Mi Música

31. may., 2018



Carlos Montbrun Ocampo nació el 26 de enero de 1896 en el departamento de Albardón. Era hijo de María Ocampo Vera, oriunda de La Rioja y de Don Eduardo Montbrun. Ambos pertenecían a distinguidas familias de la época, su padre era descendiente de franceses y su madre era heredera de encumbrados riojanos. Carlos hizo la primaria en un colegio de su localidad natal y la secundaria en el Colegio Nacional Monseñor Pablo Cabrera. No estudió música, pero sabía tocar el piano, componía e interpretaba.

 

Mostraba una elegancia, una fineza, que le chocaba a la gente del ámbito popular que no la aceptaba mucho, aunque sí gustaba de sus temas. Pero él tampoco era de compartir los festivales populares... Se sentía más cómodo entre gente distinguida. La sociedad sanjuanina de buena posición, lo apreciaba a él y su arte.

 

Se radica en Mendoza desde 1915. Forma el dúo Marambrun, con Juan Carlos Marambio Catán en los primeros años de la década de 1920. Se casa con María Adela Tourres a mediados de esa década. Integra el Dúo Monte-Pardo, con Alberto Quini en los últimos años del mismo decenio y llega a Buenos Aires a principios de 1930. Allí forma el dúo Ocampo-Flores, con Hernán Videla Flores hasta principios de 1940. Dirige el programa radial Las Alegres Fiestas Gauchas desde mediados de 1940 hasta promediar 1950 desde Radio Splendid, retransmitido a todo el país por esa cadena de emisoras. Realiza numerosas grabaciones discográficas, especialmente para el sello Odeón.

 

Se presenta en locales nocturnos porteños, principalmente en Mi Refugio. Vuelve repetidas veces a San Juan como artista consagrado, especialmente para participar de espectáculos masivos organizados por el cantonismo en la década de 1940 y de presentaciones en radio durante toda su carrera. Nace en Buenos Aires su hija Mariela en 1953. Se radica en Mendoza con su familia desde mediados de 1950. Funda las peñas El Refugio y El Patio.

 

Su producción como compositor lo ubica como uno de los artistas más populares de nuestro país.  Por primera vez en varias décadas, la música popular argentina, en especial del interior, estaba siendo aceptada por las clases dominantes, ya fuera por necesidad de identificación o de apropiación de valores culturales tradicionales que justificaran su hegemonía, por esnobismo, gusto por lo exótico, u otras razones.  Carlos Montbrun Ocampo fue el único músico de folclore que participó de la recepción oficial ofrecida al Príncipe de Gales en su visita a la Argentina en 1925. También estuvo con Walt Disney cuando vino a nuestro país en septiembre de 1941.

 

Esta situación de estar vinculado con la clase dirigente se prolongó más tarde en sus últimos años en Mendoza; aquí mantenía una estrecha relación, con destacados empresarios y directivos bancarios. Sin embargo, era conocido por todos, debido por un lado a su carácter afable, su simpatía y facilidad para socializar y por otro, por la amplia recepción que gozaron sus canciones en Argentina, y especialmente en Cuyo, desde la década de 1940. “Si tenía que estar con esta gente, estaba, compartía. Él tuvo grandes amigos de familias... Pero después si iba por la calle y lo paraba el lustrabotas, ‘¡che Carlitos!’, ahí iba él y charlaba con el lustrabotas...”

 

Incluyó piano, arpa, violín, instrumentación en la que convive esta dualidad social, porque gracias a estos instrumentos connotados de “dignidad” se conseguía el clima festivo, es decir, más popular, asociado a las interpretaciones de Las Alegres Fiestas Gauchas. De todas formas, la figura del músico solista ha quedado fuertemente vinculada al cantante/pianista. Aunque muchas de sus composiciones hablan del vino y sus efectos, él no tomaba esta bebida, sino whisky o preferentemente coñac. Fue siempre recordado de smoking, sentado al piano y con la copa de coñac sobre el instrumento, en un contexto más cercano a la boite que a la peña.

 

La obra de Carlos Montbrun Ocampo fue muy amplia y desbordó los límites habituales de las músicas tradicionales cuyanas, penetrando en los ámbitos del poder hegemónico. Una de sus cuecas más conocidas, Entre San Juan y Mendoza, con texto de Hernán Videla Flores, integró el repertorio de Montbrun durante toda su carrera. El compositor sanjuanino se refería a esta pieza como La cueca del “cura'o” e inclusive la comercializaba con ese subtítulo. Esta canción fue grabada por varios artistas referentes de la música popular argentina; entre otros Buenaventura Luna y la Tropilla de Huachi Pampa, Antonio Tormo, la primera estrella que tuvo el folclore argentino y por Los Chalchaleros, líderes del “boom del folklore de la década de 1960.

 


Además de tener una destacada actuación en el campo musical, también participó en política. Fue diputado provincial y mantuvo una relación cercana con figuras como los Cantoni y Eva Duarte.  Carlos Montbrun Ocampo falleció el 4 de junio de 1962, víctima de un cáncer, en Mendoza. El sanjuanino llevaba varios años radicado en la provincia vecina.

Álbum de Fotos:

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Fuente: Gregorio Torcetta.  https://www.mdzol.com/opinion/479810-montbrun-ocampo-el-dandy-del-folk-cuyano/

 

 

 

 

 

 

 

 

24. abr., 2018

Ramona Galarza (Corrientes, 15 de junio de 1940) es una conocida cantante de chamamé y música litoraleña, de Argentina. Grabó más de 30 álbumes originales y participó en 9 películas. Difundió e hizo populares varias canciones incorporadas al cancionero popular de la música litoraleña, como "Merceditas", "Pescador y guitarrero", "La vestido celeste", "Virgencita de Caacupé", y su versión en guaraní de "Kilómetro 11", entre otras.

 

Ramona Galarza nació en la ciudad de Corrientes, capital de la provincia del mismo nombre. Su padre tenía un pequeño boliche a la vera del río Paraná. Ella comenzó a cantar en la escuela y luego integró el coro de la provincia, bajo la dirección de Naón Solís.

 

 

Carlos Eleuterio Onetto jamás hubiera imaginado que su hija Ramona Modesta Onetto Galarza iba a ser la principal figura el día de la reinauguración del Teatro Oficial “Juan de Vera” que a finales del año 2005 abrió sus puertas para mostrar al pueblo de Corrientes, la culminación de las obras de reforma que lo alejó de espactáculos artísticos y el aplauso del público. Hace mucho, mucho tiempo, cuando la niña cantaba en actos escolares de la escuela Mariano Moreno, donde cursaba sus estudios primarios, Carlos Onetto se desempeñaba como personal de limpieza en el coliseo mayor de los correntinos. El recuerdo, jirón de amaneceres que la memoria resguarda, llega en la palabra de Ramona Galarza, “la novia del Paraná”, la jovencita que un día partió y llegó a Buenos Aires de la mano del maestro Herminio Gimenez. La misma que había integrado ya la Orquesta Folklórica dirigida por Naon Salis, con Ernesto Dana como primera voz masculina. Aquella que salía de su casa de la Avenida Italia al 400 bajo la atenta mirada de su madre Mauricia Galarza, apellido al que apeló luego para triunfar en la capital porteña.

 


“De pequeña me gustaba cantar en las fiestas escolares e integraba el coro, tal se acostumbraba en cada institución educativa. Sus comienzos como cantante profesional corresponden a 1958, cuando contaba con 18 años, al participar en la película Alto Paraná, dirigida por Catrano Catrani y protagonizada por Ubaldo Martínez, donde ella canta “a capella” el chamamé. “Kilómetro 11”, de Tránsito Cocomarola.

 

 
Mientras los recuerdos se suman a la mañana que presagia “tiempo cálido e inestable” en un pronóstico que alucina el reclamo de una bendita lluvia sobre el calor que no amaina, Ramona Galarza continúa en el anecdotario de lo que fue su primera grabación de un disco de pasta simple nada menos que en el sello discográfico “Odeón”. Grabación a la que llegó nuevamente con Hermino Gimenez que iba buscando al director artístico que era su amigo pero había sido reemplazado por Fernando López. Quiso el destino que una sala de grabación estuviera disponible y que al hecho se sumara la buena voluntad de López que sin conocer a Ramona, estrechó la mano de don Herminio y le concedió autorización para editar “Kilómetro 11”, “Alto Paraná” y “Virgencita del río”. El hecho marcó una doble significación en la carrera artística de Ramona y en su vida privada. Además del éxito que significó esa grabación (lo que motivó el primer disco larga duración), Fernando López se convirtió al tiempo en su esposo y principal referente en su condición de cantante.

 


“Aprendí a escuchar sus consejos. El era entonces director artístico de todo lo relacionado con el folklore y el tango en el sello “Odeón” y en mi vida fue hasta el día de su muerte (acaecida en el mes de octubre de 2005), el mejor compañero durante 44 años. Santafecino de nacimiento, Fernando López pidió a su esposa, Ramona Galarza, que sus cenizas descansen en Corrientes, la ciudad que tanto amaba.

 


Radio Splendid fue el siguiente escenario para Ramona, en una audición diaria de quince minutos, que luego se extendió a media hora y la condujo a nuevos contratos en confiterías selectas, a la ciudad de Posadas, Misiones y a recorrer el país, sumando afectos,  grabando también para el sello Odeón sus primeros simples, como "Galopera" y "La vestido celeste" que se convirtieron en éxitos inmediatos. Ramona Galarza fue una de las estrellas destacadas de lo que ha dado en llamarse el "boom del folclore", en un momento de grandes transformaciones sociales y migraciones del campo a la ciudad y del interior a la capital.

 

 

Yo llegué en un momento en que el folclore era un boom y me aceptaron. Todo era folclore y justo llegué yo con el chamamé y me fue muy bien, gracias a Dios... Yo sólo soy un granito de arena que llegué en el momento justo, pero antes que yo estuvieron quienes ya nombré... Ernesto MontielSosa CorderoTarragó RosCocomarolaVera Lucero... toda esa gente es la que hizo todo. Yo tuve suerte de llegar justo en ese momento.

 

 

Desde ese momento Ramona Galarza se convertiría en la cantante emblemática por excelencia de la música litoraleña y en las siguientes dos décadas grabaría más de 20 álbumes (Litoraleña, Noches correntinas, Alma guaraní, Al Paraguay con amor, Pescador y guitarrero, etc.) y participaría en otras 8 películas (Ya tiene comisario el pueblo, Argentinísima, El canto cuenta su historia, Mire que es lindo mi país, etc.).

 

 

Ramona Galarza alcanzó también un importante éxito internacional, sobre todo en Paraguay y Estados Unidos; en este último país realizó una recordada presentación en el Carnegie Hall.

“Tengo un profundo reconocimiento hacia el país hermano del Paraguay. Recién había comenzado mi carrera como cantante, cuando Humberto Rubín y Teófilo Escobar me invitan a la inauguración de Radio “Ñandutí”, confiados en mi padrino Herminio Giménez como referente de mis dotes artísticas. Prácticamente sin conocerme, desde la espera en el aeropuerto, hasta mi regreso una vez finalizada la actuación, las muestras de cariño se sucedieron”.

 



“En realidad, la novia del Paraná es Corrientes, como dice la canción de Osvaldo Sosa Cordero. “La novia eterna del Paraná, quien te vio alguna vez ya jamás te olvidará”. Fue mi esposo quien hizo que la gente me identificara con este nombre que es además el del larga duración que grabé entonces”.  El espectáculo “Simplemente Chamamé” la relacionó en el escenario con “Los Alonsitos”, “Mario Bofill”, “Los de Imaguaré” y los “Hermanos Giménez”, con producción de otro correntino que triunfa, Nito Artaza. “Actué por muchos años en Chile y en Montevideo, Uruguay, tenía todos los martes una actuación preestablecida. Paraguay es como mi segunda patria y Corrientes mi país chico”. “Soy una mujer de buenos sentimientos, hice mi carrera sin envidias ni celos profesionales, será por eso que la vida me mostró tantos caminos donde por cada pequeña piedra, había un sendero de flores silvestres que cultivé con la misma sencillez que aprendí de mis padres”. En 1993 presentó junto a Teresa Parodi el  espectáculo Correntinas, del cual surgieron dos álbumes con ese título, lanzados en 1993 y 1995. En 1985 y 1995 recibió un Diploma al Mérito de los Premios Konex como una de las 5 mejores cantantes femeninas de folklore de la última década en Argentina.

 

 


“El “Vera” significa mucho en mi vida, me recuerda a mis hermanos (Pedro, Carlos y Mamacha), al cine de matiné, a mis primeras experiencias ante un público que siempre me consideró y al que agradezco profundamente”. “Valoro lo que la gente me brinda, es un ir y venir de cariño que siento vibrar en cada canto”. Ramona Galarza regaló a Corrientes su voz y su nombre. Con él triunfó en Buenos Aires y la conoció el mundo. Es la eterna novia que prodiga su amor a un río embravecido que reposa sus aguas cuando la escucha recitar los versos de Sosa Cordero. En ese idílico romance navegaron sus sueños.

Álbum de Fotos:

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Fuentes: Moni Munilla  https://www.ellitoral.com.ar/

https://es.wikipedia.org/wiki/Ramona_Galarza

 

 

 

 

 

 

 

 

 

8. mar., 2018

Los del Suquía es un destacado conjunto de música folclórica de Argentina, creado en 1959. Se caracterizó por su música y letras relacionadas con Córdoba. Fue integrado originalmente por cuatro amigos del barrio de San Vicente de la Ciudad de CórdobaRamón "Cacho" IriarteHugo "el Gallo" CuelloHugo Iriarte y Rubén Durán. De adolescentes , ya daban serenatas y participaban en todos los acontecimientos sociales del populoso barrio. Entre presentaciones y ensayos , el apoyo entusiasta del publico los lleva a formar un conjunto folklórico llamado Las Voces del Uritorco. Una persona allegada (Pancho Cárdenas) les aconseja cambiar el nombre al grupo por uno más pegadizo y que le llegue a la gente. Es así como deciden llamarse  Los del Suquía, tomando el nombre del río que cruza Córdoba Capital.

 


El 23 de Junio de 1969 casi se disuelve el conjunto , pues un ataque cardiaco acaba con la vida de Hugo Iriarte.  Tras el fallecimiento de Hugo Iriarte, el grupo se rearma y el personal queda así:  Ramón "Cacho" Iriarte, Hugo Cuello, Marcelo Quintero y Alfonso Héctor Vázquez, siendo ésta la que llamamos "formación clásica" que graba casi todos los long plays editados. En 1977 se retira Marcelo Quintero y su lugar es ocupado por Mingo Albornoz.


En 1983 editan su último disco "Los hijos de Córdoba" aunque siguen actuando durante casi una década más. En algún momento no precisado se retira Vázquez de la formación y en el 91 hacen lo propio Hugo "Gallo" Cuello y Albornoz para formar el dúo Sonkocanta; por lo que solamente queda Iriarte como miembro original.  Iriarte reforma nuevamente el personal incluyendo a sus hijos en esta nueva reencarnación que sigue hasta nuestros días, pese a que Cacho fallece el 4 de febrero de 2004.

 

Así publicaba el periódico "El Día", el 4 de febrero de 2004: Ramón Iriarte, cantante del reconocido grupo folclórico cordobés Los del Suquía, falleció en la tarde de ayer en el Hospital Provincial de Córdoba, donde permanecía internado a causa de las lesiones sufridas en un accidente automovilístico que se produjo el viernes pasado. Conocido popularmente como "Cacho" Iriarte y de 62 años de edad, el músico había resultado gravemente herido luego de que el viernes pasado volcara con su automóvil cuando transitaba el camino de las Altas Cumbres, entre Villa Carlos Paz y Mina Clavero.



Desde hacía 48 horas Iriarte había entrado en estado de coma, como consecuencia de afecciones renales, daño neurológico, pulmonar, cardíaco y cerebral, según informaron los facultativos que lo atendieron en el nosocomio de Córdoba capital. El cantante, dueño de una particular voz, caracterizó la propuesta del grupo folclórico que por más de cuatro décadas transitó con éxito diversos escenarios del país y del exterior. Los del Suquía, con Iriarte, como su principal voz, reflejaron en sus canciones, con diversas melodías musicales, la vida de Córdoba, la historia de las personalidades célebres de la ciudad, sus personajes y barrios tradicionales.  Durante los años 90 vuelven a los estudios de grabación a recrear viejos éxitos y en alguna ocasión con material nuevo, aunque la distribución de este material es mayormente local y es difícil encontrarlo fuera de Córdoba.

 

El 1 de septiembre de 2009 fallece Hugo "Gallo" Cuello, uno de los fundadores del emblemático grupo folclórico Los del Suquía, tras una larga enfermedad. Su voz de bajo fue inolvidable en el recitado de "Canción para una mentira", el primer gran clásico nacional del conjunto en el que también estaban Cacho Iriarte y Marcelo Quintero. Los músicos, que surgieron del barrio San Vicente luego de que algunos integrantes desarmaran Las Voces del Uritorco,  brillaron en las décadas de 1960 y 1970, consagrados por el público de todo el país y también del exterior.

 

Por entonces, a los grupos del interior no les resultaba tan sencillo llegar a Buenos Aires, algo que sí lograron Los del Suquía con un repertorio de folclore romántico que rápidamente caló hondo en el sentir popular. Participaron de las dos películas de "Argentinísima", de 1971 y 1973, actuaron en la Quinta de Olivos, compartieron escenarios con el Trío Los Panchos, Harry Belafonte o los Blues Diamonds, entre otros. Marcelo Quintero, uno de los primeros en alejarse de esa exitosa formación inicial, recordó los primeros pasos del grupo, desde que viajaban con una mano atrás y otra adelante hasta el éxito inesperado. “Éramos cuatro cordobeses desconocidos que cuando íbamos camino a Radio El Mundo y pasamos por delante del Obelisco, le dije ‘sos grandote, apenas vea que me quieras comer me vuelvo a Córdoba”, recordó.

 

En sus años de esplendor, el grupo llegó a vender “dos mil discos por día”, aseguró Quintero, quien dice que hoy les dan discos de oro a los que venden mucho menos. “El conjunto no estaba preparado para el éxito”, aseguró. Además de "Canción para una mentira", otros éxitos de Los del Suquía fueron "A Jardín Florido", "Córdoba de antaño", "Mi corazón es un poema triste", que hicieron de punta de lanza en los discos.  Juntos compartieron las rutas argentinas, a bordo de un Ambassador con el que salían de gira. “Me acuerdo que cuando grabábamos los discos y él se ponía nervioso, sacaba el pañuelo para secarse la transpiración. Era el momento en el que sabíamos que había que parar y seguir al otro día”, agregó Quintero. “Éramos cuatro changos de Córdoba, sin maldad, con sueños”, detalló. En los primeros momentos, en las giras todos dormían en una misma pieza, hasta que comenzaron a brillar en todo el país, y eran fuertes en programas de televisión como el clásico "Argentinísima", de Julio Marbiz.

 

“El grupo fue una revolución en esa época. Nosotros trajimos la música romántica, no era erótica, como ahora”, agregó. Diego Iriarte, hijo de Cacho, dijo ayer a Cadena 3 que era un momento difícil porque “tanto el Gallo como mi viejo son parte de la música de Córdoba. Fue como un hermano de mi viejo y terminaron separándose por esas cosas de la vida”. 

 

"Suquía" es el nombre del río Suquía, también conocido como río Primero, un importante río cordobés que nace en el lago San Roque en la localidad de Carlos Paz, y luego atraviesa la ciudad de Córdoba, hasta morir en la laguna de Mar Chiquita o Mar de Ansenuza, en el este de la provincia de Córdoba. Aunque el conjunto menciona que "suquía" es una palabra indígena que quiere decir "aguas cantoras", el verdadero significado del término es motivo de encontrados debates.

 

Álbum de Fotos:

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Fuentes: http://losdelsuquiafolklore.blogspot.com.es/ -   https://es.wikipedia.org/   https://www.eldia.com -  https://www.lacapital.com.ar/

 

 

 

 

 

 

 

 

29. ene., 2018

 

Gustavo Adolfo Solá "El Payo" nació en Cafayate - Salta, el 31 de enero de 1908 y falleció en Buenos Aires el 19 de marzo de 1962.  Hijo de José Nicolás Solá, director de escuela y de la maestra de Escuela Delia Burgos, desde niño tuvo inclinación por la música, ya que poseía muy buen oído, aprendió a tocar la guitarra,  el violín y el bandoneón.  También estudió el piano por música, y tomó clases de armonía, toda su obra musical fue escrita por él.

 

Alto, erguido, casi siempre vestido de blanco, caminaba silencioso observando detrás de sus anteojos oscuros, mientras fumaba un cigarrillo colocado en una boquilla. Así era la imagen del Payo Solá, al final de la década de los años 20. En 1932 contrae enlace con Blanca E. Saavedra, tuvieron siete hijos, Jesús Lucia Nelly, Marta Amalia, Juan José, Blanca Celia, Gustavo Adolfo, Maria Cristina y Martín Miguel. Fue un músico por excelencia. Pero no era un músico mano ejecutante dedicado exclusivamente a un instrumento. El Payo Solá, puede afirmarse, era un músico múltiple, puesto que integraba orquestas tocado la guitarra, el violín, la batería, el piano, el contrabajo o el bandoneón para el no había secretos dentro del mundo de las corcheas y semicorcheas.



En 1940 formó la orquesta Re-Fa-Si, uno de los integrantes fue Mario Vallejos, actuando la temporada en el casino de Termas de Reyes. Luego como guitarrista integró el dúo Miranda Bonier, actuando con éxito en Salta y Tucumán. Más adelante formó la agrupación de Veinte Guitarras, actuando en el monumento alrededor de los fogones en el homenaje a Martín Miguel de Güemes. Por esos años al caer la tarde cruzaba invariablemente la plaza 9 de Julio dirigiéndose al cine "Güemes", que funcionaba sobre calle Zuviría. Allí junto al escenario, en la penumbra de las películas mudas, generalmente tocaba el violín.

 

El Payo fue un referente importante en las décadas '40 y '50 en lo que se refiere a Salta, representaba para muchos la presencia de la música en todas sus manifestaciones populares, y su nombre se lo ligaba al folklore local, sus amigos de siempre fueron el Poncho Marrupe, Eduardo Falú, Cesar Pereyra Rozas, Cesar Perdiguero, Pajarito Velarde, Nicolás Lamadrid, Juan José García, el Curro García, Marcos Tames, Polo Gímenez, Atuto Mercau Soria, Arturo Puy, Carlos Vega Pereda, Fernando Portal, Pepe Guirro, Antonio Batiti, Dino Saluzzi, y otros.



En 1950 formo el Dúo Romance de dos guitarras, con Ernesto Cabeza ex integrante de los Chalchaleros, de actuación en LV9 Radio Salta, con glosas de Félix Pelayo Patterson. En 1952 gana el concurso de la zamba, organizado por el circulo, con la "Zamba del Ausente" de letra de César Perdiguero y Manuel J. Castilla, en esta oportunidad salió en segundo lugar la zamba "La Naranjera" de Patterson y Ernesto Cabeza que luego fue rebautizada por "La Nochera" con letra de Jaime Dávalos. Eran miembros del jurado, D'Jallad, Ricardo Falú, José Juan Botelli y el Cuchi Leguizamón.



En 1954 llega a Salta el sello Odeón, buscando un bandoneón carpero y contrata al "Payo" llevándolo a Buenos Aires donde se radica definitivamente. Forma un Trío y graba las zambas de su autoría: "La Marrupeña", "Solís Pizarro", "Zamba del Ausente", "Cerros" y otras. Lo acompañan artísticamente Juan José García, luego Fernando Portal, Carlos Vega Pereda, con sus hijos Maria Cristina en el bombo, Juan José en guitarra, y con Eduardo Arbace y Osvaldo Alfaro.

 

Era muy parco en el hablar, y no se le conocían amigos íntimos. Cuando pasaba por la calle siempre iba solo, no se detenía a conversar con nadie, y muy pocos fueron los que lo vieron sonreír alguna vez. Era un hombre que tomaba la vida en serio hasta en sus más pequeños detalles.  Representaba para muchos la presencia de la música en todas sus manifestaciones populares, y su nombre se lo ligaba al folklore local, que contaba con muy escasas composiciones, conociéndose más piezas musicales de origen boliviano o chileno. Pero fue un guía de los compositores que le siguieron creando un torrente de zambas, chacareras y canciones vernáculas, que llenaron definitivamente al panorama argentino con la música y el verso de nuestro Norte.



Después fue contratado por el sello Philips y grabo con el dúo de María Cristina y María Teresa Solá (terucha) "Cuequita de los Coyas", "Regresando (zamba), "Pajarillo Cruceño (bailecito) y "El Charanguero" (carnavalito).  Integra el cuarteto de Mario Acerboni, tocando el violin recorriendo la provincia de Buenos Aires actuando en los bailes de los clubes, integró el conjunto Los Musiqueros del Tiempo de Ñaupa , con Polo Gimenez, en piano, Atuto Mercau Soria, en guitarra y el Payo en bandoneón, Abel Figueroa en canto y guitarra y Pepe Consoli en canto.

 

Muchos le miraban pasar, silencioso, fumando su cigarrillo, semioculto tras sus anteojos ahumados, que le protegían de la luz que cegaba sus ojos claros de albino. Era la encarnación de la música, en esos tiempos en que las manifestaciones de este tipo, eran un privilegio de quienes sabían tocar algún instrumento, puesto que no existían radios ni tocadiscos, y los fonógrafos eran el comienzo de una época que recién balbuceaba las primeras melodías, desde el surco chillón de los primeros discos de baquelita.

 


El Payo Solá dejó transcurrir su vida entre melodías y se marcho de la escena en silencio, pensando tal vez en los acordes solemnes de una marcha fúnebre. Su recuerdo es algo permanente, puesto que su nombre y su figura, surgen por doquier, Atahualpa Yupanqui lo inmortaliza con Pablo del Cerro en "La Payo Solá" zamba editada el 15 de julio de 1970. Luego Oscar Valles integrante de los Quilla Huasi compone la zamba "Del mismo palo". Y como un remate en su honor Horacio Aguirre y Hugo Alarcón componen "El que toca nunca baila". Sus hijos Terucha y Payito Solá componen la zamba "Cafayate hecha Nostalgia" la cual fue ganadora del concurso de Zambas realizado en Salta en la Carpa de Abán en 1997; en una de sus estrofas nos dice: ". y al salir de Cafayate / se me afloja el corazón / siendo el Payo en la alameda / que me vadiciendo adiós.



El mas importante festival del Norte Argentino que es la Serenata a Cafayate lleva en su escenario en nombre "Payo Solá" bautizado así por su entrañable amigo, el poeta César Fermín Perdiguero.


Álbum de Fotos:

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Fuentes:    Crónica del Noa. Salta, 11-11-1981

Portal informativo de Salta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

15. ene., 2018

    

AntonioTarragó Ros nació el 19 de Junio de 1923 en Curuzú Cuatiá, Provincia de Corrientes. Hijo de Antonio Ros y Florinda Reina, los primeros años de Tarragó  giraron en torno a la barraca de cueros de propiedad de la familia, especie de puerta abierta al mundo. Allí conoció a peones, mariscadores, gauchos oscuros con sombreros de enormes alas, y también a músicos de emoción intensa. Alguna vez venían montados en las gigantescas carretas de seis u ocho caballos, otras las veía pasar, acordeón y guitarra en mano, caminando una tarde de sábado rumbo al baile

 

Muy pronto, más entrañables que los amigos de la escuela del centro, le resultaron los de los barrios y caseríos más apartados. De alguna manera consiguió una armónica, y no fue raro que aunque sus padres lo incentivaron a estudiar el piano, él quisiera tocar el acordeón y también la batería que había visto en algún baile de pueblo.

 

 A los quince años ya integraba distintos conjuntos con su hermano y algunos amigos, y a los diecisiete, ya decidido por el chamamé, emprendió sus primeras giras. Con dos o tres músicos más subían a un tren, se ganaban el dinero para el viaje tocando para los pasajeros, y en una de esas aventuras llegaron hasta Buenos Aires. Pero el grueso de su trabajo, menos escaso que las ganancias, estaba aún en Corrientes, en los alrededores de Curuzú Cuatiá. Ya por ese entonces, Tarragó sentía que su pasión por la música estaba atravesada por algo más que el gusto de la aventura personal. Y para dar difusión y sostén a esa conciencia cultural, el quince julio de mil novecientos cuarenta y tres apareció la primera edición del quincenario Brisas Correntinas, editado y dirigido por el mismo.

 

 La publicación incluía una editorial, letras de canciones, una columna humorística, unos versos dedicados a Tarragó por su amigo Luis Torres, anuncios de programas radiales y bailes. Ese mismo año viajó a Buenos Aires integrando el Conjunto Taragüí  que dirigía  Pedro Sánchez y tampoco le daba mucho sustento. Primero habían sido los músicos escuchados en la infancia en Curuzú Cuatiá; después las historias de jóvenes e impensados talentos descubiertos en parajes remotos; leídas en El Alma que Canta o vistas en el cine.

 

Ya en Buenos Aires, otra visión alimentó sus sueños adolescentes de ídolo popular:  La imagen de Ramón Estigarribia, músico apodado Yaguareté, comiendo con deleite y sin privaciones, feliz y rodeado de amigos en un restaurante del centro.  En aquel momento fue además acordeonista de MauricioValenzuela, de quienes años más tarde hablaría agradecido por sus enseñanzas profesionales.  También tocó junto a Mario Millán Medina, Isaco Abitbol y Ernesto Montiel. Pedro Mendoza y Luis Acosta fueron otros de los amigos que estuvieron cerca de él durante su corto paso por la capital. En 1944 regresó a Corrientes al frente de un elenco llamado melodías guaraníes, cuya dirección en algún momento compartió el celebrado bandoneonista Orestes Hernández. Realizó numerosas actuaciones en el Litoral y Brasil, además de presentarse en Radio Prieto, Radio Callao y La Voz del Aire.

 

 Numerosos anuncios de la época rememoran lo completo del  programa. Si se realizaba en un cine, la primera parte incluía, por ejemplo, la proyección de El amo del arrabal, Tierra sin ley o Baile y pasión. Ofrecía chamamés, polkas, galopas, schotis,  valseados, canciones, solos de acordeón, diálogos en guaraní, recitados, solo de bandoneón, "bombo indio" y canciones regionales en dúo. Si la actuación era en Curuzú Cuatiá el cantor y glosista podría ser Gorgonio Benítez, encargado de la barraca y amigo fiel de Tarragó. En 1945, en vista de las dificultades para conseguir trabajo bien pagado, aceptó reemplazar a Tránsito Cocomarola en el conjunto de Emilio Chamorro.  Actuó en él casi tres años, durante los cuales maduró como instrumentista y compositor, pero sobre todo fue definiendo un estilo propio, que sumado a su fuerte personalidad pronto desembocaría en su carrera como director. 

 

En 1947, de su fugaz unión con Elia Crispina Molina, nació  su hijo Antonio. Ese mismo año decidió volver a independizarse profesionalmente y para ello se radicó definitivamente en Rosario, en las puertas del litoral y cerca de Buenos Aires. Intentó sus primeros grupos e hizo sus primeras actuaciones en La Ranchada, un local propiedad de Emilio Chamorro; en el Club Huracán de Entre Ríos y en el Centro Correntino de Rosario. Fue allí  precisamente, en 1948 que incorporó a Carlos Olmedo , quien sería hasta el final su cantante, animador y amigo fiel.  Aquél conjunto se completaba con Felipe Lugo Fernández, Rómulo Velázquez, Adriana Selva, Edgar Estigarribia y Alonso, el nombre de pila de éste último perdido en la memoria.

 

Los comienzos no fueron sencillos. Las presentaciones más frecuentes eran las fiestas organizadas por los prácticos del  puerto, y también en los bailes montados por el mismo Tarragó, en los que a su conjunto solía sumar una orquesta de tango y una de jazz. La suerte era diversa. Sin embargo, en aquel momento el músico se sentía ya dueño de su oficio y su decisión de persistir era cada vez más fuerte. Sobre todo, había sentido agitarse de emociones el aire entre él y el público, cada vez que subía a un escenario.

 

Trabajó así hasta 1954 en que realizó su primera grabación. Acompañado por Antonio Niz y Vicente Lugo Fernández realizó una prueba en Odeón.  Impactó por su estilo punzante e irresistiblemente bailable, y grabó un disco de 78 rpm con el Toro y Don Gualberto.

 

Su repercusión fue inmejorable. Al año siguiente volvió a grabar y a partir de allí comenzó su ascenso. Ya entonces había agregado a las bombachas unas corraleras también bordadas que había tomado de las antiguas imágenes de Carlos Gardel, a quien mucho admiraba. Su estampa de hombre muy alto y de amplia sonrisa, comenzó a ser sinónimo de ese fragor alegre que se desataba en los bailes, desde el primer acorde que pulsaban sus dedos. LLegando a los años 60 era uno de los músicos más populares de toda su zona de influencia, uno de los mayores vendedores de discos del país, y los sellos discográficos se disputaban su contrato. En 1964 había pasado el millón de placas vendidas y fue distinguido con su primer disco de oro. Más adelante obtendría otro, uno de platino y el preciado Templo de Oro que la compañía discográfica ofrecía a sus grandes estrellas históricas

 

Un día de 1966, se encontraba de paso por Buenos Aires cuando se le apareció Antoñito, a quien poco había vuelto a ver. Regresaron juntos a Rosario y ante la decisión del jovencito y en vista de sus habilidades con el acordeón, el padre le dió en su conjunto un puesto de acordeonista suplente y presentador. Entretanto, Tarragó tenía su propio salón de baile en Rosario, el  Humberto I, y en esos años conducía al conjunto por todos y cada uno de los pueblos y ciudades del litoral. Los sucesivos discos de larga duración, las radios y sus frecuentes presentaciones televisivas afianzaron su popularidad, cuando ya comenzaba a ser llamado El Rey del Chamamé.

 

En la intimidad de su casa de Rosario, se lo podía ver cenando a la madrugada junto a Angelita Lezcano, su compañera de los últimos dieciséis años, conversando con ella y escuchando por la radio chamamés. Llegó a componer casi doscientos temas, grabó una veintena de discos de larga duración e influenció a toda una generación de intérpretes del chamamé. En sus años finales, el asma había comenzado a cercarlo. Cuando sintió el primer y último aviso de su corazón, se levantó tranquilo, se afeitó, se vistió con su cuidada elegancia habitual, y salió para internarse en el Sanatorio Corrientes , en Rosario. A las 14 del  sábado del 15 de abril de 1978, dejó de existir, víctima de un paro cardíaco. Su deseo había sido dejar sus restos en Curuzú Cuatiá, y hasta allí  fueron llevados en un lento cortejo fúnebre, en cada pueblo saludado por lugareños que mucho lo habían querido

Álbum de fotos:

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Fuente: http://www.tarragoseando.com/