porteña “Richmond”, rápidamente convocan a este ejército de la luna, conformado por Fernando Portal, Carlos Vega Pereda y Ramón Nuñez. Así, Los Cantores de Quilla Huasi, comienzan a convidar paisajes del país, en pleno corazón porteño.

 

 

 

 

En 1956, por razones de salud, Portal abandona el grupo, en su reemplazo ingresa Oscar Valles, y con él su oleaje creativo, que trajera a las orillas de la belleza popular, canciones como El Dominguero. Comienzan a hacerse populares, Roberto Palmer ingresa en lugar de Pereda, se inicia una nueva etapa. La de las canciones como Angélica. Los Quilla Huasi, comenzaron a peregrinar en el canto, por los diversos ritmos del país, la canción vendimial, aquella con sabor cuyano, los cantores de la casa de la luna, supieron acunar el carnavalito en su garganta, alcanzaron ese verbo de arrabales y empedrado, llamado vals, también probaron el sabor mesopotámico de la chamarrita, los Quilla Huasi se le animaron a la milonga, y ni hablemos de la zamba, ni qué hablar del chamamé.

 

 

Los Cantores de Quilla Huasi; Los cantores de la casa de la luna, supieron hallar los distintos colores que el alma tiene en cada ritmo. El siglo XX tenía sesenta y cuatro años, cuando Los Cantores de Quilla Huasi, irrumpen en Cosquín: son ovacionados, sus canciones dejaban de ser de ellos, sus canciones pasaban a ser del pueblo. Comenzaba la década del setenta, cuando, en reemplazo de Nuñez, Ramón Navarro se incorpora a “los Quilla”; por entonces filman películas y salen de gira por el mundo, incitados por el corazón universal de Atahualpa Yupanqui.

 


En 1980 dejaba el grupo, Ramón Navarro, seis años después hacía lo propio Oscar Valles; Ingresan nuevos integrantes, sin embargo, Los Quilla Huasi, ya lo habían hecho todo, para ser leyenda. En diciembre de 2012 nos cae como una losa el fallecimiento de su gran fundador: Carlos Lastra. Los cantores de la casa de la luna, Los Quilla Huasi, estarán por siempre presente en el canto popular, cual memoria de los vientos, cual toldería en los desiertos de la Pampa y ahora toca a su nueva formación (Alberto Aristegui, Francisco Auzoberría, Nélson Pérez y Paulo Passerini.), continuar con el viaje selenita por el gran mundo de la música popular argentina.

 

 

En julio de 2010 Carlos Lastra, músico fundador de Los Cantores de Quilla Huasi, repasó su trayectoria en el  Ciclo Diálogos con el Folklore, que organiza la Academia del Folklore en el Centro Cultural Recoleta.  El numeroso público presente, pudo disfrutar durante más de una hora, de las anécdotas jugosas de la extensa trayectoria  de uno de los grupos fundamentales de nuestro folklore. Carlos Lastra cumple casi 60 años con el canto y más de 50 con los Quilla Huasi, y ha llevado su música a los lugares más remotos del planeta, siendo compañero de escenario de Atahualpa Yupanqui, el Chango Rodríguez, Edmundo Saldívar hijo y Eduardo Falú.

 


"Yo cantaba en el colegio, en la ducha, en la iglesia, pero hasta los 20 años, no sabía que podía ser capaz de cantar en un escenario. Me surgió la inquietud por escuchar a tantos clásicos, tantos cantantes como el dúo Martínez Ledesma, Mario Arnedo Gallo, Polo Giménez, la Tropilla de Huachi Pampa. Los Quilla nacen por una ley que existía en los años que comenzamos, que en todo espectáculo debía haber un 50 por ciento de música nacional. Entonces, un compañero mío del trabajo que estaba ligado a los espectáculos que se realizaban en la confitería Richmond me propone cubrir ese 50 por ciento.  Allí fui a buscar a Fernando Portal  ya Ramón Núñez  para un show. Ensayamos y salió, así que nos contrataron por un mes, y nos quedamos un año. Luego hicimos el primer disco y logramos ingresar  a Radio El Mundo. Recuerdo que tocábamos los martes 22.40, antes que Eduardo Falú. Un día me llamaron  para decirme si podíamos reemplazar en el espacio Gilette a Marian Anderson, y a partir de allí, tuvimos una carrera imparable."

 


"Yo creo que el público le dijo sí a un estilo que era diferente. Estaban Los Chalchaleros y Los Fronterizos, cada uno con un estilo marcado haciendo música de su región, y el nuestro era cantar autores de todas las regiones. La diferencia con ellos era que hacíamos un folklore tocando todas las latitudes musicales."  Lastra recordó con afecto y humor los años del Hotel Dominic, uno de los lugares de Buenos Aires, donde convergían los artistas, músicos y poetas del interior que venían a la gran ciudad, como Eduardo Falú, Ernesto Cabezas, Jaime Dávalos o Manuel J. Castilla.  "Estábamos en el primer piso y debajo había un restaurante y nosotros con una soga le mandábamos botellas vacías y el dueño,  al que apodábamos "el Gallego",  las devolvía llenas. A veces el estuche de las guitarras oficiaba de escondite para las botellas."

 



El músico recordó también uno de los más grandes éxitos, con el que vendieron miles de simples: "Ya nos había dicho el director de la Radio el Mundo donde trabajamos 6 años, que había una zamba que se llamaba Angélica, de Roberto Cambaré, una zamba para los Quilla Huasi.  Fuimos a buscarlo a Cambaré y nos dijo que había sido grabada hacia un año y no había pasado nada. Nos ofrecía otra, "Paisaje Sureño". Estuve 25 días detrás de Cambaré, hasta que la trajo y la ensayamos. La presentamos en público y fue un fenómeno. Luego la incorporamos en el repertorio de una gira que hicimos en teatro de revistas, junto a Pedro Quartucchi y Nélida Roca. Vendimos 500 mil simples."

 

 

Recordó sus momentos de gira por Europa junto a Atahualpa  Yupanqui,  la generosidad del artista y su sentido del humor. "Atahualpa -dijo- era un gran observador de la vida. Era zurdo contra todo, contra la técnica y tenía un sonido único, incomparable."
Recorriendo muchos momentos importantes de la historia del grupo, el músico llegó al presente, con la última formación junto a  Alberto Aristegui y Nelson Pérez, que deleitó al publico con una impecable actuación, ofreciendo algunos éxitos como "La Compañera", una selección de canciones litoraleñas y una perla: La milonga "La Distancia" de Alberto Cortéz, en la voz solista del protagonista de la velada.

 

Álbum de Imágenes:

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Fuente:  Felipe Pinto.   https://cantoresdequillahuasi.blogspot.com/p/carlos-lastra.html

 

 

 

 

 

 

 

 

27. sep., 2018

 

Años sesenta. Era la época del ye-ye , del twist y el rock and roll . En París, Brigitte Bardot brillaba por su erotismo mientras confesaba  “J’adore les Machucambos”. Estos formaban un trío de músicos aficionados que pusieron a bailar a Europa con canciones como La bamba y Pepito, mi corazón . La voz sensual que los hizo inolvidables fue la de una costarricense: Julia Cortés. Nieta del ex-presidente León Cortés Castro e hija de Otto Cortés, Julita fue una de las primeras costarricenses en abrirse paso en la escena internacional, de la mano de la conocida agrupación de música folclórica latinoamericana.

 

Julita dio sus primeros pasos como artista a los 20 años, cuando se mudó a Europa a trabajar como secretaria de la Embajada de Costa Rica en Madrid, España.  De ese país Cortés pasó a Roma, Italia y luego a París, Francia. L’Escala era un pequeño bar en el Barrio Latino y el centro de la música latinoamericana en París. Allí iban a tocar intérpretes que después se hicieron célebres, como la chilena Violeta Parra y el argentino Atahualpa Yupanqui. En L’Escala coincidieron quienes formarían los Machucambos: a los amigos Julia Cortés y Romano Zanotti se les unió el español Rafael Gayoso.

 

Ya desde la primera noticia periodística sobre el trío, en noviembre de 1958, se destacaba su inconfundible presencia, sus piernas desnudas y su cara de campesina, descrita como “fea y sana”. Esta “campesina” se convirtió en un rostro frecuente en los periódicos de la época, en la vedette de la música sudamericana en Europa. Julita empezó a ser presentada como aristócrata pues era nieta de un expresidente de un pequeño país latinoamericano (León Cortés), y pronto se la comparó con otros mitos de la escena francesa, como La Mistinguette y Josephine Baker.

 

La cultura latinoamericana causaba furor en Francia y su tradición musical les sirvió de impulso. El trío obtuvo un éxito inicial con La bamba y Duerme negrito , nunca antes grabados en Europa; pero el despegue verdadero vino con una gira por Francia y sus colonias de ultramar: Túnez, Argelia y Marruecos. Recorrieron más de 150 ciudades con un espectáculo destinado a dar a conocer el folclor latinoamericano, realizaron un disco y obtuvieron el Gran Premio de Francia a la mejor grabación. Aún no eran un producto comercial, pero la experiencia les dio la oportunidad de conectarse con las nuevas generaciones. Desde ese momento, y hasta la hoy, no hay un solo francés que haya vivido su juventud entre las décadas del 50 y del 60 que no recuerde con nostalgia a Los Machucambos.

 

A su regreso a París, el director de una discográfica popular asistió a una de sus presentaciones y los contrató para grabar en serio. Era el año 1959 y el disco ganó el gran premio de la Academia Francesa. Dos años después, el mismo productor los instó a que probaran suerte con la música bailable y que compitieran con el mambo y los ritmos de moda. Como no tenían con qué rellenar la segunda cara del pequeño acetato de 45 revoluciones por minuto, el trío tomó un rock and roll titulado Pepito y convertirlo en chachachá. Lo demás es historia.

 

Casi 50 años más tarde, los jóvenes que vivieron el fenómeno aún lo recuerdan y lo tararean con la misma emoción: Pepito, mi corazón, Pepitín, Pepitón. Pepito de mis amores...En dos meses escaló al primer lugar en Francia y así se mantuvo durante más de nueve meses. Su impacto arrastró a Europa y Turquía e incluso llegó al número 19 de la revista Billboard , en los Estados Unidos. De ahí en adelante, el trío continuó con la música bailable, y el éxito se convirtió en un fenómeno de masas y de discos. Esa fórmula permitió romper las perspectivas estrechas de la música folclórica y acercarse a una audiencia masiva que creció de la mano de la industria discográfica, la radio y la televisión. Por supuesto, el paso siguiente fue saltar a los grandes teatros franceses y europeos.

 

Adquirieron el mítico espacio de L’Escala, en el Barrio Latino, pero nunca tocaron en él, porque era un lugar demasiado pequeño para la dimensión de sus espectáculos. Julita Cortés requería un escenario acorde con su movimiento expansivo y su creciente carisma. El sitio escogido fue el teatro de variedades más importante de Francia: El Olimpia. En 1962, llenaron por primera vez el célebre auditorio, en un ritual colectivo que continuó a lo largo de la década.

 

Cuarenta años después, en una entrevista que me concedió para un libro en preparación, Julita se sinceró: “(Nos) sucedió lo que le pasó a Ricky Martin, que con una canción idiota ( Livin la vida loca ), fascinó a todo el mundo y, ¡boom! , se hizo famoso”.  Julia Cortés y Los Machucambos  grabaron unas 700 canciones, 50 discos de larga duración y unos 80 sencillos, pero ella nunca se explicó su éxito ni se lo tomó en serio. Lo vivió igual como empezó a cantar: por gusto, como un golpe de suerte en una noche de bohemia en el Barrio Latino.

 

Los Machucambos fue el primer grupo europeo en grabar músicalatinoamericana con un sonido contemporáneo, aprovechando la tradición cultural del continente como un todo, sin importar las diferencias geográficas. Sin embargo, como dice el dicho, el éxito se va tan rápido como llega. En el 2000, delante de su impresionante colección de recortes de prensa, fotografías y recuerdos, Rafael Gayoso explicó cómo terminó: “¡Era todo! ¡Julia!, la que tenía la voz, la que tenía la presencia en escena, la que tenía todo. ¡Sin Julia no había Machucambos!

 

“Julia fue la piedra de base de Los Machucambos. Por su talento de cantante, que no sé de dónde le venía, porque no lo perdió en ningún sitio; por su belleza y por su presencia escénica, era la base del grupo. Nosotros, Romano y yo, no hacíamos más que completar la presencia de ella, con nuestras voces y arreglos musicales, que era la parte que me correspondía; pero sin Julia no había Machucambos.  “La prueba es que cuando llegó un día en que, por diferentes razones, nos separamos, nos costó mucho poder seguir nuestra profesión. Ella nos hizo y nos deshizo”.

 

En 1972, Julia se desmayó en un teatro de Bruselas, la capital de Bélgica, y dejó de cantar. Se le diagnosticó meningitis, y Rafael, su esposo, así como los padres de Julita, decidieron enviarla a Costa Rica para que se recuperase y recobrara su energía. En realidad, Julia Cortés había decidido no volver a Los Machucambos.  En Costa Rica grabó un disco y se presentó acompañada por el trío Los Millonarios. Ese fue el preludio de un largo silencio. Se recluyó en su casa en Escazú y se convirtió en una mujer común y corriente.

 

Los Machucambos continuaron sin ella, pero nunca alcanzaron el éxito anterior. En cada espectáculo, los asistentes buscaban afanosamente los pies desnudos de la inconfundible Julita Cortés. En las tres décadas siguientes, más de diez cantantes intentaron sustituir a Julita, algunas veces con dos intérpretes a la vez, sin recuperar el esplendor pasado.

 

En el 2000, Julita me dijo: “Es curioso. Yo no he perdido la voz, lo que perdí fueron las ganas de cantar”. El 15 de junio del 2004, 33 años después de no reunirse en un escenario, Julia Cortés y Los Machucambos se presentaron en el Auditorio Nacional. Su voz no había cambiado. Dos años después se le encontró un cáncer en la garganta, y la cantante de los pies desnudos no volvió a cantar. Su vida se fue apagando lentamente, y, el  21 de noviembre de 2008, sin que casi nadie se diera cuenta, Julia Cortés, la mujer que fue una leyenda en Europa, murió.

 

La última vez que los costarricenses vieron cantar a Julita Cortés y Los Machucambos fue en junio del 2005, cuando la agrupación dio un concierto en el Teatro Popular Melico Salazar. A criterio del crítico de música Alberto Zúñiga, la pérdida de la cantante deja un gran vacío en la escena musical.  “Ella cumplió una etapa, lo que ellos hacían nadie lo ha vuelto a hacer. Con ella muere una manera de cantar y un tipo de espectáculo”

 

Álbum de fotos:

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Fuente: María Lourdes Cortés. La cantante de los pies descalzos, Julia Cortés y Los Machucambos .  https://revistas.ucr.ac.cr/index.php/herencia/article/view/9950

 

 

 

 

 

 

 

 

 

26. sep., 2018

A este hombre de 79 años el Barba Manuel J. Castilla le dedicó la zamba “Pastor de Nubes”. Se llama Leopoldo Barboza, vive en Santa Rosa de Tastil junto a su rebaño de ovejas, y los recuerdos se amontonan en su mente cuando habla de “su” zamba. “Vi muchas cosas en la montaña, desde platos voladores hasta almas en pena”, dice Barboza, el pastorcito que una tarde conoció al poeta y los dos se pusieron a conversar mirando la falda de una montaña, aquél lugar que fue como la sala de partos donde nació la canción que lo pinta de cuerpo entero.

“Ese que canta es Barboza, 
pastorcito tastileño, 
apenas se lo divisa, 
cuando llovizna en el cerro…”.

Esto es lo que dice la primera estrofa de la zamba Pastor de Nubes, a la que el Barba Manuel J. Castilla le puso el alma de la letra y la música fue obra de Fernando Portal. La historia dice que una tarde de invierno, de hace 32 años atrás, el Barba Castilla fue hasta Tastíl a visitar a un cuñado que trabajaba como telegrafista en el lugar. La estadía del poeta salteño iba a ser breve, pero la naturaleza, brava e indómita le cerró los caminos con una fuerte nevada y Castilla no tuvo más remedio que quedarse en Tastíl por el lapso de 26 días.

“Cada cardón de la falda, 
se le parece por dentro; 
un poco por las espinas, 
pero más por el silencio…”.

“Cuando el Barba se quedó andaba deambulando por el pueblo, y una tarde nos conocimos. Nos pusimos a charlar justo al frente de la falda de la montaña por donde yo bajaba con mi rebaño de ovejas por las tardes. Le cuento algo, hasta el día de hoy permanece ese lugar intocable, en mi Santa Rosa de Tastíl querido”, cuenta el Pastor de Nubes en la Fiesta del Choclo que se desarrolló en la Quebrada del Toro, y en dónde Barboza fue un invitado de honor.

“La florcita amarilla, 
de tu sombrero; 
pastora dámela en Pascua, 
que es tiempo de andar queriendo…”.

Nombra a su pago y se conmueve hasta el día de hoy. “Voy a morirme en Tastíl, a mi no me gusta la ciudad”, refresca, aquí estuve toda mi vida y es el lugar que me enamoró. Un día me iré de este mundo, y quizás me encuentre con el Barba Castilla allá arriba, si es que llegó, porque dicen que primero se deben pagar las culpas en el purgatorio y recién seguir viaje hacia el paraíso”, dice y suelta la sonrisa que retumbará en los cerros de la Quebrada del Toro, ese escenario que lo ve pasar arreando sus sueños al lado de su rebaño. 

Allá nació, se casó, tiene a sus seis hijos y su profesión de pastor sigue inalterable en el tiempo. “Por supuesto, sigo teniendo mi rebaño de ovejas y de cabras, y conozco los cerros estos como la palma de mi mano mi amigo”, cuenta con una sonrisa franca. 

“En medio de esos cerros pasaron muchas cosas, vi desde platos voladores hasta almas en pena, la viuda, al duende, al mandinga. Los cerros guardan cosas que pocos saben, y yo pude verlas señor”, y suelta el relato.

“Una noche venía solo, yo, mi caballo y mis ovejas. Cuando de pronto levanté la vista hacia el cielo y vi un círculo grande, como si fuera una rueda de una chata (NdR: así le llaman a esos carros de cargas grandes que eran tirados por bueyes, cuya circunferencia es mayor a los carros tradicionales) que tenía tres colores. Esa cosa pasó a toda velocidad y se perdió por detrás de los cerros. Yo agarré mi caballo pensando que se iba a asustar, pero nada,al igual que mi rebaño, que siguió caminando como si nada”, recuerda Barboza.

“Mirando pasar las nubes, 
encima el cerro me quedo; 
y de golpe me parece 
que soy yo el que se está yendo…”.

Gracias a la zamba que lo describe como nadie, Barboza llegó a conocer a muchas personalidades. “A Tastíl llegó hasta Pipo Mancera, pero vino solo, sin cámaras ni nada porque quería conocerme a mí y al lugar, nada más. Fue una linda charla con un hombre sensible”, rememora. “También conocí a grandes figuras del folclore, entre los que le puedo nombrar al Cuchi Leguizamón, a Horacio Aguirre, a Pantaleón, en fin, a muchos cantores y músicos”.

"Pastores como Barboza, 
puede ser que estén habiendo; 
pero ninguno como él, 
que de amor ande muriendo…”.

COMENTARIO DE CUCHO MÁRQUEZ
Este tema bucólico es de los mismos autores que la Zamba de Angastaco. La acción trascurre en la localidad salteña de Tastil, situada en un marco de inigualable belleza, a 75 Km de Campo Quijano, en la Quebrada de las Cuevas, a una altura de 3200 metros sobre el nivel del mar. 

En la cima de una montaña -lo que suponía para el indígena americano un mayor dominio del área- se encuentra una antigua ciudad prehispánica de casi doce hectáreas, que asombra al viajero y constituye sin lugar a dudas uno de los monumentos más importantes de la arqueología argentina. No extraña que desde esa altura, viendo las nubes por debajo, nuestro pastorcito tastileño inmóvil, silencioso y arisco como un cacto y poco conocedor de Galileo, no sepa si es él quien se mueve o si son las nubes las que lo hacen. 

Tema para disfrutarlo en las voces de Gerardo López y demás Fronterizos de la época clásica.

PASTOR DE NUBES - Zamba
Letra: Manuel José Castilla 
Música: Fernando Portal

Ese que canta es Barbosa, 
pastorcito tastileño. 
Apenas se lo divisa, 
cuando llovizna en el cerro.

Cada cardón de la falda 
se le parece por dentro. 
Un poco por las espinas, 
pero más por el silencio.

La florcita amarilla 
de tu sombrero, 
pastora, dámela en Pascua, 
que es tiempo de andar queriendo.

Mirando pasar las nubes, 
encima ‘el cerro me quedo, 
y de golpe me parece 
que soy yo el que se está yendo

Pastores como Barbosa, 
puede ser que estén habiendo. 
Pero ninguno como él, 
que de amor ande muriendo. 

ÁLBUM DE FOTOS:

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ENLACES. VER EN YOUTUBE

Las Voces Blancas:  https://www.youtube.com/watch?v=VjAt9GhT4ds

 

Los Fronterizos: https://www.youtube.com/watch?v=024WansQO-g

 

Vídeo:    https://www.youtube.com/watch?v=mFs859U_X2M

 

 

Fuente: www.informatesalta.com.ar