Mi Música

16. ago., 2018

 

Fueron el conjunto masculino más importante adscrito al Neofolklore, pero incluso antes de que en Chile comenzara a usarse ese término, los integrantes de Los Cuatro Cuartos se ocupaban en investigar la música de raíz de diferentes partes del mundo para adaptar algunas de esas ideas a la estructura de la tonada chilena, preparando así el cambio que luego producirían en el cancionero local. Si bien su estampa pública era la de un conjunto vocal en el que sus elaboradas armonías son una de sus marcas distintivas, en privado esos mismos intérpretes mantenían encendidos debates sobre folclore, jazz y la música internacional que hoy se calificaría de étnica. En esa formación rigurosa y en esa mirada atrevida se explica parte importante de su éxito, importante en sociedad, pero también vehículo para proyectar el talento individual de nombres fundamentales de la música popular chilena, como los de Pedro Messone, Luis Chino Urquidi y Willy Bascuñán.

 

El conjunto grabó algunas de las más populares melodías difundidas en Chile durante la década de los sesenta, incluyendo “Qué bonita va”, “Los viejos estandartes” y “Ay, ay, ay”; tuvo un disco súperventas  "Al 7º de línea" y motivó el surgimiento de varios conjuntos inspirados en sus armonías vocales y disposición escénica. Tras un par de separaciones más o menos extensas, Los Cuatro Cuartos se mantienen hoy con vocalistas ingresados luego de su período de mayor éxito.


Su primera formación fue entre porteños. Pedro Messone conocía desde la infancia a Luis Enrique Chino Urquidi, y compartieron desde jóvenes la afición al jazz, así como un gusto por el folclore chileno atípico entre los de su generación. Era una época en que a la zona central apenas llegaba el sonido de los extremos del país; y en que la música andina o el folclore chilote eran, para los chilenos urbanos, géneros tan lejanos como la música árabe o rusa, asegura Messone. En ambos jóvenes, su gusto por la música incluía la afición por leer, investigar y establecer relaciones entre lo que aprendían.

 

Formaron Los Cuatro Cuartos en Valparaíso, en 1962, también con Fernando Torti y Raúl Conejo Morales. Todos ellos ya habían concluido su educación escolar y estaban en proceso de mudarse a Santiago para ejercer diversos oficios. El asentamiento del grupo fue, por lo tanto, con ellos ya en la capital. Luis Chino Urquidi  pianista, compositor y arreglador autodidacta quedó a cargo de la dirección vocal. «Tenía un enorme talento para armar las armonías», recuerda Pedro Messone, quien asegura que sus primeros ensayos estuvieron influenciados por lo que conocían de coros alpinos, afroamericanos, rusos y brasileros. Sus reuniones eran ratos de esparcimiento en sus cada vez más ocupadas jornadas laborales. Ninguno de ellos llegó a pensar entonces que su afición por la música se convertiría alguna vez en algo profesional.

 


Por sus obligaciones como profesor primario, Morales debió retirarse al poco tiempo, y fue reemplazado por Guillermo Willy Bascuñán, quien recién había dejado el uniforme de subteniente en la Escuela Naval. Con él a bordo y la posterior incorporación de Carlos Jorge Videla, saxofonista del Club de Jazz, el grupo consiguió un trabajo para interpretar jingles en “El show efervescente Yastá”, espacio de radio Corporación producido por Camilo Fernández. Con sus impecables smokings, Los Cuatro Cuartos comenzaron así cantándole al dolor de cabeza.

 

Algo sucedió un día que agitó al coordinador del espacio. «Se nos acercó muy nervioso diciendo que había que rellenar, que por qué no lo ayudábamos con algo improvisado», rememora Messone. El grupo tenía varias canciones ensayadas y ofreció una interpretación a capella para “Bajando pa’ Puerto Aysén”. «Perfecto», les respondieron. Los Cuatro Cuartos comenzaron entonces su primera interpretación formal ante un auditorio. Al terminar, Messone recuerda segundos de silencio. «Y, de repente, el estruendo de los aplausos».

 

No habría vuelta atrás. Al día siguiente, las oficinas de radio Corporación recibieron todo el día llamados de quienes querían volver a escuchar al grupo. El propio Camilo Fernández les sugirió volver al escenario, esta vez con la canción argentina “Juan Payé”. La nueva lectura del folclore trabajada por Los Cuatro Cuartos daba forma a un sonido nuevo y capaz de cruzar generaciones y audiencias. En palabras de Messone, «nunca se habían hecho armonías como las nuestras, menos con voces masculinas. La tesitura era muy abierta, y sonábamos como un coro alpino o negro».  También el efecto del experimento era sin precedentes. En el texto que Camilo Fernández escribió para la trasera del primer álbum del grupo, se lee: «Nunca antes las hordas coléricas habían desgarrado la ropa de un conjunto de música chilena ni jamás se habían pedido con tal fervor fotografías y autógrafos a cultores del folklore». Era una suerte de manía de agudos femeninos.

 

Además de la selección de repertorio sudamericano, se activó un sistema de colaboraciones con una serie de compositores locales. Gente como Rolando Alarcón y Patricio Manns les entregaron canciones de su autoría, en una asociación que hoy parece al menos curiosa, a la luz de las diferencias políticas que terminarían por distanciar a esos antiguos compañeros de canto. En los dos primeros LPs del grupo se encuentran, también, grabaciones para temas de Segundo Zamora y Francisco Flores del Campo que el conjunto convirtió en clásicos, aunque acogiendo también creaciones de su integrante Willy Bascuñán,  de quien el grupo llegó a grabar diecinueve temas.

 

Los Cuatro Cuartos regularizaron una temporada de presentaciones en el Teatro Caupolicán y en diversos escenarios de provincia. Poco a poco se concretaba lo que alguna vez había sido un sueño lejano: profesionalizar su afición por la música. Para entonces su estilo ya estaba bien definido: canciones sencillas pero de arreglos complejos; enraizadas en el folclore chileno del Valle Central, pero con la mirada abierta hacia lo que en simultáneo trabajaban grupos argentinos de similar orientación, como Los Huanca Hua y Los Trovadores del Norte. A diferencia de los grupos folclóricos, la estampa del conjunto era la de jóvenes en extremo formales, siempre vestidos de smoking y con un físico que daba para confiar en un seguimiento femenino entusiasta. El dato es importante. Hasta entonces seguían siendo las cantoras quienes dominaban el trabajo en ese género. Según Willy Bascuñán, «buscamos canciones más viriles para retomar el folclore que en este país siempre lo tuvo la mujer. Hay que recordar que antes las canciones, y esto lo digo con todo respeto, eran solamente “que sí, que no, qué linda la chinita”».

 


El éxito de Los Cuatro Cuartos determinó el más interesante movimiento de recuperación de la raíz folclórica chilena que haya acogido la música comercial antes de la irrupción de la Nueva Canción. Vinieron Las Cuatro Brujas, Los de Santiago, Los Paulos y Las del Juncal, entre otros; y Los Cuatro Cuartos consiguieron uno de los mayores éxitos de su carrera, con “Qué bonita va”.

 

La historia de cómo esa tonada de Francisco Flores del Campo llegó a las voces del conjunto es una de las más curiosas anécdotas de la música de esa época. Era el tema que presentarían Los Huasos Quincheros a la competencia del Festival de Viña de 1964, al que Los Cuatro Cuartos irían como invitados del show internacional. El conjunto de Messone y Urquidi  ya lo conocía, y no tenía dudas sobre su valor. Motivados por Camilo Fernández, invirtieron entonces los últimos meses de 1963 en idearle arreglos y grabarlo como disco 45. Así, cuando Los Huasos Quincheros mostraron y llevaron el tema al triunfo, Los Cuatro Cuartos estaban listos para capitalizar ellos las ganancias. Al día siguiente de la final del festival, “Qué bonita va” ya estaba en todas las disquerías del país… pero en voz de Los Cuatro Cuartos. Casi todos creen hasta hoy que fue este grupo el de la interpretación primera.

 

El conjunto sufrió un golpe importante cuando, en 1964, Pedro Messone anunció su decisión de alejarse para actuar durante una temporada en el montaje de La pérgola de las flores con el que el Teatro de Ensayo viajaría a México. Había alcanzado ya a grabar el álbum debut del grupo, publicado ese mismo año por Demon. La salida de Messone resultó definitiva, y permitió la entrada de Sergio Lillo al conjunto. Con él ganaron el Festival de Viña de 1965, con “Mano nortina”, de Hernán Álvarez  y viajaron más tarde ese año a Perú, México y Estados Unidos.

 


Los Cuatro Cuartos trabajaron el álbum Adiós al séptimo de línea (1966) como la obra más ambiciosa de su carrera, y el éxito que obtuvo apenas ésta se publicó fue coherente con ese espíritu de gran logro. El conjunto se inspiró en una novela histórica homónima de Jorge Inostroza para las hazañas de la Guerra del Pacífico, y dejaron de hecho al escritor a cargo de la composición de versos. La grabación completa en los estudios Splendid, con Luis Torrejón a cargo, tomó seis meses, con al menos diez horas diarias de ensayo. Fue uno de los primeros discos chilenos grabados en estéreo, y su carátula incluyó un trabajo gráfico excepcional, incluso con textos introductorios para cada título.

 

El mayor éxito del disco llegaría a ser el tema “Los viejos estandartes”, que el Ejército de Chile adoptó más tarde como himno institucional. En los ránkings locales de abril de 1966, el tema destrona del primer lugar a “Girl”, de los Beatles. «La historia de Chile ahora se puede estudiar por música», tituló la revista Ritmo un reportaje sobre el disco, sin duda un hito en el subgénero de la canción de ancla cronística y en el esfuerzo de la época por darle a los LPs nuevas categorías conceptuales y narrativas.

 

En medio de un innegable auge, Los Cuatro Cuartos se vieron obligados a disolverse por primera vez y por una dramática razón. En diciembre de 1966, un choque automovilístico mató a Fernando Torti, la voz baja del conjunto. El resto de los integrantes decidió una pausa total que se extendió por tres años. Lillo, Videla y Bascuñán se reagruparon entonces en Los Solitarios; y Urquidi, quien venía trabajando hacía un tiempo con Las Cuatro Brujas, armó una apuesta pop que resultaría de gran éxito: Los Bric-A-Brac.

 

En 1970 Los Cuatro Cuartos tienen su primer reencuentro, que trata básicamente de presentaciones televisivas, porque en realidad nunca el grupo retomó el impresionante éxito de los inicios. A mediados de los años 70 hay una nueva aparición sin Urquidi y bajo el mando de Bascuñán, donde aparecen algunos nuevos éxitos como "El huaso Bueras". En 1984 Carlos Jorge Videla sufre un accidente vascular y el grupo desaparece, hasta que a mediados de los ’90 Patricio Torti (hermano de Fernando y su reemplazante desde 1970) y Fernando Jiménez (sustituto de Urquidi) deciden sumar músicos jóvenes y continuar con el conjunto, con el que han grabado dos cds y han seguido cantando por todo Chile.

 

Hoy Los Cuatro Cuartos están conformados por Patricio Torti, Fernando Jimenez, Waldo Rojas, Jaime Pérez y Carlos Vásquez. El año 2004 han grabado un disco llamado "En tu nombre" que reedita temas ya ahora clásicos como el Ay Ay Ay, El Huaso Bueras, y presenta otras composiciones inéditas de destacados compositores de folclore. Los Cuatro Cuartos siguen presentándose en vivo, habitualmente en diversos escenarios del país.

 

 

Integrantes

Luis Enrique Chino Urquidi; voz (segundo barítono), piano y guitarra (1962-1978)
Fernando Nano Torti, voz (bajo) (1962-1966)
Pedro Messone, voz (primer tenor) y percusión (1962-1964)
Raúl Conejo Morales, voz (1962-1963)
Carlos Jorge Videla, voz (1963-1985)
Guillermo Willy Bascuñán, voz (segundo tenor) y guitarra (1963-1980)
Sergio Lillo, voz (1964-1985)
Patricio Torti, voz (bajo) (1969-1985 / 1997 – •)
Fernando Jiménez, voz (primer barítono) (1978-1985 / 1997 – •)
Carlos Vásquez, voz (primer tenor) (1997 – •)
Waldo Rojas, voz (segundo tenor) (1997 – •)
Pablo Montaldo, voz (?)
Jaime Pérez, voz (segundo barítono) (1997 – •).

 

Álbum de fotos:

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Fuente:  Marisol García   http://www.musicapopular.cl/

 

 

 

 

 

 

 

 

4. ago., 2018

 

Un trajín de 55 años en nuestro folclore como bailarín, bombisto y recitador hacen de Juan Carlos "Ñato"Gramajo un referente indiscutible de nuestra música. Profundo conocedor del bombo y sus secretos, proviene de una familia fabricante de bombos legüeros. Con sólo 13 años Gramajo formó parte de la recordada agrupación de Andrés Chazarreta, para luego continuar con el grupo de Ariel Ramírez y viajó por todo el mundo con la obra conceptual "La Misa Criolla". Hasta que promediando la década de los 80, fundó la Chacarerata Santiagueña, cuyo nombre fue creado por Vitillo Abalos de los recordados Hermanos Abalos.

 

En casa de los Gramajo siempre había lugar para las fiestas, peñas o trincheras donde se autoconvocaban tíos, primos, hermanos...todos hacedores y tocadores de bombos. Juan Carlos desde niño aprendió de forma autodidacta en este ambiente. Nunca  estudió percusión ni música.


En el año 1956 tenía unos trece años cuando ya formaba parte de la Compañía de Arte Nativo perteneciente a Don Andrés Chazarreta junto a otros artistas de la generación de Agustín Carabajal, Antonio Ramírez o Los cantores de Salavina.  Actuaban en el teatro casino de la calle Maipú con un espectáculo que se llamaba “El alma del quebrachal” donde presentaban leyendas y costumbres de nuestra provincia Santiago del Estero. Esa gira duró tres meses, culminando en el Parque Independencia de la capital de Tucumán.  Don Andrés Chazarreta fallece en el año 1960 y el destino llevó a Juan Carlos a trabajar en otros países:  Bolivia, Perú, México...


Imposible no querer ese pueblo tan romántico y colorido, como México, con una ubicación geográfica excepcional para hacer giras a Estados Unidos. Bailaba muchísimo en el área de California o Nueva York. Todavía vivía su madre, así que cada tanto regresaba al país a visitarla y a tocar en diversas peñas. En uno de esos viajes estaba tocando en la peña “El palo borracho”, lo vió Ariel Ramírez y le contrató para su espectáculo “Cantemos” que hacía con Lolita Torres. Se quedó ocho años con él. Después también con Ariel Ramírez y junto a los más grandes del folclore: Eduardo Falú, Los Fronterizos, Domingo Cura...  intervino en el espectáculo de la Misa criolla. Una hermosa experiencia con la que recorrieron Israel, Suiza, Alemania, España, Portugal, Costa Rica, Colombia, México llevando nuestra música.

 

Después de permanecer ocho años como percusionista de Ariel Ramírez en Buenos Aires y el mundo, buscó la independencia. De esa manera formó un grupo folklórico que tocaba en diversos lugares pero carecía de nombre. Hasta que los hermanos Ábalos nos bautizan con el nombre que nos hace conocidos:  "Si Bariloche tiene la Camerata, Santiago tiene a la Chacarerata".  Como todo grupo humano sufrió varias fisuras a lo largo de estos veintidós años. Por la Chacarerata han pasado componentes como Quique Ponce, Aurelio Gramajo e invitados como Shalo Leguizamón, Coco Banegas, Claudia Romero, Motta Luna pero durante mucho tiempo los cuatro componentes fijos fueron: Sergio Pérez en canto y guitarra, German Gómez en violín y guitarra, Mario Palavecino en bandoneón y Juan Carlos "El Ñato" Gramajo en percusión, recitado y voz de mando.

 

Con La Chacarerata Santiagueña recorrió los escenarios del país obteniendo el respeto y el aplauso del público. Distinguido por numerosos e importantes premios como Consagración ’87 Cosquín, ACE ’96, Trimarg’2000 otorgado por la UNESCO. Un conjunto caracterizado por ejecutar temas tradicionales junto a las nuevas producciones siempre bailables, con una dedicación especial de guardar el estilo y la cadencia de los ritmos folklóricos. Su repertorio está conformado por autores de la talla de Yupanqui, los Hermanos Simón, Raúl Trullenque, Los hermanos Ríos, Peteco Carabajal entre otros, junto a la autoría de sus integrantes.



Por la Chacarerata pasaron cantores populares como Shalo Leguizamón, Motta Luna, Claudia Romero, Coco Banegas, Quique Ponce, Rodolfo Maldonado (actualmente en La Clave Santiagueña) y el lema antes de cada concierto era "Si Bariloche tiene la Camerata, Santiago tiene a la Chacarerata". Actualmente y hasta que la enfermedad lo dejó sin subir a los escenarios, la agrupación se integró con Sergio Pérez en guitarra y voz, German Gómez en violín y Mario Palavecino en bandoneón y el colorido de su hermano el recordado (falleció hace dos años), Aurelio "el Shalako" Gramajo, el "bailarín de los montes". "La Chacarerata, te lleva por delante, a cielazos e infiernazos, como decía el poeta de Santiago de Chuco. Son ritmos que juntan, si, al cielo y al infierno, las estrellas y la Salamanca", comentó Marcelo Simón sobre Gramajo.



Valses, chacareras, zambas y gatos del estilo de "A mi madre", "A mi canasto de mimbre", "Zamba de un sentir", "Chacarera del Cachilo", "La Ceferina", "Fiesta en Mailin", "A mis paisanos santiagueños" y "Que lindo es ver a mi mama", son clásicos en la versión de la Chacarerata. Permanentes fueron protagonistas de los festivales del interior del pais como Cosquín (consagración 1987), La Chacarera de Santiago, Jesús María, La Salamanca, Baradero y tantos otros, que los vieron trasladar el reconocido "patio e` tierra" santiagueño a esos escenarios. "La Chacarerata me hace pensar que, a veces, lo más moderno es lo tradicional", finalizó Simón. La música de La Chacarerata Santiagueña nos deja el olor a pan casero y a patio regado de la provincia donde las chacareras y las vidalas entrelazan sus sonidos junto a las alegrías y tristezas de sus pobladores.

 

Juan Carlos “Ñato” Gramajo,  falleció el 25 de diciembre de 20019, a los 76 años de edad, en una clínica porteña víctima de una larga y penosa enfermedad. Los restos del popular artista santiagueño reposan en el cementerio de de la localidad de Olivos, ciudad del norte del Conurbano Bonaerense.


Álbum de Fotos:

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Fuente:  mimusicasudamericana.blogspot.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

29. jul., 2018

 

Juan de los Santos Amores, nacido un 12 de enero de 1915, fué un artista del folclore popular. Su nombre real fue Eduardo Diaz Blasco. Es conocido por su dedicación a la recopilación y enseñanza de las danzas folklóricas argentinas, y la creación de su Instituto de Arte Folklórico (I.D.A.F.), institución con más de 60 años en su funcionamiento y que cuenta actualmente con más de 3000 escuelas en todo el país, desde La Quiaca hasta Ushuaia, quizá su obra más grande y la que más ayudó en su carrera a la difusión del folklore argentino.

 

Juan de los Santos Amores era músico, poeta, compositor, escritor, actor, coreógrafo y, por sobre todas esas actitudes, un apasionado folklorista. Dirigió exitosas embajadas artísticas auspiciadas por la ex comisión de cultura, secretaria de Buenos Aires. Realizo extensas giras por el interior y países vecinos, primeramente como integrante de la compañía de revistas conducida por Carlos Torres. Posteriormente al frente de su compañía de arte nativo.

 

Como actor se inició a temprana edad en los circos. Actuaba en la primera parte al frente de su conjunto de música y danzas y luego en la segunda como actor teatral, llegando a personificar a galanes y papeles característicos, como en El Alma de los Perros y el popular drama Juan Moreira.  Incursionó en la ciudad de Buenos Aires en exitosas temporadas teatrales, destacándose la realizada en el teatro argentino, como responsable de la segunda parte de la compañía Romerías, con un gran espectáculo argentino, contando con exitosos bailarines y actores, para la realización de originales cuadros folklóricos y de tango, donde se incluía un Malambo combinado por más de treinta personas de ambos sexos.

 

En 1943 produce, dirige y anima el primer programa radial dedicado al folklore, al que título “Rasgueos en la noche”. Fue por L.R.6 Radio mitre de 21 a 23. Emitía en forma permanente las grabaciones de los artistas nativos, casi siempre desconocidos para la mayoría del público, pues ninguna otra emisora los difundía. Recibía de visita a los más importantes artistas de aquella época, como Andres Chazarreta, Patrocinio Diaz, Horacio Petorosi que fue guitarrista de Carlos Gardel, el dúo Llamas- Barroso, el dúo de las hermanas Lamar, el dúo Ocampó – Vera con Fernando Bustamante al piano, Rogelio Araya, Atahualpa Yupanqui, Manuel Acosta Villafañe, Julio Argentino Gerez, y otros.  Actuó en innumerables lugares con su conjunto de arte nativo de música y danzas, actuando junto a artistas como Santiago Ayala El Chúcaro y la Dolores o la familia Berón. Hacia 1949 gestiona su nombre artístico con el cual se lo conoce en todo el país.

 

En 1952 fue declarado por la prensa uruguaya, en la ciudad de Montevideo, primero en el ranking de popularidad, al frente de su conjunto con sus vihuelistas cantores, al efectuar exitosas temporadas en televisión, teatro y radiofonía en la vecina orilla. En el cine argentino protagonizo la película “Los Troperos”, con figuras como Eva Dongé y otros. Desempeño uno de los principales papeles de tropero, actuando siempre de a caballo sin ser doblado ni en las escenas más peligrosas y difíciles. Fue además su coreógrafo, asesor folklórico y autor de las canciones y danzas de la misma. Esta producción fue dirigida por Juan Sires. En otra oportunidad se desempeñó como actor con absoluta eficacia en el film premiado por el instituto nacional de cinematografía, “Pepino no sabe jugar”, donde desempeño a un guardián del Jardín Zoológico

 

Como hombre de a caballo siempre se destacó en ese deporte criollo. En 1946 viajó directamente a Zapala, Neuquén, para emprender una larga excursión a caballo por la Patagonia andina de 750 km de extensión. Durmió sobre el recado en los bosques cordilleranos, siempre acompañado por un baqueano criollo, nacido en esos contornos. Así conoció al sabio Juan Benigar con el que estableció una estrecha relación. Cruzo siempre de a caballo tres veces de ida y vuelta la cordillera a Chile, donde también viajo acompañado de dos guasos chilenos. En 1948 repitió las travesías. Y en 1952, volvió para filmar en la estancia Pulmari la precitada película “Los Troperos”.

 

En el aspecto musical es copiosa su intervención pues ha grabado más de quinientos temas entre ellos “En la Peña de Santos Amores”, “¿Qué es la Patria?”, “Mi Tierra y tu Cielo”, “La Zamba danza Nacional”, etc; todos discos y cassetes de larga duración. Como creador, utilizando instrumentos autóctonos como la quena y el charango, grabó el Himno Nacional Argentino, la Marcha a mi Bandera. Últimamente la Marcha a San Lorenzo y Aurora.

 

Bajo el aspecto docente su actividad fue muy meritoria e intensa desde muy jovencito. Nació en un hogar criollo de muchísimas generaciones de argentinos, iniciada en la época de la Colonia. Recibió desde muy pequeño intensos conocimientos danzantes en su hogar, donde se practicaban los bailes nativos. A los trece años enseñaba a sus amigos y compañeros de estudio. Aprendió el malambo llamado sureño en su hogar y en el campo en la estancia de su tía Elisa Díaz de Olivera. Se codeo siempre con los más grandes bailarines de Buenos Aires y del norte, entre ellos, el más grande de todos, Ramón Espeche.

 

Su constante actividad cultural y argentinista lo llevó a crear en 1953, el Instituto de Arte Folklórico, IDAF, que posee en la actualidad desde donde comienza la Patria, La Quiaca y Clorinda, hasta el Estrecho de Magallanes muchas miles de escuelas, con profesores jóvenes cuyas edades oscilan de 15 a 25 años en su mayoría conducidos por 150 Directores Zonales. Presidio 17 Congresos Nacionales de Folklore, realizados siempre en el interior del país, con excepción del de 1986, que lo llevó a cabo en la Capital Federal, como Cordoba, Santa Fe, Entre Rios, La Pampa, etc.

 

En 1962, dio una conferencia en SADAIC titulada “Por qué la Zamba debe ser nuestra Danza Nacional”. Desde entonces ha difundido esta inquietud en todo el país, esperando hasta su muerte, sin ver cumplido su sueño que algún político le dé fuerza de ley a su propuesta. En los últimos años de su vida creó el festejo del 25 de Mayo en la calle Corrientes con miles de bailarines (que luego se difundieron por todo el  país), que representan decenas de danzas folklóricas. Murió un 13 de noviembre de 1995.                                                                                      

 

Álbum de fotos:

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Fuentes: https://es.wikipedia.org/wiki/Juan_de_los_Santos_Amores. http://www.surcosistemas.com.ar/web/Herrera_SolCamila/

 

 

 

 

 

 

 

 

3. jul., 2018

Los Huanca Hua es un grupo de música folklórica de Argentina creado en Buenos Aires en 1960, que se mantuvo activo hasta 2004, y regresó a la actividad en 2012. Hasta 1966 fue dirigido por el Chango Farías Gómez, y desde esa fecha en adelante por su hermano Pedro Farías Gómez. Se caracterizó por su estilo vanguardista e innovador en la forma de interpretar la música de raíz folklórica y especialmente por introducir la polifonía en el folklore argentino y latinoamericano.

 

El folklore coral ya tenía antecedentes como la sorprendente experiencia precursora del Cuarteto Gómez Carrillo en los años cuarenta, ​ o los conjuntos  Llajta SumacLos Andariegos, el Cuarteto Contemporáneo, ​ el Conjunto Universitario "Achalay" de La Plata, y Los Trovadores del Norte(Puente Pexoa), ya en los años cincuenta. Pero sería el éxito de Los Huanca Hua lo que impulsaría la formación de grupos vocales en Argentina. Hasta ese momento la mayoría de los conjuntos trabajaba a dos voces, excepcionalmente a tres voces. Los grupos vocales —íntimamente relacionados con un proceso de desarrollo de los coros menos visible pero de gran alcance— comenzaron a introducir cuartas y quintas voces, contrapuntoscontracantos y en general a explorar las herramientas musicales de la polifonía y de antiguas formas musicales diseñadas para el canto, como el madrigal, la cantata, el motete, entre otras.

 

Entre las canciones más conocidas aportadas al cancionero argentino se encuentran "Zamba de Navidad" (Jorge E. Biagosh), "El huajchito" (E. N. Farías Gómez), etc. Entre los álbumes publicados se destaca la Misa Criolla de Ariel Ramírez. El nombre significa en quechua santiagueño Hijos de la música (huanca: música; waa hijo).

 

Los Huanca Hua se formó en 1960 integrado por los hermanos Pedro Farías Gómez y Chango Farías GómezHernán Figueroa ReyesCarlos del Franco Terrero y Guillermo Urien. El grupo revolucionó el modo de interpretar la música folklórica, mediante complejos arreglos vocales, introduciendo la polifonía y el uso de fonemas y onomatopeyas para marcar el ritmo. Su estilo estuvo influenciado por el estilo de los arreglos vocales del grupo afro-estadounidense Mill Brothers y las tradiciones del folklore santiagueño transmitido a los hermanos Farías Gómez por su padre, Enrique “Tata” Farías Gómez.

 

 En 1961 grabaron su primer álbum Folklore argentino para el sello Odeón, que incluía en la contratapa una nota elogiosa de Eduardo Falú, con temas religiosos como "Zamba de Navidad" y "Tema de villancicos" (Huachi torito), temas que habían integrado su primer simple, y canciones como "Zamba de los mineros" y "Los ejes de mi carreta". En 1962 lanzaron su segundo álbum, Folklore argentino Vol 2, actuaron en el programa televisivo La Pulpería de Mandinga dirigido por Julio Márbiz por Canal 9, ganaron por su álbum inicial el premio Novedad del Folklore en el Festival del Disco Internacional de Mar del Plata y el Premio Revelación Cosquín junto al trío Tres para el folklore (Luis AmayaChito Zeballos y Lalo Homer).

 

El segundo disco publica en la contratapa una nota que les enviara Adolfo Ábalos en donde dice:  ...Ustedes son "Los Huanca Hua" (Los Hijos de la Música). Después de escuchar esos gatos y esas chacareras que ustedes cantan, no tengo dudas que son además, los "hijos de la música de Santiago del Estero por excelencia; y hasta diría que están embrujados por alguna "Salamanca santiagueña". Todo esto sale de esas interpretaciones llenas de sabor y colorido; de esos contracantos y contraritmos, ¡tan de nuestros músicos paisanos!; y por último, para no abundar en detalles, de esos arreglos vocales y del afiatamiento del conjunto, ambas cosas logradas plenamente... Adolfo Ábalos, Buenos Aires, agosto de 1962.

 

 En 1963 se sumó al conjunto Marián Farías Gómez, hermana del Chango y de Pedro, reemplazando a Figueroa Reyes. En 1964 grabaron una de sus principales obras, el álbum Misa Criolla reducida para cinco voces por el Chango Farías Gómez. La mayor época de expansión del grupo vocal fue en 1965, cuando llegaron a actuar en el Carnegie Hall, en Nueva York, junto con Astor Piazzolla y Edmundo Rivero. A comienzos de los setenta protagonizaron varias giras europeas y sus discos se comenzaron a editar en España, Francia y Japón. En 1965 aparecen en el film Cosquín, amor y folklore, dirigida por Delfor María Beccaglia, interpretando "Malambo santiagueño" y la zamba "Fortunata Gómez". En 1966 el Chango y Marián Farías Gómez se alejaron de Los Hunca Hua, debido a lo cual el grupo quedó bajo la dirección de Pedro Farías Gómez.

 

En 1998 participan de la opereta criolla Lo que me costó el amor de Laura de Alejandro Dolina interpretando "La murga del tiempo" y "Choro del Carnaval Triste". En 2004 falleció Pedro Farías Gómez, con 62 años, y con su muerte cesó el grupo hasta que en el 2012 Sebastián Farias Gómez, miembro de la última formación, hijo de Pedro, reúne algunos integrantes de la última formación y suma a su hermano, Diego Farías Gómez, para rehacer el grupo que actualmente se encuentra actuando y ejecutando el repertorio tradicional de los Huanca Huá y los arreglos que no fueron editados desde la década de los 80. Sus nueva formación se conforma por Sebastián Farias Gómez, Diego Farías Gómez, Maximiliano Oliva; Miguel Angel Oliva; Roberto Casalanguida; Diego Acosta.

 

Álbum de fotos: 

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Fuente:  https://es.wikipedia.org/wiki/

 

 

 

 

 

 

 

 

29. jun., 2018

 

Cantante, guitarrista, autor y compositor, Ramón Sixto Ríos nació el 6 de agosto de 1913, en Federación, Provincia de Entre Ríos. Sus primeros pasos en la música, las da de la mano de su Padre quién lo inicia en la ejecución de la guitarra. Cuando Sixto Ríos contaba con 7 años, su familia se traslada a la ciudad de Corrientes, donde comenzó estudios formales de guitarra, flauta y violín.

 

En el año 1933 se radica en Buenos Aires donde continua su perfeccionamiento musical y en el año 1935 conoce al artista bonaerense Pedro Sánchez, fundador del “Trío Taragui”, artista al que acompaña en actuaciones y grabaciones para el sello “Odeón” por espacio de 11 años. También integra el conjunto “Osvaldo Sosa Cordero y sus correntinos” realizando grabaciones para el sello “Odeón” y como guitarrista del “Trío Cocomarola”. En esta etapa también acompaña como guitarrista a artistas de otros géneros.

 

En el año 1939, estando de gira con una compañía teatral por la provincia de Santa Fé, conoce en la localidad de Humboldt a una joven de nombre Mercedes Strickler con quién Sixto Ríos inicia un largo y apasionado romance a la distancia. De esta pasión nace “Merceditas”, una de las obras más importantes del folklore nacional y versionada por alrededor de 100 intérpretes de todo el mundo en 9 idiomas.

 

Merceditas" es una conocida canción de la música litoraleña del folklore argentino, en ritmo de chamamé, escrita y grabada con éxito por el entrerriano Ramón Sixto Ríos, en la década de 1940. Se trata de una canción de amor no correspondido, considerada como una de las melodías más famosas de la música de raíz folklórica y popular de nuestro país. Su letra ha sido traducida en distintos idiomas y el tema ha sido versionado por infinidad de intérpretes de distintas partes del mundo.

 

La portadora de dicho nombre, poseedora de una belleza única, de grandes ojos azules transparentes y pelo rubio como el trigal, de una personalidad segura y libre, nació y vivió en Humboldt. Ella esconde un personaje propagado por todo el mundo que raya justo al límite entre el mito y la realidad; el cual empezaría a rodar de la siguiente manera. Mercedes, a quienes todos llamarán Merceditas nació en zona rural norte de la colonia, el 21 de diciembre de 1916, sus padres fueron Alberto Strickler y Margarita Emilia Kahlow.

 

Desde muy pequeña, trabajó siempre en el campo, ya que su padre falleció cuando Merceditas tenía siete meses. A los siete años, seguida por su hermana menor Ernestina, empezó acompañar a su madre y padrastro en los trabajos del tambo. La vida por ese entonces estaba signada por ciertas incomodidades como la falta de luz eléctrica, y como el ordeñe se realizaba muy temprano, ella se levantaba a la una de la mañana para poder cumplir con esas tareas rurales; también trabajaba en la quinta y cuidaba los pollos. Solamente concurría al pueblo para las fiestas o bailes. 

 

En 1939 llegó al pueblo de Humboldt una compañía teatral para actuar en el salón social del Club Sarmiento. Entre otros artistas formaba parte del grupo el músico Ramón Sixto Ríos, nacido en la vieja ciudad entrerriana de Federación, era un joven poeta de 27 años que tocaba la guitarra. En el intermedio de la obra, él, invita a Merceditas a bailar. Ella vestía un vestido blanco y lucía el cabello largo y enrulado; él tenía un traje cruzado y estaba peinado a la gomina, fue tal vez ese momento en que nació el amor entre ellos.

 

Al día siguiente Sixto visita a Merceditas, charlan en el patio de su casa coronado de glicinas, donde se cobijan muchos gatos, recorren un trigal y se despiden prometiéndose escribirse, ya que él vivía en Buenos Aires. Inician así una relación formal, que se mantuvo dos años, alimentado por las cartas que van y vienen, llevando la locura de amor del guitarrista. Mientras duró esta relación, Sixto iba esporádicamente a Humboldt a visitarla. De esas visitas surgirían los versos de "Pastorcita de las flores" y "Las glicinas" dedicadas a Merceditas.

 

En 1942, Ríos decidió proponerle matrimonio, y para ello viajó a Humboldt con los añillos. Pero inesperadamente, Merceditas rechazó su proposición, no pudo desprenderse de su tierra ni de su familia. Ella no quería comprometerse. En alguna ocasión diría "Ahí me desenamoré".  Se despidieron por última vez en la terminal de ómnibus de Esperanza. Pese a la ruptura, Ramón y Merceditas, siguieron escribiéndose varios años, hasta que ella dejó de contestarle porque no quería que perdiera su tiempo. Así y todo Sixto seguiría insistiendo con más y más cartas, todas con versos muy tristes porque ella lo había dejado, hasta que un día dejó de escribirle.

 

De ese amor puro y dolor más tierno Sixto compone "Merceditas", la que en breve sería un gran éxito radial. En relación a los artistas de nuestro género, ha sido grabada por el Trío Cocomarola cantando Odilio Godoy y Emeterio Fernández, Miguel Repiso, Cuarteto Santa Ana con la voz de Julio Luján, Los Hermanos Barrios, Los Hermanos Cena, Ubeda - Chávez, Mateo Villalba, Antonio Tarragó Ros, Rudi y Nini Flores, por citar solo algunos. Compuso además otros temas como “María Elvira” , “Bajo tu cielo”, “Suerte clavada”, “Picada larga”, “Canción del ayer”, “Corazón herido”, “Muchacha del camino” y “Que linda estabas”.

 

La vida de ambos transcurriría por separado , Merceditas en su casa, en sus tareas rurales, pero también en sus paseos en moto, luciendo sus pantalones de tela de leopardo, su campera y botas de cuero, su carrera de caballos que alguna vez llegó a hacerle a alguien en sus viajes de vacaciones a las sierras de Córdoba. La otra cara de Mercedes, libre, que más de una vez arrancó miradas y expresiones maliciosas de los habitantes del pueblo. Sixto por otro lado, en Buenos Aires, se casaría con otra mujer, de la que enviudaría apenas dos años después.

 

Durante más de cuarenta años no volvieron a verse, pero cierto día, una revista porteña publicó una nota que incluía un reportaje a Merceditas. Al leerla Ríos le escribió una carta invitándola a ir a Buenos Aires, reencuentro que se concretó para el festejo de sus ochenta años (1993). A partir de ese momento volvieron a mantenerse en estrecho contacto nuevamente por carta hasta la muerte de Ríos.  Retirado de la actividad artística Don Ramón Sixto Ríos falleció en Buenos Aires el 25 de Diciembre de 1994 y su última voluntad fue legarle los derechos de autor de la obra.

 

Merceditas murió en la ciudad de Esperanza, en el Hospital SAMCO, el domingo 8 de julio de 2001 a la 1.10 hora, luego de que quince días antes en Humboldt, se le detectara una enfermedad terminal y desde donde fuera derivada para su mejor asistencia al nosocomio esperancino. A los ochenta y cuatro años, se fue su presencia física pero es a partir de ese momento cuando el mito de esta mujer retoma mayor fuerza, para no dejarnos nunca más.

Álbum de fotos:

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Fuentes: http://www.fundacionmemoriadelchamame.com

https://www.unosantafe.com.ar